La luz de la mañana hizo que poco a poco Sora fuera abriendo los ojos, siendo incapaz de ubicarse en un primer momento. Llevaba demasiado tiempo fuera de casa y ni siquiera estaba demasiado segura de cómo había llegado hasta a su propia habitación la noche anterior. Poco a poco fue despertándose y recordando que había llegado por fin a casa y que, a pesar de las horas, había tenido un buen recibimiento.
Sonrió sin poder evitarlo girando la cabeza para buscar a su compañía, dándose cuenta de que estaba sola. Incorporándose sobre sus propios codos, intentó despejarse del todo. No tenía pensado ir al trabajo en todo el día, se había ganado ese descanso después del tiempo que se había pasado en el aeropuerto el día anterior. Podrían sobrevivir sin ella un día.
Escuchó ruidos acercándose justo antes de ver aparecer de nuevo por la puerta de la habitación a Yamato, quien traía el desayuno. Amplió más la sonrisa de antes mientras que se giraba para quedarse observándolo.
- ¿Ya estás despierta? – le preguntó dándose cuenta de que gestos.
- Acabo de despertarme – asintió -. Justamente estaba preguntándome dónde se había metido mi compañía, no estaba demasiado de acuerdo con haberme quedado sola ya tan temprano…
- La compañía se despertó a la hora de siempre por la mala costumbre y se fue a hacer el desayuno – acercándose hasta ella para posarlo sobre la cama con cuidado y sentarse él al otro lado, la observó unos segundos-. ¿Qué tal has dormido?
- No sabía dónde estaba cuando me he despertado – confesó antes de incorporarse, arrastrando con ella las sábanas.
- No me extraña… Anoche tuve que subirte yo porque me dio pena despertarte. Llegaste demasiado cansada a casa.
- ¿Tú crees? Yo pensaba que lo de ayer había sido tu venganza personal de cuando me estuve riendo de ti cuando volviste de la última misión – las palabras de él explicaban por qué era incapaz de recordar en qué momento había subido a la habitación. Alargó la mano para coger una de las tostadas.
- Creo que no contestaré nada a eso y dejaré la duda en el aire – sonriendo divertido por sus palabras-. ¿Vas a ir hoy al trabajo?
- No, y me da igual que Haru no haya vuelto todavía. Que se las arreglen, hoy me pienso pasar todo el día en pijama en casa a no ser que alguien me proponga una idea mejor. No te rías… Hasta yo tengo mi propio límite.
- Está bien saberlo, porque empezaba a tener mis dudas – imitando los gestos de ella, cogió algo de comida, empezando a desayunar él también-. Tengo que ir a casa de mi hermano a intentar recuperar a esos dos paranoicos a ver si sabiendo que estás ya por aquí se dignan a volver.
- Es verdad… Bueno, puedo acompañarte y así cumplo la amenaza de mirar mal a Takeru que me pedisteis que hiciera justo antes de irme.
Arqueó una ceja mientras que terminaba de tragar, recordando poco a poco el motivo de las palabras de ella, terminando por reírse por lo bajo antes de quedarse mirando hacia ella divertido cruzando los brazos.
- Sigues sin saber de qué se le acusa, ¿verdad?
- Pues… la verdad es que no tengo ni la más remota idea, pero viniendo de quiénes vienen las quejas a saber qué os ha hecho a cualquiera de los del matrimonio…
- Conmigo no va la cosa…
- ¿Entonces? ¿Me has dicho que me dedique a mirarlo mal por defender el honor de Taichi? Qué encantador… - empezando a reírse ella sola por su propia tontería continuó con el desayuno. Había echado demasiado de menos aquellos momentos de conversaciones sin demasiado sentido simplemente disfrutando la compañía del otro.
- En parte sí… pero también va contigo la cosa... – viendo la cara de no entender nada de ella, empezó a reírse sin poder evitarlo-. De hecho creo que puedes empezar a hacer lo mismo con Mimi de ahora en adelante.
- ¿Mimi? ¿Qué tiene que ver ella ahora en todo esto? ¿Ya te has vuelto a pelear con ella?
