Tras golpear con los nudillos en la puerta de la habitación del hospital, Yamato asomó la cabeza para comprobar que se pudiera pasar y que todo estuviera correctamente, abriendo tras unos segundos del todo.
- ¿Qué pasa? ¿No puedes vivir sin mí? – fue el saludo de la piloto nada más verlo.
- Ya sabes que no… ¿Te han dejado sola?
- Más bien es al revés… - siguiendo los pasos del rubio, Sora entró en la habtiación-. ¿Qué tal estás?
- ¡Sora! – sorprendida de verla a ella también, sonrió-. Había conseguido echarlos a todos para que fueran a comer algo de una vez… No esperaba tener visitas ahora, la verdad. Ya es algo tarde.
- Claro, pero contando que ahora hago tu trabajo y el mío, alguien tenía que quedarse hasta acabar todo…
- No me das nada de pena – sonriendo ligeramente a su amigo, la piloto se quedó mirando hacia ellos-. Siendo haberlo secuestrado ayer, pero no había forma de echarlo para casa hasta que se aseguró de que me quedaba acompañada.
- No digas tonterías – negó con la cabeza-. Si se llega a ir y te deja sola te lo mando yo para aquí de una buena colleja.
- Qué bonito… - le dijo el rubio cruzándose de brazos-. No te empieces a aliar con ella en mi contra, que ya es lo último que me faltaba.
- Será que te lo mereces – sonriendo a su amigo, la piloto se quedó observándolos-. Si queréis conocerla a la niña la traerán en breves para que coma…
- A ti ya te tenemos muy vista, Mai…
- ¡Yamato! – dándole un ligero manotazo en el brazo-. ¿Cómo se llama?
- Nyoko… Mi abuela se llamaba así – contestó todavía riéndose por la escena que tenía delante.
- No suena mal – contestó finalmente Yamato, acercándose hasta su amiga-. ¿Y tú qué tal estás?
- Bien… muerta de ganas de que me dejen irme a casa y estar allí tranquilamente descansando. Esta cama es un asco…
- Quejica… Que sepas que ya hemos arreglado todo para irte a por los papeles dentro de un par de semanas. Y no empieces con las quejas otra vez, que así tengo una buena excusa para despegar aquí a la pelirroja del trabajo un par de días.
- Ya te dije que no hacía falta y más ahora que me voy a quedar de baja.
- Ya, claro, como vas a tener tú mucha gana de subirte a un avión y dejar a la niña sola unos días… - Sora se acercó también-. No digas tonterías, Mai. Vamos nosotros y si quieres les damos una colleja de tu parte a los otros dos a ver qué es lo que han roto esta vez.
- ¿Te he dicho que me cae bien tu mujer, Yamato?
- Cualquier día me cambias por ella, lo sé – sonriendo finalmente, adelantó una de las manos, dejando encima de las sábanas, al alcance de Mai, un pequeño paquete-. Eso es una tontería para que se la des a Nyoko de mi parte.
- ¿De verdad? ¿No te dije ayer que no hacía falta que trajeras nada?
- Uy sí… como si no lo hubiera comprado hace ya días y estuviera a punto de ponerse a dar saltos de la impaciencia para poder dártelo…
- Oye, ¿tú de qué parte estás? – protestó el rubio quedándose mirando hacia Sora unos segundos hasta que escuchó el sonido del papel rasgándose, momento en que giró el cuello hacia su amiga-. Es una tontería…
Cuando Mai terminó de desenvolver el paquete, se encontró con un peluche con forma de avión que hizo que se quedara con él sujeto entre las manos sin mediar ni media palabra. Ciertamente no era más que un detalle, pero el hecho de que hubiera escogido aquello y no otra cosa provocó que fuera sonriendo poco a poco, intentando mantener la calma.
- Eres un odioso, ¿no ves que tengo las hormonas que no pueden tener más revuelta ahora mismo? ¿Cómo se te ocurre venirme con esto? – arrugó ligeramente la nariz, dejando el juguete de nuevo encima de la cama para alargar el brazo hacia su amigo e intentar abrazarlo desde su posición.
Observando la escena, Sora no pudo más que sonreír ligeramente. No podía evitar pensar en todos los años que él había pasado alejado de ellos y viendo cosas como aquellas, podía darse cuenta de que no había sido tan sumamente cabezota como para cerrarse del todo al mundo. Si había sido capaz de mantener ese tipo de relación con la piloto durante tanto tiempo, por algo había sido.
- Pero bueno… ¿Ya me has cambiado? – habiendo interceptado a la enfermera justo cuando le traían a la niña y habiéndose salido con la suya para cogerla en brazos, Arata acababa de entrar en la habitación.
- Ya sabes que contra la maravilla rubia no tienes nada qué hacer… - separándose de su amigo, Mai se quedó mirando hacia aquellos que acababan de llegar-. Mira lo que me ha traído el rancio este… Rancio… No se lo cree ni él. Voy a tener que cambiar el cactus que le he dejado en la mesa por un periquito, que se le parece más y hasta canta…
- ¿En serio? ¿Ni ingresada en el hospital me vas a dejar en paz?
