Yamato estaba con los brazos cruzados mientras que escuchaba las noticias en la televisión, casi sin poder creerse lo que estaba escuchando. El clima parecía haberse vuelto loco de repente y aunque hasta la fecha habían tenido un invierno frío, no se había portado demasiado mal. Ahora, parecía que fueran a salir volando en cualquier momento.

La tormenta que había dejado sin luz la base días atrás parecía que estaba decidida a quedarse, y no había venido sola, sino que había traído con ella unos vientos tan fuertes que prácticamente habían conseguido que hubieran tenido que quedarse aislados en el interior del edificio porque no era seguro salir de allí.

- Deberías de llamar al aeropuerto, como la cosa siga así no creo que vayas a tener en qué volver por el momento… - la voz de Katsu lo sacó de su ensimismamiento.

- Lo sé, no tiene muy buena pinta. Conociéndolos no creo ni que vayan a contestar al teléfono. Mejor que llame directamente a Tokio para que lo confirmen.

- Míralo qué listo es cuando quiere… - asomándose por detrás de ellos Mai acabó por hacer acto de presencia observando las noticias con ellos. Tras unos segundos en silencio posó una mano en el hombro de Yamato aprovechando que estaba sentado-. Arata tampoco puede volver así que vamos a quedarnos los dos solitos hasta que se reanuden las comunicaciones con la isla.

Giró la cabeza hacia ella, dejando de hacerle caso a la televisión para lanzarle una mirada de agradecimiento a pesar de que ese panorama no fuera el que más le gustara podría ser peor. Habían sobrevivido una semana sin tirarse nada a la cabeza, podría aguantar un par de días más hasta que las cosas se calmaran.

- ¿Vamos a quedarnos con Mai más días? – la voz de Gabumon lo distrajo.

- Eso parece… Voy a ver cómo están las cosas en el aeropuerto – sacando el teléfono del bolsillo se puso a buscar el número apropiado para poder realizar la llamada, quedándose a medio camino al recibir la respuesta de la televisión, donde estaban anunciado que los vuelos permanecerían cancelados. Arrugó la frente poniéndose en pie-. Voy a avisar…

- ¡Oye! ¿Y se puede saber por qué alejas? ¿Qué le vas a decir por teléfono ahora? ¿No quieres que le demos la enhorabuena por…? – Katsu empezó a reírse al ver cómo se alejaba de ellos adivinando con quién pensaba hablar ahora.

- Shh… - cortándolo a media frase, señaló con la cabeza hacia Biyomon, quien estaba sentada no demasiado de lejos escuchando únicamente risas de fondo antes de darle al botón de llamada.


Sora acababa de alargar la mano hacia la toalla, saliendo de la ducha, cuando escuchó el teléfono sonar. Por la hora que era, se apresuró a envolverse bien y a salir a las carreras para llegar a tiempo antes de que se cortara.

- ¿Te he despertado? – fue lo primero que dijo la voz de Yamato al otro lado la haber tardado en contestar.

- No, estaba en la ducha… Me has pillado casi bajo el agua – aprovechando para maniobrar bien y terminar de colocarse mejor la toalla dio media vuelta en busca de otra más pequeña para secarse el pelo con la mano libre poco a poco y que dejara de gotear.

- ¿Te llamo en un rato?

- No, no, tranquilo… ¿pasa algo? No sueles llamar tan temprano.

- ¿Recuerdas que te dije que teníamos un clima de perros aquí? - hizo una pausa, dándole unos segundos para hacer un sonido de afirmación-. Estamos incomunicados y por el momento no tengo forma de volver a Tokio.

- ¿No tienes forma de volver?

- No… Está cortado el tráfico por aire y mar…

- ¿Hasta cuándo? – volviendo a salir del baño, se acercó a la cama para sentarse en ella.

- No tenemos ni la más remota idea. La cosa está bastante fea… Para que nos hayamos quedado sin luz un par de veces en toda la base sin que estos inútiles hayan tenido la culpa las cosas tienen que estar bastante desagradables – de fondo pudo escuchar quejas que en otras circunstancias habrían conseguido que se riera.

- Vaya… Bueno… no te preocupes. A mí todavía me queda bastante trabajo por aquí… ¿Estáis los tres bien?

- No, claro que no. Ellos dos están de maravilla y yo estoy en manos de Mai, ¿tú cómo crees que voy a estar bien?

- No me das ni un poco de pena…

- En cuanto mejore el clima me voy para el norte y te aviso de cuándo llego, ¿de acuerdo? Habíamos hablado de pasar unos días allí tranquilamente y quedarme aquí encerrado con estos tres no es la alternativa que tenía en mente.

