- ¿Qué le pasa a Yamato? – preguntó la voz de Biyomon mientras que se asomaba por uno de los lados de Sora.
- ¿Por qué hemos vuelto tan pronto? – al otro lado de la pelirroja, Gabumon se quedó mirando hacia ella.
- Creo que tiene un buen catarrazo – comentó, observándolo distraída desde la cocina.
Hacía un rato que había vuelto a bajar con el pijama puesto, sin hacer demasiadas protestas, echándose en el sofá y lo único que habían podido saber de él era cada vez que lo escuchaban estornudar o toser.
- Vengo ahora, vigilad que no se me queme, por favor – les pidió, observándolo unos segundos más.
Salió hacia el vestidor, caminando hacia uno de los armarios bajos, abriéndolo para sacar de él una manta que había tenido guardada desde que habían empezado el verano, volviendo a salir con ella para echársela por encima al rubio.
- ¿Cómo estás? – le preguntó, echándosela por encima.
- Que conste que cuando antes decía que estaba bien era porque creía que lo estaba – protestó, moviéndose hacia un lado para dejarla sentarse.
- Ya te dije que no tenías muy buena cara – alargando la mano hacia él, la posó en su frente-. Ha llamado Taichi antes para preguntar, que lo sepas.
- ¿Para qué?
- Para ver si te habías muerto ya – negando con la cabeza, retiró su mano, aprovechando para echarle el cabello hacia atrás-. No parece que tengas fiebre, ¿tienes hambre?
- No mucha, la verdad – reconoció, quedándose pensativo al haber escuchado el motivo de la llamada del embajador-. Siento haberte fastidiado el plan de la tarde…
- No digas tonterías – negó con la cabeza-. Estoy haciendo algo de sopa para la cena, que te va a venir bien, si tienes hambre luego te tomas un poco, ¿de acuerdo? Quédate ahí echado o vete para la cama, luego te lo llevo yo.
Volviendo a levantarse, se acercó hasta dónde había dejado a los digimon, no queriendo dejar la comida desatendida.
Al contrario que en otras ocasiones, no la siguió con la mirada, limitándose a quedarse echado, sin protestar tan siquiera por haber quedado confinado en el sofá con una manta. Era curioso lo rápido que estaba empeorando. Sin duda debía de ser un virus o frío que llevara días incubando porque no podía haberle afectado tan de repente.
No pudo evitar quedarse pensando en el hecho de que hubiera llamado Taichi simplemente para saber cómo estaba. No debería de parecerle extraño viniendo de él, pero sí que hacía acudir a su cabeza otras ocasiones que prefería dejar atrás. No podía evitar comparar la situación actual con el momento en el que había despertado en el hospital.
Gruñó, sin poder evitarlo, revolviéndose para quedar echado de medio lado, prefiriendo ignorar sus propios pensamientos alargando la mano para dejar puesta la televisión un rato y poder hacer algo de tiempo. No le gustaba que esos pensamientos volvieran a su cabeza, quería dejarlos atrás y centrarse en el presente. Ya bastante había podido darse cabezazos con todo aquello en su momento.
Cerró los ojos un momento, dejando un canal aleatorio, sin hacerle demasiado caso, no pudiendo tampoco concentrarse demasiado.
- Yamato – subiéndose de un salto al sofá, Gabumon se colocó al lado. Al ver que no contestaba, alargó una de sus patas, para golpearlo con ella en el brazo-. Yamato, ¿te has dormido? – repitiendo el gesto de antes, vio que abría los ojos poco a poco.
- ¿Eh? ¿Qué pasa? – totalmente desorientado, observó a su compañero-. ¿Qué hora es?
- Van a dar las diez de la noche – lo observó, curioso.
- ¿Las diez? Pero si solo he cerrado los ojos cinco minutos… - confuso, miró a su alrededor.
- Llevas durmiendo desde hace dos horas – acercándose hasta ellos, Sora dejó una bandejita encima de la mesa del salón-. Te he traído algo de cena, intenta comer algo, anda…
- ¿Tú has cenado ya? – preguntó sentándose con cuidado.
