Sonrió sin poder evitarlo observando como Yamato estaba completamente distraído revolviendo en la cocina. Habían pasado todo el día en la capital y el cansancio había acabado haciendo mella en ellos, haciendo que volvieran a casa para la cena, empeñándose él en encargarse de ella mientras que la pelirroja se había quedado sentada aprovechando los últimos rayos del sol.
Se había quedado apoyada en la puerta de la terraza, observándolo desde allí, atenta a sus movimientos, perdida en sus propios pensamientos. Le encantaba verlo totalmente distraído en la cocina, olvidándose de todo lo demás. Se terminó de dar cuenta de que había terminado estudiando no solo lo que hacía en la cocina, sino los movimientos de él, como si realmente nunca lo hubiera visto hacer aquello.
Amplió algo más su sonrisa, terminando por acercarse hasta él, rodeándolo con los brazos por la cintura, estirándose para dejar un beso en la parte más baja de su cuello, donde llegaba sin problemas, al haberse descalzado al llegar a casa. Girando la cabeza hacia ella, la observó unos segundos, dejando lo que estaba haciendo para posar una mano en torno a las de ella.
- ¿Ya te has aburrido de estar fuera?
- Me tienes demasiado mal acostumbrada y me aburro sin tenerte rondando cerca – aunque lo hizo sonar a broma, hablaba totalmente en serio, era plenamente consciente de ello. Se había dado cuenta tiempo atrás cuando se había tenido que ir durante cinco largos meses.
- Menos mal que parece ser mutuo – le dijo dibujando una ligera sonrisa.
- ¿Qué haces de cena?
- Algo de pasta… Es lo que tenemos por la nevera, vamos a tener que volver a bajar a hacer la compra un día de estos. ¿O te apetece otra cosa?
- No, eso está bien – soltándolo por fin, se colocó a su lado-. ¿Quieres que te ayude con algo?
Negando con la cabeza a modo de respuesta, se limitó a hacer un ligero ruido para confirmar sus gestos.
- Si quieres puedes ir preparando la mesa – le indicó.
- ¿Fuera?
- ¿Quieres cenar fuera?
- No sé, ¿no te me vas a quemar si te da la luz del atardecer o de la noche? – divertida, se alejó ligeramente de él, riéndose.
Se giró lo justo hacia ella para verla alejarse de él, riéndose, hacia uno de los armarios sacando así algunas cosas para llevárselas con ella hacia la mesa que había fuera.
- Huye, cobardica, huye – le dijo dejando la vista posada en la pelirroja hasta que se perdió de nuevo en el exterior.
Devolviendo su atención a lo que estaba cocinando, no se molestó tan siquiera en disimular la sonrisa que había conseguido que se le dibujara en la cara. En situaciones como aquella no podía evitar pensar lo mucho que había cambiado toda su vida en general desde hacía unos años. Las cosas no podían ser más diferentes.
Muchos consideraban el accidente como el punto de inflexión en su vida, ahora que era algo de dominio público entre sus amigos más cercanos. Pero no, no había sido eso. Lo que realmente lo había hecho cambiar su forma de ver las cosas había sido volver a su casa en Tanegashima y hacerlo completamente solo sin que hubiera nadie para esperarlo. Que nadie hubiera estado a su lado en el hospital o que hubiera ido a recogerlo. Ahora sabía que las cosas no habían sido exactamente como él las había visto, pero igualmente, le habían abierto los ojos. Le habían hecho ver que nadie más que él tenía la culpa de aquello.
2015
Estaba sentado en la cama, con la vista fija en la ventana, sin nada mejor qué hacer. No demasiado lejos de él, Gabumon estaba mirando hacia la televisión. Había despertado hacía un par de días y lo único que había visto era una sucesión de médicos y miembros de la JAXA pasar por delante de sus ojos. Algunos con pruebas para comprobar que todo estuviera bien, otros con interrogatorios a ver qué era lo que recordaba y si podía localizar el problema.
Solo habían conseguido ponerlo de peor humor del que ya estaba. No lo habían dejado ver al resto del equipo tampoco, únicamente a su digimon. Giró la cabeza para dejar la mirada fija en él, observándolo unos segundos en silencio… Silencio que se vio interrumpido por unas voces más altas de la cuenta.
La isla era pequeña y el hospital de la misma, especialmente, las dependencias de la agencia espacial, eran acordes a ella. No había plantas separadas, simplemente diferentes salas. Podía escucharse perfectamente todo.
