- ¿Qué? – Sora arqueó una ceja quedándose mirando hacia Mimi.

- ¿Qué de qué? – con la mejor de sus sonrisas tomó asiento al lado de su amiga.

Habían aprovechado que aquella era una de las últimas tardes que Mimi iba a pasar en Tokio para reunirse tranquilamente y poder tomar algo antes de que empezara la temporada de exámenes de nuevo y todos se vieran completamente absorbidos de nuevo.

- ¿No tienes nada qué contarme?

- Hmmm… ¿no? – levantando la vista hacia ella era completamente incapaz de entender de lo que le hablaba.

- ¿Segura?

- Mimi… por favor… ¿qué te cuesta ser clara cuando hablas? De verdad, yo te lo agradecería muchísimo – hundiendo la pajita en el granizado que se estaba tomando, se quedó mirando cómo volvía a salir a flote.

- ¿De verdad que no tienes nada que contarme del otro día que salimos de noche?

Giró la cabeza hacia ella, mirándola interrogante. Lo cierto era que le había extrañado que no hubiera dicho nada del tema hasta entonces, pero dado a que la había dejado completamente abandonada aquella noche, casi que prefería que hubiera dejado las cosas así.

- ¿Dices el día que me dejaste sola con ese pobre chico? Podrías ser un poco más disimulada, ¿no?

- ¿Sabes que me pidió tu teléfono?

- Sí, lo sé – dijo finalmente volvió a hundir la pajita.

- ¿Cómo lo sabes?

- Porque me ha hablado… - acabó volviendo a decir.

- ¿Te ha hablado? – arqueo una ceja, divertida-. Claro, el pobre se quedaría muy confuso después de que te fueras al baño y nunca más volvieras. ¿Qué pretendías darle esquinazo?

- No… pero los baños de esa planta estaban cerrados… - hundiendo de nuevo el objeto, en aquella ocasión no buscó la mirada de la chica, solo giró la cabeza en otra dirección, hacia el resto del grupo los cuales parecían completamente a su aire.

- Sí, lo sé… ¿Completamente segura de que no quieres contarme algo tú antes de que yo saque mis propias conclusiones? – sonrió todavía más, dándose cuenta de que la estaba evitando descaradamente-. ¿Cuándo llegaste a casa?

- No demasiado tarde… ¿por qué?

- ¿Y cómo llegaste a casa? – acabó por pincharla con el dedo-. ¿Sabes que fui a buscarte antes de irme para ver dónde narices te habías metido, verdad? ¿Te merece la pena seguir haciéndote la loca conmigo? – volvió a pincharla.

Girándose para mirarla finalmente, Sora encaró a su amiga con la mejor de sus expresiones de circunstancia. Había adivina de que iba todo aquello desde que habia empezado con el interrogatorio, pero tenía la esperanza de que realmente Mimi se hubiera ido y se hubiera olvidado de su existencia aquella noche.

- No pasó nada, Mimi. Solo me acompañó a casa para que no volviera sola.

- ¿Quién te acompañó a casa? – sin que se hubieran dado cuenta, Taichi acababa de tomar asiento al otro lado de la pelirroja, aprovechándose del momento para robarle el granizado.

- Oye tú, ¿ya te has terminado lo tuyo? – protestó antes de lanzarle una mirada hacia Mimi negando con la cabeza.

- Pues por eso… - sonrió-. Venga, contesta, ¿a quién tengo que ir a darle la charla de que cuidado con lo que hace porque te anda acompañando a casa?

- A nadie, Taichi… - Mimi finalmente volvió a abrir la boca-. Le presenté a alguien el otro día cuando salimos y parece que nuestra pelirroja favorita ha triunfado. Todo un est- udiante de medicina ni más ni menos…

- Esos son todos unos aburridos, sino mira a Jou, todo el día con las narices metidas en los libros… No me lo digas, ¿amigo de tu nueva mascota, Mimi?

- ¿¡Quieres dejar de llamarlo así!?

- Es tu nueva mascota hasta que te aburras y te busques uno nuevo…

- Habló… - cruzó los brazos-. ¿Ya ha vuelto a hablarte Noriko después de lo de la semana pasada?

- No sé de lo que me estás hablando…

Mientras que discutían entre ellos, Sora pudo sentir como vibraba en su bolsillo el teléfono, indicándole que había recibido un mensaje. Dejando que los otros dos siguieran a lo suyo desbloqueó la pantalla para poder leer lo que ponía acabando por sonreír ligeramente. Aquello había sido así desde hacía algunos días. Desde que había estado con Yamato. A la mañana siguiente había recibido un mensaje preguntando por la resaca y desde ese momento hasta entonces habían seguido así. No iba tan siquiera en molestarse en disimular que estaba encantada con aquella situación.

- ¿Estás completamente segura de que no ha pasado nada? – sacándola de su ensimismamiento la voz de Mimi la hizo dar un brinco.

- ¿Dónde..? – girando la cabeza buscó a Taichi con la mirada, dándose cuenta de que había vuelto al lado de su hermana.

