palabras del autor: Ya sé que pensaban que no volverían a saber de mi, a veces yo también sentía eso, jeje... pero nunca dejé de escribir, aunque era como un renglón o dos al mes, pero estaba pasando por momentos muy chungos de este lado, pero afortunadamente, he vuelto, recargada y libre, y con muchas, muuuchas ganas de escribir, he escrito en estos dos últimos meses lo que no había escrito en años... a decir verdad he escrito bastante más, junto con este capítulo estoy por publicar los primeros dos capítulos de otros dos fics que nunca publiqué y subiré a lo largo de la semana :), espero ansiosamente que me dejen sus comentarios, si es que siguen ahí. La verdad siento mucha alegría y nostalgia a ver que incluso después de todo este tiempo, de olvido sigue teniendo visitas


Dean se paseaba inquieto de la sala de estar a la habitación cada vez que podía, Sam le atosigaba con preguntas sobre Castiel, él prefería no decir nada, hundido en su teléfono buscando toda la información que podía sobre su nueva situación, sobre lo que harían ahora, hasta que por fin Sam se fuera a la cocina.

-¡DEAAAAAAAAAN!

-Sammy… no tienes que gritar, estoy a tres metros de ti y Castiel está dormido.

-¿Dónde está el tocino?

-¿Por qué? ¿Quieres tocino? Pensé que lo odiabas.

-Lo odio, lo odio de veras, ¡pero también odiaría que te murieras de una enfermedad coronaria a los 20!

-No seas dramático, no me lo comí todo solo, Castiel me ayudo con la mitad.

-Eso sigue siendo… ¡demasiado tocino!

Dean rodo los ojos. Nunca era demasiado tocino.

-Uh… Dean…

-¿Ahora que?

-¿Castiel no es vegetariano?

-Claro que no… creo.

-¿Le diste todo ese tocino a un vegetariano? ¿Quieres matarlo?

-No es vegetariano.

-Estoy seguro que Chuck desprecio la comida de Hellen porque "somos vegetarianos".

-Todos desprecian la comida de Hellen, con el pretexto que puedan. Además el otro día comimos hamburguesas en el wacadonals.

-¡Una hamburguesa no es casi medio kilo de tocino!

Dean fue a su habitación.

-Hey, Cass ¿Cass?

-Mmm…

-¿Es verdad lo que dice Sammy? ¿eres vegetariano?

Castiel asintió.

-¿Por qué no me dijiste?

-Lo hice.

"Papa no me hubiera dejado comer eso". Dean frunció el cejo, eso no era decirle nada a nadie, aún seguía sin encontrarle un problema a darle de comer carne a un vegetariano, según él, eso debían hacer todos, pero Sam parecía muy serio al respecto.

-¿Te sientes bien?

Castiel negó con la cabeza. Dean se sentó a su lado en la cama, toco su frente, tenía fiebre. Maldijo por lo bajo, se levantó en busca de agua fría, fue a esculcar en el botiquín sabiendo que ahí todo había caducado antes de que él naciera, mientras buscaba en google: ¿Qué pasa si le das carne a un vegetariano?, ¿debería llevarlo al hospital? ¿llamar a Anna? Según internet todo mata, pero estaba seguro que tan solo lo indigestaría.

Opto por auto medicarlo y esperar que mejorara, no le pareció que estuviera tan enfermo. Una parte muy importante de él le decía que el tocino no era el problema, que Castiel lo había visto besándose con Anna. Tenía que explicarle, sentía como si el cerebro se hubiera vuelto masilla.

-Cass… -suspiro.- supongo que quieres saber porque bese a Anna…

Castiel le dedico una mirada que no le dijo nada, por lo que continuo.

-Solo lo hice porque ella me lo pidió… ella quería que todos pensaran que era yo era su novio y…

-¿Te besaste con mi hermana?

La vida se había pasado pateándole en el estómago, y esta respuesta no fue la excepción, de igual manera aquella noticia se había hundido en la más sensible de las inseguridades de Castiel, se encogió sobre si, porque le parecía claro y simple que Dean prefiriera lucirse con una chica normal que con él.

