- No te preocupes, Mai. Tú no estás para subirte a un avión o meterte un viaje de no quiero ni recordar cuántas horas…
- Ya, pero es un asco de viaje y seguro que tienes mejores cosas qué hacer un fin de semana, Yamato.
- Que te he dicho que no, que voy yo. Además, mira, puedo usarlo como excusa para decirle a Sora que se venga conmigo y así pasamos el fin de semana fuera. En vez de que te den el día a ti que me lo den a mí y lo enlazo con un fin de semana y problema resuelto.
Cruzándose de brazos y apoyándose en la mesa, al lado de dónde él estaba apoyado también, acabó con ladear la cabeza para observarlo, dibujando una ligera sonrisa.
- Gracias…
- No seas tonta… Y además, ya te lo dije el otro día, deberías de ir pensando en cogerte la baja, Mai. Cualquier día nos vas a matar a todos del infarto y deberías de estar tranquilamente en casa…
- No empieces tú también como el pesado de Arata, avisado estás.
- No es ser pesado, es que es verdad, ¿y si te pasa algo por el camino?
- Bueno… ¿y por qué me iba a tener que pasar algo? Además, todavía me falta semana y algo para la fecha que me han dado más o menos. Calma… Estáis todos más paranoicos que yo, y… creo que la que se va a poner de parto soy yo.
- Cabezota como tú sola – negó con la cabeza.
- Claro, ¿sino cómo me iba a poder juntar contigo? – riéndose por lo bajo, observó cómo se ponía recto, caminando unos pasos-. ¿Te vas ya?
- Sí, de hecho ya acabé hace un rato, solo estaba matando el tiempo discutiendo contigo… Te veo mañana por la mañana. Venga Gabumon…
Sin esperar a que el digimon lo alcanzara, sabiendo que se iba a quedar unos segundos más esperando a recibir su sesión de mimos por parte de la piloto, echó a andar con paso lento hacia el pasillo, frenando en la puerta para girarse y decirle que acelerara.
Frunció el ceño automáticamente, observando cómo Mai todavía no se había incorporado, y que en vez de estar mimando al digimon estaba quieta.
- ¿Pasa algo?
- Creo que viene…
- ¿Que viene quién?
- Viene… ¡Viene! – usó las dos manos para intentar ponerse algo más cerca, apoyándose en la mesa.
Ladeó la cabeza, sin entender gran cosa los primeros segundos, reaccionando sin demasiada demora, poniendo cara de sorpresa antes de desandar el camino que había hecho rápidamente, colocándose a su lado.
- ¿Viene?
- ¿Qué te estoy diciendo? – haciendo una mueca, dejó consiguió incorporarse para poder mirarlo.
- ¿Qué hago? Dime, ¿qué hago? – intentando servirle de apoyo lo único que se llevó fue un manotazo.
- ¿Tú qué crees que vas a hacer? ¡Llama a alguien! ¡Venga! – contradiciendo sus propias palabras, cuando parecía que por fin iba a reaccionar Yamato, la mujer posó la mano en su brazo, reteniéndolo teniendo que usarlo de apoyo.
- Como no me sueltes no puedo ir a por el teléfono que lo tengo encima de la mesa… - pudo notar perfectamente cómo cerraba con fuerza sus dedos en torno a su brazo-. ¿Dónde está Arata?
- De viaje… - negó con la cabeza-. ¡Llama a alguien!
- ¡Si no me sueltas no puedo llamar!
Gabumon los miraba sin entender nada, fijando la vista primero en uno y luego en otra.
- ¿Se puede saber a qué os dedicáis vosotros dos? – la voz de Hideki provocó que rápidamente el digimon girase la cabeza.
- Viene – repitió lo que llevaba escuchando desde hacía unos segundos-. Yo no sé quién, pero alguien viene…
- ¿Viene? – posando la vista primero en Gabumon y luego en la escena de los otros dos, no pudo más que arqueas las cejas-. ¡Viene! – metió la mano en el bolsillo de su chaqueta, sacando rápidamente el teléfono siendo él quien llamara a emergencias.
- Ya está llamando él, tranqui…. ¡LA! – protestó sin poder evitarlo cuando sin darse cuenta, al volver a cerrar los dedos sobre su brazo, le clavó las uñas.
- Mira qué bien vendría la lima que te regalé… - intentó reírse, controlando su respiración, sin conseguirlo demasiado tiempo, volviendo a hacer presión sobre el brazo.
- No tienes remedio – le dijo antes de pasarle un brazo en torno a la cintura para ayudarla hasta llegar a la silla más cercana.
Sora estaba mirando el reloj, todavía sentada en el estudio, extrañada por la tardanza de Yamato. Podría haberse entretenido más de la cuenta en el trabajo o bien había pillado todo el tráfico de vuelta, pero no solía ser normal que no avisara.
