Yamato abrió los ojos muy lentamente, viendo únicamente un resplandor anaranjado frente a él. Sonriendo automáticamente, movió sus brazos con intención de acercar más a él a la dueña de aquel cabello, notando como se dejaba completamente.
- Buenos días – murmuró ella en apenas un susurro.
- Buenos días – respondió antes de dejar un beso en su frente.
Sintió que se revolvía hasta quedar girada hacia él, todavía con los ojos entreabiertos. La noche anterior habían llegado a la villa casi cuando amanecía. La pereza había podido con ellos y al final, lo único que los había hecho volver había sido la marea que amenazaba con subir demasiado. Ni siquiera se habían molestado en cambiarse, habiendo vuelto ella usando la camisa de Yamato a modo de vestimenta, aquel habia sido su pijama para dormir. Podría llegar a convertirse en uno de sus pijamas favoritos desde ese momento. Sonrió ante esa idea, abriendo los ojos para observarlo, ahora cara a cara.
- Creo que acabo de decidir que me gusta más como me queda tu camisa a mí que a ti.
- ¿No me digas? Creo que hemos vuelto a ponernos de acuerdo… ¿Y qué me quieres decir con eso?
- Que me la pienso quedar yo – sonrió de la forma más inocente que pudo.
- ¿Y con qué permiso? – rodeando con las manos su cintura, no podía estar más de acuerdo con las conclusiones de su esposa -. ¿Qué hora es?
- No tengo ni idea… - murmuró-. Pero creo que me da un poco igual hoy… No pretenderás ir a correr, ¿verdad?
- No, hoy no – negó con la cabeza antes de alargar la mano buscando su teléfono para poder ver la hora-. Hoy tengo cosas mucho mejores que hacer en la cama por la mañana.
No diciendo aquel comentario con segundas intenciones, ella tampoco lo entendió como tal. Comprobando la hora, estuvo a punto de volver a dejar el teléfono sobre la mesita, dándose cuenta de que tenía una notificación. Frunció el ceño, bajando ligeramente la pantalla para poder ver que era un correo electrónico de su cuñada.
- ¿Hikari?
- ¿Qué pasa con Hikari? – preguntó Sora levantando la cabeza finalmente.
- Que tengo un correo de ella… - entrando en él, no tardó en aparecer una sonrisa delatadora en su rostro.
- ¿Pasa algo? ¿No se le habrá adelantado el niño, no?
- No… No precisamente. Además, ya me habría llamado Takeru histérico o venido a buscar hasta aquí si hacía falta- negó con la cabeza antes de dejarle ver el asunto a la vez que lo leía en voz alta-. Fotografías.
- ¿Fotografías? ¿Ya?
- Eso parece – asintió antes de girarse y dejar el aparato en la mesa-. Creo que ya tenemos el mejor de los planes para hoy.
- Soy toda oídos – le dijo, dándose cuenta de que quería levantarse, dejándolo hacerlo y quedándose mirándolo con la cabeza apoyada sobre su codo.
- Por el momento nos voy a traer el desayuno y luego, ya que me he traído la tableta creo que podemos pasarnos toda la mañana entretenidos en la cama hasta que se nos acabe la batería, ¿qué te parece?
Sonriendo sin poder evitarlo, asintió simplemente con un gesto de la cabeza. Por cosas así, como el simple hecho de haber salido de la cama para ir a por el desayuno, no podía evitar pensar en lo mucho que lo adoraba. Su propio gesto la delató, notando como se volvía a acercar a ella para dejarla con un beso en los labios antes de irse en busca de la comida que había dicho.
Se revolvió, apoderándose de la cama en su totalidad al echarse en medio, aprovechando que se había quedado sola. Poco a poco, empezó a despejarse, recordando más claramente la noche anterior, notando como el rubor se iba apoderando de sus mejillas cada vez más al darse cuenta de que, quizás, sí que le había afectado algo más de la cuenta lo poco que había llegado a beber.
Se mordió el labio, quedándose pensativa, con una mezcla de pensamientos en su cabeza, decidiendo que, realmente, prefería quedarse con que había sido una noche digna del recuerdo, por vergüenza que pudiera darle haberse lanzado de una forma tan directa y sin tan siquiera haber llegado a casa a por Yamato. Colocándose algo mejor la camisa, se incorporó, quedándose apoyada en los cojines a la espera del desayuno.
- ¿Qué te pasa? – le preguntó nada más verla.
- ¿Por qué?
- Porque estás casi del mismo color que tu pelo – le dijo antes de posar la bandeja que había traído con él en la cama, no demasiado lejos de ella-. ¿Algún recuerdo viniendo a tu cabeza? – sonrió divertido de medio lado sin poder evitarlo.
- Cállate… - le murmuró antes de alargar la mano y coger automáticamente su desayuno favorito desde que habían llegado a la isla, su cuenco con fruta y yogur.
Riéndose al darse cuenta de que sus mejillas se habían puesto algo más encendidas, se sentó con cuidado de no tirar nada inclinándose lo justo para besar su mejilla.
