Lamento mucho haberme tomado tanto tiempo en actualizar... no me quiero ni fijar cuanto tiempo fue, tambien he andado barajando la idea de escribir otro fic, pero tengo tantas ideas en la cabeza y todas quieren salir :), pero por lo pronto, aqui esta el capitulo, me encantaria saber de ustedes, recuerden que es el unico pago que recibo por escribirlo :), compartanselo a quien más confianza le tengan, enseñenselo a todos y eso.

Dean nunca había cerrado la puerta de su cuarto y John antes de salir muy de mañana siempre se aseguraba que los chicos estuvieran en su cama, pero esta vez encontró que la puerta tenía echado el cerrojo. Podía darle su espacio o podía usar la llave maestra que siempre había llevado consigo y nunca había tenido necesidad de usar.

Cuando Dean despertó estaba solo en la cama, no estaba del todo seguro de cuál era la hora, nunca lo estaba, no había señales de luz suficientes para saber, por un momento tuvo la sensación de que aquella noche no había sido más que un sueño.

Pero ahí estaba Castiel, de pie observándolo y a Dean aquello le pareció lo más perturbador que le había pasado en años, estuvo a medio segundo de brincar de la cama.

–No vuelvas a hacer eso.

–¿Qué?

Dean no contesto su pregunta, se limitó a tallarse los ojos, siquiera se preguntó que iba a hacer a continuación.

–¿Cómo te sientes?

–Tengo hambre.

–Eso es bueno. ¿Quieres darte un baño mientras preparo el desayuno?

–Por favor.

Ambos estaban solos y por alguna razón a Dean le pareció que el departamento se había encogido. Bobby se había marchado junto con su padre y Sam estaba en la escuela, probablemente ninguno de los dos volvería hasta muy entrada la tarde, compulsivamente dirigía su atención a su teléfono celular, a una llamada de Anna o Balthazar, tampoco quiso pensar en nada de eso, pero no lo podía evitar, mientras rondaba cerca de la puerta del baño, escuchaba el agua caer, deseaba entrar, deseaba a Castiel, lo deseaba con ganas, pero, entonces todos sus pensamientos se volcaban a la misma pregunta: ¿ahora qué?

Tenía que decirles a su padre… a todos. ¿Qué le iban a decir? ¿Qué se había aprovechado de Castiel? ¿iba a terminar en la cárcel? ¿se merecía estar en la cárcel? Castiel era listo… era capaz de tomar sus propias decisiones, ¿lo era?

Él era su tutor legal, ¿lo era? Había firmado los papeles, tenía que serlo, ahí lo decía, "en ausencia y representación de Charles Shurley, Dean Winchester seria señalado como tutor y responsable del bienestar de Castiel Novak.

¿Ahora era algo así como su padre?

Dio demasiadas vueltas del pasillo a la cocina, pero volvía, ¿Cuándo tendría que hablar con su padre? ¿Qué carajos iba a hacer? No eran ni las diez de la mañana y ya tenía un dolor de cabeza bárbaro

–¿Dean?

Dean dio un enorme salto al escuchar la voz de Castiel desde el baño, tuvo que prestarle algo de su ropa y ofrecerle un desayuno grasoso a base de huevos y tocino, en lugar de jugo de naranja se puso una cerveza al lado, Dean era la clase de sujeto ganaba apetito con los nervios, así que se sirvió doble ración desde el vamos.

Castiel se quejó, que aquello no era balanceado y que era malo para la salud de Dean, hizo una cuenta matemática de todo el colesterol que estaban ingiriendo, pero se lo comió todo lo que le habían puesto en el plato, Dean pensó que Castiel iba a llevarse de maravillas con Sam y se defendió diciendo que los huevos eran orgánicos –lo que era culpa de Sam, claro– y que el tocino era comida de dioses. Castiel acepto que el tocino sabía muy bien.

Todos sus problemas se disipaban con Castiel cerca, no pudo evitar preguntarle si acaso nunca probo el tocino antes, Castiel dijo que si lo había hecho, aquella vez que Dean lo llevo por hamburguesas, eso fue demasiado para él, manoteo al aire diciéndole que aquella hamburguesa apenas tenía un fiambre no podía considerarse tocino de verdad que deberían comer los hombres, fue al refrigerador amenazándolo con una doble ración, por lo que no obtuvo ninguna queja.

–Mi padre nunca me hubiera dejado comer esto…

Tal vez Dean hubiera dicho algo de no ser porque el teléfono de Chuck comenzó a sonar, la verdad era que le perturbaba demasiado tener el teléfono de una persona muerta y por eso lo había cubierto con una servilleta, debajo de la que vibraba y repiqueteaba de manera insistente.

–Es Anna. Suena en un tono distinto para cada uno.

