Espero lo disfruten y si gustan podrían dejarme un comentario.
Capitulo 2. Puñado de arena.
Cuando sus pies se hundieron en la arena del desierto, un pesado suspiro escapo de sus labios y fue inevitable que ambos volteasen sobre su hombro para ver como dejaban a sus espaldas, la gran espesura ensombrecida de los bosques de Konoha. Nunca antes el pisar la arena fría por la oscuridad de la noche les había reconfortado tanto, ver esa franja marcada por la vegetación del país del fuego y la inhóspita tierra del país del viento, ponía seguridad y confianza en ellos.
-Continuemos avanzando por la noche y roguemos porque una tormenta de arena no nos sorprenda o de lo contrario tendremos problemas. – Kankuro miro de reojo a Gaara que continuaba sangrando por la abertura de su frente, sin mencionar siquiera un solo quejido o hacer una mueca de dolor, incluso para él verlo en ese estado le causaba cierta preocupación, Gaara jamás había sido herido.
-Si todo sale bien, mañana estaremos llegando a Suna. – Temari ajusto a su espalda su abanico y comenzó a correr, vislumbrando en el horizonte el margen donde el desierto parecía tocar el cielo, aunque su mente estuviera imaginando la barrera de rocas que rodeaban a su aldea.
-Debemos descansar. – Musito secamente Gaara, haciendo que ambos se detuvieran sorprendidos y le voltearan a verlo.
-¿Te sientes mal? – La rubia se acerco inconscientemente hacia Gaara y se puso frente a su rostro, tratando de descubrir cuál era el motivo por el que él, les pedía aquello. - ¿Quieres descansar? – Kankuro arrugo la nariz, ante la preocupación que su hermana mayor mostraba hacia el pelirrojo, aunque supo que tal vez se debiera a un atisbo de celos.
-No. – Acoto roncamente. – Pero ustedes deben descansar.
Ninguno de los dos supo que contestar, se limitaron a llevar su vista de Gaara hacia ellos, tratando de decidir qué hacer, después de todo, aún continuaban ambos considerando al pelirrojo como una amenaza para ellos y temían que a medida que tardasen más en llegar a la aldea, la frustración de su hermano aumentaría hasta desatar al demonio de una cola de su interior y al no haber más que arena, ellos dos serian lo más destruible en kilómetros.
-Supongo que tienes razón, Gaara. – Temari tomo el brazo de Kankuro para indicarle que debían acatar la recomendación del menor, después de todo no tenían prisa por llegar a la aldea, donde únicamente encontrarían a su padre hecho una furia contra ellos.
Kankuro entrecerró los ojos al mirar a su hermana, tratando de descubrir qué diablos le había picado.
Temari camino unos pasos en línea recta hasta colocarse en un sitio donde los bancos de arena le rodeaban y esta se sentía más firme a sus pies. – Creo que este sitio es el adecuado.
-No tiene nada de diferente a la arena que había unos pasos detrás. – Temari volteo molesta hacia Kankuro que desvió la vista hacia el lado contrario, tratándose de hacer el desentendido. –Aunque la diferencia es que esa tiene tu sagrada aprobación.
-Idiota. – La rubia se quito su abanico y lo clavo sobre la arena, manteniendo una postura vertical, se sentó y recargo su espalda sobre este, al tiempo que cerraba los ojos para ignorar a su hermano menor y poder conciliar un poco el sueño.
-Veo que el mal humor es de familiar. – Espeto. Camino unos pasos hasta situarse a un lado de Temari y entonces ayudo a Gaara a sentarse en el otro extremo de forma que él quedara en medio de ambos. Si temía a su hermano menor, pero para el siempre sería importante proteger a Temari.
La rubia volvió abrir los ojos cuando escucho a Kankuro tumbarse en el suelo, dispuesto a dormir, le lanzo una mirada furiosa que rápidamente se modifico por una tierna, Kankuro cuando dormía se hacia un ovillo en el suelo como si fuera un niño y aquello era irresistiblemente lindo, así que no pudo evitar sonreír.