- He dicho que no me pienso ir sin verla – una pausa-. ¡No! No me pienso ir. Llevo días escuchando excusas y no pienso irme sin haberla visto y sin haber comprobado que Mai está perfectamente.
Yamato frunció el ceño, pareciéndole reconocer la voz. Prestó más atención, viendo que la conversación continuaba en la misma línea, terminando por reconocer aquella voz. Era Arata, el marido de Mai. Y por lo que estaba diciendo, no le pensaban permitir el paso.
- Señor, por favor, le hemos dicho que cuanto tengamos autorización de los superiores le informaremos y podrá…
- No – cortó -. Llevo días sin saber de ella. Lo único que se me ha dicho ha sido la pero excusa del mundo. Por un fallo de comunicaciones no se ingresa días en el hospital a un equipo entero. Quiero verla. Y si se me tiene que escapar delante de cualquiera de los de la prensa que no se terminan de creer esa patética excusa que habéis puesto si no me dejáis verla de una vez…
- Espere aquí un momento, yo no tengo autorización para dejarlo pasar – acabó por escuchar como decía una de las voces de fuera-. Solo un momento.
Silencio de nuevo. Aquella conversación había llamado mucho la atención de Yamato, quien conocía desde hacía mucho tiempo al marido de Mai y era una de las personas más tranquilas que había podido conocer en toda su vida. Posiblemente aquella fuera la primera vez en toda su vida que hubiera escuchando una palabra más alta que otra saliendo de su boca. Y no podía negar que no tuviera toda la razón.
- ¿Dónde vas? – le preguntó Gabumon al verlo ponerse en pie.
- Solo quiero estirar un poco las piernas – le contestó, buscando acercarse a la puerta.
- Ten cuidado no te vayas a marear otra vez.
- Estoy bien, tú quédate viendo la televisión que se te da muy bien – negando ligeramente con la cabeza, terminó por asomarse ligeramente, buscando con la mirada caras conocidas.
Las voces habían sonado lo suficientemente cerca como para que no fueran en ese mismo pasillo, pudiendo ver a la pareja de su amiga en el pasillo. Sin duda no tenía cara de estar pasando por un buen momento, se notaba el nerviosismo en el que estaba inmerso y el cansancio se podía adivinar sin mucha dificultad en su rostro. Posiblemente llevara sin haber pegado ojo desde que se había dado cuenta de que no iban dejar a su mujer volver a casa con tanta facilidad.
No tardó en ver cómo la expresión de su cara cambiaba totalmente dejando la vista fija en un punto del pasillo algo más allá de dónde el rubio se encontraba. No le hizo falta mirar hacia el otro lado para adivinar que se había salido con la suya y que lo habían dejado ver a la piloto, tardando apenas unos segundos en verla pasar rápidamente hacia él.
Recordaba muy pocos momentos en su vida en los que realmente había sentido envidia por alguien y ese, sin duda, había sido uno de ellos. Podía cerrar los ojos y visualizar perfectamente la escena que había podido presenciar, y lo que había sentido en ese momento en el que se había dado cuenta de que absolutamente nadie iba a aparecer allí por él.
Giró al cabeza casi sin darse cuenta hacia la ventana que dejaba ver los movimientos de la pelirroja al otro lado de la terraza, distraída totalmente preparando las cosas. En cierto modo, agradecía haber mantenido las distancias con ella en aquella época. Ahora podía verlo todo desde otra perspectiva y, sin duda alguna, prefería no haberla visto en aquella situación. Sabía por Haru que aunque las cosas estuvieran cómo estaban por aquel entonces entre ellos dos, no había tenido tampoco la mejor de las reacciones.
Negando ligeramente ante sus propios pensamientos se volvió a centrar en la cena, terminando de prepararlo, disimulando cualquier pensamiento que hubiera podido pasar por su cabeza al sentir los pasos de Sora ahora acercándose hasta la nevera en busca de más cosas.
- ¿Ya está la mesa? – le preguntó.
- Más o menos… ¿Y la cena?
- Lista, ahora la llevo. Vete yendo a sentarte.
Asintió a lo que le dijo, saliendo hacia la terraza de nuevo con la bebida, yendo a dejarla. En la mesa había dejado el paquetito en el que había guardado la pulserita. Era una tontería, pero no había podido evitar ilusionarse ante la idea de dejársela a la vista para sorprenderlo. Dejando las últimas cosas terminó por tomar asiento, esperando por Yamato.
2015
Mai se puso la bata por encima de los hombros, aprovechando que tenía más libertad de movimiento dentro del hospital, para salir de su habitación y acercarse hasta la de Yamato. Horas más tarde, ese día les darían el alta.