- ¿Yo? Yo acabo de llegar del otro extremo del país y ya he tenido bastante con mis propios incordios personales…
- ¿Entonces? Creo que es demasiado temprano para que pueda entender de lo que me hablas como no dejes de reírte de mis caras…
- Porque la expresión que pones cuando no te enteras de nada es adorable – todavía sin poder dejar de reírse de ella, se tomó unos segundos para alargar la mano hacia ella y darle una ligera caricia en la mejilla antes de que le terminara por tirar algo-. Resulta que la última moda en Tokio es meterse con nuestro querido embajador sobre cierto tema entre vosotros dos de hace unos cuantos años.
- ¿Qué tema?
- En aquella ocasión el rubio no respondió, continuando con el desayuno tranquilamente dejándole su tiempo a ella para que pensara y sacara sus propias conclusiones. No tardó en ver como la expresión de Sora iba cambiado a la vez que un intenso color rojo se iba apoderando de su cara. aquello solo consiguió que Yamato comenzara a reírse sin poder evitarlo.
- ¿Y se puede saber por qué?
- No tengo ni idea… Yo llegué el otro día y estaba esperándome en el aeropuerto para decirme que Mimi se la había liado y que algo había ido diciendo por ahí sobre el tema. Y debía de ser grande el trauma para haber venido directamente a llorarme a mí. El otro día se fue todo ofendido porque hasta yo me estaba riendo de él… Y lo mismo aplicable a Takeru.
- Poco a poco pudo ver como ella iba arrugando la nariz en una mueca que solía hacer cuando algo la molestaba pero que él no podía evitar considerar adorable. La situación en general un año atrás hubiera sido tan sumamente diferente que nadie podría creer que estuvieran exactamente en aquel punto en el que lo único que podía hacer era reírse de todo aquello. Sin duda su forma de ver las cosas había cambiado considerable.
- Cuando me levante voy a tener que tener unas palabras con él… A ver qué es lo que me tiene que contar que andan diciendo por ahí esos dos zoquetes… - farfulló por lo bajo antes de dar otro mordisco a su tostada-. Y tú deja de reírte…
- ¿Qué? Ya te lo dije el otro día… Si quieres me enfado… Pero todo sea por tener una buena excusa para tener una buena celebración de desenfado.
- ¿Con quién? ¿Conmigo por estar implicada? ¿Con tu marido por estar implicado? Porque con los otros dos dudo que quieras celebrar reconciliaciones…
Sora finalmente había cumplido su amenaza de pasarse la tarde en pijama. Al final había hecho un cambio de planes y no había acompañado a Yamato para ir a saludar a Takeru y Hikari, sino que había aprovechado la oportunidad para ponerse al día con su mejor amigo, al cual había chantajeado para que trajera con él a Daigo.
Cuando sonó el timbre de la puerta ni siquiera se molestó en cambiarse, bajando las escaleras con paso rápido para abrir y sonreír de oreja a oreja al verlos allí. También había echado demasiado de menos al embajador que ahora estaba delante de ella y que tuvo que dar un paso hacia atrás al no esperar que ella se lanzara directa a saludarlo con un abrazo.
- Pero bueno… ¿Tanto me has echado de menos? – devolviéndole el gesto, la apretó con fuerza unos segundos-. Yo también a ti…
Encogiéndose de hombros cuando se separó de él, se apartó para dejarlos pasar, dándole tiempo a dejar sus cosas en la entrada mientras que ella se acercaba rápidamente a saludar al pequeño, quien pareció reconocerla al empezar a mover sus brazos hacia ella haciendo ligeros ruiditos.
- Qué rápido pierde uno el protagonismo… - dijo Taichi al darse cuenta de que no había tardado más de un par minutos en pasar a un segundo plano al ver que ella había cogido al pequeño en brazos y que tenía toda su atención posada en él-. ¿Y ese pijama tan glamouroso con el que me recibes?
