Hiciera lo que hiciera, le era completamente imposible no despertarse más o menos a la misma hora que siempre lo hacía. Poco a poco, Yamato, abrió los ojos lentamente, dándose cuenta de que el motivo de se hubiera despertado, aparte de la hora, había sido la ligera luz que se colaba por las rendijas de la ventana.
Se giró, decidiendo que aquel día no tenía ni la más mínima intención de ir a correr. Una vez que le dio la espalda a la luz que se colaba por la ventana, se quedó mirando hacia aquella que dormía a su lado. Sonrió ligeramente al observaba, quedándose girando hacia ella, apoyado en uno de sus codos.
La noche anterior se habían ido a dormir tras recoger todo lo de la cena, decidiendo que ese día aprovecharían para acercarse a conocer otras zonas de la isla que aún no habían visitado. Tenían todavía tiempo. Él, por su parte, no había podido terminar de alejar los pensamientos que habían rondando en su cabeza sobre los últimos días que había pasado antes de volver a Tokio y en lo sumamente diferente que eran las cosas.
Gran parte de la culpa de que todo aquello fuera así la tenía la mujer que dormía a su lado tranquilamente. Ella había sido la pieza clave que había terminado por traerlo de vuelta en todos los sentidos, y seguramente, ella misma hubiera sido la que más motivos de todos tendría para haberlo alejado.
Giró la cabeza hacia dónde había dejado su teléfono, mirando la hora, se dio cuenta de que no era tan temprano como podría haberle parecido, volviendo a dejarlo sobre la mesita. Quizás ya fuera hora de despertar a la pelirroja para poder dedicarse a todo lo que habían hablado. Se acercó hacia ella, sin hacer movimientos buscos para no asustarla, quedándose quieto al cruzarse una idea mejor en su cabeza. Fijó la mirada en ella unos segundos más, pensando en ello, acabando por sonreír de medio lado sin poder evitarlo.
Sin duda esa idea le gustaba mucho más.
Se acercó algo más a ella antes de pasar con lentitud su mano en torno a su cintura, muy lentamente, atrayéndola hacia él y, terminando por posarla sobre las sábanas al otro lado para poder usarla como punto de apoyo. Tras comprobar que seguía completamente dormida se inclinó, acercándose hacia ella, rozando ligeramente su mejilla con la nariz, muy suavemente, buscando así acercarse hasta la comisura de sus labios, dejando así un corto beso que únicamente consiguió que se revolviera mínimamente.
Sonrió sin poder evitarlo, repitiendo sus gestos, solo que ahora siguiendo la línea de la mandíbula de ella con sus labios hasta llegar a su oído, escondido entre el pelo.
- Buenos días – le murmuró sin apenas alzar el tono antes de acercarse algo más, pudiendo así dejar de necesitar apoyarse con la mano en el colchón, empezando a acariciar el brazo de ella muy lentamente.
Emitiendo un ligero ruido, como si quisiera decir algo pero aún estuviera demasiado dormida como para poder hacerlo, se revolvió algo más. Empezó entonces a recorrer con sus labios el cuello de Sora, casi sin rozarla, notando que sí que parecía reaccionar a aquello, sonriendo entre medias. Movió su mano de sitio, dejando en paz su brazo para bajando por la cintura de ella, aprovechando para colarse por debajo de la camiseta del pijama que llevaba.
Ese gesto sí que hizo que entreabriera los ojos, especialmente al ser el camino que estaba llevando la mano de él de ascenso bajo la tela. Todavía desorientada, fue dando señales poco a poco de estar despierta, girando la cabeza muy lentamente hacia él, encontrándose rápidamente con sus labios, los cuales buscaron terminar de despejarla con un beso. Limitándose a seguirlo únicamente al principio, poco a poco fue despejando sus propias ideas, abriendo los ojos cuando se separó de él.
- Buenos días – sonrió a medio camino antes de morderse el labio, dejando su brazo en torno al cuello de Yamato, aún sin haberse terminado de girar del todo.
