2015
No podía evitar estar más nerviosa de lo que había estado muchos años atrás. Obviamente hacía demasiado tiempo desde que había estado con alguien por primera vez. El problema no era ese, el problema era con quien estaba en aquel momento. Ese era y siempre había sido el principal problema de todo.
Quizás por eso se había quedado congelada cuando las cosas empezaron a salirse de la normalidad y simplemente se había dejado manejar bastante intentando autoconvencerse a sí misma que era una estupidez ponerse tan sumamente nerviosa por aquello. Que estaba todo bien. Que podía seguir adelante sin que pasara nada malo. Estaba completamente segura de que quería aquello, pero estaba tan nerviosa que no sabía tan siquiera cómo reaccionar.
Cuando había dejado que la llevara hasta el sofá del estudio todavía había permanecido paraliza, sin hacer absolutamente nada mientras que simplemente se dejaba, terminando por buscar la mirada de él. Fue en ese momento cuando pareció calmarse, habiéndose quedado aún con los brazos en torno a su cuello sin llegar a moverse. Mantuvo la mirada de él tan solo unos segundos, el tiempo que necesitó para terminar de reaccionar. Claro que quería hacer aquello, hacía ya mucho tiempo que quería. Sonrió finalmente, terminando de darle a él la confianza sobre hacia dónde estaba llevando sus acciones, antes de bajar sus manos hasta dejarlas a la altura del abdomen de él para darle un ligero empujón que lo desequilibrara y lo hiciera caer hacia atrás, quedándose sentado.
Los gestos de ella hicieron que se riera no habiéndola visto venir, esperando a que fuera la chica quien continuara. Estaba tan nervioso como ella, o incluso más, ya que desde que había empezado a tantear el terreno no había parecido que Sora estuviera demasiado por la labor o demasiado segura de lo que hacía. O al menos hasta aquel momento. La eterna duda de que estuviera actuando por no quedar mal con él siempre estaba rondando su cabeza, pero pareció convencerse de lo contrario cuando estando ya sentado la vio acercarse hasta él, posando las manos en sus hombros ahora para sentarse sobre él.
Dejándola que fuera ella la que llevara el control y que estableciera los límites, únicamente posó las manos en su cintura, respondiendo al beso de ella, dejándola guiar. No quería propasarse y estropearlo todo. No sería la primera vez que él se echaba para atrás en una situación parecida por miedo a hacer las cosas mal con ella. Quizás aquello fuera ir demasiado deprisa, pero a la vez no podía evitar subir las manos por su espalda, acariciándola por encima de la ropa. Notando como poco a poco se atrevía a trasladar sus besos por la línea de su mandíbula bajando hacia el cuello, se intentó convencer de la idea de que las cosas estaban bien.
Deslizó las manos lentamente desde sus hombros hacia abajo, cruzando la mirada con la de él, intentando serenarse. Cuando por fin las acercó al comienzo de los botones de la camisa, no pudo evitar que le fallara el pulso, costándole atinar en sus movimientos. Dándose cuenta de ello, mantuvo la mirada fija en sus manos hasta que al final buscó la de ella.
- Sora… si no quieres… Si no quieres hacer nada no tienes que sentirte obligada – murmuró por lo bajo, casi con timidez.
- ¿Por qué dices eso? – enrojeciendo, se quedó con las manos posadas sobre la tela, a la altura a la que se había quedado.
- No pareces estar muy segura – admitió finalmente.
Se tomó unos segundos parar pensar su respuesta, agradeciendo el gesto, pero negando con la cabeza antes de inclinarse hacia él, besando sus labios ligeramente.
- Solo estoy nerviosa, por supuesto que quiero seguir – admitió retomando sus acciones.
- ¿Segura? – atreviéndose entonces, con algo más de confianza a rozar con suavidad su espalda por debajo de la blusa que llevaba.
- Completamente – asintió, cerrando sin poder evitarlo los ojos ante el contacto-. Ya no soy una cría de veinte años, sé lo que me hago – y ambos sabían perfectamente de lo que hablaba.
- Ese día en parte te mentí – reconoció finalmente, terminando por afianzar más sus movimientos, arrastrando mejor ambas manos sobre la piel de ella, acabando por apretarla contra él -. Tú sí que sabías lo que hacías… Yo únicamente era consciente de que no quería que fueran así las cosas…
- ¿Y eso se considera haberme mentido? – divertida finalmente volvió a abrir los ojos, fijando la vista en la suya.
- Sí, porque lo hice sonar únicamente a que no quería seguir adelante por ti… Y aunque obviamente era por eso, el que se había pasado con la bebida era yo y jamás me perdonaría no poder ser plenamente consciente de lo que hacía ese día – se inclinó ligeramente rompiendo el contacto visual entre ambos, acercándose de nuevo hacia su cuello, dejando un camino de ligeros besos en su piel hasta llegar a su oído-. Quería recordarlo perfectamente.
