Saliendo del restaurante, el pañuelo de Sora había quedado colgando de su propio bolso, soltándose de la mano de su compañía, todavía riéndose por la conversación que estaban teniendo. Les hacía falta volver a romper con la realidad y desparecer del mundo. Especialmente a ella que había pasado unos meses volviéndose loca. Nadie más que ella sabía lo bien que le estaba viniendo olvidarse de todo lo demás.
Saliendo un poco más tarde que ella, tras haber hecho valer su parte del acuerdo de encargarse él de los gastos de ambos mientras que estuvieran de vacaciones, apareció tras ella, rodeando su cintura con los brazos desde su espalda.
- ¿Quieres aprovechar que hemos venido andando para ir a alguno de los locales de la playa?
- ¿En serio? – giró la cabeza hacia él.
- ¿Qué pasa? – asomó su cabeza por encima de su hombro, observándola desde ahí.
- Lo primero… no te aproveches de tu altura – comentó divertida dándose cuenta de las vistas que podía tener él desde donde se había apoyado-. Y lo segundo… ¿de verdad te apetece?
- No sé de qué me hablas… Y sí, claro, ¿por qué no me iba a apetecer? Podemos aprovechar que ninguno de los dos tiene que volver en perfectas condiciones a casa. ¿Qué pasa? ¿Ya no tienes edad para estas cosas? – le murmuró aquello en el oído antes de dejar un ligero beso en su cuello y apartarse.
- Perdona pero el mayor de los dos eres tú…
- Por un par de meses… - alargó su mano para coger la de ella, tirando de la chica para echar a andar en dirección hacia la playa.
- ¿Sabes por dónde vas?
- Sora… la playa es cuesta abajo, ¿tú crees que vamos a acabar perdiéndonos?
- Vale, vale… yo te sigo – riéndose de él sin poder evitarlo, echó a andar tras sus pasos.
Por suerte, la idea de seguir las calles hacia abajo funcionó con facilidad, encontrándose en unos minutos con el comienzo de las playas, pudiendo ver los locales que tenían sus mesas en la arena. Hubiera servido con que siguieran el sonido de la música para encontrarlos también.
- Espera un momento – le dijo Sora cuando llegaron al comienzo de la playa, dejando la mano posada sobre su brazo.
- ¿Pasa algo? – la miró extrañado.
- No, nada, pero no me voy a meter con las sandias en la arena – usándolo como apoyo a él, subió la pierna lo suficiente para quitarse una de ellas.
- Ya me parecía a mí que habías crecido bastante hoy, pero no como para alcanzarme… - le tendió la otra mano para coger el calzado de ella, dejándola quitarse así la otra.
- Tú es que eres demasiado alto – le dijo terminando de descalzarse antes de coger ambos zapatos con la mano libre-. ¿Vamos?
Asintiendo, echó a andar en dirección hacia uno de los lugares. Lo bueno de no conocer ninguno de ellos era que no tenían que preocuparse de acertar con el apropiado. Dejó a la pelirroja en una de las mesas altas antes de acercarse él hasta la barra para poder pedir.
- Creo que la última vez que estuve en un sitio de estos… Y entendamos sitio de estos como "local de salir", poco más y saliste corriendo por miedo a que te fuera a tirar algo a la cabeza – le dijo divertida.
- ¿Cuándo?
- Cuando volvimos los dos a Tokio. Haru estaba vigilando a tu querido hermanito y te vio con él, aún sin saber que os conocía. Luego, misteriosamente, cuando Takeru nos encontró no había ni rastro tuyo.
- Porque me tiré dos copas encima de solo veros a los lejos… - admitió arrastrando la silla hasta quedar sentado a su lado-. Y sí, claro que salí corriendo, no estaba yo todavía demasiado valiente como para atreverme a saludarte tan siquiera, pero no se lo cuentes a mi versión en miniatura, que seguro que disfruta de la confirmación.