-Buenas noches, Kankuro. – Temari sintió la pesada mirada de Gaara sobre ella y cuando le vio, sus orbes verdes estaban posados sobre ella con atención. - ¿Te sientes un poco mejor, Gaara? – Pregunto velozmente. Le observo asentir en silencio y luego ambos desviaron la mirada por igual. – Buenas noches, Gaara. – Musito suavemente.
El pelirrojo no le respondió, estaba tan sorprendido que alguien le dijera eso, inclusive, ya había perdido la noción del tiempo, desde que alguien le había dicho aquello, una forma de despedida parcial y no para siempre, como estaba acostumbrado a que las personas desaparecieran de su vida.
Gaara volvió a sentir ese extraño sobresalto en su pecho, con aquella ocasión, ya sumaban tres veces; la primera de ellas fue cuando sus hermanos habían aparecido para defenderle de Sasuke y Naruto, fue un sentimiento tan extraño, algo tan inesperado, pero que le reconforto. La segunda, había ocurrido cuando Temari se había acercado a él para limpiar su herida. No podía comprenderla, pero en cierto modo la cercanía con la rubia comenzaba a inspirarle confianza. ¿Ese sería el inicio del lazo, del que tanto hablaba, Naruto Uzumaki?
Temari se sorprendió sonriendo tontamente y se reprendió mentalmente por ello. Su padre, el kazekage, no le iba a permitir forjar un lazo con Gaara y mucho menos ahora que este había fallado en su único propósito. Sin embargo, verlo responder aunque torpemente con gestos o palabras entrecortadas le demostraba que él, necesitaba de afecto por parte de los demás. ¿Acaso no era por ello, el por qué les había pedido perdón?
Kankuro, fingió estar dormido hasta que observo a su hermana mayor sumirse en un sueño profundo, entonces se giro de lado, dándole la espalda a su hermano menor y abrió minúsculamente los ojos, para observar a Temari, la cual había comenzado a respirar superficialmente y su cuerpo se había relajado, por el contrario de Gaara, a quien sentía despierto a sus espaldas, tal vez observándolo con esos fríos ojos, ausentes de toda expresión. Lo cual le molesto.
-Kankuro. – Gaara susurro, como si temiera despertar a la kunoichi. - ¿Qué pasara ahora? – El castaño se debatió entre fingir estar dormido y dejar la pregunta al aire, pero recapacito al creer que eso posiblemente le enfureciera y le atacara.
-¿A qué te refieres? – Contesto tan secamente, como su padre lo hacía cuando se dirigía a Gaara.
-Ha cuando volvamos a la aldea. – Aclaro.
-Bueno. – Tardo un rato en pensar la respuesta a esa pregunta que había estado rondando su mente desde que habían salido huyendo de Konoha y es que para él, también era una incertidumbre el cómo les recibirían en Suna. – Supongo que Baki-sensei nos regañara y tal vez el kazekage también lo haga. – Hizo una pausa en la cual volteo a ver a Gaara y se sorprendió de verlo más consciente que en el día, como si la noche le despertase, pero su semblante lucia ¿Angustiado?. – No creo que es algo de lo que debamos preocuparnos. – No puedo asegurarte nada, porque ni yo mismo lo sé con certeza. –
-Tienes razón. – La plática de ambos llego a su fin, rápidamente y el pelirrojo pudo notar como el castaño se sumió rápidamente en un sueño profundo, resultado del uso excesivo de chakra y la fatiga del camino.
Se llevo la mano a la frente, justo al sitio donde tenía su herida, impregnando sus dedos de sangre, su sangre, pudo sentir una punzada de dolor al hacerlo y comenzó a cuestionarse, el como hubiera sido su vida, si fuera como la de Naruto Uzumaki, mientras sus ojos ópalo se clavaban en la luz nítida que proporcionaba el satélite cristalino. ¿Cuál sería su objetivo en la vida?
