Habiendo dejado atrás el lugar y la gente, volvían caminando tranquilamente hacia la villa. Aunque pareciera que de repente les habían entrado las prisas, el camino de vuelta lo estaban haciendo con paso lento, disfrutando de la noche que se había quedado. En vez de volver por las calles de la ciudad se habían alejado caminando por la playa, la cual llegaba prácticamente hacia el comienzo del pequeño camino que subía hacia la villa.
Escuchando una ligera risa por lo bajo, Sora giró la cabeza hacia Yamato, alzando la cabeza para ver que sí, que efectivamente se estaba riendo.
- ¿Qué pasa? – le preguntó curiosa.
- Pues… estaba acordándome de cosas.
- ¿Y se puede saber de qué te puedes estar acordando tú para ir riéndote solo por el camino?
- Pues de que más o menos hace un año por estas fechas volvimos los dos ligeramente pasados por agua de un paseo nocturno por la playa – giró la cabeza para observarla.
Frunció el ceño, quedándose pensativa con lo que había dicho, buscando el contexto de sus palabras, no tardando demasiado en sonreír ella también. Todos los recuerdos que guardaba de esos cuatro meses que habían pasado ellos dos solos era bastante sencillo que le sacaran una sonrisa de ese tipo, pero especialmente el que acababa de recordar él más.
- Bueno, eso fue por culpa de alguien que debería de tener mejores habilidades ya que puestamente ha estado por planetas que nadie más ha pisado.
- Ya te lo he dicho, mis habilidades no son en contra de pelirrojas con dudosas intenciones hacia mi persona – no pudo evitar reírse.
- Ya… ya… díselo a otra que te crea.
- ¿Y por qué iba a querer decirle yo nada a otra? ¿Eh?
Girándose hacia ella detuvo sus pasos, dándole un tironcito al no haberla soltado de la mano, para que volviera a su lado.
- Mañana por la mañana recuérdame que yo mismo le mande a Mimi un mensaje diciendo que su regalo nos ha gustado mucho – le dijo antes de inclinarse, dejando su frente apoyada sobre la de ella.
- ¿Nos?
- Nos – sonrió, llevando la mano hacia su mejilla, acariciándola con suavidad.
Sonrió, mordiéndose el labio a su vez, terminando por buscar su mirada con la suya, dejando sus ojos canela fijos en los él. Tuvo que ampliar su sonrisa al notar un ligero cosquilleo en el estómago, dándose cuenta rápidamente de que no tenía nada que ver con lo que hubiera podido cenar, sino que la culpa de aquello era toda de aquel que la acompañaba.
- ¿Quieres volver a la villa? – le preguntó al cabo de unos segundos.
- ¿Por qué? ¿Te apetece dar un paseo? Yo no tengo prisa así que si… - cortó su frase al darse cuenta de la forma en la que lo estaba mirando.
Arqueó una ceja, curioso, antes de ver cómo se estiraba, posiblemente poniéndose de puntillas para alcanzar sus labios, ahora que no había nadie más que ellos dos allí. Ahora que absolutamente nadie podía molestarlos. Dejó escapar el aire que había podido coger al verla acercarse, sin retirar la mano de su mejilla en un principio, arrastrándola hacia su nuca, antes de dejarla profundizar el beso, dejándola llevarlo más allá y tomar el control de la situación.
Se apartó mínimamente de él, cerrando los ojos, intentando poner en orden sus ideas antes de decidir que no, no tenía intención de esperar a llegar a la habitación. Posiblemente fuera que no estaba acostumbrada a beber, aunque apenas hubieran sido un par de copas, o el juego que se había traído con él toda la noche, pero no se lo pensó más. Posó sus manos en el abdomen de él, sin subirlas más, antes de empujarlo para que retrocediera.