- ¿Se puede o tus morros están ocupando todo el espacio? – asomó la cabeza, viéndolo sentado en la cama con Gabumon a su lado.
- ¿Qué haces aquí? – preguntó mirándola.
- Venir a verte – entró, cerrando tras ella-. ¿Qué tal estás?
- Bien – se encogió de hombros-. ¿Y tú? Tienes buena cara, aunque supongo que será por la visita que por fin te dejaron tener ayer.
- Vaya… ¿has estado espiándome? – negó con la cabeza-. Precisamente de eso venía a hablarte…
- ¿De qué? ¿De que te han dejado ver a tu marido? ¿Qué tiene que ver eso conmigo?
Observándolo, se acercó hasta Gabumon, cogiéndolo en brazos para poder sentarse donde él había estado sentado, dejándolo sobre sus rodillas.
- ¿Ha venido alguien a verte, Yamato? – preguntó totalmente seria, esperando una respuesta que nunca obtuvo-. ¿Y te parece normal?
- ¿Cómo que si me parece normal?
- Los más cercanos saben que no fue un fallo de comunicaciones, sino ya habríamos vuelto a casa… ¿No te da rabia que nadie haya venido a verte?
- ¿Perdona? – giró la cabeza hacia la piloto, observándola sorprendido por sus palabras.
- Lo que has oído. ¿No te da rabia estar aquí solo sin haber tenido ni una sola visita por culpa de que tú solito te has aislado del resto del universo? – no lo dejó contestar-. ¿Quién te espera en casa?
- ¿Y eso qué te importa? – no pudo evitar ponerse a la defensiva.
- Yamato – negó con la cabeza-. No puedes seguir así. No te mereces seguir así. Sigo sin saber a qué narices viene este… castigo autoimpuesto en el que llevas metido años, pero estás solo. Y tú no te mereces eso. Nadie se lo merece pero tú… Tú no has hecho nunca nada para acabar así…
La miró, girando la cabeza muy lentamente hacia ella, cambiando poco a poco la expresión de su rostro. Entendía sus palabras y las compartía, pero no sabía qué más decir. Se encogió de hombros de nuevo.
- Supongo que alejarme de todos voluntariamente está surtiendo efecto ahora…
- ¿Y no piensas hacer nada al respecto?
- No lo sé, Mai… Tengo que replantearme muchas cosas.
- ¿Cómo que ya es hora de que dejes de alejarte de los tuyos? Ese sería un buen pensamiento inicial… Por el momento… ¿dónde vas a ir cuando te dejen salir del hospital?
- A mi casa, ¿a dónde voy a ir?
- Ni siquiera tienes comida en la nevera… - negó con la cabeza.
- Bueno, ya iré a la compra. ¿Qué pasa? ¿También vienes a echarme la bronca por eso?
- No, borde. Venía a decirte que he hablado con Arata y que te puedes quedar con nosotros en casa unos días hasta que termines de organizarte.
La observó sin saber tan siquiera qué decirle.
- ¿Puedo quedarme yo también? – la voz de Gabumon los distrajo a ambos haciendo que lo observaran.
- Tú puedes quedarte conmigo todo el tiempo que quieras – lo abrazó algo mejor-. Al igual que el cascarrabias de tu compañero pero… tú especialmente todo lo que quieras – sonrió al digimon-. A fin de cuentas, si los dos estamos aquí es gracias a ti…
Terminó girando la cabeza hacia Yamato, observándolo unos segundos. Realmente parecía más extraño de lo que recordaba haberlo visto. Como si algo estuviera rondando la cabeza del chico. El ofrecimiento de que se quedara con ellos era algo que había hecho totalmente de forma sincera. No podía dejarlo volver a casa solo sin tan siquiera qué hacerse de cena, no después de lo que había pasado.
- Voy a volverme a casa – dijo de repente.
- ¿A casa?
- Sí, a mi casa, aquí, en la isla.
- No… Ni hablar. Yamato, tú no puedes volver a casa en estas condiciones…
- Mai, déjalo. Necesito estar solo y pensar.
- ¿Pensar? ¿Qué narices tienes que pensar? ¿Y no puedes pensar en mi casa?
Negó con la cabeza de nuevo dando por terminada así la conversación. Realmente necesitaba estar solo y pensar en lo que tenía que pensar.
Llegando hasta la mesa, llevando con él la comida, entrecerró los ojos al salir al exterior, adaptándose a la cantidad de luz que había fuera, acercándose hasta la pelirroja por fin para dejar la comida en la mesa. Una vez lo hubo hecho se inclinó hacia ella para darle un beso en la mejilla.