-Pensé que nos habías visto por la ventana…

Castiel no los vio besándose, se había sentido enfermo y con nauseas justo a tiempo.

-Pensaste que los había visto y por eso decidiste explicarlo.

Castiel no podía siquiera explicar el dolor que se extendía por su pecho, una sofocante sensación que parecía consumirlo todo. John acababa de llegar y llamaba a Dean a gritos desde la sala.

-Ya vuelvo Cass…

Castiel volvió a quedarse tras una puerta cerrada, sin fuerzas para resistirse.

A Dean lo recibió su padre con una bofetada que le abrió el labio, él no contesto nada, estaba seguro que se la merecía y prefería no preguntar porque. Fue Sam quien se enfureció y se interpuso entre él y su padre, ahí era donde Dean debía hacerse a un lado, John tenia formas distintas de enojarse con cada cual, Sam era una turbina de energía que nunca se dejaba amilanar y terminaba por agotar a John, Dean aceptaba cualquier cosa que John decidiera decirle obedientemente, lo que su padre siempre interpreto como un signo de debilidad y tan solo se enfurecía más y más, a él siempre le tocaba la peor parte.

Regreso a su habitación, Castiel seguía sentado en la cama, observando el suelo, Dean cerró la puerta con cerrojo, fue cuando escucho aquella llave abrir su habitación, él no sabía que su padre tenía aquella llave maestra, se sentía dueño de al menos, seis metros cuadrados en el universo, tampoco sabía que la había usado muy de mañana cuando él y Castiel aún estaban dormidos, abrazados y desnudos.

Dean no se movió, la verdad era que ya se sentía demasiado reventado como para que le importara cualquier cosa que tuviera nadie que decirle, un pensamiento de asentó en su mente: ¿Qué más da? Nos largaremos a la India pronto. Pero, sabía que no lo dejaría decir o hacer nada que pudiera hacerle daño a Castiel, se giró en redondo, se dio cuenta por primera vez en su vida que ya era tan alto como su padre.

John espero en la puerta, Dean salió cerrando a sus espaldas, Castiel se quedó en medio de la penumbra de aquella habitación, una línea dorada de luz se escurrió por el piso desde la ventana. Castiel hundió su rostro entre sus rodillas, aquella era la tercera vez que Dean le encerraba, cuarta si contaba con el hecho de que había cerrado con llave la habitación toda la noche… encerrado en compañía, pero encerrado al fin de cuentas, como un animal al que nadie tenía que darle nunca explicaciones de nada.

-¿Cómo está el retrasado?

-No es retrasado, papá, solo le cuesta mucho trabajo hablar con las personas.

-Pues no lo quiero en esta casa.

-No te preocupes por eso pá, nos iremos pronto.

El timbre de la entrada rompió el silencio, nadie tocaba el timbre en la casa de los Winchester, a esa puerta la pateaban, la golpeaban o entraban como si también vivieran ahí, pero nunca tocaban el timbre, las palabras de Anna resonaron como un eco "él vendrá en cualquier momento, no dejes que se lleve a Castiel o no volverás a verlo, nadie volverá a verlo jamás", ignoro a su padre, regreso a la habitación con Castiel, lo tomo de la muñeca, él no opuso resistencia, se dejó encerrar en el oscuro doble fondo del armario de Dean. Se quedó de pie en las tinieblas totales en aquel agujero lleno de ecos.

¿Por qué lo había encerrado Dean? ¿Por qué lo odiaba tanto John? Si pudiera gritar, ese hubiera sido el momento ideal, pero todo su dolor se había condensando en un nudo en su garganta. Más de una vez se había imaginado aquellas cosquillas en el vientre que sentía cada vez que Dean se encontraba a su lado era una pequeña criatura, ahora en las tinieblas le pareció que era aquel nido de crías de rata, no podía evitar pensar en lucifer apuñalándolas una y otra vez, descuartizándolas hasta dejar nada más que un amasijo sanguinolento, como las había dejado podrir y continuaba encerrándolo una y otra vez en aquel horrible armario, hediondo a muerte.

