Abrió la puerta todavía observando de reojo a la pelirroja que iba a su lado sin haber dicho ni media palabra más desde que habían salido del estudio. No había terminado todavía de recuperar el color en la cara, pero se había empezado a encontrar lo suficientemente bien como para poder volver a casa. La dejó pasar, tomándose su tiempo para cerrar y dejar la chaqueta en el perchero de la entrada siguiéndola con la mirada.

- Voy a subir a la habitación – abrió la boca finalmente por primera vez antes de dirigir sus pasos hacia las escaleras acelerando el paso, pasando de largo por el lado de los digimon sin hacer caso cuando fueron a saludarla.

No dijo nada, simplemente continuando la vigilancia visual sobre ella, especialmente cuando alcanzó las escaleras, por si acaso. Negando con la cabeza a los compañeros de ambos le dio un margen de tiempo hasta que escuchó la puerta cerrarse.

- Dejadla a su aire un rato, ¿de acuerdo?

- ¿Ha pasado algo? – Biyomon se adelantó unos pasos.

- Cosas de trabajo, no te preocupes. Se ha puesto nerviosa y ya sabes lo que le pasa – explicó antes de volver a dirigir la vista hacia arriba unos segundos, devolviéndola hacia ellos-. ¿Queréis cenar algo?

- Yo quiero ir con Sora…

- Hazme caso, déjala tranquila un rato, luego puedes ir con ella todo lo que quieras, ¿de acuerdo? – quedándose mirando hacia el ave esperó a que asintiera antes de dar unos pasos hacia la cocina-. Lo de la cena sigue en pie…

Cerró la puerta de la habitación tras ella. Quería estar sola en ese momento porque no necesitaba acabar pagando aquel día de perros con alguien que no tuviera la culpa. Hacía tiempo que era consciente de que estaba al límite, tanto física como mentalmente, pero lo que no esperaba era con contestar aquel día el teléfono para recibir noticias de aquel calibre.

No, ni hablar. No pensaba atrasar o retrasar el viaje por aquello. Estaba harta. Había dado todo lo que había podido de sí misma solo porque unos inútiles que ni siquiera eran parte del proyecto no fueran capaces de hacer la cosas como tenían que hacerlas. No iba a pagar ella por los errores de los demás. Y si estaba siendo egoísta, era ella también quién iba a sufrir las repercusiones.

Se quitó la chaqueta sin muchos miramientos, tirándola encima de la cama seguida del jersey para luego dirigir sus pasos hacia el baño. Necesitaba desaparecer del mundo un buen rato bajo el agua caliente. No solo se encontraba mal anímicamente, sino que tenía un malestar en todo el cuerpo, especialmente en el estómago y la cabeza. Abriendo el grifo del agua, volvió a salir para tirar los pantalones también hacia la cama, dándose cuenta de que le temblaban todavía las manos al hacer aquello.

Terminó de quitarse toda la ropa y se metió bajo el agua, esperando que el calor de la ducha la ayudara a relajarse. Aquel día había explotado por todas las veces que no lo había hecho antes y lo último que le había hecho falta había sido ponerse mal otra vez por culpa de sus nervios. Chasqueó la lengua, molesta sin poder evitar hacer otra cosa, aprovechando para meter la cabeza bajo el chorro desconectando de la realidad.

Aunque a esas alturas podía considerar aquel lugar como la habitación de ambos, llamó con los nudillos antes de abrir, dándole así la oportunidad a Sora de protestar en caso de no querer compañía. Al no escuchar respuesta, entró cerrando tras él. Se sorprendió inicialmente al encontrarse las cosas de ella tiradas encima de la cama de mala manera antes de escuchar el sonido del agua de la ducha.

Asintió para sí mismo antes de acercarse y recoger la ropa de ella para dejarla sobre una de las sillas y poder quedarse sentado él, simplemente haciendo tiempo para que volviera a aparecer. Esperaba que al menos estuviera más tranquila, no le gustaba verla así. Aunque podría comprenderla perfectamente, sin lugar a dudas. Aquello había sido el colmo. La gota que derramaba el vaso. Y estaba hablando de alguien con una gran capacidad de aguante. Si Sora había explotado como lo había hecho era porque, realmente, no podía más.

