Notas del autor: No sé si aun sigan leyendo este fic... se preguntaran porque pase tanto tiempo sin publicar si el capítulo pasado todo era florecitas y buena vibra, bueno, mi casa se quemó, mi familia, mis gatos y la rata salimos ilesos. De mis pertenencias solo sobrevivió lo que llevábamos encima lo que incluyo mi mochila con mi laptop y mi cámara... este capítulo ya estaba escrito y al leerlo entenderán porque me era un poco difícil publicarlo... y bueno, disfruten este nuevo capítulo.

Finalmente, estaba comenzando a preguntarme a las cuentas horas debía enviar el primer paquete, me preguntaba, ¿Qué será mejor? ¿un dedo, una oreja, la nariz?

-Si te atreves a ponerle una mano encima a mi hermano te juro que yo…

A estas alturas le he puesto más que solo las manos encima, me estaba aburriendo.

-Deja ir a mi hermano… maldito hijo de puta.

Debemos trabajar en ese lenguaje tuyo, ¿acaso yo he usado palabrotas contigo? tienes que pasar a recogerlo, no está en condiciones de irse caminando, un hermano por otro.

Dean no estaba seguro que sus piernas fueran a sostenerlo por más tiempo, del otro lado de la línea se escuchó una risa lenta y maliciosa. La llamada se cortó, Dean se volvió hecho una furia en dirección a Balthazar.

-¡Tú sabías de esto!

-¡Por supuesto que no! no hasta hace como 20 minutos y eso no haría ningún tipo de diferencia.

-Si hay un aeropuerto en Varanasi.

Balthazar, Jonh y Dean se volvieron en dirección a Castiel, que aun tenia los boletos en la mano y los observaba desde su lugar cerca de la pared.

-¿Y a quien mierdas le importa eso?

John arrancó los boletos de la mano rompiéndolos en pedazos. En el mundo de los pequeños detalles era importante que hubiera un aeropuerto en Varanasi y los boletos fueran con destino a Bangkok, en ese mismo mundo de los pequeños detalles que el boleto restante que una vez le perteneciera a Chuck resbalara de la mesa y cayera bajo el sofá cambiaría el rumbo del mundo entero.

Castiel se había quedado inmerso en aquel mundo de los pequeños detalles buscando la conexión entre detalles triviales, su padre nunca cometía errores, lo recordaba anotado en su agenda con su caligrafía apretada: "¿qué vacunas se necesitan para ir a Varanasi?", lo recordaba bien, trazando círculos y tachando sitios en un mapa de la ciudad.

No podía ser un error, tenía que significar algo.

Hubiera podido descubrirlo, si John no se los hubiese arrancado de las manos y lo hubiera regresado a la realidad en la que se encontró con Dean y Balthazar cada uno derrotado a su manera y hubiese comenzado a preguntarse por qué y cómo habían llegado todos hasta ahí.

Balthazar se quedó un rato en silencio, como si eso fuera a rellenar la botella vacía.

-No puedes entregarlo, Dean, le hará daño y ni tu no yo podremos protegerlo, necesitamos el testamento, si tenemos el testamento, ustedes son libres de largarse, Lucifer no puede oponerse a toda la familia.

Dean se había quedado en silencio, tanto en su mente, como en su voz, su mirada fija en Castiel, a quien John aún sostenía por la muñeca, Castiel no se resistía, porque sus ojos estaban clavados en los de Dean.

-Gabriel…. El testamento lo tiene Gabriel.

Por fin Dean hilo una respuesta, sabía que si Castiel seguía en aquella habitación era porque Lucifer no había dicho a donde debían llevarlo, que no podría impedir que su padre lo entregara, no si era Sam quien estaba contra la pared.

Balthazar se echó a reír nerviosamente.

-¡Entonces el jodido testamento está en el fondo del jodido océano junto con Gabriel! ¡Excelente!

-¡Entonces el testamento importa una mierda! ¡Solo traer de vuelta a Sam!

John soltó a Castiel y arrebató el teléfono de la mano de Dean dispuesto a arreglar un intercambio a la brevedad, con quien quiera que tuviera a su hijo menor, Castiel señaló la ventana.

-… Sam está ahí afuera.

