Frotándose las manos, Yamato salió del ascensor, adentrándose en el estudio de Sora. Había salido pronto del trabajo y había decidido pasarse directamente a buscarla. Suponía que todavía no habría terminado, pero podría esperar sin muchos problemas.

Saludó a la gente a su paso, habiendo empezado a ser ya bastante familiar entre ellos, no como la primera vez que se había pasado por allí cuando había regresado de Marte que prácticamente nadie había sido capaz de reconocerlo.

Haciendo un gesto a su ayudante, simplemente preguntando si estaba o no, viéndola asentir antes de llamar a la puerta y asomar la cabeza.

- Uy… ¿ya se han aburrido de ti tanto pronto hoy? – dijo nada más verlo, sonriendo.

- Más o menos… Alguien no debía de tener demasiadas ganas de aguantarme, así que he venido a buscarte, ¿has acabado ya?

- Bueno… no, pero puede esperar a mañana – asintió, poniéndose en pie finalmente y acercándose hasta él para saludarlo.

- ¿Segura? Puedo esperar, ¿eh? – posando las manos en su cintura, se la acercó.

- A lo mejor no quiero yo que esperes… Además, estoy cansada y no me apetece seguir haciendo nada – teniendo que ponerse de puntillas para alcanzarlo a causa de que aquel día había ido en plano, provocó que se riera por el gesto antes de inclinarse para facilitarle las cosas y poder saludarla con un beso.

Aprovechando que llevaba todo el día sin haberlo visto, posó las manos tras su cuello, reteniéndolo a su lado y no dejándolo separarse. Todavía estaba demasiado acostumbrada a poder pasar mucho más tiempo a su lado del que estaban teniendo ahora que ya habían vuelto a la vida laboral ambos. Dándose cuenta, el rubio sonrió ligeramente, sin separarse, rodeándola bien con los brazos y agradeciendo haber cerrado bien la puerta tras él.

La dejó separarse cuando la falta de aire fue notable, pasando las manos con cuidado por su espalda, subiéndolas desde la cintura, en una ligera caricia habiendo posado la frente apoyada en la suya.

- ¿Quieres irte a casa o nos vamos por ahí? – le preguntó ella, observándolo directamente.

- Yo creo que nos podemos escapar sin que los dos niñeros que tenemos en casa se enfaden – asintió a sus propias palabras.

- Eso, decid que sí, subidme los niveles de azúcar…

La voz de Haru hizo que ambos dieran un respingo, girando la cabeza hacia la puerta, quedándose mirándola hasta con cara de susto.

- Oye, que ya sé que hoy no he tenido tiempo de arreglarme hoy por la mañana porque Andrew no está y me quedé dormida… pero… No es para tanto, ¿no?

- Qué tonta eres… - riéndose por lo bajo, la pelirroja dio un paso hacia atrás-. ¿Pasa algo?

- No, nada, venía a preguntarte hasta qué hora de ibas a quedar…

- Pues justo nos íbamos a ir ahora… ¿Hay algo atrasado o que necesite de mi atención ahora?

- No, no creo que nada más necesite tu atención que el rubio este – sonriendo irónica hacia Yamato.

- No pienso ofenderme por eso – le contestó él, empezando a reírse-. ¿Qué le has hecho al pobre Andrew para que no esté aquí?

- Tiene que hacernos la competencia y le ha tocado otra vez tener que viajar… - se encogió de hombros-. Pero no os entretengo más, que si os ibais a ir… Por cierto, Sora, acuérdate de que te dejé apuntada la fecha en la que van a venir los de san Francisco en esos papeles que te traje antes.

- Sí… Ya la vi, tranquila. Además, tenemos que pasarla a los libros de historia porque para una vez que se dignan a venir ellos… - riéndose por lo bajo asintió.

- Pues ya no os molesto más, pasadlo bien, ¿vale?

- ¿Quieres venir? – dijo la pelirroja-. No íbamos a hacer nada en concreto y… si estás sola en casa…

- No, no… déjate. No necesito a ninguna pareja de recién casados delante…

- ¿Por qué? ¿Tienes miedo de que te entren ganas o qué? – sonriendo de medio lado, Yamato no pudo evitar el comentario.

- Tú y yo vamos a acabar teniendo problemas, que lo sepas… - le dijo antes de girarse hacia la puerta y salir.