Levantó la vista cuando escuchó la puerta del baño abrirse encontrándose con el gesto de sorpresa de Sora, todavía con la toalla puesta en torno a ella y el cabello mojado sobre los hombros. Al menos, tenía mejor aspecto que cuando había desaparecido al llegar a casa.

- ¿Estás mejor?

- No quiero hablar del tema… - anunció antes de acercarse hacia el armario donde guardaba sus cosas.

- Solo te he preguntado si estás mejor… Si te encuentras mejor – la siguió con la mirada antes de verla asentir-. Bien…

Normalmente aquella situación solía ser al revés. Era él quien perdía los nervios con cualquier cosa y los demás tenían que estudiar cada palabra que decían si no querían acabar en discusión. No necesitaban terminar el día con una discusión entre ellos, por eso tenía cuidado con sus palabras.

- Es que no me puedo creer que ahora pretendan que la primera semana de mayo me vaya a San Francisco otra vez… ¿qué se han creído? ¡Yo soy la que está al cargo! – aún sin haber encontrado su pijama, empezó a hablar de nuevo-. Con razón James me dio tantas vueltas para contarme qué era lo que pasaba…

- Pues diles que no puedes en esa fecha y que si están interesados en trabajar contigo tendrán que esperar a que vuelvas – dijo observándola.

- Ya… - cogiendo finalmente una camiseta, se giró de nuevo hacia él-. ¿Y cuándo me llamen a la semana siguiente porque han vuelto a tener problemas? ¡Yo también tengo derecho de disfrutar de este verano! No es un verano cualquiera, y lo sabes Yamato… En octubre vas a volver al trabajo y no vamos a haber tenido casi tiempo libre juntos por mi culpa.

- ¿Cómo que no? ¿Y qué se supone que estamos haciendo ahora?

- Ya sabes a lo que me refiero – murmuró con tono serio, antes de girarse hacia él-. Has vuelto en enero, dime la verdad, ¿he estado más tiempo en Tokio o fuera?

- Si todo esto tiene que ver mínimamente con lo que yo piense o deje de pensar sobre esto creo que…

- No – cortó sus palabras-. Tiene que ver conmigo. Estoy siendo completamente egoísta esta vez. Yo soy la que no se quiere tener que ir otra vez y quedarse aquí. Y si para ello tengo que dejar de lado este proyecto… Se acabó. Otro llegará.

Volviendo a girarse, revolvió para coger unos pantalones que ponerse antes de dejarlo todo sobre el otro lado de la cama, empezando a cambiarse, a aquellas alturas, le daba igual que estuviera él o no.

Al contrario que en otras ocasiones en las que hubiera aprovechado el momento para recrearse la vista, mantuvo la vista fija en la pared de enfrente, pensativo, dándole vueltas a todo aquello y a si debería de decir algo o no. Quizás debería de hacerle caso y no decir ni media palabra más, a fin de cuentas, era el trabajo de ella. El problema era que todo lo relacionado con ella le importaba demasiado como para dejarlo estar.

- Sora… - arrancó, haciendo una pequeña pausa-. ¿Estás completamente segura de que después de todo lo que has peleado quieres dejarlo?

- Sí, completamente…

- No era eso lo que todos me decíais a mí cuando volví a casa hace años – buscó por fin el contacto visual con ella-. Cuando no quería volver y entre todos, especialmente tú, me animasteis a no dejarlo pasar…

Sacando la cabeza por el agujero de la camiseta, se quedó mirando fijamente hacia él ante sus palabras. Claro que recordaba aquella situación, pero… era diferente. Era totalmente diferente. Ella podía volver a empezar desde cero con un proyecto así…

- No es lo mismo…

- Claro que es lo mismo. ¿Qué más da que sea viajar a otro planeta que conseguir el proyecto que tanto te has matado por lograr para el estudio? ¿Cuántas veces estuve yo estos años a punto de mandarlo todo a paseo? – continuó mirándola-. ¿Cuántas? ¿Qué habría pasado si lo hubiera hecho? Hideki me dijo que si no hubiera sido porque acepté el ascenso no habría conseguido la plaza aquí en Tokio.