Cerró sus manos con más fuerza de nuevo sobre la camisa de él debido a las sensaciones que le producían sus acciones, teniendo que cerrar los ojos de nuevo mordiéndose ligeramente el labio. Aquella situación era un cúmulo de demasiadas cosas, claro que quería continuar con lo que estaba haciendo… Aunque sus palabras conseguían distraerla y no terminar de dejar de dar vueltas.
- Yo creo que ya hemos esperado demasiado – dijo dedicándole una sonrisa por fin acercándose hacia él para dedicarle un beso.
Esperaba que interpretara aquello como la confirmación de que, realmente, estaba segura de lo que estaba haciendo y de que era justa y exactamente lo que quería.
El sonido de su teléfono la hizo volver a la realidad de nuevo. La conversación que habia tenido con Haru la había hecho acordarse de algunas cosas que a día de hoy parecían tan lejanas como si hubieran pasado mucho tiempo atrás en vez de hacía solo tres años. Era curioso lo sencillo que se había vuelto todo desde el momento en que habían sido capaces de poner las cosas claras desde el principio. Incluso aunque ella hubiera metido la pata en su momento a más no poder precisamente callándose lo que no debía.
Alargó la mano para coger el teléfono, decidiendo por fin contestar, a sabiendas perfectamente de quién era.
- ¿Lo pasas bien ignorándome? – la voz de Yamato la hizo sonreír.
- Estaba con Haru… ¿pasa algo?
- Sí, ahora hazte la tonta… Te estoy escuchando reírte – sin poder sonar demasiado serio él tampoco, no intentó disimular la risa más.
- ¡Eh! Es totalmente cierto. No tenía gana de volver a salir de la habitación y le he dicho que se quedara a cenar conmigo en la habitación.
- ¿Ahora también la usas de ayudante para la correcta composición de fotografías? – lo único que obtuvo fue el claro sonido de la risa de ella de nuevo-. Pues que sepas que no he tenido oportunidad de apreciar demasiado bien lo que te has comprado porque, aparte de que estaba acompañado, no se veía demasiado bien…
- Esa era la intención… - terminando por dejarse caer hacia atrás, se tomó unos segundos antes de volver a hablar-. Como te has inventado hasta un huracán para no tener que venir a verme no creo que te merezcas ver más…
- Llevo aquí dos semanas con estos tres, tengo dos digimon traidores que me han vendido hace unos 13 días más o menos, apenas puedo salir a la calle sin salir volando, y cuando por fin consigo un billete de avión para volar al norte, ¿me dices que no crees que me merezca ver más?
- Eso es exactamente lo que he dicho – unas palabras en concreto llamaron su atención-. ¿Ya os han reestablecido el tráfico aéreo?
- El viernes tengo el vuelo de vuelta, aunque no sé si luego me iré de vacaciones a alguna parte lejos de tanto traidor y completamente lejos de ninguna ciudad de California.
- No podía culparte… Además, ¿quién te ha dicho que lo que me haya comprado yo es de tu interés? ¿Eh? Tanto tiempo lejos a lo mejor he tenido tiempo de encontrarme alguien mejor – girando sobre sí misma, quedó apoyada sobre sus codos-. No se te ocurra venir hasta aquí, ¿eh?
- ¿Y por qué no?
- Porque ya casi hemos terminado el trabajo y no tardare en volver yo. Es bastante posible que el propio fin de semana acabe pudiendo volver yo.
- ¿El fin de semana? ¿Éste?
- Sí… Así que puedes ir yendo a que alguien te vaya quitando todos los puñales de la espalda ya si quieres.
- Gran parte de ellos son por tu culpa y cierto descubrimiento que hicieron hace unos meses…
- ¿No eras tú el que decía que no tenía problema en lucirlos orgulloso? A lo mejor tengo que darte otra oportunidad de poner reafirmar tus palabras…
- No lo sé, alguien se lleva riendo también demasiado a mi costa por culpa de las desgracias que me pasan. A lo mejor me lo voy a tener que pensar.
- ¿Seguro? – intentaba no reírse sola.
Por suerte el clima había dado una tregua y estaba sentado en el exterior de la base. Era casi que la primera vez que conseguía estar realmente solo desde que el clima se había vuelto a su alrededor y aquella era la primera conversación tranquila que habían podido mantener sin que ninguno de sus estorbos personales apareciera para darle la lata.
- Bastante – dándose cuenta de que intentaba mantenerse seria sonrió sin poder evitarlo.