Quizás era por la fiebre, pero el terror fue reptando desde sus tobillos hasta su garganta, quería gritar, golpear el doblo fondo que servía de pared y suplicar que lo dejaran salir, pero no se movió, en aquellos ecos reconoció la voz de Lucifer llamándolo, caminando en su dirección, se encogió en su lugar hasta el piso, alucinaciones febriles tomaron el control de su cuerpo, en aquellas tinieblas volvió a ser un niño pequeño, volvió a ser el juguete favorito de Lucifer. En aquella oscuridad había mil cosas que querían atraparlo, solo en aquella oscuridad que compartía con su hermano.

Afuera de aquel armario en efecto se encontraba Lucifer, no estaba solo, dos de sus guardaespaldas le acompañaban, preguntando por Castiel, con la certeza de quien sabe que está ahí.

Sam lo negó, como les había dicho Anna la noche anterior, repasando con una mirada recelosa a los dos hombres pulcramente uniformados de rostro inexpresivo, luego a Lucifer y su gélida mirada, que volvió a preguntar, había tomado a Sam de un hombro y se había invitado a pasar, el menor de los Winchester sintió un escalofrió, Dean y John también llegaron a la sala de estar a recibir a los extraños.

Sam le dirigió una mirada a Dean en la que pudo leer sin palabras que Lucifer no le daba buena espina y que estaba presionando sobre su clavícula con demasiada fuerza y que si no hacía nada, John, que parecía una caldera a presión, iba a desatarse el infierno en esa casa.

-¿El chico raro ese? ¿Qué fue de él?

Dean repaso las palabras de Anna, con la ironía de quien está a punto de enviarlo todo a la mierda.

-Sé que está aquí.

John se acomodó en su lugar favorito en el sofá, subió los pies a la mesa de centro frente a la tv, continuaba con su mirada provocadora clavada en Dean, que le devolvió el desafío: "Deja a ese chico irse con su familia, no es nuestro problema". No, no iba a dejar que se lo llevaran y no iba a dejar que su padre lo entregara.

Aun llevaba sobre la ropa el aroma del perfume de Anna, que llego a su nariz llevándole de vuelta la voz de la pelirroja, el eco de las advertencia aterradora "no dejes que se lo lleve, Dean".

-Aquí no hay nadie más que nosotros. - Hizo una pausa. - Quizás deberías quitarle las manos de encima a mi hermano e ir a buscar al tuyo ahí donde vive tu madre.

Lucifer dejo escapar una risa que le puso la carne de gallina a Sam que quizo correr a esconderse detrás de Dean.

-Sí que eres tonto, chiquillo, si es ahí donde quiero enviarlo.

Desde su lugar, Sam vio a Dean palidecer y a su padre dar un respingo desde su lugar, tuvo un presentimiento horrible, giro un poco la cabeza para descubrir que ambos matones tenían la mano derecha sobre sus armas. Lucifer avanzo por la habitación como si fuera suya, le sonrió a su par de matones, que continuaban tan inexpresivos como la primera vez.

John intento ponerse de pie, pero Lucifer lo detuvo con un gesto, en silencio, mientras analizaba la habitación, como si se encontrara en una galería de arte, sopesando si debería o no comprar por compasión el cuadro a un pobre artista hambriento.

-No me tomes a mal el gesto… es solo que, necesito que entiendas como es que me siento yo, sabiendo que mi pobre hermano pequeño está a merced de un extraño… en solo el diablo sabe qué condiciones.

Dean no dijo nada, lucho contra su impulso de protestar, Lucifer analizaba cada uno de sus gestos, la confusión en el rostro de Dean, su ira y la culpa, sabía que también analizaba a John y a Sam.

-Entonces deberías darte prisa a encontrarlo. Dejar de perder el tiempo con las personas equivocadas.

Fue Sam quien se armó de valor para hablar, Lucifer le sonrió y Sam supo inmediatamente que algo malo iba a pasar.

-No te preocupes, lo encontrare.

Lucifer se marchó, uno de sus guardaespaldas fue quien cerró la puerta, dándoles la sensación de que de algún modo habían sido ellos quienes estaban afuera con la puerta cerrada en las narices. Se fue tranquilo, sabía que estaba ahí y también sabía que lo más inteligente que Dean y compañía podían hacer era tratar de sacarlo de ese lugar lo más pronto posible, él estaría esperando o tal vez harían algo más loco, ¡oh, se sentía tan feliz!, casi podía saborear la sangre fresca de su presa.