Dean contesto, era Anna, coma había dicho Castiel, en la pantalla brillaba el nombre de: AnnaBanana.

–¿Hola?

"Hola Dean, ¿sabes cómo llegar al cementerio?"

–Hum… sí.

"Me gustaría mucho verte, un momento, te veo ahí, si pudieras hacerlo sin llamar demasiado la atención, hay un camino detrás de los condominios, llegaras más rápido, nadie te vera."

–Está bien.

Sintió un malestar en el hecho de que Anna conociera el camino detrás de los edificios, como si acabara de arrancarle algo que era solo suyo, pero su alma se encogió de hombros, ¿Qué razón había para que fuera el único que conociera aquel camino? El mundo no le pertenecía después de todo, eso era lo que pensaba mientras caminaba por el terreno de tierra.

Dean acepto, dejo a Castiel solo en la casa, sentado en la silla frente a una montaña de tocino. Había algo hipnótico en la voz de Anna, desde la primera vez que la viera, a pesar de que no la considera del todo bonita, tenía el aire de chica al que invitaría un trago y se llevaría a la cama… no, parecía el tipo de chica que lo llevaría a él a la cama y él sería desde ese día en adelante la mascota que bailaría alrededor de sus vaqueros al compás de su risa.

Antes de conocer a Castiel hubiera cedido a sus deseos de conquistarla sin rechistar, ahora sabía que no lo haría, todo estaba demasiado jodido como para siquiera tratar de pensar en sexo, pero eso no evitaba que el deseo burbujeando dentro de él, aderezado con trazas de frustración, alineado listo para salir por alguno de aquellos caminos que recorremos en tiempos de confusión… después de todo, así era como el viejo Dean evadía la realidad, enroscándose en algún juego de piel… ¿no era eso lo que hacía con Castiel?

En su noche más oscura Castiel se había cruzado en su camino y Dean… no había dudado en tomarlo. Aquel pensamiento helo a Dean hasta los pies y fue un frio del que no pudo librarse tan fácilmente.

El camino que lo llevo hasta Anna fue uno de esponjosa tierra roja, ella se encontraba de pie, vestida de negro, con el cabello pelirrojo alborotado al viento, llevaba lentes oscuros, se vio reflejado en ellos y supo que no había un viejo Dean y un nuevo Dean, solo él, el de siempre, la gente nos e divide, no cambia.

Frente a ella se encontraban dos hombres paleando el agujero para una tumba. Dean no se atrevió a saludarla, solo se paró a su lado, podía sentir su fragancia desprendiéndose de sus cabellos pelirrojos, no pudo evitar llenar sus pulmones más de lo necesario, no le cabía duda, ella era su tipo de chica, él sentía frio y ella ardía, ambos permanecieron en silencio un momento.

–No van a enterrarlo aquí.

Fue Anna quien por fin hablo.

–¿No?

–No. Mis hermanos nunca lo permitirían. Pero lo intentare de todos modos.

–Vaya…

Anna lo tomo del brazo y se recargo en su hombro.

–Caminemos. Por favor.

Los dos hombres que paleaban los observaron alejarse, Dean cedió, su cuerpo se encontraba mecanizado, se encontraba hecho un manojo de nervios y Anna lo noto, le dedico una sonrisa que intentaba ser divertida, pero solo consiguió llenar el ambiente de una peculiar melancolía, Dean quería besarla, la deseaba.

–Hace mucho tiempo no hacía a nadie temblar como lo haces tú.

El ego de Dean sonrió con un aguijonazo, él, el viejo Dean de siempre, coqueto y enamoradizo le regreso una mirada resentida, pero era el mismo Dean que se sentía roto a pedazos, pudo sentir algo más, había algo más que lo molestaba en el modo en que Anna se recargaba en su cuerpo, le tomo más tiempo de usual notarlo.

–¿Estas bien?

–Solo muy, muy cansada.

–Lo siento.

–Es agotador tratar de cumplir con los deseos de mi padre. –Anna torció el gesto, – especialmente cuando todos parecemos tener una idea distinta de cuales son… si fuera por mí, tomaba el primer avión a Kenia.

–Kenia… Varanasi, ¿ustedes nunca visitan Kentucky o Nueva Orleans?

–… es curioso que lo digas. Nunca he estado ahí.

Dean se congelo, porque inconscientemente había llevado a Anna al mismo lugar al que llevo Castiel en su primera visita al cementerio, el pequeño claro junto al cementerio ahora en lugar del pequeño estanque tenía era un charco lodoso. La pelirroja pareció fascinada con aquel lugar, se separó de Dean y comenzó a caminar entre los árboles y los arbustos. "pronto lloverá y se llenara de agua de nuevo".