- Si con eso intentas conseguir más información sobre lo que me he comprado o no creo que vas a tener que aprender a negociar mejor.
- Yo pensaba que se nos solía dar bien llegar a acuerdos.
- Por eso mismo, te estoy dando la oportunidad de que hagas una oferta.
- No me tientes – acabó por confesar con toda la resignación del mundo-. Me he escapado un rato, pero sigo en la base. No tardarán demasiado en aparecer no vaya a ser que me haya escapado y se hayan quedado sin quien apuñalar. Con un poco de suerte se pierden de camino a Tokio dentro de un par de semanas y nadie tiene que lamentar su pérdida.
- Los echarías demasiado de menos y lo sabes… Es bastante tarde aquí, mañana tengo que madrugar. ¿Saludas a estos dos de mi parte?
- No, no me hablo con ellos porque me han vendido por Mai desde hace unos días ya – y, desgraciadamente para él, no mentía-. Vete a descansar, con un poco de suerte te veré en unos días.
- ¿Por qué tienes que decir eso? ¿Eh? Ahora como poco me vendrá el huracán a mí para no poder volver a Tokio – el tono que pudo escucharla poner lo hizo sonreír de nuevo, siendo cualquier cosa menos serio y adulto.
- En ese caso seguro que algo se nos ocurrirá. Vete a dormir, anda. Mañana hablamos. Y no te pienso decir absolutamente nada más porque no estoy nada conforme con la información recibida.
- Así no vas a negociar nada de nada, que lo sepas… Suerte con los torturadores…
- Descansa – diciendo aquello dio por terminaba la callada, antes de que pudiera decir nada más.
Se quedó todavía unos segundos más fuera, con el teléfono en la mano y una ligera sonrisa en la cara. Tenía demasiada práctica, por desgracia, en estar en la otra punta del mundo de ella y había aprendido a apreciar aquellas llamadas absolutamente inútiles y sin mucho sentido.
- Por favor… ¿no habrás dejado que te vea ponerle esa cara, verdad? – la voz de Mai a sus espaldas lo hizo dar un respingo.
- ¿No tienes otra cosa mejor qué hacer? – girándose hacia ella le lanzó una mirada fulminante.
- Sí, irme a casa. ¿Vienes o te dejo que vayas andando? Tú eliges si quedarte con cara de bobo ahí o venir conmigo…
Negando con la cabeza y todavía con una ligera sonrisa en la cara, dejó el teléfono tirado encima de la cama después de que hubiera colgado. Ciertamente era tarde y a la mañana siguiente se iba a acordar de haber estado dando tantas vueltas antes de irse a dormir. Poniéndose en pie para retirar las cosas de la cama y dejarlas sobre una de las sillas, no tardó en meterse entre las sábanas, apagando las luces.
Había escuchado en las noticias que el clima había mejorado considerablemente, pero escuchar que por fin Yamato iba a poder volver a Tokio casi que a la vez que ella había sido lo mejor que había escuchado en los últimos días. Se acostumbraba demasiado rápido a tenerlo cerca a diario y cuando pasaban cosas como aquella, se le hacían eternos los días y, lo que era peor, las noches. Por las noches era cuando más lo notaba ya que era cuando realmente podían aprovechar tiempo juntos estando en Tokio. Ella siempre llegaba a última hora de la tarde y solía irse temprano por la mañana, así que tenía que aprovechar el tiempo que tenía aunque fuera intentando que no se les olvidara de nuevo la cena en el fuego por haberse distraído con cualquier tontería.
Sonrió ante ese pensamiento, quedándose con la mirada perdida en el techo unos segundos. Girando el cuello de nuevo hacia la silla en la que lo había dejado todo tirado se quedó observándola hasta que, una idea terminó de cobrar forma en su cabeza, meditándola.
¿Por qué no?
Volviendo a encender la luz, salió de la cama acercándose a recoger cierta bolsa antes de desaparecer en el baño.
AnnaBolena04: pues anda... parece que Haru al final sí que iba tener razón con sus sospechas y las conversaciones de estos dos. Parece ser que no son tan aburridos y serios como Mimi se cree, no, no... Ahora esperemos que el rubio estuviera un poquito más espabilado y no dejara que nadie consiguiera ver qué es lo que le puede llegar al teléfono, ante lo cual, hay libertad de interpretaciones.
Los otros tres están peor que un nene en Navidad con el rubio allí. El día que le llegó a Mai la llamada de él para decirle que iba de visita debió de ir fangirleando a las carreras a poner sobre aviso a los otros dos para que fueran ensayando sus puñales jajajajaja Aquí no vuelan tantos puñales, solo consiguen hablar un poquito tranquilamente sin que nadie les dé - demasiado - la lata e_e
¡Muchos besitos de tortuguita!