- No te dejé en paz cuando la cosa se suponía que era grave… Ahora que solo he tenido una niña… claramente que no…
- ¿Tener una niña no te parece lo suficientemente grave? – alejándose de ella para ir a ver a la recién nacida que dormía plácidamente todavía en brazos de su padre dio por terminada la conversación con Mai.
Riéndose de la escena que tenían montada entre los dos, Sora hizo lo mismo que él, acercándose hasta la pequeña Nyoko.
- Mírala, si hasta parece buena… Pero ya os digo yo que cuando empiece a hablar no se va a salvar nadie.
- Aún hay esperanza y puede salir a mí rama de la familia… - Arata empezó a reírse por lo bajo.
- No sé yo, la veo con el gen dominante del mal…
Cuando volvieron a casa, Sora iba con una ligera sonrisa en el rostro. Sonrisa que no tardó en ser captada por Yamato, quien se quedó mirándola interrogante.
- ¿Qué pasa?
- Nada… Solo pensaba en que me hace gracia que te lleves con Mai exactamente igual que con Taichi – no pudo contener la ligera risa finalmente.
- ¿Y eso te hace gracia? Debería de darte pena por todo lo que tengo que sufrir no solo teniendo que aguantar a uno así sino a dos…
- No… fíjate que de todas las cosas que me puedes dar, pena no entra dentro de la lista – negó ligeramente, antes de girarse, quedándose frente a él-. ¿Ahora que se ha quedado de baja no te van a poner pegas para poder irte un par de días a por esos papeles?
- Alguien tiene que hacerlo. Parece ser que en Tanegashima son un poquito inútiles y no son capaces de mandar todo de una vez, así que si queremos tener todo en regla aquí es mejor ir a por ellos directamente. ¿No te acuerdas de cuando tuve que ir yo?
- Sí, y que te quedaste atrapado allí porque hasta un huracán invocaste al final con tu mala suerte – riéndose posó las manos en sus hombros antes de ponerse de puntillas, pudiendo así alcanzar sus labios-. Oye… Estaba pensando… que para la cena todavía queda un rato y con algo vamos a tener que entretenernos…
- ¿Se te ocurre alguna idea? – intentando mantener gesto neutral, deslizó poco a poco las manos hasta la cintura de ella.
- Alguna que otra… pero no creo que estemos en el mejor sitio para ello ahora mismo.
- No sé, yo creo que ya están más que escarmentados, ¿eh?
- Sí, y que al menos Biyomon lo hace queriendo cada vez que aparece también lo sé yo, así que no tengo ganas de interrupciones de ningún tipo, muchas gracias – riéndose volvió a estirarse para darle un corto beso.
Buscando una de las manos de su marido, alargó la mano para coger una de las de él, dirección hacia las escaleras que llevaban a la habitación.
- ¿Dónde se supone que vas? – preguntó Yamato cuando al pelirroja a la que había dejado entre sus brazos.
- Tengo que ir al baño… suelta… - riéndose, intentó escaparse de él.
Retirando los brazos de en torno a Sora, la dejó levantarse, siguiéndola con la mirada, especialmente cuando se apoderó de su camisa para echársela por encima. Aquella costumbre de ella estaba entre sus favoritas y no pudo evitar sonreír hasta que la vio desaparecer tras la puerta.
Aprovechó la ausencia de ella para acomodarse algo más, tirando de las sábanas que habían quedado enrolladas a medio camino del suelo desde la cama. Fue en ese movimiento cuando pudo ver que dónde había estado echada ella había una pequeña mancha de color rojo. Frunció el ceño automáticamente, no pudiendo evitar preocuparse. Conociendo a Sora si había ahí la más mínima mancha era porque debía de ser reciente y si era reciente… ¿le había hecho daño? No le había parecido escucharla quejarse, pero… ¿Y si le había hecho daño?
Se incorporó, quedando sentado, todavía con el ceño fruncido hasta que escuchó la puerta del baño abrirse de nuevo.
- ¿Estás bien? – fue lo primero que preguntó, preocupado ante la idea que había cruzado su cabeza.
- Hmm… sí – se acercó hasta él, sin tener la mejor de sus caras de nuevo-. Creo que este mes tampoco hemos tenido suerte… Aunque no me ha pillado tan de sorpresa, porque lleva avisándome toda la semana ya…
- ¿Suerte…? – giró la cabeza casi sin darse cuenta hacia la pequeña mancha, entendiendo de lo que podía estar hablando ella-. Ah… ¿no te he hecho daño yo, no?
- Claro que no… - negó con la cabeza-. No seas tonto – arrodillándose a su lado se acercó para darle un beso en la mejilla-. Será mejor que me vista… Y que cambie eso…
- Vístete tranquila, ya lo hago yo – le dijo dejando su mano sobre su mejilla unos segundos.