Dentro de la casa de los Winchester entre Dean y John se abrió un silencio inmenso, pero como Sam no era parte de él, negó con la cabeza para sacudirse el mal sabor de boca que le había dejado la presencia de Lucifer.

-¿Cuál es el problema de ese sujeto? ¡Por favor dime que la otra esposa de Chuck está en disneylandía o algo así!

A John aquel comentario pincho la vena de humor negro, que sonrió sombríamente por lo bajo.

-Mi viejo me dijo una vez que nunca confiara en un sujeto que ha enviudado dos veces. Y nunca me fie de Chuck. Ni de nadie que tenga que ver con él.

Dean se giró en redondo regresando hasta donde había dejado a Castiel, abrió el doble fondo del armario donde lo escondió, lo encontró echo un ovillo al fondo, lo llamo por su nombre, pero no pareció reaccionar, decidió acercarse a él, pero al sentir el contacto de otro ser humano a su lado trato de alejarse y estuvo a punto de caer por las escaleras mohosas de no ser porque Dean lo tomo por la muñeca, lo llamo por su nombre una y otra vez, pero de nuevo no obtuvo una respuesta positiva, Castiel forcejeaba y negaba con la cabeza con los ojos apretados.

Tuvo que usar toda su fuerza para llevarlo de regreso a la habitación, aunque tuvo que arrastrarlo y ambos terminaron rodando por el suelo, recordaba que Chuck menciono una vez que a veces reaccionaba de aquel modo si alguien lo tocaba, no le había creído.

-Cass, soy yo.

-No, no, no.

Las ropas de Castiel estaban empapadas en sudor.

-Tranquilo soy yo.

-¿Dean? ¿Dean?

-Sí, soy yo, tranquilo, tranquilo. Lo siento, no sabía que le tenías miedo a la oscuridad.

Castiel negó con la cabeza, no era la oscuridad lo que le asustaba, quería suplicarle que no lo dejara solo nunca más, que no volviera a encerrarlo, pero había un miedo aun mayor, el eco de la voz de su hermano, de Lucifer, si hubiera sabido que había amenazado a Sam, si tan solo imaginara una milésima parte de la maldad de su hermano y lo que estaba a punto de pasar, entonces estaría aún más aterrado.

El miedo y la fiebre tomaron de nuevo las riendas del cuerpo de Castiel que perdió el conocimiento en los brazos de Dean, comenzando a balbucear incoherencias sobre física cuántica y mecánica aplicada, se perdido mundo de alucinaciones cuánticas donde él era el juguete de fuerzas que no podía controlar.

Dean lo tomo en brazos, paso toda la tarde cuidando de la fiebre de Castiel, tambaleándose entre la idea de llamar a Anna, repitiéndose lo pésimo guardián que era, aun no despuntaba siquiera el atardecer del primer día y ya lo había echado todo a perder.

En el amplio mundo donde todos viven al mismo tiempo, Anna continuaba observando a dos hombres palear en una tumba en la que nadie seria enterrado, Lucifer contemplaba la flama de un encendedor con una sonrisa en los labios, como si encendiera un camino de pólvora invisible.

John fumaba por primera vez en 10 años, pero había tomado una decisión aún más importante, dejar que Dean hiciera lo que quisiera, John había cometido muchos errores en esta vida, desde la muerte de Mary, había llevado una vida errante de pelear, meterse en problemas y mudarse de un lado a otro.

Y la mayoría de todos aquellos problemas venían directamente del odio autodestructivo que nació en él ese día que no fue capaz de ayudar a Mary a salir de aquel incendió, no podía evitar ver a su esposa en los ojos de cualquier persona en peligro.

Pero era verdad lo que decía Hellen, lo que ya sabían todos, Dean estaba jodidamente enamorado, no de quien todos pensaban, no del modo en que todos creían, pero conocía a su muchacho al final de cuentas y eso era lo que le preocupaba. ¿Cuánto tiempo iba a durarle ese estúpido enamoramiento? ¿Cuánto iba a costarle? Porque estaba seguro que el precio iba a ser muy alto.