- No creo que haya nada por lo que ponerse roja, más bien todo lo contrario. Dudo mucho que se me olvide la noche pasada en lo que me queda de existencia – se acomodó, dejando la espalda apoyada sobre las sábanas-. ¿O me dirás que hay algún motivo por el que tenga que darte vergüenza?
- ¿Quieres callarte? – enrojeciendo aún más, se llevó una cuchada a los labios.
Dejando el tema, volviendo a reírse, hizo lo mismo que ella, alargando la mano para coger algo de comida. Se había levantado con hambre, seguramente porque fuera mucho más tarde de la hora a la que solía desayunar él.
- ¿Vas a querer ir a algún sitio hoy o nos quedamos haciendo el vago? – le preguntó dejándola esquivar el tema.
- No lo sé, por ahora yo creo que podemos quedarnos en casa… ¿Tenemos con qué hacer la comida?
- Yo creo que sí y sino podemos pedir algo.
- Perfecto… porque la verdad, a este paso voy a volver más cansada de las vacaciones de lo que llegué – cogiendo una cucharada, distraída mientras que hablaba arrugó ligeramente la nariz ante sus palabras.
- Pues ya está – quedándose mirando el gesto de ella, sonriendo sin poder evitarlo-. También estaba pensando que podemos acercarnos a alguna de las ciudades para verla e incluso cumplir con la serie de amenazas de recuerdos que nos han amenazado para traer.
- ¿A eso te dedicas cuando me quedo dormida al sol?
- Más o menos – se encogió de hombros, riéndose antes de dar otro mordisco.
- Me parece bien. Además, así puedo aprovechar para mirar algunas tiendas y… - arrugó el ceño.
- ¿Qué pasa?
- ¿Dónde…? – levantó la vista hacia la habitación, echando un vistazo generalizado en redondo.
- ¿Qué buscas?
- ¿Dónde está mi vestido?
No contestó, únicamente se limitó a reírse por lo bajo volviendo a dar otro mordisco como si no tuviera nada que ver con aquello. Realmente, él tampoco tenía idea de dónde podía estar, lo último que recordaba de él era haberlo visto desaparecer y, sin duda, desde ese momento poco le había importado dónde había acabado.
- No sé, te lo habrá robado alguna tortuga en la playa, yo que tú mejor no me dedicaba a comprobarlo… Eso te pasa por ser tan descuidada… ¡Ay! – protestó sin poder aguantarse más la risa ante el manotazo que recibió.
Horas más tarde, habiendo decidido finalmente quedarse en casa, Sora se había tumbado al sol tras haberse dado un baño en la piscina, aprovechando para que los rayos la secaran. No les iba a hacer mal pasarse un día tranquilo en la villa.
Ladeó la cabeza, observando cómo no demasiado lejos de ella, solo que a la sombra, Yamato se había sentado de nuevo con la tableta, echándole un vistazo de nuevo a las imágenes que ya habían visto, y seguramente terminando de ver las otras carpetas que Hikari les había mandado. Habían podido ver las de la carpeta principal, en la que prácticamente solo salían ellos dos, pero, sin duda, su cuñada se lo había pasado bien a lo largo de toda la ceremonia y recepción posteriores.
- ¿Se puede saber de qué te estás riendo? – le dijo divertida al verlo.
- Yo quiero una copia en grande esta foto para ponerla en el salón, que lo sepas – le dijo antes de levantarse y acercarse hacia ella, dejándole el objeto, colocándose para darle sombra.
- A ver… - alargando la mano para cogerla, nada más enfocar la pantalla, pudo entender el motivo de la risa de él, teniendo que unirse-. ¡Pobre Taichi! No seas malo… Tendrías que habernos visto a los dos antes de bajar cuando vino a verme… Menudo par – sonriendo de oreja a oreja sin poder evitarlo se quedó mirando hacia la imagen de su amigo, con Daigo en brazos y cara de estar intentando aparentar seriedad mientras que a su lado, Koemi le tendía un pañuelo-. No le he llamado todavía y me pidió que cuando tuviera un rato lo hiciera – murmuró pensativa.
- Pues aprovecha, que no tenemos mucha pinta de acabar saliendo de aquí hoy – le dijo asintiendo a lo que acababa de decir, siguiéndola con la mirada cuando la vio levantarse-. ¿Dónde vas?
- A por el teléfono, no me lo he traído…
- Te lo podía haber traído yo…
- Tú no te quedes demasiado tiempo al sol que luego tengo que pasarme media hora echándote crema y no eres capaz a coger postura de noche para dormir – pudo escuchar como le decía a medida que se iba alejando hacia el interior de la casa.
Haciendo una pequeña mueca, a sabiendas de que tenía toda la razón del mundo, retrocedió unos pasos, volviendo a quedarse a la sombra. Cuando volvieran iba a parecer que habían estado de vacaciones en lugares diferentes, pero ya había hecho la prueba los primeros días y los resultados no habían sido demasiado buenos para su blanca piel.