- Sí, no te quería despertar…
- Espera, que me levanto, no vaya a ser que se me caiga… - detuvo sus explicaciones cuando al vio negar con la cabeza.
- Quédate ahí, a no ser que me vayas a decir que te quieres ir a la cama…
- No, no… Si ya tengo miedo de tirar algo aquí – se sentó, a pesar de todo, dando un escalofrío.
- He bajado un momento a la farmacia también para traerte algo a ver si te corta ese catarro. Y no te preocupes, te he traído a la cena en una taza para que te sea más sencillo. Intenta comer algo aunque sea para tomarte el medicamento.
- Gracias – dijo alargando la mano para aceptar la taza que ella le tendía.
- Tienes los ojos muy brillantes… Cuando termines de cenar deberías de mirar si tienes fiebre – tomando asiento a su lado, se acomodó también en el sofá.
- No deberías de acercarte a mí, a ver si te voy a contagiar – dijo soplando ligeramente el líquido antes de dar un pequeño trago.
- ¿Está rico?
- Creo que no me sabe a nada… - tuvo que reconocer, revolviéndose para poder dejarse la manta por encima viendo cómo le entraba la risa, teniendo que estirar la mano en la que tenía la taza para dejársela a Sora, que estaba más cerca que la mesa, estornudando de nuevo.
- Anda que… vaya cómo te has puesto…
- Mi cabeza… – protestó, llevándose una mano a la frente, tras hacer el movimiento brusco del estornudo, cogiendo un pañuelo de los que también le había acercado en la bandeja.
- Termínate la cena para poder tomarte el medicamento y te metes en la cama mientras yo recojo.
- ¿No será mejor que me quede en la habitación de abajo?
- ¿Por qué iba a ser mejor? – devolviéndole la taza, lo observó interrogante.
- Porque te voy a contagiar… - volvió a dar otro sorbo.
- Yamato, déjate de tonterías – se acercó a él, dejando un beso en su mejilla, frunciendo el ceño-. Estás ardiendo… Si mañana por la mañana estás peor vamos al médico o le lloramos un poquito a Jou a ver si cuela… Avisado estás. Ahora venga, termínate la cena y vete directo para la cama.
Sonrió, sin poder evitarlo observándola. No se molestó en intentar negociar con ella nada de lo que había dicho, centrándose en terminarse el líquido de la taza, que incluso aunque fuera incapaz de notar sabores, el líquido caliente calmaba su garganta. Cualquier diría que en cuestión de unas horas iba a empeorar tanto su situación, pero, a pesar de todo, no podía evitar sentirse conmovido por el comportamiento que ella estaba teniendo con él.
- Si no puedes terminártelo da igual, no fuerces… - le dijo dándose cuenta de que daba sorbos muy pequeños.
Casi que con un gesto de disculpa, alargó el brazo para dejar la taza sobre la mesa, siendo incapaz de tomar nada más, haciendo lo que ella le había dicho antes, tomándose la medicación.
- Pues ahora a la cama, venga – observó como asentía y se ponía en pie, acercándose a recoger la bandeja-. Deja eso ahí, ya lo recojo yo todo luego. Tú métete en la cama ahora. Cuando acabe con todo subiré yo… Venga – le dijo poniéndose en pie ella a su vez, girándose hacia Gabumon-. ¿Subes con él?
Llevándose los pañuelos con él, subió a la habitación, agachándose en la parte baja de las escaleras al darse cuenta de que su compañero seguía sus pasos, sonriendo ligeramente antes de cogerlo en cuello y subirlo con él.
Lo posó encima de la cama, metiéndose él entre las sábanas lo antes posible dando un escalofrío. Sin duda Sora tenía razón y debía de tener fiebre. Alargó la mano para apagar la luz, notando el cansancio pasarle factura, girándose hacia el lado en el que se había echado su amigo.
- ¿A que son diferentes las cosas? – le dijo de repente el digimon.
- ¿Hm? – no esperado que le hablara siquiera se sorprendió.