Dean e incluso Balthazar se pusieron de pie, en efecto, por la ventana podía verse a Sam, bajando de prisa por las escaleras de emergencia del edificio frente al suyo, el corazón de Dean dio un enorme salto, se giró de inmediato y junto a John corrieron en dirección a Sam, Balthazar y sus dos guardaespaldas lo siguieron.

El teléfono se había resbalado de las manos de John y rodando por el piso hasta los pies de Castiel, justo en el momento exacto en que un mensaje de texto llegaba: "Mira por la ventana".

Dean no había sentido tanto alivio en su vida como el que sintió cuando abrazó de nuevo a su hermano, bombardeándolo con preguntas a las que no daba tiempo a responder, Jonh estaba furioso y maldecía jurando que iba a matar a quienquiera que se hubiera atrevido a hacer eso.

Los dos guardaespaldas de Balthazar habían ido dentro del edificio en busca de los responsables.

Sam solo pudo contestar dos de las preguntas de su hermano, la primera fue si estaba bien, la respuesta fue sí, la segunda le arrebató la calma que la presencia de Sam le había dado.

-¿Cómo escapaste?

-Yo no escape Dean, ellos me dejaron ir.

Dean regreso la vista a la ventana donde se había quedado Castiel, pero estaba vacía, regresó corriendo de vuelta al departamento, la puerta estaba abierta de par en par, la mesa volteada.

Castiel no estaba, grito de frustración, se lo habían llevado, salió al pasillo y bajó tan a prisa como pudo hacia el callejón, habían debido irse por ahí, no existía otra salida.

Cruzó la puerta justo en el momento preciso en el que arrastraban a Castiel dentro del lujoso auto de Lucifer.

Sus ojos se cruzaron con los de Castiel, que hizo un último esfuerzo por soltarse y correr en su dirección, pero fue en vano, por lo que no le quedó más remedio que gritar algo que solo tenía sentido para Castiel y su mundo de los pequeños detalles justo antes de que la puerta se cerrará.

-¡Dean! ¡mi libro rojo, se casa en Bangkok!

El coche arrancó y Dean intentó correr tras él, como un perro abandonado en la carretera que trata de alcanzar al dueño, corrió mientras aún pudo ver el auto, corrió aun después, tratando de adivinar la dirección, hasta que sus piernas no pudieron sostenerlo más y cayó de rodillas sobre la carretera, se puso de pie y trato de seguir corriendo, el mundo se había vuelto de pronto demasiado grande para ser recorrido con un par de piernas, el cielo se volvía eterno y alto y Dean Winchester tan pequeño que cuando volvió a caer y levantarse ya no pudo seguir corriendo y se quedó ahí de rodillas sobre el asfalto mientras los autos lo esquivaban para seguir su camino.

Cuando recuperó sus fuerzas, decidió caminar al único lugar donde sabía que encontrar, camino de vuelta a casa limpiándose la sangre de sus palmas en sus jeans rotos, le temblaban las piernas y no estaba del todo seguro de a que parte de la ciudad había ido a terminar, en su mente había ido hasta el borde del mundo y volvió a acelerar sus pasos al ver la enorme columna de humo que se extendía por el cielo, el edificio frente al suyo donde habían tenido encerrado a Sam ardía.

Los bomberos llegaron, totalmente rebasados por el fuego, no había personas adentro, todo alcanzaron a salir a tiempo, y aunque había tan poco que se pudiera hacer, lo intentaron, a un Dean atontado le explicaron que el piso superior había explotado poco después de que él se marchara corriendo, los bomberos apuntaban a una fuga de gas por la velocidad y la fuerza del fuego.

-Gas.

Había dicho Sam, porque fue en esa misma habitación donde lo tuvieron encerrado, a los pocos minutos resonó el segundo estallido, los cristales de la tienda de antigüedades se regaron en todas direcciones.

Fue hasta el amanecer que los agotados bomberos se encontraron frente a los humeantes restos chamuscados de ambos edificios y por la mañana los Winchester, los Harvelle, Bobby, y el resto de los desplazados se encontraban ya sin un hogar, por aquellos incendios escucharon en las noticias sobre fallas de gas en edificios que hacía tiempo deberían haber sido demolidos en una conferencia de prensa de labios del mismísimo Lucifer.

El fuego no había consumido el edificio en que habitaban los Winchester, pero había sido declarado inhabitable y sería demolido antes de una semana por cuestiones de seguridad, así que, Sam y John juntaron algunas pocas de sus pertenecías para comenzar su camino de regreso a Kansas, Bobby se iría con ellos, también Hellen.