- Tranquilo, ya te digo que seguimos hasta arriba de trabajo, porque tardes unos días más en llegar no pasa nada… - hizo una pequeña pausa, quedándose pensativa, mirando hacia el sol radiante que se le colaba por la ventana-. Como mucho que voy a tener que estar echándote de menos un poco más…


Takao le dio un codazo a la chica que había pasado a ocupar el lugar que Yamato había dejado libre haciendo que girase la cabeza hacia el rubio viendo la sonrisa que se le acababa de dibujar en la cara por algo que había escuchado.

- Siete años… Siete años destinados aquí teniendo que aguantarlo todos los días y es la primera vez que le veo poner esa cara… - le dijo mientras que ella se reía.

- Pues… Yo ya le he visto poner esa cara de idiota pero hace muchísimo tiempo ya, ¡ay! – protestó cuando de repente en su cabeza aterrizó una pelotita de papel procedente de dónde estaba el rubio-. ¡Agresivo!

Intentando ignorar los comentarios que le llegaban de fondo se alejó unos pasos más de ellos, donde no pudieran verle tampoco demasiado bien.

- No les hagas caso, no tienen nada qué hacer… - resopló esquivando la bola que volvía de vuelta-. Intentaré llegar lo antes que pueda, un par de días de tardanza como mucho, así podrás terminar todo y aprovechamos para estar los dos solos sin tener que aguantar a los idiotas de Tokio unos días – lanzando la vista hacia los otros tres, por si acaso, bajó algo más la voz-. Seguro que encontramos alguna forma de aprovechar estos días perdidos.

- ¿¡Estás hablando con Sora!? – la voz de Biyomon hizo que el chico diera un respingo girándose hacia ella automáticamente-. ¡Quiero hablar con ella! ¡Sora!

- Ya va… ya va… Te llamo más tarde cuando no haya tanto público – le dijo antes de tenderle el teléfono a la digimon a sabiendas de cómo se las gastaba-. Cuando acabes cuelga – indicó alzando la voz para que lo escuchara bien mientras que volvía a dónde había estado antes.

- Sí… dicen que se le da bastante bien colgar – Katsu, sin poder evitar el comentario, comenzó a reírse nada más hacerlo.

Yamato giró la cabeza, observándolo con cara de sorpresa. ¿Qué acababa de decir? ¿Por qué había dicho eso? Ver por el rabillo del ojo un cuerno dorado desaparecer detrás de Mai fue la respuesta a sus preguntas antes de empezar a entrecerrar los ojos.

- Oye, no te enfades con él también, ¿eh? Que teníamos derecho a saber por qué estabas de semejantes morros durante el aislamiento.

- Muy gracioso…

- Si solo nos ha dicho que estabais de morros y que la digimon te colgó sin querer, no la tomes con él – Mai se giró, dejando que Gabumon se escondiera tras ella-. Y lo hizo porque nos estaba contando que lo tenía amenazado… Nada más…

- Ya, seguro que sí – acabando por relajar el gesto, decidió ignorar por completo el tema.

- Yo sigo teniendo la duda de cómo conseguiste engañarla para que aceptara casarse contigo y más si te conoce desde hace tantísimo – Takao volvió a meterse en la conversación.

- Bueno, eso de que la conoce desde hace tanto todavía lo pongo en duda yo, que lo sepas. Que si eso fuera cierto yo habría tenido que verla en algún momento y no fue así… - la chica negó con la cabeza-. Además, es imposible llevar tantos años soportándolo y tener algún de aspiración romántica con él, por favor, míralo… Que todo lo que gana a la vista lo pierde cuando abre la boca.

- Muchas gracias… - arqueando una ceja acabó riéndose por lo bajo-. Ya te lo he dicho, las malas formas son para quien se las merece.

- ¿Y yo me las merezco? Peeerdona, soy la que menos se la merece de todos los aquí presentes. Y como al final sea verdad que la conoces desde hace tanto y que… había algo, fuera lo que fuera y nunca jamás me has costado algo, voy a enfadarme mucho contigo.

- Que estuvieras tan sumamente afectada cuando la conociste, no quiere decir que no te la hayas cruzado en tu vida – girándose hacia Mai para encararla, acabó por sonreír de medio lado-. ¿Qué? ¿No dices nada ahora? Aquí, la señorita seria, cuando estábamos todo el grupo de clase bien que las liaba…

- Perdona, perdona, ahora no intentes volver esto sobre mí, ¿como que yo me la he cruzado? – viendo cómo el rubio se ponía en pie y echaba a andar hizo ella lo mismo.

