Yamato abrió los ojos muy lentamente cuando el sonido de la alarma resonó por toda la habitación. Desubicado en un principio, miró a su alrededor, viendo no demasiado lejos de dónde estaba el vestido blanco de Sora. Aquello devolvió de golpe los recuerdos de la noche anterior a su cabeza.

Sonrió.

Girando el cuello se encontró con la melena rojiza de ella, consiguiendo que sonriera algo más. El sonido de la segunda alarma que había puesto lo hizo recordar que, por mucho que le apeteciera quedarse durmiendo en aquellos momentos, tenían algo muy importante todavía por hacer aunque siguiera sin tener ni la más remota idea de a dónde iban.

Se giró del todo, inclinándose para dejar con cuidado un beso en el hombro de ella provocando que se revolviera ligeramente.

- Despierta – le dijo por lo bajo. En aquellos momentos se le ocurrían cosas mucho mejores con las que poder empezar el día, pero solo faltaría que se les hiciera tarde-. Venga, dormilona, despierta…

- ¿Qué hora es? – murmuró apenas con un hilo de voz.

- Ya ha sonado el despertador dos veces. Venga… Sea a dónde sea el destino de mi secuestro, creo que si nos quedamos durmiendo no va a ser el esperado.

La escuchó murmurar algo que no logró entender, provocándole una ligera sonrisa, haciendo el esfuerzo de levantarse, buscando algo que ponerse antes de empezar a recoger lo que la noche anterior no se habían preocupado demasiado de dónde dejaban tirado. Habían quedado en dejarlo todo para que pudieran a pasar más tarde a recogerlo. No iban a llevarse el vestido de viaje con ellos…

- Pffff…. – Sora protestó, revolviéndose en la cama para girarse y quedarse observándolo-No quiero escuchar nada de buenos días, es demasiado temprano para eso… - protestó cuando lo vio abrir la boca-. ¿Vas a darte una ducha ahora?

- Si te quieres duchar tú primero espero y así mientras que te secas el pelo me ducho yo – se encogió de hombros, recogiendo la chaqueta del suelo.

- Pues… te lo agradecería… - asintió-. ¿Me pasas la bolsa de viaje que hay en la silla, por favor?

- ¿Esta? – haciendo lo que ella le pedía, le enseñó el objeto viéndola asentir antes de tendérsela.

- Es la ropa con la que vine desde casa de mi madre… Yo creo que para el viaje me vale – cogiendo la bolsa empezó a revolver, sacando algunas cosas antes de frotarse los ojos varias veces.

- Cualquiera diría que anoche dormiste poco… - comentó divertido.

- Alguien se empeñó en no dejarme dormir hasta tarde… - se encogió de hombros y, finalmente, se armó de todas sus fuerzas, para salir de la cama.

Aquella vez no se molestó en arrastrar con ella las sábanas, tenía demasiado sueño para andarse con miramientos y estaba completamente segura de que no iba a ser ningún tipo de problema. Cogiendo todo lo que había sacado con ella se fue directa hacia el baño.

- Te aviso cuando termine… - fue lo último que la escuchó decir.

Asintiendo a las palabras de Sora, sacudió un par de veces la chaqueta notando como algo salía volando de uno de los bolsillos. Frunció el ceño, buscando por el suelo qué era lo que podría haber caído, viendo un objeto tirado unos pasos más allá.

- ¿Pero qué…? – se agachó para cogerlo, quedándose observándolo intentando adivinar qué era. No tardó en darse cuenta…-. ¿Cómo ha llegado una lima de uñas a mi…? - … -. Mai…

Con la lima en la mano se quedó pensando en cómo podía habérsela colado ahí sin que se diera cuenta, empezando a reírse solo sin poder evitarlo. Si ya le parecía a él que había estado comportándose demasiado formal…

No tardó en ver salir a Sora, en vuelta en la toalla, directa hacia él. Entre medias le había dado tiempo a recoger el uniforme y dejarlo dentro de la funda para que no tuvieran que ponerse a colocarlo. Abrió la boda para contarle la gracia de turno de sus compañeros, porque estaba seguro de que aquello no había sido solo cosa de la piloto, pero no pudo. Cuando lo alcanzó, se puso de puntillas para darle un beso, pillándolo totalmente de sorpresa, casi sin tiempo a reaccionar y teniendo que dejarse por completo.

- ¿Tan bien te ha ido en la ducha? – le preguntó aún sorprendido cuando se separó de él.

