- Creo que no quiero saber qué has hecho con el resto para ser tú la que haya venido a recogerme… - fue el saludo que hizo Sora a Mimi nada más verla en el aeropuerto a su vuelta.

- Pues… como tengo a la peor de las amigas que ni siquiera se merece que la mire a la cara he venido a hacerla sentirse culpable viniendo a buscarla y llevándomela a comer por ahí, ¿qué te parece?

- Hmmm… ¿de qué se me acusa exactamente ahora? – preguntó divertida por la declaración de intenciones de ella.

- ¿De que me haya tenido que enterar por el rubio borde ese de que habéis decidido casaros en abril?

- Ah… - se empezó a reír, recordando el melodrama que le había montado por teléfono-. Oye, que yo me enteré poco antes que tú, fue cosa suya…

- Bueno, pero algo tendrías derecho a opinar tú, ¿no?

- No realmente no. A cambio no pienso decirle ni media palabra de a dónde nos vamos a ir de viaje… - poco a poco su gesto se transformó a uno divertido.

- ¿Ya lo has decidido?

- Sí, algo tenía que hacer cuatro días sola todas las noches en un hotel de una ciudad que no conozco…

- Podrías haberte dedicado a hacer el vestido de novia, por ejemplo…

- Mimi… - volvió a ponerse seria automáticamente-. No me hables de ese tema, por favor.

- ¿Has vuelto a arrancar todas las hojas de la libreta?

- No ha quedado ni una… Así que mañana mismo cuando salga después de comer de la reunión que tengo tú y yo nos vamos a ir a mirar por ahí porque me he dado por vencida…

- ¿¡De verdad!? – dio un par de saltitos, aparentando estar emocionada por lo que acababa de decirle.

- Qué remedio… En serio, es que soy totalmente incapaz de terminar ni uno solo de los bocetos… - hizo una mueca frunciendo los labios.

- Eso – se colgó de su brazo, echando a andar y arrastrándola con ella – se llaman nervios por estar a punto de casarte de una endemoniada vez con quien llevas -queriendo hacerlo desde que tienes uso de razón.

- No me seas cursi… - puso los ojos en blanco.

- Uy sí, claro… ¿te recuerdo lo poco que te costó dejar todo listo para el vestido la anterior vez? Casi como un proyecto que no tuviera nada que ver contigo…

- Mimi… - la cortó.

- No, de Mimi nada, venga niégalo…

- No, no te lo niego. Pero no hagas sonar esto como si esta vez sí que quiero hacerlo y la anterior vez ni siquiera estaba nerviosa…

- Lo has dicho tú solita – giró la cabeza antes de sonreír divertida de medio lado-. Venga, reconócelo de una vez. Esta vez no es lo mismo, ni siquiera se le parece…

- Es… diferente, pero no porque no quisiera hacerlo la otra vez o no estuviera nerviosa también. Venga ya, que poco más y parece que estás diciendo que no me importaba… ¿cómo iba a haber dicho que sí si no hubiera querido hacerlo eh?

- Sí, sí, di lo que quieras. Y me da igual que me digas que querías mucho a Ryo y todo eso… pero venga, atrévete a decirme que es lo mismo esta vez y pago yo la comida…

- … - la miró largamente antes de negar con la cabeza mientras que empezaba a reírse ella también por lo bajo-. Anda… vamos que invito yo…

No era demasiado complicado dejarla liar por Mimi para acabar descubriendo nuevos sitios para comer fuera de casa. No tenía ganas de tener que llegar y ponerse a hacer la comida, aunque ahora ya no estuviera sola en casa, sabía que Yamato aquel día iba a estar ocupado con temas de los que ella no entendía ni media palabra de su trabajo, de manera que había quedado con él más tarde cerca de casa de Takeru, ya que quería verlos para algo.

De manera que dejarse secuestrar por su amiga era la mejor de sus opciones. Además, siempre le descubría algo entretenido que puedo utilizar luego ella. Casi habían terminado de comer cuando la castaña volvió a sacar el tema.

- No creas que me he olvidado tan fácilmente…

- ¿De qué? – la pelirroja se quedó con una cucharada de su postre a medio camino ante el comentario de la otra.