- Tú y yo. Baño. Ahora – sin dejarle opción de protestar tan siquiera se levantó arrastrándola con ella acabando por cerrar la puerta-. ¿Y bien? Como no empieces a confesar te prometo que se lo cuento a Yagami y ya verás la bronca que te va a caer… ¿Qué ha pasado?

- No ha pasado nada de lo que estás pensando porque él no quiso que pasara – soltó de golpe.

- ¿Qué? – abriendo los ojos de par en par se quedó mirándola-. A ver… explícame esto bien…

- ¿Qué viste, Mimi?

- Nada… Osea, si no hubierais sido vosotros dos ni siquiera me habría preocupado solo estabais bailando pero nada raro… Me extrañó mucho… Por eso no te dije que me lo había encontrado antes.

- Bueno… pues – empezaba a notar el calor subiendo a su cara-, después de eso digamos que una cosa llevó a la otra hasta que paró…

- ¿Cómo que una cosa llevó a la otra? ¿Qué cosa? ¡Sora!

- ¿Qué? ¡No soy tonta! Tengo edad para estas cosas, Mimi – entrecerró los ojos.

- ¿Si? Primera noticia que tengo… Que yo sepa eras tú la que no quería irse con el primero que pasara a una esquina porque claro, tenía que ser especial y… - guardó silencio, observándola-. ¿Has dicho que paró?

- Ahá…

- ¿Por qué?

- Porque no quería que las cosas fueran así, que pasara algo por culpa de haber bebido los dos… - estaba segura de que le estaba ardiendo la cara-. Que yo no soy como las demás… No lo volvió ni a intentar, Mimi, me acompañó hasta a casa y ya está.

La cara que tenía puesta la castaña no tenía precio. Estaba intentando poner en orden todo lo que su amiga le había dicho porque había algo que no cuadraba allí, algo llamado Yamato Ishida y la fama que se había dedicado a construirse al menos entre los que lo conocían. Pero algo cruzó su mente, haciendo que frunciera el ceño de repente.

- ¿No estarás volviendo a pillarte por él, verdad? – soltó de golpe.

- ¿Qué? No… ¡Mimi! Solo… solo es un tonteo… ¡Llevamos meses dándonos esquinazo! Y desde… no sé, ¿2004? Sin estar juntos… Claro que no…

- Sora… te lo digo de verdad… Ten cuidado…

- ¿Qué? ¿Te crees que no soy capaz de aguantarle cuatro mensajes sin acabar suspirando por las esquinas?

- Ten cuidado, por favor.

- Deja de decir tonterías… - poniendo los ojos en blanco salió del baño dejando a la chica sola.


Mimi se había quedado mirando hacia ella nada más que había salido con el vestido puesto, sin poder evitar todas y cada una de las veces que había tenido que verla en sus peores momentos por culpa de aquel idiota. Recordaba perfectamente la última vez… Y no podía decir que hubiera sido culpa del rubio idiota aquel. Parecía que siempre había algo que buscaba meterse en medio de ellos, la última vez en forma de la oportunidad de la vida académica de Yamato que lo había llevado exactamente a dónde estaba haciendo que tuviera que dejar la ciudad para no volver hasta hacía apenas tres años… Y ella había sido la que había tenido que ver como poco a poco Sora había llegado a aceptar que no iba a volver, como cada vez recibía menos respuesta a medida que iba pasando el tiempo y cómo lo pasaba mal… Ella. Ella lo había tenido que ver todo, en cada momento.

- Sois un par de idiotas y me alegro mucho por vosotros – soltó de golpe-. Estás preciosa, casi me gusta más ese vestido y cómo te queda que el que llevé yo a mi propia boda – soltó de repente antes de lanzarse hacia su amiga para abrazarla.

Volvía a casa con Biyomon a su lado, abriendo la puerta con calma y cerrando tras ella, empezando a quitarse las capas de ropa de abrigo. La digimon, por su parte, había salido revoloteando para ir a esconder el dibujo que tanta ilusión le había hecho guardar. A falta de algo con lo que rellenar el espacio vacío en el vestidor, habían acabado llegando a la conclusión de que podría ser un buen lugar para que pudiera dormir sin que nadie la molestara ya que Gabumon había parecido querer mudarse a la habitación que ahora hacía las funciones de "almacén de papeles con cosas raras" como ella solía llamarlo.

Parecía que no había nadie en casa, ya que todas las luces estaban apagadas, por lo que sin más se fue directa a por su ordenador, aprovechando para revisar cualquier correo de trabajo que pudiera haber llegado mientras que ella tenía la cabeza en otras cosas. Por suerte, no encontró nada demasiado urgente y pudo quedarse sentada tranquilamente mientras que pensaba en lo que había pasado aquel día.