- Ni media palabra – le dijo levantando la cabeza hacia él cuando se sentó, buscando que se inclinara hacia ella para darle un beso, consiguiéndolo sin muchos problemas-. Todavía no me has dicho qué te parece el destino de vacaciones que he escogido…
- ¿No? – sonriendo por el tono que utilizó para sus últimas palabras, aprovechó para beber de su vaso.
- No, no lo has hecho – negó con la cabeza.
- El problema es que con la compañía que me he traído, y más con la indumentaria de alguna que yo me sé, yo creo que me podría servir cualquier destino. Pero… creo que el destino de secuestro queda más que aprobado. Las quemaduras que me vaya a llevar van a merecer todas la pena.
- ¿Qué tal tienes los hombros? – le dijo de repente, recordando el día que habían estado usando la piscina precisamente no para nadar.
- Ya se me ha quitado, solo fue un poco.
- Voy a tener que empezar a echarte la crema yo antes de salgas de la habitación por las mañanas, que lo sepas. Como a los niños pequeños…
- No tendría mucho problema con empezar los días de esa forma, fíjate tú – sonriendo de medio lado, se quedó mirando hacia ella.
- Yo tampoco, mira tú qué bien se nos da ponernos de acuerdo con las cosas – sonrió a su vez, quedándose mirando hacia la orilla de la playa-. A mí también me gusta mucho este sitio.
No pudo más que quedarse distraída, jugando con sus dedos sobre el antebrazo de él, pensando en los días que habían pasado allí y los que todavía les quedaban. Si se lo hubieran dicho un año atrás cuando de verdad se había llegado a creer que las cosas habían terminado entre ellos dos, habría necesitado un par de semanas ara tan siquiera terminar de escuchar la frase al completo. No quería ni siquiera recordar esos días horrorosos. No recordaba haberse sentido peor consigo misma y con el mundo nunca jamás. Ladeó la cabeza ligeramente hacia él, dejándola posado sobre su brazo.
- ¿Pasa algo? – preguntó al verla distante.
- Nada, solo estaba pensando en que estos días están siendo perfectos – decidiendo dejar mejor de lado las ideas que habian pasado por su cabeza, se centró mejor en el presente. Alargó la mano para coger su vaso, llevándoselo a los labios.
- A mí se me ocurren algunas formas de mejorarlos – le dijo, sacándola del todo de sus pensamientos, devolviéndola a la realidad.
- Soy toda oídos – le sonrió, levantando la cabeza hacia él.
Le hizo un gesto con la cabeza para que dejara el vaso de nuevo en la mesa antes de tenderle la mano.
- ¿Hm? – extrañada, se quedó mirándolo.
- Vamos – señaló con la cabeza hacia donde la gente bailaba.
- ¿Seguro? – una expresión divertida apareció en su cara.
- ¿Cómo que seguro? ¿No quieres o qué?
- Uy no, yo encantada – terminándose su vaso antes de bajar de un pequeño saltito de donde estaba sentada, se quedó esperando que se le uniera-. Es que no suele ser lo más normal en ti.
- Será culpa del vestido ese – le dijo antes de imitarla para luego seguir sus pasos, dejando que cogiera la mano que le había tendido con anterioridad-. ¿Y tus cosas?
- No creo que nadie quiera llevarse un pañuelo ni unas sandalias abandonadas. Y sino, pues mira… la pérdida habrá merecido la pena – olvidándose por completo de ellos, tiró de él.
No se le había llegado a ocurrir aquello, pero de repente la idea le había gustado mucho. Quitando la boda, eran muy pocas las veces que habían tenido oportunidad de aquello. Más que la oportunidad, sabía que no era algo que soliera hacer con mucha frecuencia, por lo que no solía meterse en ese terreno.
Sonriendo sin poder evitarlo llegó por fin entre la gente, girándose para quedar frente a él, esperando a que se acercara algo más.
- Ten cuidado conmigo, no me vayas a pisar, ¿eh? – bromeó.