- ¿Si? ¿Así tal cual estás ahora? Porque si lo vas a hacer así lo de vestirme puede esperar, ¿eh?
Riéndose a la vez que negaba con la cabeza la dejó escaparse y que hiciera lo que había dicho. No iba a decir que la noticia fuera la que más le apeteciera escuchar aquel día, pero prefería mantener en su cabeza la idea de que las cosas se las tenían que tomar con calma. No por estresarse y forzar la situación iban a conseguirlo primero. Y, obviamente, no le iba a decir algo diferente a Sora en ningún momento. Ella ya tenía bastante con todo lo demás como para ponerse pesado o ansioso con el tema.
Volvió a la realidad cuando su propio pijama aterrizó encima de su cabeza después de que ella se lo tirara, con una ligera sonrisa, desapareciendo de nuevo tras la puerta del baño.
No se fiaba de que se hubiera tomado las cosas tan tranquila en aquella ocasión, pero, si era cierto que llevaba días viéndolo venir… Era diferente. No había tenido retrasos y si estaba pendiente, quizás aquella vez las cosas fueran más calmadas. También sabía que decía completamente en serio que estaba de acuerdo con el tomarse las cosas más con calma, no estar tan pendiente… Pero no le engañaba. Aquello significaba lo mismo para ambos.
Decidiendo hacer algo útil con su vida se vistió, haciendo lo que le había dicho a la pelirroja, cambiando las sábanas para poder echarlas a lavar. Cuando estaba quitándolas, la escuchó salir del baño, notando como se acercaba a él, abrazándolo desde la espalda. No dijo nada, soltando las sábanas para dejar sus manos en torno a las manos de ella.
- No estoy perfectamente, pero estoy bien – le murmuró por lo bajo-. No gano nada escondiéndote a ti las cosas, Yamato.
Sonrió con sus palabras. Prácticamente parecía que le había leído la mente, y no le extrañaría lo más mínimo. Se conocían de tal forma que no les era muy complicado saber lo que pensaban o no los dos.
- Lo sé – asintió-. Pero no me pegues estos sustos que si te llego a haber hecho daño yo Biyomon me persigue dándome picotazos por todo Tokio…
- Eso tenlo por seguro – sonrió, divertida, girando lo justo la cabeza para darle un beso en el hombro-. ¿Vamos a hacer la cena?
- Vamos…
AnnaBolena04: síii tenemos minipiloto y Mai casi deja al rubio sin brazo, que claro, era lo que mejor le quedaba a mano y le tocó pagar las consecuencias, que vaya entrenando para cuando sea otra la que le pegue el susto de su vida. Y para seguir echando por tierra su reputación de estirado y cascarrabias ahí lo tenemos llegando con un peluchito que ha ido a comprar a las carreras días atrás de un avión para la minipiloto. A ver quién es el valiente que lo llama rancio ahora, venga jajajaja
Y yo, mientras tanto, pues me voy escondiendo, para que nadie me tire nada a la cabeza, que las cosas en palacio van despacio... Al menos parece que esta vez se lo han tomado mucho mejor, posiblemente porque, esta vez, había síntomas y las cosas eran algo diferentes, no había retrasos ni nada metido por el medio. Así que nada de aliarte con la vecina para azuzarme a las tortugas.
¡Un besito de tortuguita!
Ace Cornell: ahora ya hay una minipiloto que cuando aprenda a hablar podrá meterse con él si quiere, que seguro que su encantadora madre se encarga de que tenga muy buen concepto de él.
Bueno, siendo justos... sería un catarro que posiblemente les mereciera mucho la pena a sabiendas de lo bien que acaban las excursiones de esos dos a la playa, sobretodo cuando no hay nadie más cerca. Y yo creo que esta vez me darían los dos toda la razón del mundo. Además, en esa isla tienen mejor clima que en la capital, seguro que el catarro sería la menor de todas las consecuencias con la que podrían volver.
¡Un beso!
Guest Vecina: je, ¿a quién has pillado actualizando otra vez? jajajajaja Los horarios de fin de semana que nos encajan que da gusto.
¿Verdad? Lo que pasa es que Mai tiene pinta de ser la típica persona cabezota que mientras que se encuentre bien está tan tranquila, a pesar de ser considerada por todos los que la rodean como una bomba de relojería, porque cualquier día los mata a todos del infarto... Tal y como ha hecho. Era bastante probable que se pusiera de parto en alguna discusión sobre el tema, porque seguro que andaban todos detrás de ella diciéndole que mejor se quedaba en casa por si acaso y ella amablemente los mandaba a todos a tomar fanta.
Y, guarda esas tartarugas, ¿eh? Nada de azuzármelas que hoy hace muy mal día y seguro que las pobrecitas se acatarran o salen volando.
¡Un bico grande y a aprovechar el fin de semana!
