- Quítate la chaqueta que sino cuando salgas vas a tener más frío todavía – divertido al ver a su hijo protestar y tener que decirle lo que hacer como si tuviera un tercio de su edad actual, Hiroaki aprovechaba para descansar al tomar finalmente asiento.

Yamato estuvo a punto de abrir la boca para protestar, pero a sabiendas de que tenía toda la razón no le quedó más remedio que obedecer y quitarse la chaqueta. Era cierto lo que le había dicho antes, llevaba demasiado tiempo viviendo en Tanegashima, con más meses de verano casi que de invierno. Sintió la atenta mirada de su padre sobre él.

- ¿Qué pasa? – preguntó curioso.

- Te veo mejor ya – hizo referencia a su aspecto físico-. Hacer un poco el vago no te está sentado nada mal.

- Sí… justo hoy por la mañana he vuelto a empezar a correr otra vez – explicó. Era cierto, aparte de que no tenía nada mejor qué hacer por las mañanas le gustaba salir para despejarse. Además, siempre dejaba pasar un tiempo de margen hasta que recuperaba algo del peso perdido durante esos largos meses de comida insípida. Podía decirse que había tenido unas buenas ocupaciones desde que había vuelto-. Me he llevado a Yagami conmigo, no creo que mañana se levante de la cama…

Tuvo que reírse al recordar el numerito que habían tenido aquella mañana cuando uno había empezado a ahogarse a mitad de camino y el otro había fingido detenerse solo por él. Les quedaba una buena temporada para volver a ponerse al día, pero al menos él no era quién había estado a punto de echar los pulmones. Acordarse de lo sucedido aquella mañana hizo que otros recuerdos más agradables volvieran a su mente. Nunca creyó que podría llegar a considerar agradable nada de lo relacionado con aquello.

- También he estado hablando con él de algo que no sabía… - hizo una pequeña pausa, intentando encontrarla mejor forma de enfocar aquello-. ¿Recuerdas que hace un año, aproximadamente, me enteré de que había estado a punto de casarse?

La atención de su padre quedó completamente fija en el chico ante esas palabras. Tenía que acordarse de aquello, no porque la vida de su futura nuera durante todos los años que no habían estado juntos le importara demasiado, sino porque había visto de primera mano cómo había afectado todo lo ocurrido a su hijo. Tampoco había querido preguntar más a sabiendas de que parecía ser un tema más delicado de la cuenta y que, a fin de cuentas, no era tampoco asunto suyo. Se quedó mirando para él esperando que continuara.

- ¿No os habrá pasado algo y por eso has venido a buscarme, verdad?

- No… no… tranquilo – negó con la cabeza-. No es nada malo. Es que me llamó bastante la atención. No hace mucho estuve hablando con ella de que últimamente está demasiado agobiada con todo y que si necesita atrasar las cosas por mí no hay problema.

- ¿Y qué tiene que ver eso con lo otro que me has dicho? – llevaba posiblemente demasiadas horas trabajando como para que no le relacionara los temas de forma más directa-. ¿Tanto lío tiene encima?

- Bastante – reconoció sin dejar muy claro a cuál de ambas preguntas estaba contestando-. La cuestión es que le dije que estando cómo estaban las cosas a mí no me corría prisa, que podíamos dejar las cosas para más adelante y me dijo que no, que de tener que aplazar algo prefería que fue el proyecto que tiene.

- Bueno, supongo que se ha pasado al club de pensar que como sigáis dando más vueltas o aplazando más las cosas voy a acabar no estando yo delante para conocer a mi nieta…

- Ya empezamos – puso los ojos en blanco-. Yo que tú me preocupaba más de tener que sobrevivir a una potencial visita de tu querido suegro y luego ya hablamos de otros temas – pudo ver automáticamente como la expresión de la cara de su padre cambiaba a una mueca, desviando la mirada hacia otro lado. Teniendo que reírse por eso volvió al tema original-. A lo que iba, que no quiere aplazar la boda.

- ¿Y qué tiene que ver eso con que en su día hubiera estado a punto de casarse?

- Pues, como comprenderás, nunca le pregunté nada más sobre el tema – aunque debía de reconocer que empezaba a tener curiosidad y que quizás serviría para terminar de borrar del todo el episodio que habían tenido en Londres -, pero Taichi sí que estaba por aquí cuando todo acabó. Por lo que me dijo rompió el compromiso exactamente por lo contrario, porque él insistió en que dejará algo más de lado el trabajo.