No respondió, simplemente se limitó a sonreírle de esa forma tan característica suya antes aprovechar para recorrer la piel de su esposa bajo el pijama sin que nada pudiera impedírselo. Dándole algo de espacio para que pudiera girarse hacia él, aprovechó para colocarse mejor, pero sin dejar su peso sobre ella. Sin darle tiempo a mucho más, volvió a llevar sus besos a su cuello, dándose cuenta de como rápidamente echaba la cabeza hacia atrás, dejándole libre acceso, y aprovechando para rodearlo con sus piernas, pasando sus manos por sus hombros descubiertos, ya completamente despierta.
No pudiendo evitar que no tendría demasiado problema con despertarse de esa forma cualquier otro día de su vida, sonrió al notar cómo Yamato arrastraba hacia arriba su pijama, colaborando al incorporarse ligeramente para dejarlo quitárselo antes de volver a hacer fuerza para dejarla echada de nuevo, aprovechando para recorrer ahora su cuerpo completamente.
Soltando aire de forma lenta, se limitó a dejarlo hacer, jugando con sus dedos en su cabello, siendo al único lugar al que alcanzaba debido a la situación, acabando por dejar escapar de entre sus labios un ligero ruido al notar algo más de intensidad de los movimientos de él. No tardando en repetir sus mismas acciones de nuevo en el otro lado.
- ¿Y cómo pretendes que me ponga yo en bikini si me dejas marca? – se las arregló para poder decir antes de mirarlo divertida.
- No creo yo que tu compañía de estos días vaya a tener queja alguna – contestó sin poder evitar reírse antes de volver a dedicarle toda su atención al pecho de ella. había descubierto con el tiempo que era una zona bastante sensible y como ella misma no tardó en confirmar, no tenía que esforzarse demasiado para verla disfrutar.
No vio venir un repentino movimiento de ella, consiguiendo que ambos se ladearan, aprovechando entonces para, sin darle tiempo a reaccionar, colar su mano por el interior de la ropa de él, Dándose cuenta rápidamente de que no necesitaba mucha ayuda por su parte para estar listo para lo que estaban haciendo. Sonriendo de forma cómplice sin poder evitarlo, levantó la cabeza hacia la de él para besarlo antes de tomar el control de la situación ella ahora.
Al separarse del beso, el rubio dejó al frente apoyada sobre la de ella, quedándose quieto, dejándola hacer, hasta que lo empujó ligeramente con la mano que tenía libre para cambiar las tornas y que fuera su espalda la que quedara apoyada sobre la cama. Apenas se tomó unos segundos para dejar lo que estaba haciendo, volviendo a sacar la mano del pijama de él, aprovechando entonces para retirar todo lo que le estorbara, ayudándolo a dejarlo caer en el suelo justo con el resto de sábanas que pudieran estorbar.
Sonrió, aprovechando para observarlo detenidamente unos segundos antes de volver a lo que estaba haciendo, siendo ella ahora la que, además, empezara a dejar besos en el cuello de él, poco a poco, bajando hacia el resto de su cuerpo, sonriendo divertida al llegar a uno de sus pectorales, cruzándose una idea por su cabeza y aprovechándose de que no estaba demasiado centrado, a causa de sus otras actividades.
Repitiendo los gestos de su marido de antes, hizo algo más de fuerza con sus labios, asegurándose así el dejar una marca más o menos a juego con las de ella, intentando no empezar a reírse, buscando el otro.
- ¿Y yo cómo se supone que voy a poder ponerme el bikini? – acabó por ser capaz de decirle al darse cuenta de lo que había hecho, intentando copiar sus palabras de antes.
- Creo que eso lo discutimos el otro día en la piscina – sonrió abiertamente antes de continuar, ahora sin intención de dejar marcas, por su torso.
Cuando llegó al final se incorporó ligeramente, sin hacer movimientos bruscos, teniendo cuidado antes de dejar lo que estaba haciendo, finalmente, llevando ahora sus dos manos al pantalón corto que aún no se había quitado, arrastrando con él su ropa interior, dejándola caer fuera de la cama. No le dio oportunidad de poder moverse, manteniendo ella la posición de ventaja al acomodarse, sobre él, aún sin hacer nada más.