- ¿A ti? Da gracias a que me he dado una ducha ya y me he peinado antes de que llegaseis… Porque mi intención era pasarme el día haciendo el vago. Y sabes tan bien como yo que los tengo mucho peores…
- Daigo también lo sabe… Seguro que todavía se acuerda del que tenía orejitas y la guerra que tuvo con ellas – empezando a reírse ambos a la vez al recordar la escena, le hizo un gesto para que fuera con ella a sentarse en el sofá llevándose al pequeño en brazos-. ¿Llegaste muy tarde anoche?
- Bastante, había muchos retrasos en el aeropuerto. Esta mañana me he despertado que no sabía ni dónde estaba… - dejó que el niño cogiera una de sus manos, empezando a jugar con él mientras tanto-. Se ha chivado esta mañana.
- ¿Quién se ha chivado de qué?
- ¿Tú quién crees y de qué? – esperó unos segundos a que ataca cabos, riéndose a causa de los ruiditos que hacía el bebé cada vez que movía su mano para que él volviera a intentar cogerla.
Distraído con la escena que tenía delante, tardó algo más en darse cuenta de lo que podía estar diciéndole Sora. Estuvo a punto incluso de hacer el comentario de todos los días de que a ver si se iban dando prisa y se buscaban un bebé propio ellos dos, porque se les veía a los dos demasiado cómodos cada vez que le robaban al suyo, cuando, de repente, cayó en la cuenta de lo que le estaba diciendo ella.
- ¿Te parece normal?
- ¿Lo de Mimi o lo de Takeru?
- ¿Te ha contado lo del mocoso ese? – viendo como asentía a modo de respuesta, se cruzó de brazos-. Mira, mejor que estemos los dos solos porque aunque lleva riéndose de mí desde que se lo conté si le digo esto me tira algo a la cabeza.
- ¿Por qué? Tranquilo si ya se estuvo riendo de mí por la mañana también…
- Sí, ya… - mirando hacia otro lado se quedó unos instantes en silencio antes de volver a hablar-. Yo ya te digo que no tengo demasiados recuerdos a estas alturas, primero porque no se puede decir que estuviera en las mejores condiciones para ello.
- ¿No me digas?
- Cállate, que tú también debías de estar bien precisamente… - escuchándola reírse de fondo todavía no volvió a dirigir la mirada hacia ella-. Lo que pasa es que he acabado teniendo hasta pesadillas con el tema ya.
- ¿Qué?
- Lo que oyes… Y sí, digo pesadillas porque es lo que lo considero ya.
- ¿Se puede saber qué has estado soñando tú?
- Mejor no te lo cuento. Y para colmo estoy casado con el enemigo y se lleva riendo de mí todos estos días… No sé, podría enfadarse al menos, no llorar de risa por los rincones cuando me encuentra con ojeras por la mañana.
Dejando de hacerle caso a Daigo, se quedó mirando hacia versión adulta del bebé que tenía en brazos, cuando fuera solamente en edad. Parecía realmente compungido por lo que le acababa de contar, teniendo hasta el gesto serio. La pelirroja aún necesitó un tiempo para poder terminar de procesar aquello, teniendo al final la misma reacción que había tenido Koemi sin poder evitarlo.
- ¿Tú también? ¿Pero qué pasa? ¡Vivo rodeado de traidores!
- ¿Cómo no quieres que me ría? Si vienes la cara que tienes puesta ahora mismo… Y que sepas que me siento muy halagada porque lo consideres pesadillas… - todavía entre risas se arrastró con cuidado al tener el niño sobre las rodillas para acercarse hasta él-. De esos dos ya me encargo yo. A la versión en miniatura de nuestro rubio favorito le va a caer tal colleja que ni siquiera la va a ver venir… por gracioso… - lo pinchó con el dedo en el brazo un par de veces hasta conseguir que la mirara de nuevo.
- Y sí, pesadillas, porque siempre me acababa despertando a sabiendas de que por una cosa o por otra iban a lincharme… - giró la cabeza por fin hacia ella, teniendo que empezar a reírse también.
- Puede que lo acabe haciendo yo por considerarme dentro de las pesadillas, que lo sepas... Pero bueno, yo creo que por el momento no vamos a tener problemas con eso…
- No, parece que las cosas han quedado bastante tranquilas por ese frente a pesar de esos dos idiotas…
- Por ese y por los demás. ¿Sabes a quién me encontré en San Francisco?