Dejándose empujar por ella, caminó unos pasos de espaldas hasta darse cuenta de que habían quedado algo más resguardados, tras un saliente de una de las rocas de la zona. Sonrió sin poder evitarlo, bajando la vista hacia las manos de ella, dándose cuenta que no quería perder el tiempo y que sus dedos se habían cerrado sobre la tela de su camisa, tirando de ella hacia arriba para sacarla de dentro del pantalón.
- ¿Segura? – le preguntó apenas en un murmullo.
- Completamente – asintió, subiendo ahora las manos, acariciando todo el camino hacia su cuello-. ¿Tú?
- ¿A mí me lo vas a preguntar? – riéndose ante la propia pregunta, llevó sus dedos desde el cuello de ella hacia uno de los tirantes del vestido-. Ya sabes cuál es la respuesta, siempre que sea contigo nunca me va a importar el dónde – dicho aquello, empujó la tela, dejando que se deslizara por el final del hombro de Sora.
Sonriendo como respuesta a sus palabras, empezó a deshacer los botones de la camisa azul que tanto le había llamado la atención antes, abriéndola con algo de prisa, que empezaba a hacerse notar. Se limitó a deshacerse de ella en cuanto hubo desabrochado todos los botones, dejándola caer sobre una roca cercana. Automáticamente le echó los brazos al cuello, quedándose así pegada a él buscando sus labios.
Rodeándola con los brazos, dejó que sus manos se perdieran por sus curvas, terminando por dejarlas más allá del final de la espalda, apretándola así contra él, tan solo unos segundos antes de tirar de la falda del vestido hacia arriba con la intención de que, al levantarla contra él, pudiera rodearlo con las piernas.
Adivinando sus intenciones, fue exactamente lo que hizo, sujetándose mejor a él con los brazos y no separándose del beso hasta que notó como su espalda quedaba apoyada contra la pared de roca tras la que habían desaparecido. Hizo fuerza con sus piernas para poder tener algo más de libertad con los brazos, acariciando la espalda de él empezando a besar su cuello.
Pudiendo notar como afianzaba mejor un brazo bajo ella, la sostuvo de esa forma, llevando el otro de nuevo a los tirantes, no teniendo muchos miramientos en aquella ocasión para bajarlos tal y como llevaba queriendo hacer toda la noche. El propio peso de los mismos hizo que, una vez que quedaran fuera de su sitio, se deslizaran hacia abajo, dejando a su esposa descubierta de cintura hacia arriba.
No bajó la vista hacia ella, sino que se pegó, disfrutando del contacto de su cuerpo con el de ella, de como parecía que cada una de sus curvas se adaptaba para encajar a la perfección con él. Sonrió ante ese pensamiento antes de levantar la mirada hacia ella, besando ahora él sus labios, deslizándose hacia su cuello, empezando a recorrerlo con ansia. Hizo más presión contra la pared, notando como se revolvía de forma muy estudiada para que pudiera notar el movimiento de su cadera contra la suya.
- Sora – dijo con la voz algo más ronca de lo habitual, obteniendo una sonrisa divertida a modo de respuesta, pudiendo ver en la mirada de ella las mismas ganas que en la de él.
La posó en el suelo dejado así que tuviera más libertad de movimiento, dándose cuenta de que aprovechaba para sacar del todo los brazos del vestido, no perdiendo tiempo antes de buscar el cierre del cinturón, abriéndolo sin problemas, haciendo lo mismo con los pantalones. No estaban en su habitación y no quería juegos de ningún tipo ahora, simplemente lo necesitaba cuanto antes. Ayudándola con sus acciones, terminó de desabrochar el pantalón.
- Siéntate – le dijo indicándole la arena húmeda en la que estaban obedeciendo, dejándola llevar el control de la situación.
Sonriendo al darse cuenta de ello, esperó a que lo hiciera quedándose observándolo unos segundos, aprovechando para repasarlo con la mirada antes de reclamar su atención. Dejó que viera como muy lentamente se terminaba de quitar el vestido, notando instantáneamente sus manos recorriendo una de sus piernas, acariciándola antes de incorporarse, quedando así sentado. Comenzó a besar la línea de la cadera que dejaba como guía la única prenda que le quedaba puesta a la chica, acariciando cada vez más arriba con sus manos, llegando hasta el borde de ésta antes de comenzar a retirársela.