–Uno de mis hermanos cree que hay una excelente clínica mental cerca de Siberia donde enviar a Castiel, es curioso, porque estos son el mismo tipo de árboles que se dan en Rusia… no tan enanos.

La imagen de Castiel en un sanatorio mental en Siberia lo aturdió, le hizo volver a la realidad. No, él era el representante legal de Castiel, no lo permitiría… quizás, no, seguramente por eso Chuck le dio a él aquella responsabilidad… él obviamente sabía, él debía saber que no lo permitiría. La realidad le aturdía.

–Te diré la verdad Dean, lo que pase con Castiel me importa un bledo y creo que le sienta bien el clima frio.

Dean comenzó a temblar, de ira, de miedo, de dolor y Anna lo noto, porque no era algo que pudiera ocultar.

–Estaba bromeando Dean, no hay ninguna clínica mental cerca de Siberia… o tal vez la hay, no lo sé, debe haber alguna.

Anna se encogió de hombros, había arrancado una ramita y comenzaba a desmenuzarla entre los dedos.

–Lo que sí es cierto es que solía odiar a Castiel tanto como mis hermanos, después me di cuenta que él no me había hecho nada, entonces comencé a odiar a mi padre… después, dejo de importarme.

–¿Qué te hizo cambiar de opinión? Porqué, preciosa, no estás en Kenia.

Ya no quedaba nada de la curiosidad lujuriosa de Dean hacia Anna, solo quedaba antipatía. Anna volvió a tomarlo de brazo, ya no había cosquilleos, sus ojos ya no recorrían la luz en sus cabellos, ni repasaban el perfil de sus labios. Pero no la aparto, había notado desde el principio que Anna necesitaba ayuda para caminar, aunque se vio tentado a dejarla recorrer todo el camino de vuelta cojeando. La curiosidad le escocia, la había visto el día anterior andar sin problemas de arriba abajo con la agilidad de una gacela.

–Volvamos Dean, te lo diré por el camino.

Pero Anna no dijo nada, aquel silencio le dio a Dean la oportunidad de recomponerse, paso a paso reordenaba sus prioridades, cuando llegaron a la tienda de antigüedades sin que la pelirroja hubiese pronunciado palabra alguna, se plantó frente a ella, que se acercó a él, adentrándose en su burbuja de confidencialidad.

–¿Qué va a pasar con Castiel?

Dean se encontraba molesto y decidió ir justo al grano.

–Bésame y te lo diré.

–¿Perdón?

–Bésame, sé que mi hermano nos está observando, lo sé porque llego aquí antes de que nadie le dijera nada sobre mi padre.

Cuando Dean escucho la palabra "hermano" pensó en Castiel, luego poco a poco se daría cuenta que Anna nunca llamaba hermano a Castiel, trato de mover su rostro en dirección a la ventana de la cocina, pero Anna lo detuvo, sus manos eran gélidas y pálidas, Dean se vio reflejado en sus anteojos oscuros, con la mano libre la pelirroja los levanto, le mostro las magulladuras que el maquillaje no cubría.

El Winchester trago saliva, estaba furioso. Tomo la mano de Anna para apartarla de su cara, ahí donde puso sus dedos encontró las marcas violáceas de otros dedos.

–¿Quién te hizo eso? ¿Anna?

–Solo le dije que no tenía idea donde estaba Castiel. Por eso… pórtate conmigo como un novio cariñoso, así no sospechara de ti.

Anna ladeo el rostro, los anteojos volvieron a su lugar, ella rompió en llanto, Dean ya no podía ver sus ojos, la abrazo, ella se recostó en su pecho, él comprendió que era verdad lo que todos decían, que ella estaba algo tocada, aunque la tenía a centímetros de su cuerpo sabía que ella estaba muy lejos. Quería zarandearla y obtener de ella toda la información que necesitaba. Pero podía ver a su alrededor la mirada cotilla de todo el vecindario.

Y era verdad, Anna de pronto rememoraba la noche anterior, cuando caminaba a prisa hasta su departamento y huía de la lluvia, empapada y enredada en el vacío de sus propios pensamientos, cuando Lucifer le cerrara el paso arrancándola de aquella ensoñación de tristeza, exigiendo saber dónde estaba el bastardo, ella le dijo que no tenía idea, Lucifer no le creyó nada, la abofeteo, la llamo "puta loca", Anna se echó a reír, no porque aquello le pareciera divertido, solo lo hizo, ese fue su modo de romper en llanto, su hermano hirvió en furia, la tomo por las muñecas con tanta fuerza que por un momento pensó que iba a romperle los huesos, la empujo contra la pared, una vez no fue suficiente, Anna no las conto, quizás aquellos golpes la aturdieron.