- Huye… huye…

Riéndose al ver como se escapaba de ellos dos, Sora se acercó a por su chaqueta, poniéndosela antes de coger los papeles que acababan de mencionar para guardarlos dentro del bolso y poder apuntar todo bien en casa.

- Lista, ¿vamos?

- Vamos – asintiendo, la dejó pasar a ella primero antes de cerrar la puerta y seguir sus pasos hacia el ascensor, entretenido viéndola poner una cara rara nada más entrar.

- ¿No te huele raro?

- ¿El qué? – arqueó una ceja.

- Aquí dentro… - arrugó un par de veces más la nariz, como si intentara adivinar qué era lo que le olía.

- No… a mí no me huele a nada de nada – observándola extrañado, acabó por encogerse de hombros, marcando el número de la calle en los botones.

- A ti nunca te huele a nada raro… - negando con la cabeza, sin darle más importancia, se empezó a reír.


Aprovechando que Ginza era uno de los lugares más frecuentados de la ciudad, no era demasiado complicado dar con algún lugar en el que poder tomar algo antes de volver a casa para la hora de la cena.

- Cuando lleguemos que no se me olvide empezar a mirar los vuelos para el viernes que me han dado libre a ver si hay alguno… Que ya sabes que es complicado tener suerte.

- Vale, cuando lleguemos ya tenemos algo que hacer – asintiendo a las palabras de Yamato, aprovechó para sacar algunas cosas del bolso, empezando a volver a colocarlas con algo más de orden dentro para poder cerrarlo sin problema.

- ¿Vais a tener visita de los pesados de California?

- Les tienes cariño, ¿eh?

- No… - sonrió ligeramente-. Pero es que me parece extraño que hayan decidido mover el trasero ellos hasta aquí por primera vez y que no intenten volveros locas a vosotras otra vez.

- A lo mejor les ha llegado el rumor de que tengo un fénix gigante en casa… - riéndose por lo bajo negó con la cabeza-. La línea de producción se está llevando a cabo en nuestro país, creo que hasta ellos se cansaron de las tonterías de los proveedores, así que nos hemos buscado nosotras unos mejores. Deberían de ser ellos los que vinieran de ahora en adelante…

- ¿Y cuándo se supone que será eso?

- Pues… Si no me equivoco la semana que viene – metiendo de nuevo la mano en el bolso, sacó los papeles que Haru le había dado-. No, la semana que viene no, la siguiente, de lunes…

- ¿Qué lunes?

- El catorce… ¿Por qué?

- Porque… - llevándose la mano hacia el pelo, revolviéndolo sin darse cuenta – el viernes que me han dado a mí es el 11…

- ¿Qué? – levantó la vista hacia el rubio, observándolo-. ¿Lo dices en serio?

Asintió a la pregunta de ella, viéndola poner una cara que no sabía si era de sorpresa, de repentino enfado o de todo junto a la vez.

- ¿Completamente seguro?

- Sí, sí, justo me lo han confirmado esta tarde porque es cuando Hideki puede cubrirme… Y esos papeles hacen falta…

- Vale, no voy a decir nada hasta que no miremos los vuelos para ese fin de semana, sino…

- Sino, no te preocupes, Sora. Voy y vengo antes…

- Pero…

- Nada… cuando lleguemos a casa miramos los vuelos y con eso ya podemos hacer algo…

- No, cuando lleguemos a casa no… - arrastrando la silla para dejar de estar sentada frente a él y quedarse a su lado, sacó el teléfono del bolso, buscando la página que tenía guardada para poder mirar los vuelos.

Pasado un rato, con varias páginas abiertas en cada uno de los terminales, todas las opciones de horarios y trayectos quedaban a la disposición de la pareja, quien los miraba sin poder creer absolutamente nada.

- Puedo volverme yo antes… - acabó diciendo Sora.

- No… Para que te vuelvas tú antes nos volvemos los dos… Y para estar allí solo un día, no te arrastro hasta el fin del país por una tontería…

- Pero… No sé, sino puedo intentar aplazar la reunión o algo…

- No mira… déjalo. Podemos irnos a cualquier otra parte cualquier fin de semana que nos apetezca sin tener que depender de vuelos idiotas…

- Yamato…

- No, Yamato nada. Aunque me apetezca tirarles algo a la cabeza por ser los más inoportunos del universo, no es más que una tontería… Tiene fácil arreglo.