La mueca que había puesto Hiroaki acabó por desaparecer, entendiendo de qué iba todo aquello. En el fondo tenía que reconocer que Yamato le hacía mucha gracia en todos aquellos temas. Se suponía que así era como debían ser las cosas, no debería de extrañarse tanto cada vez que pasaba algo así. Por otro lado, era perfectamente capaz de entender lo que pasaba por esa cabeza. Si todavía estaban así era porque no lo habían tenido tampoco demasiado fácil para llegar hasta allí. Limitándose a resumir todos sus pensamientos en una ligera sonrisa se quedó mirando hacia él.

- Algo tendrás que haber acabado haciendo bien para que no te haya mandado a paseo a ti también, ¿no? – era un buen resumen de la situación-. Con lo que te costó tan siquiera volver a mantener una conversación con ella está bien que hayas sido capaz de llegar a ese punto.

- ¿No me digas? – puso los ojos en blanco.

- Es que no entiendo por qué te acabas sorprendiendo tanto cada vez que parece que os van las cosas bien encaminadas. Si te dice que prefiere atrasar el trabajo en vez de la boda contando que tú estuviste a punto de dejar el tuyo en su día, no sé qué te parece tan raro, hijo. Aunque te hayas enterado ahora de lo que pasó hace tiempo – él era el claro ejemplo de que había tenido otro orden de prioridades en su vida-, yo creo que es lo de menos, seguro que la situación es completamente diferente. Eso y que por fin has aprendido a decir lo que se te pasa por la cabeza, que la época que pasamos en la que no decías nada bien ni queriendo también me hizo tener ganas de darme cabezazos hasta a mí.

Porque lo conocía mejor que la palma de su mano y era capaz de adivinar lo que estaba pensando por los resoplidos que daba, pero, realmente, habían tenido épocas muy malas en las que era prácticamente imposible sacarle algo, y así le había ido. Parecía que ese problema ya lo tenían arreglado.

- Porque siempre ha sido un cabezota – la voz del digimon atrajo la atención de ambos-. Tengo hambre, ¿cuándo van a traer la comida?

- Totalmente de acuerdo con ambas cosas – el mayor de ambos sonrió divertido al ver cómo el rubio se cruzaba de brazos.

- Yo no he tenido siempre la culpa. A cabezotas estamos los dos a la par – se acabó defendiendo.

- Sí, pero el del carácter que a veces no había quién soportara sigues siendo tú, te pongas como te pongas. Así que está bien que ahora veas lo que pasa cuando te comportas como una persona normal. ¿Qué vais a hacer?

- ¿De qué?

- Con la fecha hijo, ¿con qué va a ser?

- Ah… pueees – se encogió de hombros-. No hemos tenido mucha suerte por el momento, el lugar que a ella le gustaba parece que va a ser imposible y entre una cosa y otra en los demás que hemos podido mirar tampoco… Así que no tengo ni idea.

- ¿Cuándo me dijiste que volvías al trabajo?

- En otoño… Y sí, lo sé, no tiene por qué ser en abril. Hay flexibilidad con eso, pero con que sea antes de que me tenga que reincorporar para poder irnos luego tranquilamente nos sirve y tampoco hemos tenido mucha suerte.

- Bueno, seguro que acabáis teniendo suerte. Repito lo que te dije antes, si habéis conseguido llegar hasta este punto no creo yo que vaya a ser problema de fechas. Como mucho que te acabes quedando tonto si te enteras de alguna otra cosa que puedas considerar buena como lo de que le han dado calabazas a otro precisamente con lo que a ti no.

- Eh… Yo no me alegro por eso – acabó por refunfuñar por lo bajo-. Quiero decir… la conozco más que de sobra, seguro que no lo pasó nada bien para llegar a esa conclusión. Es más, seguro que es capaz de seguir sintiéndose culpable por ello… - se quedó pensativo.

Quizás por eso no hablaba nunca del tema. Había aceptado lo que le había dicho en su día sobre no haberle dicho ni media palabra sobre todo aquello nunca… Realmente podía llegar a pensar que simplemente no había querido hablar de ello o bien simplemente en las pocas ocasiones que habían tenido para verse en lo último en que había pensado había sido en aquello. Pero empezaba a inclinarse más porque realmente lo que pasaba era que prefería no hablar del tema simplemente por respeto a la otra persona. Podía escucharla diciendo aquello sin necesidad de tener que esforzarse demasiado. Sonrió ante su propio pensamiento.

- Ya, ahora véndele ese cuento a otro que se crea que no te alegras por enterarte – Hiroaki empezó a reírse por lo bajo-. No engañas a nadie. A todo el mundo le gusta saber que al que estuvo antes que nosotros le dieron con la puerta en las narices.