- Quiero decir que las cosas son muy diferentes cuando te dejas querer y no te pones cascarrabias contra el resto del mundo porque te da la gana…
- Déjame en paz – comentó, intentando sonreír para dejar claro que no lo comentaba de malas, estornudando automáticamente después.
Recogiendo la bandeja de la mesa del salón, Sora caminó hacia la cocina, seguida de Biyomon. Dejando las cosas en la encimera para empezar a llevarlas a la pila de los platos, aprovechó para recogerlo todo. Era temprano para tener sueño y prefería dejar a Yamato descansar en la cama a su gusto.
- ¿Te vas a poner enferma tú también?
- ¿Yo? – mirando hacia el ave, se encogió de hombros-. A saber… pero bueno, por ahora vamos a intentar que Yamato deje de morírsenos por los rincones.
- ¿Y si te pones enferma puedes seguir intentando tener niño?
A Sora se le escapó lo que estaba fregando de entre las manos, mirando rápidamente que no se hubiera roto, rescatándolo del fondo de la pila.
- ¿Se puede saber a qué viene eso?
- A que os he escuchado hablar – reconoció bajando la cabeza antes de terminar dando un salto para subirse a la encima a su lado-. A mí me parece muy buena idea, pero si os ponéis enfermos no vais a poder.
- No digas tonterías – sin mirarla, notando como el color había subido a su cara con rapidez, intentó continuar con lo que estaba haciendo-. Eso no tiene nada que ver, Biyomon. Y no deberías de ser tan cotilla… - hizo el esfuerzo de mirarla y sonreírle para que no se lo tomara como si la estuviera regañando-. No digas ni media palabra del tema a nadie, ¿quieres?
- ¿Por qué?
- Ni mucho menos a mi madre, prométemelo – se puso seria repentinamente.
- Está bien, pero, ¿por qué?
- Porque no queremos que nadie esté pendiente del tema… Van a ponerse muy pesados, así que hasta que no sea algo oficial no quiero que se sepa nada.
- Entonces, ¿de verdad lo estáis buscando? – esperó a verla asentir-. ¿Y qué va a ser?
- Eso no se puede saber hasta que pasa un tiempo prudencial. Pero… a mí me da exactamente igual – sonrió, quedándose ligeramente distraída, pensando en que sí, realmente le daba lo mismo que fuera un niño o una niña. Cualquier opción iba a ser perfecta.
- Pues yo quiero que sea una niña – dijo totalmente convencida.
- ¿Ya se te ha pegado de Hiroaki?
- ¡No! ¡Pero yo quiero que sea como tú y así poder cuidarla!
No pudo llegar a responderle, únicamente ampliando aún más su sonrisa.
- Anda, venga déjate de tonterías, que quiero contestar unos correos electrónicos del trabajo y luego voy a ver si subo con Yamato a ver cómo está de la fiebre.
Habiendo terminado todo el trabajo pendiente y recogido todo por casa, subió hasta la habitación, teniendo mucho cuidado de no hacer ruido, acercándose hasta su armario para coger el pijama e irse con él al baño para no molestar a Yamato quien estaba durmiendo de nuevo.
Cuando volvió a salir completamente cambiada, se acercó hasta la cama, viendo a Gabumon sentado sobre las mantas, observándola.
- ¿Te he despertado? – le susurró por lo bajo no queriendo levantar más el tono.
- Ha estado temblando – indicó girándose hacia el rubio, provocando que ella arqueara las cejas-. Yo me voy a dormir abajo.
- ¿Te vas? – dijo acercándose hacia Yamato para poder comprobar que de verdad dormía, posándole con sumo cuidado la mano en la frente, notando que la temperatura había bajado-. No hace falta que te vayas, puedes quédate a dormir con nosotros si quieres.
Viendo como las palabras de ella provocaban que se le subieran los colores al tímido digimon, intentó que no la viera reírse, yéndose a su lado de la cama, preparando todo para meterse entre las mantas por fin. Por el rabillo del ojo pudo ver cómo se bajaba de la cama, pensando que quizás iba a irse, sorprendiéndose al volver a ver asomar el cuerno dorado de él al otro lado del rubio, quedándose echado ahí.