- Voy a por algo a la cafetería…

- ¡Yamato! ¡No me dejes con la palabra en la boca que estás atrapado aquí conmigo y si consigues salir duermes en mi casa! ¡Haz el favor de venir aquí! – acelerando el paso tras él, no tardaron en ser seguidos por ambos digimon.


El mediodía había llegado por fin en el otro extremo del mundo cuando Sora y Haru salían del centro de producción en el que habían pasado toda la mañana desde temprano.

- ¿Cuándo tienes el vuelo? – le preguntó la pelirroja a la chica.

- Me lo han cancelado – se encogió de hombros.

- ¿Cómo que te lo han cancelado? ¿Tan grave es la situación en Japón o qué?

- Pues… deberías de ver las noticias un poquito más… La cosa está fea. Dicen que no creen que se calme nada hasta la semana que viene, ¿no lo sabías?

- Me llamó Yamato esta mañana para decirme que tienen cancelados los vuelos, pero pensé que sería cosa de la isla…

- No, es el aeropuerto central el que tiene todas las comunicaciones cortadas. Así que creo que me voy a tener que quedar unos días aquí más contigo… Espera, ¿has dicho que tiene todas las comunicaciones cortadas él también?

- Todas… - se encogió de hombros-. ¿Has dado aviso en el estudio?

- Sí, y le he dado indicaciones a tu ayudante por si pasa algo que nos localice de la forma más rápida aunque no vayamos a estar presentes… Ya está todo hecho.

- Mírala a ella qué eficiente… - sonrió ligeramente. No le había gustado que el clima siguiera tan sumamente inestable, eso significaba cosas que no le gustaban… Frunció los labios sin darse cuenta ante tal pensamiento.

- Anda, venga… Quita esa cara, seguro que es cosa de unos días solos y puedes tenerlo aquí contigo para hacer bien de parejita de casi-casados, que se os da muy bien – enlazando su brazo con el suyo, Haru tiró de ella-. ¿Ya hemos terminado todo el trabajo, verdad?

- ¿Por qué?

- Porque no se me ocurre nada mejor para estos casos que irnos de compras un rato y luego a por chocolate. He leído en un blog que estamos cerca de una tienda de chocolate por aquí cerca… Ghi… Ghir… Ghi algo. Da igual como se llame, venden chocolate y dicen que es el más famoso de la ciudad. Así que venga… Que te he estado vigilado y tengo la sospecha de que cuando nos vayamos a hacer las pruebas finales para el vestido vamos a tener que hacer algunos ajustes.

- ¿Qué? ¿Por qué?

- Ah no sé, tú verás a lo que te andas dedicando por las noches cuando no te tengo vigilada en el estudio, pero yo te veo más delgaducha y eso luego te va a pasar factura. No me obligues a tener que amenazar al rubio ese con que se esté quietecito o se las va a tener que ver conmigo. Le quito la cremallera al vestido y se lo lleno de botones…

La cara de Sora ante lo que acababa de escuchar posiblemente no tuviera precio. Sin saber todavía si ponerse roja por las insinuaciones de ella, reírse por la terrible amenaza que acababa de dejar caer o seguir enfadada porque sus planes de pasar unos días con Yamato en San Francisco se estuvieran empezando a esconder detrás de un montón de nubes y lluvia, acabó por negar con la cabeza.

- Anda… circula… Chocolate primero, ya nos vamos luego de compras…

- Oye, la última vez que nos fuimos de compras las dos te compraste el vestido ese verde que te pusiste el día que te pidió que te casaras con él…

- ¿Qué clase de control siniestro tienes tú hacia mi persona? – sonriendo finalmente sin poder evitarlo de una forma ligeramente maliciosa, acabó mirando hacia su amiga-. ¿Qué pasa? ¿Quieres que te ayude a buscarte un vestido bonito para ver si a "alguien" se le ocurre la brillante idea de hincar la rodilla en el suelo?

- ¡Sora no digas tonterías! Yo todavía soy muy joven para todas esas cosas y… Todavía son muy joven para todas esas cosas – roja a más no poder, quien echó a andar finalmente por la calle fue Haru.


AnnaBolena04: lo que yo te diga se me olvida que estamos a fin de semana y que puedo aprovechar para subir cosillas ahora jajajaja Vamos a seguir con los maltratos hacia el pobre rubio por parte de la tropa del sur mientras que Haru lanza puñales profesionales a su pelirroja favorita...

Parece que el clima no está de acuerdo con que puedan pasar unos días en San Francisco como ellos tenían planeado... Eso es maldad pura contra el rubio, quedarse incomunicado con esos tres cuando debería de estar en la otra punta del mundo aprovechando el tiempo con Sora es maldad de la mala. Última vez que se acuerda de ellos aunque sea para gruñir en su contra jajaja

¡Besitos de tortuguita!