Lo primero que vio cuando abrió los ojos fue la cara de Taichi, inclinado sobre ella, con expresión preocupada mirándola fijamente. Sin ser capaz de ubicarse tan siquiera en el espacio el ceño ligeramente, sin ser capaz de comprender por qué la estaba mirando de esa forma. Parpadeó varias veces, intentando centrarse.

- Ey… - hablando por fin el embajador y dejando de mirarla, prácticamente asustado, le dejó algo de espacio-. ¿Qué tal estás?

- ¿Se ha despertado? – la voz de Haru, tras él, llamó también la atención de Sora.

- ¿Qué…? – mirando a su alrededor, pudo darse cuenta de que estaba tumbada, concretamente en el sofá del estudio-. ¿Cómo…? – se llevó la mano a la frente, sin ser capaz de entender nada.

- No lo sé. Estabas hablando conmigo y de repente te has desmayado… - se le notaba serio y preocupado.

- ¿Me he desmayado? – más confusa todavía, miró hacia los lados, notándose cansada-. ¿De verdad?

- Sí, de verdad, ¿no ves que estoy casi igual de blanco que ese rubio con el que te juntas? No me vuelvas a pegar un susto así nunca jamás, ¿eh?

- Te dije por la mañana que no tenías buena cara, Sora, deberías de irte a descansar a casa.

- No, no se va a ir a casa – contestó Taichi por ella-. Esta señorita se va a venir conmigo ahora mismo al médico.

- ¿Qué? ¿Por qué? No seas exagerado… - protestó la pelirroja-. Estos días me he estado encontrando mal, si ya sabéis que es lo más normal del mundo que me maree y me encuentre mal del estómago cuando me pongo nerviosa por algo…

- Ya, ¿y te lleva pasando varios días seguidos, no? No me lo digas, ¿por la mañana?

- ¿Y qué tiene eso que ver?

- Tiene que ver que tú te vienes ahora mismo conmigo… Bueno, ahora mismo no, pero en cuanto te puedas levantar de ahí. Y no es una petición, si te tengo que llevar a rastras, te llevo, avisada estás.

Dejándole por fin algo de espacio en el momento en el que vio que el color volvía a su cara, se incorporó, colocándose al lado de la otra chica.

- Me la voy a llevar al médico ahora mismo… si por algún motivo llama Yamato no le digas ni media palabra de lo que acaba de pasar.

- ¿Para que no se preocupe?

- No… - bajó algo el tono antes de mirar hacia su amiga otra vez-. Porque creo que sé lo que le pasa…

- Que sabes lo que le… - empezó a repetir, no tardando en caer en la cuenta de lo que podía estar pensando él-. ¿Tú crees?

- Vamos que si lo creo… ¿Cuánto tiempo lleva quejándose de olores raros?

- Uff… cosa de dos semanas, cada poco salta con que algo le huele raro o demasiado fuerte… Pero… No lo sé, hasta dónde yo sé este mes no habían tenido suerte y estos síntomas no deberían de aparecer tan pronto, ¿no?

- ¿Cómo que este mes no han tenido suerte?

- ¿No te lo habia dicho…? – enrojeciendo de repente por haberse ido de la lengua, no tardó en verse arrastrada unos pasos más allá de Sora para que no pudiera escuchar de lo que hablaban, recibiendo una mirada interrogante-. Hasta dónde yo sé llevan un par de meses intentándolo pero no hace mucho me dijo que esta vez tampoco iba a ser…

- Vamos que si me la llevo ahora mismo al hospital más cercano – fue lo único que dijo.

No la dejó tan siquiera protestar. En el momento en el que el color volvió del todo a su cara la hizo levantarse para que lo acompañara, haciendo caso omiso a sus protestas. Cuando se aseguró de que no iba a volver a marearse, sin retirar el brazo de en torno a ella, no teniéndolas todas consigo, la hizo acompañarlo.

- Taichi, de verdad, no te es para tanto… Sé perfectamente lo que se te está pasando por la cabeza y te digo que es prácticamente imposible. Hace muy poco que he tenido mi periodo…

- Ya… ¿y tú no sabes que eso no tiene nada que ver?

- ¿Cómo que no? Ahora me dirás que no son dos cosas contradictorias – puso los ojos en blanco.

- Pues a no ser que eso haya sido ayer por la noche podría ser… Los síntomas no aparecen en todo el mundo a la vez, y te lo digo yo que he tenido a mi hermana pasando dos veces por esto y, más importante, a Koemi. Así que haz el favor de dejar de protestar, porque no te voy a dejar en paz hasta que salgas de dudas. ¿Hay la más mínima posibilidad de que pudieras estarlo?

- Bueno… pero… - sonó confusa, como si fuera la primera vez que se planteaba todo aquello-. El mes pasado tuve un retraso de una semana y me hice ilusiones que no eran, no había pensado tan siquiera en ello estos días…

- Pues fácil solución, dejas de protestar, te vienes conmigo y salimos los dos de dudas. ¿Vamos andando o voy a buscar el coche?