- ¿Y qué se supone que tengo que hacer según tú? ¿Aguantarme? ¿Decirte que ya iremos de viaje cuando acabe en San Francisco si es que no tengo que quedarme otro mes? Yo sé lo que me quieres decir… Pero yo no sirvo para anteponer nada más a nosotros dos. Lo creía en su día y me he dado cuenta de que no, no estoy dispuesta a pagar un precio tan alto. Se acabó.

- Sora… de verdad, hazme caso, piensa las cosas bien, ya verás como cuando te calmes consigues ver las cosas de otra forma.

- ¿Otra forma? ¿Qué otra forma? ¿Qué hago? Dime, ¿qué hago? – volvió a negar con la cabeza.

- Lo primero tranquilizarte porque te vas a acabar volviendo a poner mal… - aquella vez usó un tono más serio, intentando que le hiciera algo de caso.

- No quiero hablar más del tema – levantándose fue hacia el baño de nuevo, buscando entre sus cosas el cepillo del pelo para empezar deshacerse los enredos sin cuidado alguno.

Volvió a seguir todos sus movimientos con la mirada. La entendía más de lo que ella se podía imaginar, pero, ¿qué otra cosa podía hacer más que intentar hacerla razonar que no podía tirar por la borda tanto esfuerzo en el último momento? Aunque claro, la opción que les dejaba aquello era la que menos les gustaba a ambos. Tenía que haber otro camino…

Optó por hacerle caso finalmente, guardando silencio. No quería que se volviera a alterar, bastante suerte iba a tener si conseguía que cenara algo para que no se fuera a la cama con el estómago vacío después de lo ocurrido en el estudio. Poniéndose en pie, fue tras ella, colocándose a su espalda, observando el reflejo de ambos unos segundos antes de alargar la mano para quitarle el cepillo.

- ¿Tienes hambre? – cambió el tema radicalmente.

No respondió, simplemente se quedó mirando hacia él por el reflejo cubierto de vaho en el cristal, siguiendo sus movimientos con la mirada, desde el momento en que le quitó el objeto empezando a continuar él su tarea de los segundos anteriores de forma mucho más suave. Permaneció así, con los ojos fijos en él hasta que, de nuevo, no aguantó más, mordiéndose el labio intentando evitar que le temblara.

Se giró hacia Yamato, sin mediar media palabra más para esconder la cabeza contra él, solo necesitando sentir que soltaba el cepillo y la rodaba con los brazos, para desahogarse por fin, rompiendo en llanto.


- Sí, no te preocupes, se ha quedado dormida ya.

Habiendo dejado a Sora en la habitación descansando, no queriendo molestarla, Yamato caminaba de un lado para otro del salón con el teléfono en la mano. Había llamado a Haru para tranquilizarla al no haberse quedado a gusto al verlos irse horas antes.

- Esperemos que mañana vea las cosas de otra forma. Le diré que has llamado cuando se despierte, no te preocupes.

- Dile que lo siento, que cuando ella quería irse fui yo la que insistió con el tema y no tendría que haberlo hecho.

- Te lo dije antes, no digas tonterías. Esto iba a acabar pasando tarde o temprano. Probablemente mañana intente que no vaya al estudio, esperemos que me pueda hacer caso.

- Buena suerte con eso…

- Lo sé. Pero no creo que tampoco vaya a estar muy de humor ella como para intentarlo.

- Mañana ya te mando un mensaje para ver qué tal está… Que descanses.

- Cuando se despierte le diré que has llamado, tranquila.

Dando por terminada la llamada se giró de nuevo hacia los digimon que lo observaban encogiéndose de hombros a modo de respuesta.

- Puedes subir con ella si quieres, Biyomon, no tienes que seguir aquí abajo…- viendo cómo negaba con la cabeza la miró interrogante-. ¿Pasa algo?