- ¿Y eso? – le dijo al recibir el beso.
Le sonrió sin más a modo de respuesta antes de acercarse a tomar asiento en el otro lugar en el que ella había dejado cubiertos, dándose cuenta entonces de que había algo más sobre la mesa. Mirando hacia Sora interrogante, la vio encogerse de hombros.
- Lo vi y me gustó… Tú estabas entretenido con las paranoias de tu hermano para enterarte de lo que hacía.
Observando unos segundo más a la chica, bajó la vista hacia la pequeña bolsita que había encima de la mesa, cogiéndolo entre las manos para ver lo que había en su interior, encontrándose la pulsera y reconociendo rápidamente lo que había llamado la atención de Sora en la tienda.
- Supongo que me lo tomé como una señal de que había acertado secuestrándote al mejor destino de todos – sonrió, fijándose en la expresión de él.
- Gracias – murmuró, sonriendo abiertamente, dándose cuenta de que no lo estaba diciendo únicamente por aquel detalle, sino por todo lo que llevaba pasando en su cabeza desde hacía un buen rato.
Rápidamente le tendió la mano para que fuera ella la que le pusiera la pulsera, observando cada uno de los movimientos de ella, sin poder ser capaz de quitarle la vista de encima. Retuvo la mano de ella cuando terminó de abrocharle el cierre, sujetándola unos segundos.
- De verdad… Muchas gracias – sonó mucho más serio de lo que quizás debiera hacerlo.
- Es solo una tontería – acarició con los dedos que podía mover lo de él.
No aclaró realmente lo que le pasaba por su mente, simplemente amplió algo más su sonrisa. Aquella vez, prefería guardarse en el verdadero significado de sus palabras, eran temas que no tenía demasiada gana de sacar en voz alta, ni siquiera con Sora. No al menos en aquel momento.
- Venga, vamos a cenar que luego se enfría y hay protestas porque no te cuido como se nota – desvió la atención de sus propios pensamientos.
AnnaBolena04: que seeeepas que me he dignado a levantarme de la cama solo para ir a por el pc y arrastrarme de vuelta a la cama porque pienso pasarme durmiendo hasta mañana en cuanto me entre el sueño, que vaya semanita que llevo T_T
Es la cara menos profesional y tranquila de los dos. Tanto que parece que se han olvidado de todo lo demás y están únicamente centrados en pasarlo bien, disfrutar y relajarse los días que tienen. Que el resto del mundo espere por ellos, que salvo para reírse de Takeru, no piensan conectar con la realidad. Y ahora, pues para contrastar todavía más, seguimos ahondando en una etapa del rubio un poquito complicada que no puede ser más complicada...
¡Besitos para la tortuguita y para ti!
Ace Cornell: jajajaja yo ahí no me meto todavía más allá de si son paranoias o no de Takeru... Ni confirmo ni desmiento nada de nada jajajajaja Ya veremos cómo acaba evolucionando la cosa con ellos dos y si Takeru y el Grad-Père no acaban tirándose de todo el pelo que les queda en la cabeza del estres que la conspiración que hay en contra de ellos les provoca.
Habrá que esperar para saber algo más... ¡Un beso!
Guest Vecina: es como una persona totalmente diferente, si hasta como dice el rubio, ¡tiene hambre! Ha pegado casi más cambio radical ella que él, porque Yamato a la primera historia llegó con muy poca confianza en que pudiera salir todo bien y daba cada paso con miedo, pero más o menos empezaba a ir todo en la misma línea. A ella le ha hecho falta explotar a un par de semanas de la boda.
Jajjajajajaja La señorita de arriba del todo y yo mantenemos la teoría de que es todo una escusa para que le eche aftersun y cremita a cualquier hora del día jajajaja La venganza se la merece del todo Takeru. Además, es que si pica es porque quiere, porque de todas las personas, la que nunca jamás se metería en nada de todo eso sería precisamente Sora, de manera que no tiene sentido que sea ella la que lo emparanoie más... Y respecto a Hiroaki y Natsuko... ellos sabrán lo que hacen e_e
Normal, normal que las sacaras. Yo salí del curro y estaba diluviando... contando que cuando entré hacía sol, te podrás imaginar lo empapada que llegué a casa. Así que pon a las tartarugas a cubierto que tiene mala pinta la noche... Es finde, pero yo trabajo, así que... vamos a dejarlo en que queda menos para el puente jajajaaja ¡Un bico enoooorme!