- No sé, ¿te ves capaz de dejarme sola cinco minutos si te digo que vayas a por él? – intentó bromear-. No me voy a volver a desmayar, si es lo que te preocupa, podemos ir andando… Está aquí al lado.

- Eh, ni se te pase por la cabeza otra vez… A ver si al que van a tener que venir a buscar en ambulancia es a mí porque me ha dado un infarto… ¡Y a ver si comes un poco más que no pesas nada de nada!

Riéndose sin mucha gracia, habiéndose quedado cansada tras el numerito que acababa de protagonizar ella sola, no pudo más que dejarse arrastrar, dándole igual ir por la calle, para usar mejor como apoyo a su amigo mientras que caminaban. No había pensado en ello, estaba demasiado acostumbrada a ese tipo de malestar cuando se salía de su rutina, pero… ¿y si tenían razón? No quería hacerse ilusiones otra vez para nada.


Obligándola a quedarse sentada en la sala de espera, Taichi se acercó hasta la recepción de urgencias para dar sus datos, volviendo a su lado rápidamente.

- Tú di que sí a todo lo que diga luego la enfermera…

- ¿Por qué? – frunció el ceño extrañada.

- Porque les acabo de colar que estamos casados para que no me anden echando a patadas por no ser familiar tuyo…

- Bueno… contando la vida matrimonial que te traes con Yamato yo creo que podría llegar a considerarse como verdad… ¿Y qué nombre se supone que has dado?

- Uno que seguro que después de varios años casado con Koemi a mi abuela le seguiría sonando lo más lógico – encogiéndose de hombros, prefirió ignorar el primer comentario de ella-. ¿Estás mejor?

- Cuando salgamos de aquí más te vale llevarme a comer algo, avisado estás, me muero de hambre…

- Eso es buena señal, ¿no?

- Supongo… - asintió, dejando caer su cabeza encima del hombro de él.

- ¿Te había pasado esto antes? – insistió algo más en el tema.

- ¿El qué? ¿Marearme? Ya te he dicho que es muy normal que me ponga así por los nervios… Ayer por la tarde me pasó estando en casa pero me eché un rato en el sofá y se me pasó. Pero no había pasado a mayores nunca…

- Te estabas reservando para intentar acabar conmigo, ahora lo entiendo todo… ¿Por qué no me dijiste que estabais intentando tener un niño?

- Pues… - ni siquiera se sorprendió de que él lo supiera, lo había visto cuchicheando con Haru y había llegado a escuchar trozos de la conversación que habían mantenido-… porque no me apetecía que nadie más estuviera pendiente. Ella lo sabía porque no me aguanté el contarle que tenía un retraso, pero… La culpa la tienen tus sobrinos.

- ¿Mis sobrinos?

- Sí… no era un secreto que ninguno de los dos quisiéramos tener niños pero fueron el detonante final ya este verano…

- Seguro que el miniclon de mi querido cuñado del alma no ha ayudado, ¿a que no?

- No precisamente, no… - sonrió ligeramente-. No le digas nada a nadie, por favor.

- ¿Por quién me tomas? Sea lo que sea lo que te digan hoy no pienso decirle nada a… Bueno, a Koemi, pero porque sueñas si piensas que te voy a dejar irte a casa hoy.

- Están los dos digimon solos en casa…

- Pues vamos a por ellos, pero tú no te vas a quedar sola en casa sin ese rubio inútil cerca para que te pueda hacer de perrito faldero, que se le da bastante bien. Te quedas con nosotros y mañana lo voy a buscar yo al aeropuerto.

- Eres un paranoico…

- Di lo que quieras, no te pienso dejar sin vigilancia, que no me fio de ti.

Una enfermera que se acercó hasta la sala de espera en la que estaban reclamó la atención de ambos, llamando a la pelirroja para que la acompañara. Cuando Taichi hizo lo mismo, queriendo seguir sus pasos, sin que le permitieran hacerlo.

- Usted puede esperar en la sala de espera de familiares, al final del pasillo.


- Míralo, qué bien le sienta la vida de casado al aburrido este… - Takao estaba riéndose mientras que caminaba por una de las calles de la pequeña ciudad cercana a la base.

- Claro que me sienta bien, pero no es tanto la vida de casado, sino el no tener que veros todos los días… - negó con la cabeza.

- ¿Qué tal os van las cosas en la capital a los desertores?

- Pues… es diferente de aquí, pero nos las arreglamos. La que mejor lo lleva es Mai, que se ha quedado de baja y no sabemos cuándo volverá.

- ¿Y quién se supone que la está sustituyendo? – pregunto Katsu.

- Yo me tendría que haber reincorporado estos días y llevo ya un mes…

- Osea que de aguantar a Mai han pasado a aguantarte a ti… Pobre gente.

Riéndose, siguió su camino, recordando perfectamente dónde estaban las cosas en aquel lugar. Había pasado demasiados años de su vida recorriendo aquella ciudad como para olvidarse con tanta facilidad.