- Sí… Me ha hecho despertarme y recordar que todavía no había saludado de forma apropiada a mi marido… - sonriéndole de una forma totalmente sincera, reflejando la ilusión que le había dicho decir aquellas palabras, esperó a ver la reacción de él, siendo exactamente la misma que la de ella.


Una hora más tarde, llevando con ellos las maletas, por fin entraban en el aeropuerto. Se habían levantado con tiempo suficiente para poder llegar desayunados y facturar las maletas con calma. Eran muchas las horas que les quedaban por delante, pero el entretenimiento de la pelirroja, por el momento, para mantenerse despierta, había sido seguir negándose por completo a decirle dónde iban.

- ¿Y qué más te da? Cuando lleguemos ya lo verás…

- Si hasta tienes tú mi billete… ¿Qué pasa? ¿No te fías de que lo pueda llevar yo y que me dé por leer el destino?

- Exactamente… ¿No te fías de mí?

- Ni un pelo… - negó con la cabeza alejándose ligeramente de ella para esquivar el manotazo.

- Te vas a quedar sin saberlo hasta que lo escuches por la megafonía del avión…

- Si a mí me da igual dónde me quieras llevar, pero tengo curiosidad ya… Ni la maleta me has dejado hacer.

- No, ni eso… Y ahora que me acuerdo. Creo que Mimi ha metido algo en tu maleta. ¡No la dejé acercarse a ella mientras que te la hacía! – dijo rápidamente para evitar malentendidos-. Pero cuando ya estaba hecha algo te ha colado dentro… Yo no quiero ni saberlo…

- ¿Mimi ha colado algo en mi maleta? ¿En la mía?

- Sí, en la tuya que era la que le quedaba a mano. La mía todavía estábamos intentando cerrarla entre Taichi y yo…

- No me pararán en aduanas, ¿verdad?

La pregunta de él hizo que automáticamente empezara a reírse. En el fondo, tenía que reconocer que entendía que esa fuera de las preocupaciones de Yamato. Sabiendo que fuera lo que fuera que había en la maleta lo había metido Mimi ella tampoco se fiaría demasiado.

- Así que primero te alías con ella para tenderme una trampa y que el pobrecito de mí le diera, sin saber lo que hacía, los números de teléfono de la tropa del sur… Y ahora ni siquiera quieres decirme a dónde vamos… Mal vamos a empezar con esto, ¿eh?

- Ya te lo dije, empezamos dejando las cosas perfectamente claras de cómo van a ser – riéndose divertida por lo mal que se le daba a Yamato fingir estar molesto por algo se acercó a él para cogerse a su mano aprovechando que, a pesar de todo, el equipaje de cada uno ocupaba solo una maleta.

- Ya, ya… ahora ponte cariñosa. No soy tan fácil de comprar…

- Vaaale… cuando lleguemos a tu destino ya veremos cómo negociamos una buena tregua. Hasta entonces te dejo intentar discurrirlo a ti solito. Te daré una pista… Tenemos por delante 20 horas de avión.

- Bueno… puedo entre…. ¿Veinte?

- ¿Qué? ¿Ahora me vas a decir que no te gustan los vuelos largos?

- No… pero… - la miró sorprendido-. ¿Tú?

- Yamato… Llevo desde octubre yendo y viniendo varias veces al mes de San Francisco hacia Tokio… creo que 20 horas no van a ser un drama tan grave. Además, no sé tú… pero no pegué ojo la noche antes de la boda y ayer alguien se empeñó en dejarme mucho más cansada de lo que yo contaba… - giró la cabeza hacia él, viéndolo sonreír de esa forma tan característica suya-. ¡Quita esa cara!

- ¿Cómo quieres que la quite? Me llevas secuestrado a quién sabe dónde y me estás dando permisos de negociación para recordarme poco después una de las mejores noches de mi vida… Es la cara que tengo que tener…

- Ya… ya… Vamos a que nos facturen las maletas… - murmuró antes de tirar de él.

- ¿Sabes que te pones muy guapa cuando se te suben los colores?

A pesar de todo, Sora no pudo evitar reírse. Ninguno de los dos había podido hacer gran cosa y cada vez que habían vuelvo a sentarse en el avión, habían caído dormidos sin poder evitarlo. Tal había sido la situación que ella se había despertado algo antes que Yamato, siendo testigo de que cuando por fin daban el aviso de que por fin habían entrado en el espacio aéreo griego, Yamato seguía completamente dormido a su lado. De manera que no se había enterado tampoco de dónde estaban.

- No tiene gracia…

- Claro que la tiene – le dijo divertida tras haber recuperado sus maletas.