- Qué raro… - murmuró provocando que Biyomon, quien se había quedado adormilada en una de las esquinas sobre unos cojines, levantara la cabeza.
- ¿Raro?
- Nada… creo que nos vamos a ir a casa, tú espera ahí un poco más – se levantó, acercándose hasta donde tenía sus pertenencias, sacando el teléfono de su bolso antes de marcar el número sin necesidad de tener que buscarlo entre los contactos-. Otra vez comunica… Qué cosa más rara. En fin, a saber… ¿qué te parece si lo vamos a esperar en casa?
Cuando caminaba por la calle, dando un paseo tranquilamente, no pudo evitar dar un respingo al empezar a sentir el teléfono vibrar de repente, como si acabaran de llegarle varios mensajes de golpe. Frunció el ceño, sacándolo del bolsillo de la chaqueta donde lo había dejado por si sonaba, viendo rápidamente quién los había mandado.
- Ya era hora… - murmuró antes de abrirlos y tener que frenar sus pasos.
Probablemente hubiera estado en algún lugar sin cobertura, porque lo que acababa de llegarle parecía ser un monólogo y le había llegado de golpe. No haciendo demasiado caso a aquello, se centró en el contenido, poniendo cara de sorpresa.
- ¿Qué pasa Sora?
- Están en el hospital… Han tenido que llevar a Mai porque se ha puesto de parto – sorprendida ante la noticia, reaccionó contestando a los mensajes de él, diciéndole que no se preocupara, que ella esperaba en casa.
- ¿Mai?
- Sí, se la han tenido que llevar al hospital porque ya va a tener a su niña y los ha pillado en el trabajo – explicó más detalladamente, guardando de nuevo el teléfono.
- ¿Quiénes se la han tenido que llevar?
- Pues… no lo sé, no lo ha puesto – encogiéndose de hombros, ya con las manos libres, se acercó para coger a la digimon y ser ella quien la llevara en brazos-. Me parece que nos toca cenar solas hoy, vete pensando qué te apetece por el camino que no sé cuándo nos van a devolver a los dos que nos faltan…
- Sora… - dijo su compañera al cabo de un rato caminando en silencio.
- Dime – sin bajar la vista hacia ella, continuó el camino.
- ¿Te has puesto triste porque vosotros dos no habéis tenido suerte todavía?
- ¡Claro que no! – siendo totalmente sincera, negó con la cabeza-. ¿Por qué dices eso?
- Porque la anterior vez sí que te pusiste triste…
- Bueno, pero… es diferente, ¿cómo me voy a poner triste porque ya venga la niña de Mai? No… y además, he decidido dejar de pensar en ello, cuando nos toque… nos tocó – y decía aquello totalmente convencida-. Así que venga, deja de pensar en tonterías y ponte a pensar qué vamos a cenar, porque recae en ti toda la responsabilidad que lo sepas…
El sonido de la puerta de casa no consiguió despertar a la pelirroja que se había quedado dormida en el sofá con el cuaderno de trabajo entre las manos todavía y Biyomon a uno de los lados. Incluso pasó desapercibida para los ojos del cansado Yamato que acababa de llegar después de haberse pasado unas cuantas horas en el hospital hasta que la familia y el marido de Mai había sido capaces de llegar hasta Tokio.
- ¿Tienes hambre? – le preguntó a Gabumon mientras que colgaba su chaqueta en el recibidor.
A modo de respuesta solamente tiró de sus pantalones para hacerlo girar la cabeza en dirección hacia el cabello pelirrojo que se podía ver desde allí en el sofá, haciéndole un gesto para que no hiciera ruido. Sorprendido, no pudo evitar sonreír por el comportamiento del digimon antes de asentir.
En cuanto dio unos pasos hacia la cocina pudo ver que Sora había dejado cena también para ellos. No tenía mucha hambre después de la noche que había tenido, pero sí que hizo por sacar un plato y dárselo a Gabumon para que él sí que pudiera cenar, viendo cómo rápidamente se iba hacia la habitación que usaba para dormir el digimon.
Negando con la cabeza divertido por sus acciones para no despertar a nadie, volvió a recogerlo todo antes de quedarse mirando hacia las que dormían tranquilamente ajenas a que ya tuvieran compañía. Se acercó, cogiendo de entre las manos de la pelirroja el cuaderno y dejándolo encima de la mesa, inclinándose hasta quedar a su altura, retirándole el cabello de la cara con suavidad, intentando despertarla sin asustarla.
No tardó en ver cómo abría los ojos poco a poco, no asimilando tener a nadie delante hasta varios parpadeos después.
- … ¿Ya has vuelto? – murmuró.