Estudiando de nuevo sus movimientos, aprovechando que la noche era clara y tenían buena visibilidad a pesar de todo, sacó una pierna primero y luego la otra antes de comenzar a arrodillarse, con una pierna a cada lado de él, quedándose suspendida a escasa distancia, aún de esa forma.
- No es justo – habló antes de empezar a descender de nuevo, buscando guiarse mejor con su propia mano-. Contigo acabo haciendo cosas que jamás me imaginaría que haría – sonrió, pero tan solo unos segundos, teniendo que cerrar los ojos al sentir que había tomado la postura correcta sobre él.
No le respondió, únicamente posó las manos en sus caderas tras acariciar con cuidado su vientre, notando como hacía ella lo mismo por todo su pecho, llegando a dejar las manos posadas sobre su abdomen terminando así de acomodarse sobre él. Clavando su mirada en la suya, comenzó a moverse, apenas gradualmente, dejándose llevar antes de que pudiera darse cuenta por la situación, notando las prisas finalmente tomando el control.
Se inclinó hacia adelante, dejando las manos sobre la arena, apoyadas por encima de sus hombros, cambiando así el punto de apoyo para continuar moviéndose, dándose cuenta de que gracias a esa nueva posición los labios de Yamato comenzaron a recorrer su piel, buscando las zonas más sensibles del cuerpo de ella que quedaban a su alcance. No quiso perder el control sobre sus propias sensaciones y que fuera él quien tuviera que terminar lo que ella habría empezado, manteniendo sus movimientos hasta que tuvo que volver a ponerse más recta, evitando asi que pudiera cogerla para girar y cambiar las tornas.
De nuevo, desde ese nuevo ángulo, se dedicó a observar la cara de él, viendo cómo había acabado por cerrar los ojos y echar la cabeza hacia atrás simplemente dejándose hacer, dejándola controlar la situación. No tardó en sentir como cerraba sus manos con fuerza en torno a sus muñecas, sujetándola de esa forma para que no se moviera, dándose cuenta de un ligero temblor en sus brazos.
Sonrió, sin poder evitarlo, inclinándose hacia delante nuevamente, quedándose ahora totalmente apoyada sobre su cuerpo, acercándose a su rostro para besar su mejilla.
- Te quiero – susurró en su oído dándole unos segundos para recuperar el aliento.
Abriendo los ojos lentamente, la observó tan de cerca, levantando el cuello para alcanzar así sus labios, dejando su frente contra la de ella. Soltó su agarre sobre sus muñecas, intentando todavía recuperar el control cobre su respiración, subiendo sus manos por los brazos de ella hasta dejarlos en su espalda, acariciándola con sumo cuidado.
- No sé yo qué diría mi querida suegra si se enterara de las actividades de las que me acusa su hija de obligarla a hacer – murmuró sin poder evitar una ligera sonrisa.
- ¿A día de hoy? – no se molestó en levantarse para mirarlo, quedándose en la misma posición-. Mejor no te digo lo primero que nos diría ahora mismo…
No necesitó tampoco darle aclaraciones. Se imaginaba perfectamente lo que podría decirle, más o menos lo mismo que su padre. Pero prefirió simplemente continuar acariciando la final piel de la espalda de la pelirroja, terminando de calmarse.
- ¿Y ahora cómo se supone que vamos a volver hasta la villa?
- Uff… no lo sé, pero yo me he quedado muy a gusto aquí ahora mismo – le dijo ella, totalmente relajada sobre él.
- ¿Y cómo hacemos si aparece alguien? – bromeó, pinchando ligeramente entre sus costillas con los dedos.