- De lo que estábamos hablando en el aeropuerto…

- ¿En serio? ¿Y se puede saber qué más quieres decir sobre ese tema ahora? – puso los ojos en blanco decidiendo que era mejor idea llevarse la cuchara a los labios. Aguantar a Mimi con temas delicados con chocolate de por medio siempre era mejor opción.

- Pues se me ocurren unas cuantas cosas.

- Mira Mimi… te lo voy a decir lo más claro que se me ocurre ahora mismo – le dijo cuando tragó por fin-. Sin ser cruel con él porque poca culpa tiene en todo esto… no quiero ni acordarme de nada relacionado con Ryo, por favor te lo pido. Me alegré mucho de saber que todo le va bien y de volver a verlo, pero, al precio que me costó hacerlo, sobre todo por haber sido tan sumamente idiota de no haberlo tenido en cuenta, prefiero ni acordarme…

- Eso es culpa tuya y de nadie más…

- Tampoco es para tanto, no creo que tú hayas tenido que poner al día a Koushiro de toda tu vida sentimental antes de estar con él – soltó de golpe antes de volver a coger otra cucharada.

- No, claro que no, tampoco creo que ni haciéndole un esquema se hubiera enterado de ello, pero… No es lo mismo. No lo es y lo sabes, que no creo que estemos hablando de dos formas de ser demasiado parecidas. Y, además, no me convences.

- ¿Qué quieres que te diga? ¿Que estoy más nerviosa y más ilusionada ahora que antes porque te hace ilusión escucharlo?

- Por ejemplo…

Se volvió a llevar la cuchara a la boca. No lo admitiría en voz alta, aunque fuera verdad. Y no por no darle la razón a Mimi sino porque no era justo. No era justo hacer ese tipo de comparación, eran dos situaciones completamente diferentes. Había una gran cantidad de factores que podrían haber hecho que todo hubiera sido distinto. Si ella no hubiera sido tan cabezota posiblemente ahora su vida fuera completamente diferente y estaba segura de que no se habría arrepentido de nada. Pero las cosas eran como eran…

- Oye, es que una cosa es que ahora mismo podrías estar casada con un prestigioso médico y viviendo en el siempre aburrido Londres donde te ibas quedar más paliducha que el rubio ese con el que te juntas… Y mira que yo nunca he tenido nada en contra de él, ¿eh? Cuando estabais juntos no podía alegrarme más por ti y que por fin hubieras superado todo…

- ¿Qué? ¿Ahora me vas a decir que tú ya sabías que todo esto iba a acabar así desde el día que te diste cuenta hará…? ¿Cuántos? ¿Quince? ¿Dieciséis años? ¿Que pasaba algo raro…?

- No, claro que no, pero no por ti, tonta. Sino porque el otro idiota siempre fue demasiado cobardica como para que hasta yo le tuviera esperanzas. ¿Tú sabes la de veces que tuve que tirarle de las orejas en su día para que dejara de hacer el idiota? Luego claro, cuando parecía que por fin se le estaba pasando la tontería entonces te entró a ti el orgullo y yo ya no sabía dónde meterme…

- Orgullo pefectamente justificado.

- Sí, sí… No me malinterpretes. Se merecía todas las veces que pasaste de él. Yo, de haber sido tú, le habría hecho alguna que otra jugarreta peor. Pobre de él de haber estado yo en tu lugar… Tenías demasiado a mano la forma de hacerlo… ¡No me mires así! ¡Sabes que tengo razón!

Se había quedado mirando para ella por debajo de los mechones de cabello ladeados que solían hacerle de flequillo. Había estado fingiendo no hacerle caso de nuevo prestando más atención al chocolate que a lo que decía hasta que no le había quedado más remedio.

- Vale, vale… A lo que iba. Que no, no contaba yo que con estar viendo esto con mis propios ojos. Pero… podrás negarlo todo lo que quieras, la otra vez no te había visto nunca así. Ni tan contenta, ni tan nerviosa, ni tan… todo.

- Es la tercera vez que escucho algo así…

- ¿La tercera?