Todavía no se podía creer que todo aquello no hubiera sido más que una encerrona. No había llegado a sospechar en ningún momento… Y eso que ella solía ser siempre la primera que hacía aquellas cosas, pero claro, era la diseñadora, era su terreno. Jamás hubiera esperado por algo así. De solo pensar en ello no podía evitar volver a sonreír, incluso notando algo húmedos los ojos. Le había hecho demasiada ilusión, y no solo por la sorpresa, o porque realmente fuera el vestido más bonito que se hubiera podido imaginar. Le había hecho muchísima ilusión por Haru, porque por fin se hubiera atrevido, aunque fuera por las malas, a dar un paseo adelante por su cuenta. No necesitaba llegar a aquel punto para saber la capacidad que tenía la chica, claro que no, pero quizás ella misma sí.

El sonido de la puerta la hizo saltar sobre sí misma, saliendo de sus pensamientos para ver llegar a los dos que faltaban.

- Ey… traidores – saludó sin levantarse.

- ¿Yo? ¿Por qué? – el digimon se acercó hacia ella, asomándose por uno de los laterales.

- Es la costumbre ya de que respondas por ese nombre – sonrió antes de acercarse a acariciar ligeramente su cabeza-. Se ha ido al vestidor, puedes quedarte tranquilo…

- ¿Y yo? ¿Por qué se supone que soy un traidor? – asomándose desde la parte de atrás del sofá, se inclinó para quedar apoyado sobre sus codos en el respaldo.

- Tú sabes exactamente por qué eres un traidor… - levantó la cabeza.

- ¿Yo? – sonrió de medio lado-. ¿Todo bien?

- ¿Desde cuándo llevas sabiéndolo?

- Creo que sigo sin saber de lo que me hablas – se inclinó algo más para dejar un beso en sus labios a modo de saludo, yendo a dejar las cosas luego a la puerta-. Desde la primera vez que te fuiste a San Francisco después de lo que volvieras tú. Toda una encerrona, que lo sepas… Y creo que Andrew sigue muy preocupado de cómo se las arregló Mimi para conseguir su número. No sabe con quién se las gasta todavía…

- Pobre… Ahora ya sabe también donde vive.

- Pues que se prepare el día que se le ocurra a él pasar de nivel con esa versión en miniatura vuestra… ¡No me mires así! Yo solo digo que no sabe con lo que juega…

- Oye… ¿Quieres ir a comer fuera?


AnnaBolena04: obviamente que todos sabemos que la pelirroja es perfectamente capaz de tontear con el rubio sin andar suspirando por las esquinas, ¿no? Jajajajajajaja Hoy voy con retrasito porque me han entretenido más de la cuenta en el trabajo... Fieras. He dicho.

Al igual que sigo manteniendo que sí, ha asomado por primera vez esa parte con dos dedos de frente llamada versión adulta que tiene el rubio en la cabeza, pero ya te digo que si llegan a estar en otra parte y ella insiste un poco más, posiblemente tendríamos que haber cambiado unas cuantas cosas en la primera parte de la historia. Peeeeeeeeeeeero vamos a dejarlos así, a ver qué pasa... cofcofcof

¡Y no me riñas! ¡Tú piensa en el solapamiento de fechas y en lo que implica todo! ¡Un beso de tortuguita!

Epic Crystal Night: a esto le hago una captura yo y me lo guardo para cuando me haga falta... jajajaja Me alegro de que te haya gustado que el señor rubio se haya podido comportar como toca por una vez. A ver si sigue así en sus tiempos más belicosos o acaba liando alguna... Por el momento parece que Mimi no se termina de fiar que no se vaya a acabar liando alguna... ¡Un besito de tortuga!

Guest Vecina: como le he puesto a Anna, yo creo que si están en otro sitio y ella insiste mínimamente - y yo no tengo escrito y reescrito que nunca jamás había pasado nada entre ellos a ese nivel en la primera parte - posiblemente no hubiera cortado nada. Tampoco le vamos a tirar tantas flores que estamos tratando con las neuronas veinteañeras un día de noche de fiesta por ahí. Nada bueno sale de esos casos tampoco. Pero al menos le ha servido para quedar de maravilla, a ver qué hace ahora de cada a lo que le viene... ¿La liará o se seguirá comportando e_e? Podemos hacer apuestas jajajaja

Ya, que Mimi no se metiera fue un tema medianamente complejo. Taichi... bueno, de él ya hablaremos en próximos capítulos cofcofcofcof

Ánimo con la vuelta a al rutina. Yo tendría que estar de vacaciones y... las ganas que tengo. Estoy cubriendo una ausencia y al final me va a solapar con el comienzo del curso. Este año castigada sin vacaciones TT_TT

¡Muchos bicos de tartaruga!

Ace Cornell: sabe que está en territorio delicado, aunque no estén juntos desde hace bastante sigue siendo la cosa lo suficiente importante como para que le dé la neurona para no liarla. A ver cuánto le dura... Que ya sabemos que a esas edades lo de hacer las cosas bien no le dura demasiado. O sí, y las hace bien pero se le tuercen por el camino.

A las 4:30 de la mañana me dormí ayer... T_T ¡Un beso!