- ¿A quién? – aceptando el cambio de tema terminó por girarse del todo hacia ella, aprovechando el momento para posar su mano con cuidado sobre la barriguita del niño.
- Ryo. ¿Sabes quién no dijo ni media palabra de protesta?
- … ¿qué le has hecho? Vamos a ver… ¿qué le has hecho exactamente?
La respuesta de ella no pudo ser más que encogerse de hombros. Había llegado a tener alguna duda en su momento de que quizás pudiera haberle molestado aquello, pero tampoco le había preocupado que pudiera traerle verdaderos problemas. Pero de ahí a que realmente no hubiera dicho ni media palabra de protesta sobre ello… Eso había llamado bastante su atención y notablemente para bien.
- No quiero saber la lata que le han estado dando en el sur estos días para que nada de todo lo demás le moleste mínimamente – riéndose por lo bajo fue la única explicación que encontró.
- Es verdad… tengo curiosidad por conocer a sus famosos compañeros de trabajo. Porque las veces que coincidió que tuviera yo que ir a tratar algún asunto por allí no vi nada raro…
- Te van a caer bien… Créeme – sonriendo de medio lado, no pudo más que acordarse de la vez que había tenido la oportunidad de conocerlos-. Pero por favor, no me lo desmoralicéis, que me gustaría poder irme de viaje de novios tranquilamente y no tener que dedicarme a desdeprimirlo…
- ¿Tú también? ¿Ya se te ha pegado esa sonrisa?... Daigo, ven con tu padre antes de que se te pegue a ti también…
- Idiota… - cogiendo al niño con ella para no devolvérselo se inclinó para hablarle-. Tu padre es un idiota, tú hazme caso.
AnnaBolena04: si es que tiene muy mala suerte, ni que alguien disfrutara tocándoles las narices e hiciera intentos de enfadarlos de alguna manera aunque todos ellos frustrados... Pobrecillos, con lo cuquis que son ellos.
Bueno, debo decir que este capítulo me ha gustado bastante en general, pero especialmente, el melodrama que se sigue arrastrando el pobrecito embajador, que viene a llorar sus penas con quien puede comprenderlo y se ve totalmente eclipsado por un bebé adorable. Pobrecito...
Yo he conseguido levantarme de la cama y arrastrarme hasta la mesa. Eso es todo un logro. Si llego viva al domingo, tiraré fuegos artificiales... ¡Besitos de tortuguita!
Guest Vecina: puuuuuuuuuuuuuuuuuues sí, porque yo soy totalmente adorable e_e Y respecto a tu pregunta... Solo te diré que mañana hablamos... e_e
No necesitan ni siquiera pasar ni una tarde sin verse para que les dé por acabar así, ya los conocemos todos un poquito más, pero claro, pobrecillos, que llevaban mucho sin verse y uno de ellos había estado sufriendo algo que, seguramente, catalogaría de tortura psicológica, se merecía que alguien lo quisiera un ratito que en Tanegrashima lo habían tratado muy mal jajajaja
Ahora te dejo fangirleando, porque sé que lo vas a hacer, porque como toda buena fan del Taiora... es lo que toca - y si ves el capítulo que he escrito hace unos días tiras cosas por la ventana conmigo, te lo garantizo ❤ -. Mañana... ya hablaremos e_e
¡Bicos para ti y para las tartarugas!
Natesgo: posiblemente la clave de todo eso es que después de tanto sin verse estaban solos de verdad en casa y podían hacer lo que les viniera en gana sin que fueran a rondarlos. Obviamente que Biyomon se iría corriendo a por su pelirroja y no la hubiera soltado y ale, al traste los planes de ponerse mimosos... Porque obviamente que lo volvería a hacer intencionadamente como la anterior vez que los pilló jajajaja
Oye, ¿por quién me tomas? Queda demasiado poco tiempo para la boda como para mandarlos lejos otra vez... cofcofcof
¡Besitos!