…
Los rayos solares apenas y se vislumbraban en el horizonte, mientras el amplio cielo se enfrentaba a un combate de tonalidades azul marino y moradas contra el azul claro y amarillo, el frio de la noche del desierto se disipaba poco a poco, mientras la temperatura comenzaba a aumentar.
Se sobresalto al despertarse, sintiendo que había sucumbido terriblemente ante el sueño y había dormido de más, se sentó de golpe y miro a ambos lados, visualizando en uno con tranquilidad que aún era muy temprano y hacia el otro lado, donde distinguió la figura revuelta de Kankuro en la arena, el cual aun continuaba dormido y luego observo a Gaara, que estaba con la cabeza baja y la vista perdida.
Se acerco sigilosamente al castaño y lo sacudió, tratando de despertarlo, quien no tardo en abrir los ojos de golpe, como si estuviera esperando ver a un ninja de Konoha y se incorporo de golpe, resultado del estrago de haber sido perseguidos hasta haber abandonado las fronteras del país del fuego.
-¿Qué sucede? – Cuestiono alarmado.
-Tranquilo. – Temari golpeo suavemente el gorro de su hermano, limpiando unos granitos de arena que permanecían ahí. – Es solo que tenemos que apurarnos a llegar a la aldea, Gaara… - Ambos dirigieron sus pares de ojos hacia Gaara, quien realmente comenzaba mostrar de nueva cuenta los estragos de sus batallas pasadas. – Se ve realmente mal, Kankuro.
-Ojala así también te preocuparas por mí. – Espero con cierta molestia y es que no estaba acostumbrado a compartir el cariño que le brindaba su hermana mayor, con absolutamente nadie. Temari y él siempre habían estado juntos, apoyándose el uno al otro, sobrellevando la situación de ser hijos del Kazekage y hermanos del demonio de Suna.
-Tú eres bastante testarudo, para admitir que ocupas ayuda. Pero también lo hago. – La rubia le sonrió juguetonamente y se inclino al lado de Gaara, para ayudarlo a levantar. – Pronto estaremos en casa, Gaara.
-¿En casa? – ¿Realmente él podía llamar a Suna su hogar?
…
A mitad del medio día cuando el sol se alzaba orgulloso en lo alto del cielo, tres sombras se vislumbraron en la planicie que otorgaba el amplio desierto, siendo percibidos e identificados al instante por la patrulla shinobi que se encontraba resguardando la entrada de Sunagakure, en uno de los momentos más críticos de la relación con la aldea de Konoha, pues se había violentado el tratado de paz, impuesto hace años por el señor Feudal.
-¡Han vuelto, avisen a Baki-sama! – Ordeno uno, mientras medio sonreía al ver a los dos hijos del Kazekage, quien aun no había vuelto tampoco a la aldea y a quien Baki se encontraba buscando. Pero su sonrisa se apago, al ver que entre ambos hermanos, llevaban a cuestas al jinchuriki de una cola. – Avisen al equipo médico, también.
-¡Sí! – Repuso un shinobi, antes de desaparecer.
-Temari, Kankuro es bueno verles de nuevo. – Festejo. – Diríjanse inmediatamente al hospital, un equipo les está esperando allá. Los pormenores de la misión serán discutidos, una vez que el Kazekage regrese.
-¿Nuestro padre no ha vuelto? – Pregunto angustiada Temari, mientras intercambiaba una mirada de preocupación, ante la negativa del ninja.
-¿Y Baki-sensei? – Cuestiono Kankuro adelantándose unos pasos.
-El ha regresado a las fronteras del país del fuego para esperarlo y escoltarlo hasta acá. – Contesto despreocupado.
-¡¿Las otras unidades ya han vuelto?! – Temari sintió una opresión de ansiedad en el pecho y sus manos temblaron ligeramente, al grado que Gaara pudo percibirlo.