- Yo creo que es mejor que subas tú, ya la veré mañana cuando esté más tranquila. Le va a hacer mejor tu compañía.

Sonriendo por el comentario de ella, asintió as su palabras antes de inclinarse para dejar una pequeña caricia en las plumas de la digimon y luego de su propio compañero. Ya era tarde, y aunque no tenía sueño, no le gustaba la idea de dejarla sola por si se despertaba.

- Hasta mañana – les dijo a ambos antes de subir hacia el piso de arriba.


AnnaBolena04: puedes ir corriendo a contarle a tu médico favorito lo que ha pasado y cómo está totalmente segura de que va a mandar todo el proyecto a paseo porque no le da la gana de dejar de priorice sobre nada. Que ella se casa y punto y que le den a todo lo demás. Eso puedes ir a contárselo con todo lujo de detalles.

Y aquí, por primera vez, tenemos al rubio en el extremo en el que nunca se suele poner él. Intentando mantener la cabeza totalmente fría y pensar en qué puede ser lo mejor, cosa que normalmente no suele ser su especialidad. De verdad que lo hemos perdido por el camino y nos han dado el cambiazo. Debe de haberle dado tantas collejas Mai en el viaje a Marte que así nos lo ha devuelto.

Me da mucha penita ella en este capítulo, pero a la vez me gusta mucho. No sé, te dejo tirarme tomates por mala si quieres... ¡Besitos de tortuguita!

Guest Vecina: jajajajaja juro y perjuro que no lo he hecho queriendo. La primera vez sí que lo hice con toda la intención de haceros creer que había tortuguita en camino. Esta vez ni siquiera pensé en ello mientras que lo escribía. Si es que tenéis más gana de que haya una nenita por aquí que Hiroaki jajajaja ¡Fíjate lo que te digo! En este capítulo me da bastante penita, la verdad, porque tiene que darle una rabia horrorosa, pero claro, hasta ella tiene un límite. Y mira que tiene bastante margen normalmente ese personaje.

Jajajajajaja eh, yo solo no te contesto cuando la respuesta viene en el capítulo siguiente o va a aparecer explicada en la historia. Todo lo demás si me lo preguntas te lo respondo, jo jajaja Pero mira, para que veas que soy buena. Hay un capítulo justo antes de la boda - que está escrita, porrr cierrto - dedicado solo a ellos dos. Y no me morí escribiéndolo del amor yo sola aquí no sé todavía por qué. Ale, para que lo sepas y empieces a morirte desde ya del ladjfhalfhalfd xDD

¡Bicos para ti! Y no me mandes a las tartarugas a morderme, porfa.

Ace Cornell: bah, bah, bah. Yo ya partimos de la base de que nadie me cree cuando me declaro inocente de los cargos, así que ya vivo con esa sospecha sobre mi cabeza. Yo solo te tengo bajo aviso de que hay que portarse bien, o acabarás como yo, con muchas amenazas por todas partes T_T jajajaja

La pobre Sora está hasta los mismísimos, hablando mal y pronto, y es normal que haya explotado cuando le han intentado tocar sus planes de viaje de novios. Posiblemente habría tenido la misma reacción si le hubieran dicho que tenía que irse al día siguiente, había alcanzando su tope ya. Y ahora la pobrecilla está que no puede más con la impotencia de tener que dejarlo de lado todo por la inutilidad de la gente.

Voy a ver si hago el vago un poquitillo que me lo he ganado esta semana. ¡Besos!

Epic Crystal Night: no lo sé, igual si le decemos eso a Haru la que se pone pálida y parece que está a punto de desmayarse en cualquier momento es ella, que esa chica peca de tener demasiada poca confianza en sí misma y en sus propias habilidades.

Te digo lo mismo que a mi vecina, esta vez no lo he hecho queriendo jajaja De hecho, recuerdo estar escribiendo el capítulo y no saber cómo seguirlo y pensar en ponerla revuelta por tener algo más que hacer. No había segundas intenciones en todo. Lo que os pasa es que hay más ganas de que aparezca una tortuguita por aquí de las que tienen el resto de personajes ❤

¡Besos!