Sonrió ante ese gesto antes de terminar de echarse, apagando la luz tras ella y acomodándose para dormir, dejándole su espacio al chico, no por temor a que pudiera contagiarla sino porque no quería molestarlo si se giraba.
No pudo evitar que las palabras de su compañera volvieran a su mente, sonriendo de nuevo sin poder evitarlo. Realmente lo que le había dicho a Biyomon era totalmente cierto, ni siquiera había pensado en el tema. La única preocupación que había tenido desde que habían hablado seriamente del tema habían sido las indicaciones que le habían dado en el médico para saber cómo manejar bien la situación. Saber más o menos el tiempo que iban a tener que esperar antes de tener que empezar a estar más pendientes era lo único que le había importado, si era un niño o una niña… Iba a ser lo de menos.
Giró la cabeza hacia Yamato al darse cuenta de que se estaba moviendo, buscando su cercanía. Sonrió antes de facilitarle el trabajo, ladeándose hacia el lado correcto para dejarlo acomodarse a su lado. Cerrando los ojos, se limitó a intentar dormir.
AnnaBolena04: es que son los dos muy aplicados y ahora que quieren una nenita pues cualquier momento es válido para tenerla, claramente. No es por otra cosa... Que sean una pareja de recién casados que no tienen mucha costumbre de estarse quierecitos... Si para encima le sumas el verano, el calor, que andan a la cae... Pues seguro que andan llegando tarde a todo a todas horas a no ser que se vayan uno a cada esquina de la casa.
Se podrá quejar el rubio de lo bien que lo están tratando... Pobrecito, que está malito y le duele la cabeza y tiene fiebre. Así sin duda no va a poder ponerse a encargar nenitas, pero no pasa nada, puede tener una de sus sesiones de cabezazos mentales por todas sus tonterías del pasado.
Voy a ver si termino de calentarme yo si no quiero acabar como el rubio cabezota también, ¡un beso de tortuguita!
Guest Vecina: jajaajaja en días libres tenemos los horarios sincronizados. ¿Qué tal el lunes? ¿Has sobrevivido?
El rubio ese ha ido evolucionado desde su versión cascarrabias e insegura a una persona más o menos normal, así que ahora se comporta como una persona, más o menos, normal jajajaja Ronda a su pelirroja, se lanza puñales con el marido e intenta escaparse cuando Mimi se le cuelga del brazo queriendo saber cosas que él considera que no debería ni preguntar jajajajaja
Taichi es que quiere meterse con ellos, pero luego se da cuenta de que es territorio delicado y él solo sale corriendo jajajaja Mimi lo hace solo por tocarles narices porque son un par de picajosos bueno, básicamente.
Por el momento parece que el rubio malito se está comportando. Y yo he tenido que meterme en la cama hasta las orejas para no acabar igual que él porque menudo día digno del norte que hemos tenido, madre mía... ¿habéis estado muy mal por ahí? Porque yo he tenido que parar hasta a comprarme ropa de abrigo de lo que ha empeorado de repente el clima...
¡Abrígame a las tartarugas que se van a poner pachuchas! ¡Un bico enorrrme!
Natesgo: claro, la siguiente será que lo llamaron a él, asuntos muy serios de gorbierno que debían de ser atendidos con la mayor rapidez posible. Ahora andará por el mundo con la nariz rojita, que con lo blanco que es seguro que se le nota un montón. Entre eso y los ojos llorosos de la fiebre tiene que ser toda una bonita estampa, menos mal que tiene una buena enfermera en casa.¡Besitos!
Epic Crystal Night: claro que no, que ellos dos son muy aplicados en su nueva labor del día a día, así que tienen que aprovechar cualquier momento aunque haya que dejar a los demás esperando. Ahora veremos a ver si el rubio no sigue estornudando más que respirando jajajaja ¡Un beso!