Dean negó con la cabeza, decidió quedarse, encontraría la manera de recuperar Castiel. No pudo localizar a Anna, y Balthazar lucia totalmente derrotado y nada sobrio. John no lo hubiera dejado quedarse solo, pero se sentía tan culpable por como lo había tratado a él y Castiel que solo pudo darle una palmada en el hombro y desearle buena suerte.

Así fue como Dean se quedó apenas con el Impala, un puñado de ropa y el dinero que le dejara Anna sobre la mesa.

En los siguientes tres días lo apalearon y arrastraron más de lo que lo habían apaleado y arrastrado en mucho tiempo.

Al tercer día fue arrestado, Balthazar pagó su fianza, no directamente, había mandado a uno de sus guardaespaldas, que lucía un cabestrillo y quemaduras leves en la cara, el segundo estaba aún hospitalizado por inhalar humo ayudado a todos a salir de incendio, Dean los había aceptado como sujetos decentes, aunque seguía dándole repelús sus perfectamente acicalados trajes y el prendedor con el logo de Heaven que lucían con orgullo sobre el pecho.

Mientras llenaban el papeleo sintió las pesadas miradas de todos alrededor suyo.

-¿Qué mierdas pasa ahora?

-¿Balthazar es amigo tuyo?

Aquella pregunta lo tomó por sorpresa, se quedó en silencio antes de buscar una respuesta sarcástica de su repertorio.

-Bueno, firmó el cheque ¿no?

-Acaban de apuñalarlo en su habitación de hotel.

"Intento de robo mis polainas, eso parecía bastante premeditado" había dicho el oficial que fue llamado a atender el caso mientras creía que ya nadie lo escuchaba.

Dean se quedó solo de nuevo, libre para ir y arañar las paredes de una fortaleza impenetrable, agotado y casi tambaleante fue al hospital donde Baltahzar se debatía entre la vida y la muerte, pero tampoco lo dejaron acercarse, de la nada una extraña mujer almidonada quien más tarde supuso sería la madre de Balthazar, quien salió tras el para abofetearlo y acusarlo a "él y el bastardo" de todos los problemas que tenía ahora su hijo.

Y así fue como Dean acabó de nuevo en la patrulla de la oficial Jody, quien simplemente lo dejó ir un par de cuadras adelante, preguntándole si no tenía a nadie a quien llamar, Dean mintió, diciendo que iría con Lisa.

Dean vagabundeo por las calles y se escurrió al interior del primer bar que encontró, se embriago hasta perder la noción de la realidad, porque era lo único que podía hacer, hundió billetes aquí y allá, rodando de labios en labios.

Buscaba encontrar en aquel letargo los labios de Castiel, pero solo encontraba el febril calor embotado del licor y el placer pagado.

Se dejó arrastrar, se hundió y cuando salió a flote lo hizo en el mismo motel donde se despidiera de su familia días antes, justo en la misma habitación donde Hellen consolaba a Jo que no dejaba de llorar.

Estaba totalmente solo, con una resaca opresiva, el agua de la regadera que lavo el alcohol, sudor, magullones y arañazos era fría y caía a chorros irregulares, se volvió a dejar caer en la cama, preguntándose por milésima vez donde y como estaba Castiel y que mierdas le había querido decir.

-¿Mi libro rojo se casa en Bangkok?

Hinchó sus pulmones con aire, de Castiel no le quedaba nada más que un recuerdo, cada vez que trataba de encontrarlo o siquiera preguntar por él, todo el mundo se comportaba como si no existiera, como si nunca hubiera existido y eso iba a volverlo loco.

Se puso de pie con rapidez y corrió en dirección al auto, había algo que aún conservaba de Castiel, aquella marioneta rota, tuvo que colarse a su propio departamento, arrancando carteles de "Propiedad Privada de Heaven" lo que hizo hervir la sangre dentro de las venas, escupió en ellos, y entró en lo que fuera su viejo hogar y pronto no sería más que un montón de ladrillos.

Se podría regresar el tiempo y toda la ceniza que Dean encontró bajo sus suelas volvería a ser materia reconocible, las llamas se volverían nada y Castiel estaría de nuevo de pie con un teléfono frente a sus pies, como un fantasma de lo que aquellas paredes atestiguaron y Dean no tenía ningún medio de adivinar. Las últimas palabras de Castiel guardadas en los ecos de aquel recinto lleno de ecos del pasado.