- Sí, ya me lo soltó Taichi hace unos cuantos meses ya…. Y luego mi padre tampoco hace demasiado… Y ahora tú…

- Pues lamento tener que darle la razón a Taichi… A tu padre tenemos que hacerle caso que para algo da clases en la universidad… Pero es que salta a la vista. Y me da igual lo que digas, pero en alguna parte de esa cabecita tuya algo te dice que llevas queriendo hacer esto desde hace muchos, muchos años… Yo solo la amplifico para que la escuche quién haga falta.

- Qué mal me caes en ocasiones… ¿te lo he dicho alguna vez? – acabó diciendo con resignación.

La risa de la castaña acabó por sonar encima de las demás conversaciones, haciendo que algunas cabezas se girasen hacia ellas. Conocía a Sora como la palma de su mano, no podía esconderle nada aunque estuviera perfectamente autoengañada.

- Además, déjame adivinar, con todo el nuevo proyecto que me contaste antes de irte… ¿no puso ni una sola pega y para encima te dio la enhorabuena? Que por cierto, más le vale haber hecho eso porque sino me lo cargo yo personalmente después de todo lo que has tenido que aguantar tú todo este tiempo…

- Claro que sí, me ha dicho que ya nos arreglaremos. Y lo mismo con la fecha… Que si yo me veo demasiado agobiada con todo a la vez podemos esperar. Y no te voy a decir que no lo vaya a estar, pero me da igual…

- Me da igual… me da igual… ¿ves como no haces más que darme la razón?

- ¿En qué se supone que te estoy dando la razón ahora? Vamos a ver…

- En que si por vosotros dos fuera nos ibais a dejar a todos con las ganas de ver cómo finalmente os casáis después de todos los dolores de cabeza que nos lleváis dando y lo hacíais en cualquier sitio y de cualquier manera.

- Ay… ¿no te lo he dicho? Es lo que hemos quedado para hacer luego, lo de Takeru es una excusa… - se rio negando con la cabeza-. Si no fuera porque en general nos matáis, no te diría yo que no… Aunque también me hace ilusión hacer las cosas bien…

- Mira... mira qué sonrisita se te queda…

Entrecerró los ojos para mirarla mal unos segundos, empeorando la mirada cuando la vio coger la cuchara que había dejado en su plato e iba a robarle del suyo. Tiró de él hacia atrás.

- Nada… a ti ni la hora.

- Oye, a ver si ahora te va a dar por comer con los nervios y no vamos a encontrar un vestido de novia que te quede bien, ¿eh? – se estiró un poco más intentando alcanzar-. Mañana no te libras… que lo sepas…

- Qué remedio me queda…

- No, no era que no le hiciera ilusión, de verdad que no. Pero la idea de dejar que precisamente Mimi la arrastrara por medio Ginza – porque estaba segura de que iba a empezar por ahí – la aterrorizaba.

- Además… más te vale ayudarme a encontrar algo bonito sin darme demasiados disgustos. Hablaría muy mal de una dama de honor…

- Los disgustos me los das tú a mí con tu cabezonería… - le contestó.

Aquella vez no dijo nada sobre lo que acababa de decirle de forma tan indirecta. Desde que se había enterado de que había boda se había autoadjudicado ese papel, y pobre de aquella que intentara quitárselo. Aceptaría a Yagami como competencia, pero dudaba que a él le fuera a quedar un vestido de dama de honor apropiado tan bien como a ella…


AnnaBolena04: Si ya lo decía yo, que el pobrecito estaba siendo acusado en falso y que no merecía tales tomatazos que le estaban cayendo. Él simplemente rondaba por el mundo siendo amable con la gente sin segundas intenciones de ningún tipo de ¡ale! ¡Todo acusaciones para él! ¡Pobrecito! Ahora te lo imaginas todo adorable, en pijama y gafitas ayudando a Haru para que no se vuelva loca y te vas al rincón a sentirte mal por haber malpensado de él. El rubio también es consciente de que debería de estar castigado en el rincón por mirar mal al pobrecillo, sobretodo cuando en la reunión del mal intentó desviar atenciones sobre el puñal que acababa de caerle.

Y hablando de puñales... Aquí llega Mimi atacando a la otra parte de la relación con su ausencia total de filtro...

Hoy no creo que os suba nada más porque no cuento con pisar por casa hasta horas muy poco decentes e_e Así que, hoy sí que sí, ¡mañana más!

Un besito tortugoso ❤❤