- ¿Y a dónde narices se supone que tenemos que ir ahora?

- Pues… a buscar un taxi… porque no nos vamos a quedar en ningún hotel, ¿qué te parece la idea?

- ¿Entonces?

- Pues…. Me pareció mejor idea tener un sitio complemente para nosotros dos… Llevamos demasiado tiempo viviendo estresados si no es por una cosa es por otra. Para irnos de vacaciones, tenemos que hacerlo bien… Así que tenemos una villa… creo que lo llamaban así, solo para nosotros.

- ¿En serio? – la miró sorprendido-. ¿Una villa solo para los dos? ¿Dos semanas?

- Sí, dos semanas… Vas a tener que pasarte dos semanas solo conmigo y nadie más… Tranquilo, yo creo que vas a poder sobrevivir a ello.

Todavía sorprendido por las palabras de ella, empezó a seguirla sin protestar ni media palabra más. Lo único que se le pasaba por la cabeza era algo que, realmente, nunca había llegado a pensar. Tardó algo en llegar a decirle sus conclusiones de nuevo.

- ¿Se puede saber cuánto ganas tú?

La respuesta de Sora, tras mirarlo extrañada unos segundos, fue empezar a reírse ante la brillante conclusión que había sacado Yamato a lo que acababa de contarle. Sin llegar a contestarle a aquello y todavía con la sonrisa en los labios, pudo ver la parada de taxis situada a la salida del aeropuerto. Era de noche y apenas se podían ver las señales desde donde ellos estaban.

- Tampoco te hagas ilusiones… Pero para una vez que me voy de vacaciones… ¿A qué crees que me dedicaba por las noches en el hotel en San Francisco? Al final me quedé con la opción que más me gustó. ¿Tienes algún problema?

- Ni el más remoto… Total, sigo sin tener ni la más remota idea de dónde narices estamos. Yo voy a dónde me lleves siempre que haya una cama donde poder seguir durmiendo porque ahora mismo no puedo más y… comida. La comida no estaría de más…

- Comida… - asintió a sus palabras-. Espero que sí… - haciéndole un gesto para ir hacia el taxi, se acercó al conductor para dejarle un papel con la dirección, hablando con él en inglés mientras que Yamato guardaba las maletas.


AnnaBolena04: Ya tenemos viento bastante por aquí como para nos levante la tortuga una buena ventolera con el abanico, ¿eh? Con lo que me costaba a mí dejar que estos dos se pusieran más mimosos de la cuenta... Y lo escondido que tenía yo este capítulo jajajajaja

Parece que por fin se resuelve el misterio de cómo el rubio ha llegado a Grecia sin tener ni la más remota idea de dónde está jajajaa Las horas de viaje, lo poco que durmieron la noche anterior y las noches anteriores casi que también... El rubio debía de ir fantaseando únicamente con pillar la cama para nada más que para dormir durante un buen rato.

A ver cómo reacciona cuando se entere dónde está... ¡Besitos de tortuguita!

Guest Vecina: hoy he visto tu review de milagro. No me llegó el aviso al teléfono y cuando entré a mirar los correos electrónicos en el pc para hacer limpieza me salía que había varias review y uy, me dio por ir a mirar la tuya. Debía de estar abanicándose también mi teléfono o algo jajajajajaja

Lo sé, yo te entiendo. Lo peor es que yo me conozco alguno... Pero bueno, eso, que en realidad yo creo que más que el rubio siendo un prototipo demasiado irreal de persona, lo que lo hace verse así es cosa más de la dinámica que se traen entre ellos. Eso y que cuando eran un crío dio más por el saco que un orco, y tiene que contrastar de alguna manera jajaja Yo que conste que tengo intentado muchas veces enfadarlo/ponerlo borde/de malas, pero es que no hay manera. Desde el BOOM londinense, se debió de quedar en modo zen o algo.

Jajajaja cada cual con sus prioridades, ella preocupada por esas cosas y el otro pues pensando en cómo no tener que pasarse media hora deshaciéndose del vestido jajajaaja Pobrecito rubio, tenía ganas ya, y los botones iban a hacerle pasarlo mal.

Bueno, yo prometo que antes de que acabe esta historia - tengo pensado cortar porque sino nos plantamos en los 200 - habrá tortuguita en camino. Lo firmo ante notario e_e Me alegro de haberte hecho algo más caluroso el día, pero es culpa del Sr. Tartaruga rubio, a mí no me mires... jajajajaja

¡Bicos de tartaruga!