-Es una trampa…

¿Qué había en la mente de Castiel en aquel momento?

Estaba su padre hablando por teléfono despreocupadamente mientras le servía una leche con chocolate a él y su tribu de chiquillos sin prestarles atención: "…por supuesto, por supuesto, es lo que siempre digo, en estos negocios, solo es necesario poner un poco en peligro a los polluelos y todo el gallinero saldrá corriendo de casa sin cerrar la puerta".

Y no importó que tan rápido Castiel tratara de correr a cerrar aquella puerta abierta, ya era demasiado tarde, y sus fuerzas no fueron suficientes para impedir la entrada de Lucifer y sus matones, la adrenalina corrió por todo el cuerpo de Castiel, estaba aterrado, furioso y avergonzado.

No se movió cuando Lucifer camino en su dirección, aunque sus piernas temblaban.

-Ha pasado tanto tiempo.

Lucifer le sonreía tranquilo, aunque deseaba extender sus manos y hundir sus dedos su furia en él, pero se limitó a tomarlo por la nuca invitándolo a caminar con él. Castiel obedeció guiado por un pavor sobrehumano. Lucifer observó su reloj.

-Justo a tiempo para almorzar.

Sus dedos se hundieron con saña sobre la piel de la nuca de Castiel, que había llenado sus pulmones de aire y le observaba desafiante, quería rebelarse, quería huir, pero seguía avanzando paso a paso, entendía el dolor, como lo había entendido la primera vez que supo que las personas podían lastimar a otras, fue cuando Lucifer lo abofeteara por diversión aquella primera vez y Castiel sin más le devolviera la bofetada.

¡Ah! Gabriel se había roto en carcajadas y había visto el miedo y la ira en los ojos de Lucifer, para él también fue la primera vez que alguien le hubiese golpeado la cara de aquel modo.

La realidad comenzó a esfumarse frente a los ojos de Castiel, ahora era de nuevo un niño observando desde el borde de las escaleras de la casa de verano a Lucifer sentado en el suelo, Miguel, Gabriel y Anna estaban a su lado y reían juntos, justo en el momento en que entró Chuck, los cuatro se habían corrido hacia él, Lucifer y Gabriel lo había abrazado con fuerzas y él les había regresado el abrazo, solo un momento antes de seguir de largo, hasta donde estaba Castiel para alzarlo en brazos y llevarlo a un lugar más seguro.

Miguel había crecido rápido, despegándose de todos aquellos a los que llamaba familia, con una frialdad que Lucifer solo podía soñar, pero a la que tenía que enfrentarse cada día, Lucifer había aprendido desde chico que nadie iba a quererlo nunca, por eso se dedicó a darles motivos para que lo detestaran. Se había jurado que él no sería el chico en la banca al que nadie invitaba a jugar, él iba a pincharles la pelota.

Castiel era el único que había notado eso, recordaba la expresión desolada de Lucifer en medio del pasillo y como aquella tristeza llevaba la máscara de la ira, sus pensamientos se removían en un remolino de charlas ajenas.

Por eso lo había tomado de la mano en aquella fiesta familiar cuando aún era demasiado pequeño y apenas había aprendido a andar, Lucifer le sonrió y lo llevó de la mano más allá del jardín, dejándolo al borde de un barranco.

Castiel seguía en su mundo de pequeños detalles, de momentos entrecortados a su alrededor, de Anna delgada y pálida aun con el cintillo del psiquiátrico donde Lucifer la habían encerrado, llorando lo mucho que odiaba a Lucifer mientras Gabriel trataba de consolarla y su padre escuchaba negando con la cabeza.

Recordaba la llamada que había recibido su padre meses atrás donde le contaban que el avión en que Gabriel viajaría de Varanasi a Seúl se había estrellado en las montañas, la noticia que le había roto el corazón y desmejorado la salud.

La marea de pensamientos lo llevaron a los brazos de Dean la noche anterior donde descansaba afiebrado y dolorido mientras el Winchester lo llenaba de cuentos y preguntas sin sentido que no iban a ningún lugar.

"Castiel… ¿sabes dónde está el testamento de Chuck?"