Dean se había quedado en el suelo de su habitación con Castiel en los brazos, el piso gélido y compresas frías lo habían ayudado a mejorar un poco, le había platicado de todo y de nada, explicando cosas que daba por sentado todo el mundo entendía, contando historias que creía todo el mundo conocía, estaba en medio de un universo totalmente distinto al suyo, tan solo se separó de él un par de veces para ir a buscar un poco de agua, hasta que Castiel se quedó dormido, ya sin fiebre, lo llevo hasta la cama y por fin pudo descansar a su lado.

Al día siguiente despertó ya muy entrada la mañana, Sam no estaba, John tampoco, sobre la mesa encontró dos hamburguesas frías y una nota que decía: tenemos que hablar.

Dean preparo por primera vez en toda su vida un desayuno vegetariano, Castiel no le había dirigido la palabra en toda la mañana, a pesar de que había despertado muchas horas antes que él.

-Cass… tenemos que hablar.

-…

-Cass... no quiero que sigas enojado.

Castiel no levanto su vista del plato.

-¿Te sientes bien? ¿Te duele algo? ¿aun tienes fiebre?

Castiel se llevó la mano al pecho mientras Dean tocaba su frente en busca de señales de fiebre, pero Castiel retrocedió abruptamente, poniéndose de pie.

-Lo siento.

Dean se quedó en su lugar donde se había abierto un silencio profundo como una fractura entre ambos y aquel lo siento había escapado de ambas garganta y viajado un en dirección de otro hasta encontrarse y enredarse como el abrazo que ambos deseaban recibir.

Dean se puso de pie y se alejó de Castiel en dirección a la alacena, que entreabrió los labios y extendió una mano en su dirección, pero se contuvo, apretó sus dedos como si hubiera atrapado un hilo invisible que lo conectaba a Dean y lo llevo hasta su pecho, cerca de su corazón, cerro los ojos. No quería que se fuera, no quería alejarse de él, solo no podía evitarlo, toda la mañana las palabras de Dean no fueron más que sonidos tan amorfos como sus pesadillas.

-Ten Cass… hice lo que pude, todavía no lo arreglo del todo, pero lo hare, eventualmente.

Cuando Castiel escucho el burbujeo sin sentido que eran las palabras de Dean de nuevo frente a él abrió los ojos y ahí estaba sosteniendo entre sus manos su caja blanca, que ya no era tan blanca por culpa de todos los años se había aferrado a ella en aquel porche de su larga espera.

La recibió sin dejar de ver a Dean a los ojos, lo abrió y ahí estaba su marioneta, las piezas rotas pegadas unas a otras lo mejor que pudo, la verdad es que no había sido tan diferente a reparar el Impala, solo más pequeño, se lo entregaba como una ofrenda de su propio corazón parchado.

-Dean… no puedo escucharte… no te entiendo…

"estoy asustado" Dean tomo la mano libre de Castiel, esa que tenía apuñada contra su pecho y la guio hasta el suyo, Dean no estaba seguro cuál de todas era la seña para hablar de amor así que decidió improvisar, abrazándolo por la cintura y besándolo.

-Las palabras están sobrevaloradas.

Los ojos de Castiel se iluminaron de nuevo.

-Te escucho.

Dean suspiro aliviado, la verdad es que el lenguaje a señas no se le estaba dando nada bien.

-Te amo, te amo y tú nunca vas a amar a nadie más.

Castiel asintió con la cabeza hundiéndole en el hueco de su cuello, el Winchester comprendió que aquello era verdad, que Castiel difícilmente amaría a nadie más que a él, "¿Y tú Dean Winchester?" aquella pregunta malsana nacida del más grande agujero de su cobardía lo golpeo en el estómago, aquel pánico atroz lo consumía.