- Pues puede empezar a morirse de envidia si quiere porque yo soy la que se ha casado con el amor de su vida tras llevar años dando vueltas… Y no pienso moverme de aquí en un buen rato – girando apenas la cabeza, dejó un pequeño beso en su hombro.
Yamato se quedó ligeramente sorprendido con las palabras de ella, no esperándolas en aquel momento, pero no pudiendo más que sonreír antes de hacer el esfuerzo de girar, teniendo cuidado de no hacer movimientos bruscos. En el momento en el que la espalda de ella quedó apoyada de nuevo sobre la arena, se apoyó sobre sus codos, para retirar de encima de Sora parte de su peso.
- ¿Puedo tenerte envidia yo también? – le dijo sonriendo divertido.
- Tú tienes mi permiso – sonrió a su vez, aprovechando para empezar a jugar con sus dedos con su cabello, revuelto. Echó la cabeza ligeramente hacia atrás al sentir cómo dejaba un pequeño beso en su cuello.
- Algo digno de tener que envidiar debes de tener – no levantó demasiado el tono, empezando a entretenerse de nuevo en cubrir la sensible piel de antes con sus labios.
- ¿Y eso por qué? A ver… - entrecerró los ojos, empezando a revolverse para acomodar mejor su postura bajo él. Cuando había dicho que no tenía prisa por volver a la villa lo había dicho totalmente en serio.
- Porque para ser la única mujer a la que he querido en toda mi vida seguro que algo diferente tienes que tener – sin darle tiempo de poder decirle nada, besó a la pelirroja, no dejándola contestar.
- Paciencia para poder llegar hasta aquí – intentó sonar poco seria, bromear incluso, pero sus propios gestos la traicionaron, delatándose con la mirada que le lanzó al escuchar esas palabras.
Dándose cuenta de ello, sonrió, acercándose para dejar un pequeño beso en la punta de su nariz antes de aprovechar que estaba distraída por lo que acababa de escuchar, aprovechando ahora comenzar a recorrer su cuerpo con los labios. Tampoco tenía prisa por volver a la villa.
Estaba muy bien en el lugar en el que estaba.
AnnaBolena04: ¿cómo va la tortuga? ¿Se nos ha muerto ya por culpa de las travesuras de la Sra. Ishida? ¿Sí? Tú abanícala por si acaso, que la pobrecilla tiene que llegar a conocer a la pobre tortuguita, que estaría muy feo que no nos llegara de una pieza después de tanto tiempo.
No sé, el día que escribí esto debía de tener los niveles de azúcar igual de altos que los de los sofocos, pero bueno, al final ha quedado un buen contraste con lo que estos dos estaban haciendo un año atrás. De hecho, me ha gustado meterme por estos temas para contrastar y ver cómo ha ido evolucionando la relación que tienen encontrándose en la misma situación.
Así que brindis por los señores tortuga... Y ya sabes con lo que brindo yo. ¡Besitos de tortuguita!
Guest vecina: ¿qué decías de que Sora se había soltado la melena? Jajajaja este capítulo está hecho con toda esa intención, de ver cómo ha cambiado tanto la relación entre ellos como el comportamiento de ella de una escena parecida un año atrás a esta. Lo de que estén fuera de Japón para poder comportarse así también es un punto de vista diferente.
Obviamente que la intención de Mimi, a sabiendas de que no iba a ser capaz de tener confirmación alguna, seguro que se queda con sus propias conclusiones sabiendo que al menos ha conseguido que se les suban los colores. Yo creo que si no sabe más es porque es cómo es y es demasiado bruta así que no consigue grandes avances por parte de Sora. Ahora que igual le mandan una postal de la playa a modo de agradecimiento y que ella saque sus propias conclusiones pues... podría ser.
Puedes decirle a las tartarugas que sigan en su modo, porque si antes tenían poca decencia... Ahora... menos mal que debe de ser casi una playa privada a juego con la villa. ¡Abanícalas bien! Bicos para ti y para las tartarugas.