Con resignación, volvió hacia donde había estado sentado, no demasiado lejos de la piscina, pasando las fotografías mientras que caminaba. Se detuvo en una de ellas en la que salía su hermano con una cara de circunstancia que no tenía precio, y, a su lado, Michel prácticamente con la misma expresión. No pudo evitar recordar las palabras de Mai sobre la genética familiar. Entretenido con lo que estaba viendo fue a pasar a la siguiente, dándose cuenta de un detalle justo en el último momento, volviendo atrás.
- ¿Qué…? – murmuró antes de fijar la vista en un punto en concreto de la imagen.
Si su hermano y su abuelo tenían esa cara era porque tenían la vista fija en un punto en concreto de la sala. Entre toda la gente, se podían ver un par de siluetas más que familiares, bailando tranquilamente. Aunque quizás mucho más cerca de lo que deberían de estar dos personas que en aquellos momentos estaban más que divorciados y con vidas totalmente separadas.
Arrugó el ceño, acercando algo más la pantalla, ampliando aquella zona para poder estudiar mejor lo que estaba viendo, y, especialmente la cara que tenía puesta su padre, ya que a Natsuko no lograba verla.
- No puede... ser… - confuso todavía continuó con la vista fija en la pantalla.
Sora volvió a asomarse desde el interior de la casa, con el teléfono en la mano, buscando el número de teléfono de su amigo en la lista, esperando no pillarlo en mal momento o durmiendo al no estar demasiado segura de la hora que podía ser en Tokio.
- ¿Tanto me echabas de menos? – contestó por fin la voz de su amigo.
- Es que acaba de mandarme tu hermana las fotos y te acabamos ver adorablemente lloriqueando con Daigo en brazos.
- Será traidora… Le dije que las mías las borrara – gruñó al otro lado del teléfono.
- ¿Cómo las va a borrar? Que sepas que tu querido amigo dice que la ampliemos y la pongamos en grande en el sa…
- ¿En dónde?
No obtuvo respuesta. Mientras que hablaba con él, se había ido acercando hasta la cristalera del salón, siguiendo entretenida los movimientos de Yamato desde allí, dándose cuenta de lo distraído que iba. Lo que no esperaba llegar a ver era cómo, por ir mirando hacia dónde no debía, acababa pisando donde no debía, perdiendo el equilibrio y caía en la piscina.
Lo siguiente que puso escuchar Taichi fueron las risas de la pelirroja, que no se molestó ni en disimularlas, viendo cómo empeoraban en el momento en que el rubio se dio cuenta de que lo había visto caerse.
- ¿Se puede saber qué pasa?
- Nada… Aquí, el comandante que ha estado dos veces en Marte… que se acaba de caer a la piscina por ir mirando para las fotos atontado – le costó terminar aquella frase intentando hablar y reír a la vez.
AnnaBolena04: bueno, ya sabemos que los Ishida tienen mucho peligro en las playas. Ahora parece ser que la que lleva más ventana sobre estos temas es la pelirroja, eso, o por lo que parece a la mañana siguiente, a la pobrecita le afecta más de lo que aparenta tomarse algo. El año pasado ella sola se moría de la vergüenza de tan siquiera pensar en la idea y ahora solo quiere esconderse un poco debajo de las sábanas a la mañana siguiente jajaja
Si al final cuando se tengan que ir de vacaciones a alguna parte van a irse a Grecia solo por volver a hacerle una visita a la playa en cuestión. Eso o les da por ir a buscarse una playa nueva con tortugas que conocer.
¡Besitos de tortuguita!
Epic Crystal Night: je, lo sé. Es una de esas nos morimos todos del subidón de azúcar, tú tranquila. Yo la primera, porque da igual lo que haga que estos dos acaban tirando por la vía más azucarosa que encuentran, aunque venga de hacer el indecente en la playa un rato. Para compensar, en este capítulos ya los tenemos un poco menos empalagosos y más entretenidos en meterse el uno con la otra.
¡Un beso!
Gues Vecina: je, ¿qué tal están las tortugas? ¿Para ir a darse un bañito en el Atlántico? Están de luna de miel, si ya les dio por la playa una vez, pues esta vez era bastante predecible por dónde me iba a ir con ellos dos. El contraste importante era dejar ver que era ella la que llevaba la voz cantante. Obviamente que es todo intencionado para contrastar, pero, aparte, para dejar claro que a la pobre mujer lo que le hacía falta era una buen descanso y desconectar del día a día para dejar ver su cara más ¿divertida?
Y sí, él lo mismo. Ya lo he dicho alguna vez, pero esta tercera parte quise meterme más con él y con sus fb y demás para ir dejando clara la evolución del personaje y cómo ha ido cambiando incluso dentro de la propia historia. Sin ir más lejos que soy completamente incapaz de cabrearlo haga lo que haga jajajajaja Eso y que sí, ahora mismo es capaz de decir las cosas sin tener que esconderse una semana para ello. Y eso, sin duda, les ha venido muy bien, porque antes se tenían más miedo que vergüenza.
Hoy te dejo con un capítulo más cenutrio entre ellos dos haciendo de perfectos adultos funcionales. A ver si las tartarugas se reponen un poquito, ¡bicos para ti y para las tartarugas!