En esa misma posición lo dejó incorporarse, quedando sentado, rodeándola con los brazos con fuerza. Aprovechó el momento para dejar que la pegara a él, arrastrándose de tal forma que consiguió que ambos entrecerraran los ojos a causa del contacto, volviendo a repetir la acción antes de que cerrara del tono sus brazos en torno a ella, sonriendo al escuchar un jadeo escaparse de los labios de él.
Fue a decirle algo, pero no pudo llegar a hacerlo, recibiendo un beso, quedando completamente pegada a él, sin poder revolverse, quedando atrapada entre sus brazos. Aprovechó para echarle los brazos al cuello, Cuando se separó, lo hizo asegurándose de morder el ligeramente el labio del rubio, haciendo algo de fuerza cuando lo soltó, para que la dejara revolverse, pudiendo, por fin, tomar la posición perfecta, clavando su mirada canela en la azul de Yamato, antes de comenzar a moverse.
Primero sus movimientos fueron lentos, prácticamente adaptándose a la posición, hasta que fue ganando algo de fluidez. Posando las manos en los hombros del chico, lo empujó hacia abajo, quedándose con las manos sobre sus abdominales, intentando no dejar de observarlo en todo momento, acabando por tener que cerrar los ojos.
Notó como posaba sus manos en su cadera, subiéndolas hacia arriba, aprovechando hasta donde era capaz de alcanzar, dejándolas sobre el pecho de ella, intentando acariciarla, acabando por masajearlos, provocando que volviera a observarlo, notando el deseo en su mirada, estando a punto de sonreírle a modo de respuesta, pero no pudiendo hacerlo al tener que ser él quien echara la cabeza hacia atrás, no pudiendo aguantar más la situación.
Sonrió ella al darse cuenta, buscando sus manos con las suyas, antes de aprovecharse de la situación para entrelazar los dedos de ambos y así poder hacer fuerza y quedar inclinada hacia él, dejándolo a su vez sin poder mover los brazos. No se detuvo, no al menos hasta que fue su propio cuerpo quien la hizo perder el control sobre lo que hacía, perdiendo la fuerza empezando a temblarle los brazos, dejándose caer sobre Yamato.
Abrazándola, sin dejarla apartarse, notó como temblorosa, parecía necesitar unos segundos para poder moverse siquiera. Acarició con sumo cuidado su espalda, lentamente, subiendo hasta su cabello para retirárselo del rostro antes de besar su frente con cariño. Cuando la sintió retirarse con cuidado, dejó que se moviera con libertad, esperando que se acomodara a su lado.
- ¿Estás bien? – le preguntó, observándola.
- No podría estar mejor – le contestó sonriendo levemente, llevando la mano a su brazo, acariciándolo muy lentamente-. Yo no sé cómo me las arreglé los meses que estuviste fuera del planeta para no volverme loca…
- ¿Por qué? – hizo por atraerla, dejando que lo usara como apoyo, al dejar sus brazos sobre su pecho y la cabeza apoyada sobre ellos.
- Porque has conseguido que te necesite demasiado a mi lado como para poder pasar tanto tiempo sin ti – confesó, bajando la mirada.
Llevó la mano a su rostro, reteniendo aquellas palabras en su mente, posándola en su mejilla y haciendo así que volviera a mirarlo.
- ¿Y te crees que yo no? Sora, hubiera dejado todo de lado si me lo hubieras pedido directamente. No me hacía falta estar fuera del planeta para darme cuenta de eso – movió sus dedos, acariciándola con cuidado-. Creo que nunca llegamos a hablar del día que me lo dijiste sin querer, cuando estábamos en Londres.
- Porque no quiero volver a saber de nada de lo que pasó en esa ciudad aquella vez – negó con la cabeza, girándola lo justo para poder dejar un beso sobre la mano de él.