-Soy un pésimo guardían…

-Sí…

Pero lo tenía entre sus brazos y al menos ese día no quería soltarlo, y cuando por fin Lucifer consiguiera arrancarlo de su lado, aquella pregunta quedaría contestada: "Por siempre y para siempre te amare, por siempre y para siempre me desangrare si no estás a mi lado, por siempre y para siempre eres y seré solo tuyo"

Castiel lo rodeo por los hombros y Dean lo levanto por la cintura, su cuerpo temblaba y anhelaba el de Castiel, porque ahí es donde los miedos deseaban hundirse. No podía negar que le encantaba su torpe obediencia, como se dejaba guiar por él, como sus muslos se habían aferrado a sus caderas cuando lo levanto para llevarlo hasta su habitación, sin despegar los ojos de los suyos.

Cuando por fin se encontró sobre él en la cama, recordó las dos únicas veces en las que había tomado su cuerpo como suyo, la primera vez había sido un desastre total y la segunda, lo tomo en silencio, muy pegado a él con sus dedos y cuerpos entrelazados en un momento breve justo antes de ceder al sueño y secar sus lágrimas.

Ambas veces con la sensación de que no debió haberlo hecho y así se lo dijo, sin pensar, hundido entre sus brazos, Castiel permaneció un momento en silencio, con la mirada perdida en el techo.

-Yo no siento remordimiento, Dean.

Dean sonrió, su ego sonrió, escurriéndose debajo de la camiseta varias tallas más grandes que llevaba puesta Castiel. Debajo de la de Dean, debajo de su piel, estaba todo lleno de inseguridad por el futuro y hundidos en todos esos temblores no sintió a su viejo yo, el viejo Dean al que se había sentido tan separado, como si un enorme cuchillo en manos de Castiel lo hubiera partido en dos el día del accidente, ese viejo Dean volvió a colocarse en su lugar, volvió a vestirse con su piel, la que tanto había extrañado en todos esos días de abstinencia, era verdad lo que decía y sentía, no se había sentido el mismo cuando había estado con Castiel, algo no estuvo en su sitio, era esa parte de él la que despreciaba a Castiel, el que deseaba correr tras las chicas, huir bien lejos y dejarlo atrás como otra milla de su carretera.

-Estaba preocupado, no sabía que tan inocente eras.

La última parte se colocó en su lugar, acariciando su mano enredando sus palmas con las de Castiel, el viejo Dean, se acurruco ahí pegado a la frente de Castiel: "Aquí no se esta tan mal, me gusta este lugar"

-Ya sabía sobre el sexo, Dean, es biología básica… el cortejo es la parte que siempre me ha parecido demasiado compleja.

Dean mordisqueaba entre sus costillas, deleitándose de su voz entrecortándose cada vez, estaba contento de sacarle más de tres palabras a la vez de nuevo, escuchando en su cabeza notas de metal. "Te llevare lejos, amor, te llevare lejos de cualquier cosa que pueda asustarnos, huiremos juntos por la carretera".

-¿Y fue como lo imaginabas?

Acaricio los cabellos despeinados de su frente, ocupando su lugar entre las piernas de Castiel.

-Nunca lo imagine… solo lo deje pasar.

Dean acababa de descubrir sobre el pecho de Castiel un solitario lunar a la luz del día justo a la derecha de uno de sus pezones, era la primera vez que podía hacer un mapa visual del cuerpo de Castiel, esa curiosidad lo invitaba a hundirse más en cada uno de sus recovecos, probarlo y memorizarlo, porque temblaba, de miedo, de nervios, de deseo, de olvidar y de sentir.

-¿Te gusto?

-Dean… casi mueres…

-Pero no morí...

Se hizo un breve silencio entre los dos, Castiel le dedico una mirada resentida, aunque termino por ceder a los mimos y besos de Dean.

-… fue agradable, aunque no esperaba que doliera tanto.

Dean levanto su vista preocupado, y negó con la cabeza dejándose ahogar en los ojos azul claro de Castiel.

-No.

-¿No?

-No se supone que deba doler… lo siento. Te prometo que eta vez hare las cosas bien, el amor no debe doler… pero tienes que decirme, yo… jamás ha sido m i intención lastimarte, pero no puedo hacer nada si no me dices…

-Dean…

El timbre sonó mientras los labios de Dean se acercaban a los de Castiel, se puso de pie de un salto, acomodándose la ropa con rapidez.