- ¿Tan inútil crees que soy? – fingió ofensa en el tono.
- Claro que no. No es que tenga muchos recuerdos de ocasiones así, pero no tengo queja alguna…
No tuvo respuesta de palabra, simplemente aprovechó para tirar de ella contra él, dejándosela pegada antes de mover las manos hacia su cintura, dándose cuenta, al arrastrarlas con cuidado hacia sus costados, de que el vestido tenía más zonas al descubierto de las que había podido apreciar. No se entretuvo demasiado, terminando por dejarlas en su espalda.
- Lo que parece que empieza a ser costumbre es la ausencia de tela allá donde pongo las manos – le murmuró por lo bajo.
- Pues con lo poco que me pongo este tipo de ropa, deberías de pensarte lo poco que sueles invitarme a bailar – no pudo evitar el comentario-. De hecho, no suele salir de propio bolsillo tan siquiera la ropa de este tipo…
- Y mi salud mental lo agradece – entendió perfectamente las referencias de ella, riéndose finalmente por lo bajo acercándosela un poquito más-. Luego voy a tener que mandarle una postal a Mimi de agradecimiento.
Sacándole una risa por lo bajo a Sora, no tardó en colocar sus brazos en torno su cuello, aprovechando para colocarse bien, ajustándose a la diferencia de alturas tras haber dejado las sandalias atrás. Simplemente se dejó guiar, quedándose pensando en sus cosas, recordando quizás otros momentos parecidos a aquel. Sonriendo ligeramente con sus propias ideas, se entretuvo jugando con sus manos en la nuca de él, no tardando en notar algo de respuesta por su parte, subiendo las palmas de sus manos por su piel descubierta.
Giró la cabeza para que no pudiera verla tan directamente sonriendo de una forma que delataba pocas buenas intenciones, aprovechando para volver algo menos sutiles los movimientos de sus dedos. Alguien se había buscado que estuviera comportándose un poco menos correcta de lo que debería cuando la había tirado a la piscina a traición. Aquella era una buena oportunidad de devolvérsela aunque fuera de una forma totalmente diferente.
Como si se hubiera dado cuenta de sus intenciones, retiró una de sus manos de su espalda, buscando la de ella para cogerla y poder así separarla ligeramente de él, aprovechando para hacerla girar con suavidad.
- ¿Pasa algo? – le dijo con la mejor de sus sonrisas antes de aprovechar eso para dejar ahora su mano apoyada sobre su pecho, llevándola ahora poco a poco hacia el costado.
- A mí no me pasa nada. De lo que no estoy muy seguro es de que no sea a ti a la que te pase algo – la observó de forma curiosa.
- ¿Y por qué iba a tener que pasarme algo a mí? – levantó la cabeza hacia él, intentando mantener la expresión neutra.
Aquella última pregunta de ella confirmó sus sospechas de que algo estaba tramando, y casi que se podía imaginar el qué, simplemente estudiando sus movimientos. Tampoco iba a decir que le fuera tan siquiera a molestar aquello, nada más alejado de la realidad. A ver quién de los dos acababa saliendo perdiendo. La dejó moverse como quisiera, únicamente siguiendo sus movimientos con aparente tranquilidad incluso cuando notó la pérdida de altura de la mano de ella,
Negó ligeramente con la cabeza antes de repetir la jugada de antes, haciéndola alejarse de nuevo para que pudiera girar, no haciéndolo por completo en aquella ocasión aprovechando para quedarse de espaldas a él. No tardó más que unos segundos en volver a quedarse pegado a ella, desde la espalda, posando ahora las manos en su cadera, acercándose con cuidado hacia el cuello de su chica, rozándola con suavidad con la punta de la nariz, bajando lentamente hasta dejar un beso ahí.