- Me dijiste lo que llevaba queriendo escuchar durante meses – explicó -. Pero… pasó lo que pasó y sé que yo también reaccioné muy mal, pero cuando te escuché decirme aquello no sabes hasta qué punto quería oírtelo decir,
- Sabes de sobra que no te lo dije queriendo… Obviamente que te necesitaba a mi lado, pero nunca te habría pedido que…
- Ya – la cortó-. Ya lo sé. Pero yo quería que lo hicieras, llevaba meses odiando al mundo porque no sabía cómo hacer para mejorar la situación que teníamos. Con el anillo escondido en casa y sin ser tan siquiera capaz de pasar una semana en Tokio contigo seguida.
- Olvídate de eso, ¿quieres? – le dijo, estirándose para darle un beso, ahora en los labios-. Ahora lo único que nos tiene que interesar a los dos es el futuro. Nuestro futuro. Teníamos algún que otro trato si no me equivoco… Quizás sea momento de empezar a pensar en todo lo relacionado con nuestra nueva situación.
Sonrió automáticamente ante la mención del acuerdo, sabiendo todas las posibles implicaciones que sus palabras podían tener. Asintió ligeramente a lo que le decía.
- Cuando volvamos a Tokio ya tendremos tiempo de planificar lo que haya que planificar – le dijo.
- ¿Tiempo para volver a la realidad? – la pelirroja se rió por lo bajo sin poder evitarlo.
- ¿A la realidad? Tendremos menos playa, pero a mí me parece que no necesitamos venirnos a Grecia para poder hacer esto…
La hizo girar al incorporarse ligeramente, ya había tenido tiempo suficiente para recuperar el aliento. Él era quien la había despertado, no iba a dejar que hubiera sido ella quien hubiera hecho todo el trabajo. Tenían todo el tiempo del mundo aquella mañana.
AnnaBolena04: Ay, ay, estos señores tortuga que hasta recién levantados se ponen mimosos e intentan dejar claro que están de luna de miel.
El rubio cabezota no pudo aprender la lección de una forma más drástica. De hecho, echar la vista hacia atrás como en el capítulo anterior, debe de provocar que le entren ganas de ir a darse cabezazos en alguna esquina por lo mal que lo estuvo haciendo todos aquellos años habiéndose alejado de todo el mundo voluntariamente. Pero, por suerte, todo eso ha quedado en el pasado y mira qué bien que le va ahora. Ahora, cuando dentro de un tiempo eché la memoria atrás, pues se acordará de cosas como la de este capítulo y seguro que la reacción es mucho mejor.
¡Un besito para ti y un abanico para la tortuga!
Guest Vecina: pues normal que sacaras a las tartarugas de la playa, sí, sí, vaya día de perros que hace hoy también. Si estoy con la luz encendida ya desde la hora de comer, que apenas veía el plato que tenía delante de lo negro que se puso todo.
Fue terapia de choque, no hay más explicación. Primero vio desde primera fila al pobrecito marido de Mai intentando que lo dejaran verla y él ahí, de morros con Gabumon a su lado pero sin nadie más. Y luego el llegar a casa y que solo lo fueran a recibir las arañas, pues mira, fue cruel, pero no le pudo venir mejor. Hiroaki tenía que estar muy seguro de que iba a funcionar, porque dejar al rubio solo en esas condiciones seguro que no le hizo mucha gracia. Ahora claro, cuando le sonó el teléfono un par de días más tarde y era él diciendo que volvía a casa seguro que se le escapó una sonrisa Ishida TM.
Sí, la pobrecilla no se dio cuenta de lo que le estaban diciendo, pero bueno, déjala, ya le ha tocado su dosis de escuchar cosas más directamente en este capítulo, no creo que tenga mucha queja, no jajaja.
Pssse... al menos me libro de las clases de la semana que viene, así que tengo un horario más relajado, lo cual no me va a venir mal después de las semanas pasadas que fueron desesperantes. Algo es algo al menos, tú disfruta del fin de semana si el clima te deja, que no sé yo si estará muy por la labor.
No me abaniques mucho a las tartarugas, que está fresquete y así compensan ellas ya con la lectura. ¡Un bico enooorrme!