- No es una tontería… a mí también me apetecía – murmuró.

- Pues nos vamos este fin de semana nosotros dos a cualquier parte y listo, ¿qué te parece?

- ¿De verdad que no te importa?

- No lo suficiente – negó con la cabeza-. Y además, así puedo contárselo a Mai y que sienta que me debe algo…

- Pobre Mai… - se quedó observándolo unos segundos antes de acabar por sonreír-. Entonces… ¿nos buscamos a dónde ir este fin de semana?

- Yo creo que hasta con tan poco tiempo de margen para encontrar destino en un fin de semana vamos a tener mejores comunicaciones que las de esa condenada isla…

- Lo que yo no entiendo es cómo te las arreglabas para venir de repente…

- Porque me gusta mucho renegar de hermano pero nunca se ha negado a venir a buscarme a cualquier parte de Japón… La cosa era coger el primer vuelo que saliera hacia el norte, aunque no fuera hasta Tokio…

- Hmmm… no va a conseguir librarme de que siga aumentando sus paranoias por haberse pasado de gracioso ni siquiera con esa información en mi poder – sonriendo ligeramente, dejó el teléfono guardado de nuevo, antes de buscar la mano de él-. ¿Y a dónde te apetece irte?


Sora se había levantado a la vez que Yamato, negándose a quedarse durmiendo para poder acompañarlo hasta el aeropuerto aquel día. No tenía ni la menor intención de desaprovechar el tiempo hasta que volviera a verlo la semana siguiente, de manera que no se había dejado convencer.

- No te pongas pesado… Sabes que a cabezota no me gana nadie, así que voy a ir contigo te guste o no, Yamato – le dijo mientras que se sentaba en la cama viendo como se peleaba con la maleta.

- No si tampoco iba a seguir insistiendo, tranquila – murmuró divertido mirándola de reojo-. Mejor me quedo calladito antes de que me lleves de la oreja.

- Exacto… ¿seguro que no te quieres llevar a Gabumon contigo?

- Por querer… pero bueno, déjalo aquí, que se quede haciéndote compañía estos días si es que consigues despegarlo de la televisión.

- Hmmm… lo intentaré, tranquilo… El martes por la mañana te iré a buscar al aeropuerto, ¿de acuerdo? Las reuniones las tengo el lunes, así que puedo dedicarme a lo que me venga en gana.

- Perfecto – asintiendo, terminó por fin de guardarlo todo-. ¿Lista?

- ¿Yo? Si no pienso ni peinarme más de la cuenta… Es muy temprano, seguro que nadie se fija en los pelos con los que llego o no.

- Vergüenza debería darte… tú una famosa diseñadora de moda… ¿Te has quitado el pijama de debajo de esa chaqueta?

- No sé de qué me hablas… - con el mejor de sus aires fingidos de inocencia, salió por delante de él dirección hacia el salón-. Venga, que todavía tenemos tiempo de desayunar tranquilamente en casa antes de que te tengas que ir…

- Voy – riéndose por lo bajo apagó la luz de la habitación bajando con la maleta y sus cosas-. Espero no quédame otras tres semanas con esos dos atrapados en la isla…

- Más te vale que no… O te mando al fénix gigante a que te traiga y ya sabes que no tendría ningún problema en traerte colgando del pico…

- No le des ideas… - la miró, viendo cómo abría la nevera-. Espera… ¿desayunamos fuera? Así no tenemos que estar pendientes del tráfico…

Retrocediendo un paso para observarlo tras la puerta, asintió, dejándola cerrada.


AnnaBolena04: bueno, creo que queda claro, ¿no? Al rubio mejor no le preguntamos lo que piensa de los socios de su querida pelirroja, porque seguro que no va a decir nada bueno. Me da a mí en la narices que no, no les debe de tener demasiado aprecio por no hacer más que tocar las narices. Los Ishida que se querían a hacer turismo a alguna que otra playa y míralos cómo han acabado, teniendo que conformarse con una escapada rapidita... Tan cortita, tan cortita que hasta sin detalles nos amos a quedar.

Y el rubio otra vez solido para el sur, ¿cómo acabará con los dos ingenieros? ¿Vendrá otro hucarán como yo? Je... ¡Besitos de tortuguita!