-Ven, tienes que esconderte.

-No…

-Lo siento, de verdad, sé que le tienes miedo a la oscuridad, pero si tu hermano el loco vuelve, no quiero que te vea siquiera.

-¿Lucifer?

El corazón de Castiel dio un salto, ¿era verdad? De verdad estuvo ahí, no había sido solo su imaginación.

Dean, soy yo, Balthazar, abreme la puerta, sé que estás ahí

Dean suspiro aliviado y fue a abrir la puerta, aunque no estaba del todo seguro de que lado estaba Balthazar, Anna le había dicho que solo confiara en ellos dos, y la verdad es que no podía confiar en ninguno.

Al abrir la puerta, Balthazar entro jalando tras de sí una maleta que aun tenia puesta la etiqueta, a Dean no le pasó desapercibido los dos sujetos en traje negro que lo acompañaban, tan uniformados, tan serios y tan armados como lo habían estado los dos que acompañaron a Lucifer el día anterior, al intentar cerrar la puerta, el pie de uno de aquellos matones se lo impidió, negó con la cabeza, así que Dean volvió su atención y su ira hacia Balthazar, que lo barrio de arriba abajo.

Antes de que pudiera protestar, Balthazar le entrego el sobre que llevaba en la mano derecha y comenzó a dar instrucciones.

-Esto servirá, para comenzar, estuvimos toda la tarde rebuscando en el desastre de la tienda, no encontré el testamento, pero encontré esto. Es suficiente para que tomen el primer vuelo disponible a lejos de aquí.

Dean abrió el sobre, adentro encontró dos boletos de avión, un par de pasaportes y un par de tarjetas de crédito, el Winchester trato de decir algo, pero aún estaba tratando de procesarlo.

-Compre algunas cosas para Castiel, trate de adivinar tu taya, así no tienen ni que perder tiempo en empacar.

-Espera, espera… esto es.

-Bueno, esos son los boletos para Bangkok que tío Chuck tenía listos para ti y Castiel, vez, incluso saco un par de tarjetas a tu nombre, una es tu salario por cuidar de Castiel y la otra es para la mensualidad de los gastos de Castiel, eso y los papeles que firmaste donde especifica que eres tutor legal de Castiel el ausencia de tío.

-Estos boletos son para dentro de una semana.

-Y venden boletos todo el tiempo, porque, claro, por supuesto, tío no tenía planeado morir.

Balthazar saco un tercer boleto y pasaporte del bolsillo de su chaqueta y lo tiro sobre la mesa a Dean se le encogió el estómago, Castiel los había alcanzado y Balthazar se estremeció de horror al verlo vestido en las fachas de la ropa de Dean, Castiel tomo los boletos de las manos de Dean y comenzó a leerlo.

-¿Bangkok? Pensé que iríamos a Varanasi…

-No hay aeropuertos en todas las ciudades, de ahí debes ir en mula o en cualquier otro transporte tercermundista que haya por ahí disponible. Vamos, vamos, con esas fachas no te dejaran abordar a ningun lado.

-¿Ahora?

-Claro, los aeropuertos funcionan las 24 horas. Acabo de encontrar esos papeles, y deben irse, ya.

Balthazar se alegró al ver sobre la repisa de la mesa de noche una botella de whisky, aunque después de probarlo considero que era el más barato y horrendo que hubiera probado en toda su vida, relleno su vaso de todos modos. Castiel lo había seguido con la mirada, primero porque no entendió nada de lo que acababa de decirle, segundo porque era la primera vez que lo veía tan preocupado.

-Hiciste algo malo.

Balthazar dio un respingo, que no pasó desapercibido para Dean, Balthazar rehuyó la mirada de los dos, todos pudieron escuchar a John caminar por el pasillo hecho una furia, todos excepto Castiel que continuaba analizando los boletos. El arma de John ya no estaba en el cajón de la mesita de estar, la había llevado consigo al salir por la mañana y ahora ahí estaba en medio de la habitación apuntando con ella a Balthazar, que solo extendió los brazos en una expresión expectante, los dos guardaespaldas que lo acompañaban desenfundaron armas al mismo tiempo que Jonh.