- Bah – torció el gesto.

- Sí, "bah". Pues si vais a tener problemas con la fecha… quizás pueda hacer algo – acabó por cambiar de tema.

- No te preocupes, seguro que nos arreglamos. Además… yo no lo digo por quedar bien con ella, pero de verdad que tiene demasiado trabajo encima y quizás todo esto solo lo empeore – se quedó unos segundos pensativo-. No le he dicho ni media palabra sobre todo esto, pero creo que lo mejor para ella va a ser que se pase una temporada allí sin tener que estar yendo y viniendo todo el tiempo – se fijó en cómo su padre arqueaba una ceja-. Desde que he vuelto ya se ha tenido que ir varias veces y vuelve únicamente porque estoy yo.

- Pues que se vaya una temporada y tú con ella, ya tendremos los demás tiempo para aguantarte cuando la cosa se calme. Si todos los problemas que habéis tenido fueran como este seguro que ya tenía una nieta.

- ¿Quieres dejar lo de la nieta estar? – empezó a reírse.

- No, no lo voy a dejar. Así que vas te vale colaborar.

- Todavía no sabes si mi hermano y Hikari están esperando un niño una niña – puso los ojos en blanco.

- Ya, pero también te dije que con él soy más permisivo. Venga… dime que al menos tenéis intención.

- Papá, todavía no hemos sido capaces de fijar una fecha definitiva para la boda, ¿tú crees que hemos hablado algo de todo eso? – se fijó en cómo la mirada de Hiroaki se quedaba fija en él, una mirada que sabía perfectamente lo que significaba-. Bueno vale pero hace tiempo y muy de pasada y por culpa de Takeru.

- ¿Ves? – no podía engañarlo, quisiera o no-. ¿Y bien?

- Nada… simplemente estábamos con el niño y salió el tema. Nada más… - se quedó mirando hacia una de las ventanas del lugar, distraído, antes de empezar a reírse solo-. De hecho… hace unos meses tuve unos días un poco complicados…

- ¿Complicados? ¿Por qué?

- ¿Tú sabes que cuando se pone nerviosa le ataca al estómago? Pues tuve la mala suerte de no saberlo y encontrármela con nauseas por la mañana varios días cuando estaba de viaje… No quieras saber la paranoia que me monté yo solo hasta que me enteré de lo que pasaba.

- Pues más te vale que cuando te enteraras de que no eran más que nervios mal llevados te diera la morriña… Porque sino vas a tener que pagar tú la comida de los tres, cosa que deberías de hacer igualmente porque cobras bastante más que yo.

- ¡Eh! Esa excusa es la que siempre pone Takeru, no empieces a robarle las frases – negó con la cabeza divertido por aquello. Poniéndose algo más serio acabó por mirar hacia su padre-. No me hacía ni la más mínima gracia por la fecha en la que era, por eso entré en pánico los días que estuvo fuera… Coincidiría todo de pleno con el tiempo que iba a estar fuera. Pero… sí… De haber sido diferente la situación no te voy a negar que quizás sí que hubiera sentido algo de decepción…

No tenía ningún problema en admitirle aquello a su padre. Podía decirlo incluso con el digimon delante, el cual parecía estar más ocupado vigilando a los camareros que pasaban. Tampoco tendría problemas por decirle aquello directamente a Sora salvo por el hecho de que le iba a dar una colleja de las que se escuchaban desde el otro extremo del país por tonto.

- Eso ya me gusta más… - fue la única respuesta de Hiroaki antes de que finalmente, les trajeran lo que habían pedido.


AnnaBolena04: ¡sorpresa! ¿quién se está quietecita en casa sin nada mejor qué hacer que escribir mientras que acumula pañuelos a su lado? Pues así os subi un capitulillo extra porque hoy he vuelto a avanzar bastante y voy a intentar avanzar otro poquillo más ahora...

Aquí tenemos la segunda parte de la conversación entre Ishida's, yo también empezaba a echar de menos a este hombre riéndose del tontorrón de su hijo y haciéndolo pasar apuros con sus directas sobre tortuguitas rubias, pero bueno, se lo vamos a permitir todo porque es el Ishida original. Obviamente que Taichi no se va a poder quedar en paz después de esto, cuando consiga salir de la cama al día siguiente va a irse directo a por el rubio porque esto no puede quedar así. Bueno, al menos le sirve como motivación jajaja

¡Ale, voy a seguir poniéndome buena y viciándome a word a falta de algo mejor qué hacer hoy! ¡Un abrazo de tortuguita y ánimo que ya te queda poco!