"No, pero sé quién lo tiene."

"¿Quién?"

"Gabriel."

En la memoria de Castiel una postal resbaló de sus dedos, una postal que le hizo encapricharse con la idea de conocer Varanasi, la postal donde Gabriel contaba cómo en un arrebato enamorado siguió a una mujer de Varanasi a Bangkok.

Gabriel nunca subió al avión que se estrelló rumbo a Seúl y mientras él hijo exiliado se encontraba enredado en un romance alocado por las calles de Tailandia, del otro lado del océano todos lloraban su muerte.

Castiel recordaba escuchar a su padre recriminándole a gritos a Gabriel que desde el otro lado de la línea se reía a carcajadas como si fuera el mejor chiste que jamás nadie le hubiera contado, pidiéndole por favor lo dejara disfrutar su estatus de muerto un poco más, pero no se olvidara estar a tiempo para la boda en Bangkok.

Y eso había tratado de decirle a Dean, que Gabriel estaba vivo, se casaría en Bangkok y la dirección estaba en la postal escondida en su libro rojo.

Pero Dean no tenía ninguna pista para arrancar aquel secreto, por eso pasó de largo aquel libro rojo que ahora estaba totalmente cubierto de cenizas, abierto bocabajo de par en par, Dean tomo la caja de la marioneta y sus ojos lo guiaron al libro, al final del día, era otra de las cosas de Castiel, lo recogió, sacudió la ceniza sobre él y lo puso sobre la mesa y contempló aquellos pequeños tesoros: el juguete de un niño y un libro pornográfico.

Recorrió la habitación en busca de algún otro momento, sus dedos tomaron el sobre con las tarjetas que Balthazar le había dado, suponía contaban también como "algo de Castiel", al tratar de confirmar el contenido del sobre su contenido se desparramó en el suelo, justo ahí donde el boleto sobreviviente y los rotos a pedazos descansaban.

Se vio tentado dejarlos ahí, pero aquellos trozos de papel eran la prueba de que existieron aquellos boletos con sus nombres. Pensó que tal vez podrían servirle de algo, aunque aquellos otros papeles donde decía era el tutor legal de Castiel solo le habían servido para que se los arrebataran de las manos y los rompieran en pedazos, trozos que había juntado, -casi todos-, y había vuelto a unir.

Volvió poco después al motel, porque los ecos de su antiguo hogar lo aprisionaban y le pareció comprender porque su padre decidió irse de Kansas luego de la muerte de su madre, en el camino había comprado algo de licor, para aturdirse hasta poder dormir, pero su habitación no estaba sola.

Lisa estaba esperándolo.

-Hola Dean, Jody me llamo, sonaba preocupada por ti. Me alegro que aun tengamos ese pacto de culparnos el uno al otro cuando tengamos problemas con la ley.

-Lo siento…

Lisa solo le sonrió, dejando que su mirada viajara por aquella deprimente habitación de paredes y sabanas sucias. Dean se apresuró a esconder sus tesoros en una gaveta que pudo abrir pero no pudo volver a cerrar.

Lisa era educada, pretendió no mirar, ni preguntar, aunque eso no significara que lo olvidaría, ella se paseaba por aquella habitación con la dignidad de quien vuelve a tomar su legítimo sitio al lado de Dean. La chica a la que Dean siempre terminaba volviendo a pesar de que nunca habían sido nada más que amigos, en cada momento que gravitaban el uno hacia el otro algo se cruzaba en su camino.

En aquel momento, Lisa se sentía caminando sobre las cenizas de todas las barreras entre ellos. No, Lisa no caminaba sobre frías y esponjosas cenizas, caminaba con los pies descalzos sobre brasas y astillas.

-Le dije que estabas tan bien como podrías estarlo. Lamento lo que pasó. Entiendo si quieres estar solo, pero eres bienvenido en mi casa.

Dean asintió tratando de esconder su rostro apaleado frente a Perfecta-Lisa, la verdad es que había estado pensando en ella más de una vez, en lo que hubiera pasado si se hubiese quedado con ella aquel día en lugar de correr detrás de Castiel, su mente malsana le repetía que aquello no habría salvado a Castiel, pero muy probablemente no le importaría, tampoco sería culpa suya.

Lisa camino hacia él y Dean no pudo más que extender sus brazos y refugiarse en sus brazos.