Dean se interpuso entre los dos y se sintió en una película muy mala de gansters muy patéticos.

-Wow… tranquilicemos todos.

-Me dije que si volvía a esta casa le metería una bala en las pelotas.

John entrecerró los ojos, porque se dio cuenta que el rubio frente a él no era el mismo del día anterior.

-Todos ustedes se parecen… eres igual que tu hermano, ¿también vienes a llevarte al muchacho?

Balthazar negó con la cabeza, John bajo el arma, pero los matones no, esperaron hasta la señal de Baltahzar, y se alejaron cerrando la puerta tras ellos.

-Yo no tengo hermanos, soy hijo único.

En la mente de Balthazar resonaron las palabras de Castiel por encima del resto de las cosas que estaban pasando últimamente y que no deberían pasarle en un mundo normal, pero estaba rodeado de gente loca, él iba a terminar peor, Castiel iba a odiarlo cuando se enterara de la verdadera razón detrás de su visita, estaba seguro, pero, estaba dispuesto a sacrificar lo que fuera necesario si eso ponía a Castiel fuera de peligro, de la llamada telefónica que había tenido con Lucifer hacía casi nada, de lo que estaba a punto de hacer, a Dean prefería ni verlo a los ojos, lo mejor era que se fueran lejos y por su bien, no volver a cruzarse nunca jamás con ningún Winchester.

-Pues te pareces demasiado.

-¿A quién?

-A ese tal Dick o Rick.

-Nick… no, yo no me parezco a él, en… no, tienes algo de razón, soy igual de malo que él o peor.

Balthazar se dejó caer en la silla, volviendo a rellenar su vaso de licor, Dean y John intercambiaron miradas, después John arranco los papeles de manos de Dean, fue cuando por fin descubrió que su hijo era tutor legal de Castiel y eso basto para olvidarse de que había un extraño vaciando su botella en su sala de estar, comenzando a lanzar una serie de preguntas y amenazas a Dean sobre lo malagradecido que era por tratar de abandonar a su familia, al taller y a Sam, aunque Balthazar no estaba tan dispuesto a dejarse ignorar tan fácilmente.

-Todo lo que sé de su familia… todo lo que me han mostrado de su familia no es agradable, ni un poco, ahora tengo que dejar marchar a Castiel contigo… yo… los caballeros ahí afuera los escoltaran al aeropuerto, no deberían… no deberían perder más tiempo.

-Creo que estas muy ebrio ya jovencito.

John estaba a punto de arrastrarlo fuera de su casa.

-Sí, bueno, ustedes aparentemente gritan para resolver sus problemas, yo bebo… no tengo hermanos con los que pelear o de los cuales encariñarme, así que puedo…

"Puedo cerrar la maldita boca de una vez y seguirle el juego a Lucifer"

-Nadie saldrá de esta casa sin mi consentimiento.

John inflo el pecho, estaba hecho una furia.

-Esa no es su decisión al final del día… es de Dean…

Balthazar empino las últimas gotas de la botella, curiosamente el aturdimiento del alcohol estaba comenzando a aclararle la cabeza y dedico una larga mirada a Dean, que comenzó a tener un horrible presentimiento, incluso John se quedó en silencio con un horrendo presentimiento.

-Ah, maldita jodida sea… no puedo hacerlo… no soy como él, quisiera, pero no soy como él…

-Estoy teniéndote paciencia porque no entiendo que mierdas dices ni que mierda está pasando aquí.

-¿Qué tanto pueden extrañarlo si no se han dado cuenta que no está?

-Balthazar… ¿de qué demonios estás hablando?

Aunque Dean lo pregunto, sabía exactamente a qué se refería.

-Dean, yo también tengo mis recursos, mis fuentes, mis medios, si te vas ahora mismo en el primer avión disponible, prometo que haré todo lo posible por traer de vuelta a tu hermano.

Dean negó con la cabeza, se apuró a buscar su teléfono sobre la mesa, marco al número de Sam, que aunque la llamada fue contestaba de inmediato, no fue Sam quien estaba del otro lado de la línea. Y Dean sintió como si el mundo estuviera desmoronándose debajo de sus pies.