- Sí, el pobre de Arata ha conseguido llegar por fin, poco más y tienen que dejarlo a él ingresado también de lo nervioso que estaba - bromeó, observando como se desperezaba lentamente.
- ¿Qué tal ha ido todo?
- Creo que el peor parado he sido yo – levantó el brazo, dejando que viera las marcas que le había dejado la propia Mai cuando estaban en la sede de Chofu todavía-. Debía de tener envidia o algo.
Viendo cómo empezaba a reírse nada más posar la mirada sobre las heridas de guerra con las que había vuelto, acabó uniéndosele.
- Tranquilo, no me pondré celosa – acabó por decir.
- Mai está perfectamente y ahora ya se ha quedado a gusto con una miniella en este mundo, tranquila – explicó-. mañana si quieres podemos ir a verla, seguramente la dejen irse a casa pronto.
- Como para que no se hubiera venido ella también a Tokio, ¿eh? – sonrió finalmente-. Claro, mañana puedo pasarme a buscarte y vamos a verla.
- Menos mal que el otro día algo que llevarle y le compré, porque justo se puso de parto cuando estaba discutiendo – hizo un gesto de entrecomillado con los dedos – con ella porque debería de quedarse en casa tranquilamente ya que podía pasarle en cuenta momento.
- ¿Y te estaba mandando a paseo? – sonrió.
- Más o menos… - imitó el gesto de ella, apartándose al verla incorporarse.
- ¿Has cenado?
- He picado algo, tranquila. El que se ha fugado con la cena y a dormir es Gabumon.
Se puso en pie, dejándole su espacio para que ella pudiera hacer lo mismo, notándola cada vez más despierta.
- Por cierto… ¿Tienes planes para dentro de un par de semanas?
- ¿Por qué? – girándose hacia él, se quedó con su cuaderno entre las manos.
- Porque obviamente Mai no está en condiciones de ir a por unos papeles a la base del sur y le he dicho que podría ir yo… Y así aprovechamos nosotros dos a irnos un fin de semana fuera de la ciudad, ¿qué te parece?
- ¿Incluye visita guiada a alguna playa perdida? – aquel comentario lo hizo volviendo a girarse, caminando hacia la cocina por el lado contrario del sofá, esquivando así a Yamato y evitando que viera su cara en aquellos momentos.
- Todas las que tú quieras – sin poder, ni querer, esconder la sonrisa de medio lado que se dibujó en su cara se limitó a seguirla con la mirada.
AnnaBolena04: ¡que llega la minipiloto! Que vamos a tener una nueva nena en el grupo que seguro que llega riéndose ya del rubio ese que ha llegado a casa con heridas de guerra y no de las que le deja su querida pelirroja.
Parece que los señores tortuga quieren irse otra vez a hacer turismo por alguna playa aunque estemos ya a finales de septiembre/primeros de octubre, debe de ser que ninguno de ellos piensa en que igual pillan otro buen catarro si andan entretenidos haciendo "turismo". Pues sí, vergüenza debería darte porque el pobrecito Andrew es un amor y tú metiéndote con él, mira como luego cuando llegaron los que de verdad eran non gratos pues se te pasó rápidamente la manía injustificada que le tenías al pobrecillo...
¡Un besito de tortuguita!
Guest Vecina: pues mira, hoy de repente al mediodía se ha puesto a llover como si no hubiera mañana y yo poco más y he tenido que ir en canoa al turno de tarde. Por el momento se nos presenta un fin de semana - qué raro - pasado por agua. Pero bueno, así puedo estar a mi aire sin tener que andar corriendo para un lado y corriendo para el otro.
Sí, como algo así quería retratarlo ya, que es perfectamente capaz de saber que estaba en fechas en las que había muy pocas posibilidades, pero claro, llevaba unos días de retraso y mezclado con las siempre encantadoras hormonas y el encontrarse mal, pues sin duda no debía de ser la mejor de sus tardes. No es como si llevaran seis meses intentándolo y no pasara nada de nada, que entonces ya tendría un montón de tartarugas en la puerta queriendo venganza en mi contra.
Claro, Haru tiene calada a la socia tan bien como los demás y ya no le cuela el que está perfectamente. Es un buen punto para que alguien pueda estar pendiente de ella. Y Andrew más de lo mismo jajajaja Otro que también hace unos cuantos años que tiene fichada a la pelirroja y el si el rubio ese no lo está mirando mal pues como es un amor él sociabiliza con quien haga falta, sobretodo para chivarse de que si la pelirroja le dice que está bien miente un poquito.
Eso, tú ponles ropita para que no se pillen un buen resfriado porque con este clima vamos a salir todos o volando o a nado, según el día... ¡Un bico grandote!