Tan solo recordaba los pasos de Lucifer alejándose, "tenía tantas ganas de hacer eso" lo más doloroso había sido la calma, la paz en Lucifer, lo metódicos de sus movimientos, incluso al insultarla.

–Anna… tienes, tienes que calmarte y decirme todo lo que está pasando aquí.

–Mi hermano, Nick, odia a Castiel, lo odia de veras. No puedo irme a Kenia… él, quiere la custodia de Castiel, ¿Por qué la quiere si lo odia tanto?

"Para hacerle daño" fue lo que pensó Dean, pero prefirió guardarse aquella afirmación.

–Bésame Dean, eres… mi muy querido prometido, por eso siempre estabas en la tienda, por eso me verán venir seguido por aquí, si alguien te pregunta nada sobre Castiel dirás: ¿ese chico? ¿el raro? ¿Qué fue de él? ¿Dónde está?

Dean dejo que Anna lo besara, que se abrazara a él y siguiera susurrándole al oído.

–Dean ¿eres su tutor legal?

–Eso creo… firme todo el papeleo.

–Bien… en algún lugar de ese… edificio lleno de cachivaches está el testamento de mi padre, solo el diablo sabe dónde, o tal vez Castiel, todos saben que existe, todos saben palabra a palabra lo que dice, pero sin ese papel en sus narices dirán que murió intestado, dejaran a Castiel en la calle o peor aún, donde mi hermano así lo quiera.

–Dice mi padre y Bobby que Chuck era cochinamente rico.

–Lo era, pero casi todo lo heredo en vida, salvo lo que guardo para él y Castiel.

Dentro del bar de Helen, los clientes habituales observaban la escena por las ventanas ahumadas.

–Bueno, eso explica muchas cosas. ¡Diantres! ¡las cosas que hace Dean por unos vaqueros ajustados!

Hellen soltó una risita dirigiéndose a sus clientes habituales que atendía a esa hora de la mañana eran Bobby y John.

–No tendrás que volver a preocuparte de las deudas con esa nuera ¿eh, John?

La broma de Bobby no fue bien recibida por Jonh que comía su almuerzo con desgana.

–Es Dean, las chicas le duran cinco minutos.

–No, créeme, he visto a ese chico a los ojos, ese chico esta pirado, jodidamente enamorado, esta vez lo atraparon.

Hellen parecía decidida en su postura.

–Pues no es de ella, – John termino su cerveza señalando despectivamente a Anna.– y no me podrás decir que conozco a ese muchacho menos que tú.

–Tampoco es de Lisa, fue ella quien me confirmo, que ese chaval esta perdidamente enamorado. –Hellen cerro el circulo en tono confidencial– me conto que lo visito y Dean la rechazo, aunque llevaba un mini traje de enfermera.

Bobby junto las cejas.

–Eso ya es serio, a quien sea que sea, le pondrá un anillo en ese dedo.

–No. No lo hará.

John salió casi azotando la puerta.

Cuando Dean regreso al departamento su mente se encontraba aturdida, cuando Anna se marchó se encontró con las miradas cotillas de todo el vecindario, había subido a prisa y para cuando llego arriba seguramente ya todo el mundo sabría "lo suyo con Anna" el departamento estaba en silencio total, busco a Castiel con la mirada, pero no lo encontró, recorrió el pasillo hasta su habitación, lo encontró en la cama, arrebujado en las mantas.

–¿Tienes frio Cass? No es bueno que te quedes hasta tarde en la cama.

No le contesto. Regreso a la cocina para limpiarla, se quedó de frente a la mesa con una horrible sensación que no supo identificar de inmediato, frente a él había un espejo, en realidad era un juego de ellos, estaba ahí antes de que llegaran, tan viejos y casi tan ahumados como el edificio y nadie se había molestado en moverlos, estaban cuidadosamente acomodados para espiar a la calle.

Se sentó en el sitio que Castiel había tomado en la mesa y su corazón se helo.

Castiel lo había visto, ¿Castiel lo había visto? Fue hasta el marco de la puerta de su habitación, iba a decir algo, hacer algo, pero la puerta del recibidor se abrió, Sam anuncio su llegada y Dean tuvo que tragarse todas sus explicaciones.

Castiel había deambulado por el estrecho departamento de los Winchester, no era como su hogar, quería volver a su hogar, fue hasta la puerta, pero estaba cerrada, trato de abrirla en vano, temblaba de ira, lo había encerrado, ¿Cómo se atrevía a encerrarlo como un animal? Golpeo la puerta con fuerza, entonces había fijado su atención a la ventana, ahí donde estaban Anna y Dean, fue cuando comenzó a sentirse horriblemente mal, había vomitado casi todo el desayuno y después se había ido a arrebujar en la cama de Dean. Se sintió como un hámster en una jaula y solo deseaba hundirse en aserrín.