-Hablaremos de ello después, hemos enviado un halcón a Baki, para avisarles de su llegada, muy seguramente ya venga en camino con el Kazekage. – Trato de relajarlos, mientras se hacía a un lado e indicaba con su mano la entrada a Suna.
La aldea no les recibió como ambos hubiesen esperado y ellos lo entendían perfectamente, Gaara había fracasado en su intento por destruir Konoha y ambos en protegerle de los genin como Sasuke y Naruto. Aunque si bien la bienvenida no fue tan calurosa o afectuosa, al menos algunos aldeanos mostraban cierto alivio al verles vivos, pero en cuanto sus ojos se posaban sobre Gaara torcían el rostro o inventaban excusas para alejarse de ahí y por primera vez en mucho tiempo, tanto a Temari como a Kankuro les molesto la reacción de la gente.
Gaara había arriesgado su vida en Konoha por ellos y le pagaban con desprecio.
-¡Temari! ¡Kankuro! – Los ninjas médicos se aproximaron velozmente a ambos y comenzaron a ver sus heridas elevando su chakra ópalo para curarlos, pero ambos hermanos se hicieron hacia un lado o retrocedieron.
-Primero revisen a Gaara. – Murmuro Temari.
-Nuestra prioridad son ustedes. – Contesto uno de ellos, tratando de acercarse a Kankuro, quien le tomo amenazantemente por las ropas.
-Escúcheme bien, las heridas de Gaara son más graves que las mías o Temari, trátenlo a él primero. – Kankuro observo una ligera sonrisa de satisfacción en el rostro de su hermana, mientras los ninja medico dudaban. – Nosotros podemos esperar, además… Gaara es hijo del Kazekage y nuestro hermano menor.
Kankuro se auto sorprendió, esa era la primera vez que reconocía al pelirrojo como su hermano menor. Temari sin duda le secundo reclamando con un ímpetu aun mayor, que él, curiosamente su hermana a pesar de tener un aspecto de mujer delicada, era tan demandante y ruda que podía intimidar a cualquiera si se lo proponía y los médicos no tardaron en acatar las órdenes de ambos hermanos, quienes se quedaron en la sala de espera, mientras veían como recostaban a Gaara en una camilla y desaparecía tras una gran puerta blanca.
-Nunca antes habías defendido a Gaara. – Lanzo la rubia al aire.
-Ni tú te habías mostrado tan compresiva con él. – Kankuro se froto el rostro con una gasa que le quedaba a la mano y comenzó a desmaquillarse el rostro. – Al menos no abiertamente. – La vio mirarlo sorprendida. - ¿Crees que no me di cuenta? – Lanzo la gasa al cesto de basura y le sonrió. – Se que trataste de estar al lado de Gaara, como hizo nuestro tío Yasemaru, pero papá no te lo permitió.
-Kankuro… -
-Creo que le hemos fallado a Gaara. – Admitió, mientras observaba apenado el techo de la sala. - ¿Tu porque crees que nos pidió perdón? ¿Por la misión o por como se ha comportado todo este tiempo?
-Creo que fue un poco de ambas. – Temari recargo su cabeza en la pared tras ella. – Tu no estuviste en la pelea de Gaara contra ese rubio tonto de Konoha, pero cada vez que Gaara lo derribaba, el se volvía a poner de pie por sus amigos y supongo que ello hizo que Gaara quiera reconstruir los lazos con nosotros y tal vez con papá, para obtener el valor y la fuerza que Uzumaki le mostro.
-En ese caso Temari, nuestra misión no ha terminado. – Sonrió a medias.
-¿A qué te refieres? –
-Aun tenemos que continuar ayudando a Gaara. – Temari sonrió junto con él e incluso libero una pequeña risita.
-Creo que te golpeaste muy duro en la cabeza. – Rio a carcajada abierta, mientras se sostenía las costillas para reprimir un poco el dolor. – Pero sabes, creo que serás un buen hermano mayor y tal vez con este cambio papá acepte más a Gaara…
Continuara…
Atte: ddmanzanita.