Echando la cabeza hacia el lado contrario y dejándola apoyada contra Yamato, entrecerró los ojos ligeramente ante su contacto, moviendo los hombros de tal forma que no solo considera alejarlo de su cuello, sino también que uno de los tirantes se deslizara hacia su brazo. No tardó en notar cómo se lo colocaba de nuevo, arrastrando su mano por su brazo todo lo que pudo antes de volver a cerrar ambas manos en la tela del vestido a la altura de su cadera.
Eliminó cualquier distancia que pudiera quedar entre ellos antes de mover sus piernas en un ligero vaivén, asegurándose de que pudiera darse cuenta de cada uno de sus movimientos antes de separarse de nuevo y girarse para quedar frente a él, posando la mano en su nuca ante de tirar de él hacia abajo y poder besar finalmente los labios de su marido, bajando muy lentamente la otra mano por su torso hasta jugar de forma nada disimulada con su cinturón.
- ¿Te diviertes? – le murmuró sin haberse separado apenas de ella.
- Podría estar divirtiéndome más – contestó antes de mirarlo, dejando sus dedos sobre uno de las trabillas.
- ¿Ya te han entrado ganas de irte? – posando sus manos en su cintura de nuevo, se aseguró de colarlas entre los pliegues del vestido.
- Podría ser – sonrió ligeramente de medio lado.
Sonriendo a su vez volvió a inclinarse hacia ella para poder dedicarle un beso, no demasiado largo, pero, sin duda, uno que quizás no habría hecho en público de estar en Tokio. Separándose de ella buscó la mano que estaba todavía jugando con su cinturón, entrelazando sus dedos con los de ella.
- Nos vamos – sin esperar más confirmación, tiró de ella para salir de entre la gente.
AnnaBolena04: sigo viva, por el momento, pero no prometo demasiado hoy.
Si es que Mimi parece que ha sabido concentrar la atención de cierto rubio en un solo punto. Eso sí que es focalizar a alguien y lo demás son tonterías jajaja Y la pelirroja mala lo sabe perfectamente y seguro que le está haciendo pagar por la jugarreta de la piscina, que ya debe de saber los gustos de su querido marido y debe de haberla muy poco a la cara en toda la cena.
A ver qué tal se portan los señores tortuga de ahora en adelante, que parece que han vuelto diez años atrás porque la cosa empiezan a tenerla complicada. ¡Besitos de tortuguita para ti y abanícame a la tortuga que no queremos que no nos llegue a Tokio de vuelta!
Epic Crystal Night: ¡Hola! Jajajajaja ¿verdad? Dí tú que estos dos si los hubiera llevado de vacaciones antes de casarse estoy completamente segura de que serían exactamente iguales que estando de luna de miel. Es la excusa que se han buscado ellos dos para irse de vacaciones por ahí jajajaja El fin de semana ha sido demasiado para mi gusto, pero nunca viene mal para descansar un poquito. ¡Un beso de tortuguita para ti! Y ánimo con la semana.
Guest vecina: la trastada de Mimi ha sido ponerlo en apuros con más gente delante jajaja Si hubiera sido algo de uso más privado seguro que habría sido hacerles un favor, así, al menos, estresada a Yamato un rato porque seguro que tiene más que fichada a su amiga y sabe que se lo va a poner tan ricamente jajajaja Yo prometo que los escandalizamientos de Yagami tienen su fundamento y que sabremos más explicaciones cuando vuelvan a Tokio.
Si, soy mala y te dejo así sin saber lo que he estado escribiendo todo el fin de semana y que si no me caigo encima del pc con la cabeza a morirme un rato pretendo seguir escribiendo jajajaja Puedes mirarme mal todo lo que quieras, te dejo. Jajajaja pobrecita, mira con eso siempre he tenido mucha suerte y tengo bastante buena ubicación gracias a la memoria visual que tengo. Eso sí, no me preguntes el nombre de una calle, porque vamos muy fastidiadas "La calle donde está el mercadona que tirando hacia abajo llegas al Zara", así me muevo yo por el mundo.
¡Bicos para ti y abanicos para la tartaruga! Veremos cómo acaban estos dos recién casados cofcofcof