- Tenemos un nuevo grupo de trabajo, pero no tiene pinta de que vayan a preparar ninguna salida al exterior. Corren algunos rumores de que van a intentar algo más gordo, pero ya sabes la cantidad de tiempo que les lleva eso – Takao empezó a hablar, poniendo un poco al día a su antiguo compañero.

- ¿Ya habéis roto algo? – sonrió de medio lado ante sus propias palabras.

- No, listo, no hemos roto nada… A ver si eras tú el que con sus malas pulgas continuas estropeaba todo a su paso, que no te vimos sin el ceño fruncido jamás hasta que te trajiste compañía al sur.

- No es por nada pero… las comparaciones son odiosas, así que no me hagas comparar vuestra compañía con la de ella – bromeaba, en parte, porque de verdad que había llegado a apreciar su grupo de trabajo en aquel lugar, pero eran compañías demasiado diferentes como para tan siquiera usarlas en la misma frase-. Cuando queráis venir de visita al norte de nuevo ya sabéis que no tenéis más que avisar, ¿verdad?

- Quién te ha visto y quién te ve, es lo único que tengo que decirte – Katsu se rió por lo bajo-. ¿Y qué? ¿Tenéis expectativas de ampliar familia? ¿No decías que ibais primero a por la niña luego por el niño?

Recordando el contexto de aquellas palabras, no pudo evitar reírse, a pesar de que fuera un tema delicado.

- No estamos teniendo mucha suerte por el momento – reconoció abiertamente-. Ya nos hemos llevado un par de disgustos, pero bueno, tiempo al tiempo, ¿no?

- ¿Disgustos? Si solo llevas unos meses casado, ¿disgusto no sería por lo contrario? – Takao los miró sin entender nada.

- ¿Tú fuiste a la misma boda que yo? – ignorando al rubio se giró hacia su compañero.

- Sí, ¿y qué me quieres decir con eso?

- Déjalo Takao… De verdad… Déjalo.


Bueno, que sepáis que este capítulo iba a subirlo anoche, pero como la web se puso a dar por el saco, aquí estamos, con un rubio en una punta del país ajeno a todo lo que está pasando en el Norte y un Taichi con los nervios hechos un desastre porque su pelirroja poco más y lo mata del infarto...

AnnaBolena04: el pobrecillo se ha llevado un susto de los más gordos que recuerda seguro, al menos de los últimos tiempos. Él que solo quería ir a comer tan felizmente y de repente... ni de la comida se acuerda el pobrecito ya. Si se le quita hasta el hambre es que igual tienen que echarle un vistazo a él también en el médico para ver si no se les va a morir de un infarto o algo de repente.

Dile a la tortuga que ya que está me teja algo bonito a mí, que empieza a hacer fresquete y así no me congelo por las esquinas. Que sea una falsa alarma o no, si me quedo congelada por el camino dudo poder seguir escribiendo... ¡Besitos de tortuguita para ti!

Guest Vecina: esto se llama presión mediática. Si de repente os salgo ahora con que la pelirroja aparte de no estar embaraza, tiene algo gordo, más me vale echar a correr y buscar un buen escondite. Tengo una buena manada de monstruitos que puedo usar a modo de defensa, dudo que me defiendan por lealtad, peeeeero ellos con tal de ir a darle la lata a alguien atacan a quien haga falta.

Es que la comida es la comida y para que se haya olvidado hasta de ella, ya ha tenido que ser importante el susto que se ha llevado el pobrecito Taichi. Lo de tener que quitarle el teléfono a ella para decirle cositas bonitas a su marido, pues claramente que debía de ser así, sino seguro que no se aguantaba.

Y hablando de sustos... que sepas que la idea inicial era que le pasara estando sola y que alguien o bien Taichi o bien Haru se la encontrara, peeeeeeeeeeeeeeeeeero no quise matar a tanta gente de golpe, porque está claro que se muere el que sea que la encuentre, resucita, se la carga a ella por no haber dicho nada de nada y estar sola, luego se entera el rubio, se muere él también... Y así... Al final la maldad va en su justa medida. Y que le tocaba a Taichi... pues mira, aparte de porque tenía que ser él - dramas internos suyos aparte, era el indicado - alguien tenía que frenarle la caída y si le pasa con Haru se van las dos de narices al suelo.

Veremos si me porto bien o es otra trastada, cofcofcof. Mientras tanto... disfruta de las escenas amiguiles que sé que te gustan tanto como a mi. ¡Un bico para ti y para las tartarugas!

Natesgo: puede que sí o puede que me haya cansado de mi sufrimiento y quiera que me tiréis de todo a la cabeza para buscarme una excusa para quedarme de baja otra vez. Todas las opciones son posibles...

Sí, es probable que pueda desatar una crisis matrimonial el tema del desmayo, que claro, seguro que era culpa de él, por distraerla y hacerla esperar para comer y tantas horas con el estómago vacío o algún tipo de alergia que ha desarrollado hacia las paranoias del siempre serio y digno embajados. Veremos a ver cuantas bajas tendremos que lamentar a este paso.

¡Un beso y muchas tortugas para ti! (Pero no para usarlas en mi contra, a ser posible).