- Oh por favor… ¿Tú no tienes nada mejor qué hacer con tu vida? ¿No trabajas o qué? – Sora se había quedado de brazos cruzados en la puerta de la cocina.

- Eso me pregunto yo muchas veces… - negando con la cabeza Koemi se acercó hasta Daigo para darle un beso de despedida-. Acuérdate de ir a dejarlo con tus padres cuando… dejes de hacer el drama que estés haciendo en ese momento – le recordó a su marido antes de despedirse de él igual que lo había hecho del niño-. Intenta que tirarle nada a la cabeza, Sora, que si me lo dejas más tonto yo no sé si me las arreglaré…

- No prometo nada… - resoplando por lo bajo, relajó el gesto para despedirse de ella con la mano.

- Yo trabajo de tarde hoy, así que tengo toda la mañana para perseguirte por casa, no te preocupes… - diciendo aquellas palabras casi que con malicia, Taichi se quedó mirando hacia su amiga-. ¿A qué hora llega Yamato?

- Si no hay retrasos creo que llega sobre las 12:00… Pero… ¿cómo piensas hacer sin que te explote el cerebro de tanto pensar para no dejarme ir y a la vez no dejarme sola en casa? ¿Eh? Y no me digas que los digimon cuenta como niñeros porque eso es lo que te llevo diciendo yo desde ayer y no me has hecho caso…

- Algo se me ocurrirá… - cogiendo a Daigo con él, se acercó hasta dónde ella estaba-. ¿Cómo vas?

- Estoy perfectamente… - puso los ojos en blanco, acabando por alargar la mano hacia el pequeño para darle un mimo.

- ¿Ya has pesando cómo se lo vas a decir?

- ¿Aparte de esperar a que esté sentado y sin nada en las manos? – sonrió ligeramente por primera vez en todo aquel rato-. Pues… puede… Pero te vas a quedar con la duda, por pesado.

- Si de ponerme pesado va la cosa lamento informarte de que tenemos todavía unas horas hasta que llegue él… Vete mentalizándote…

Fue a poner los ojos en blanco, no terminando de hacerlo, teniendo que fruncir el ceño. Fue cuestión de unos segundos, notando como el repentino malestar desaparecía de repente.

- Estoy… - empezó a decir al darse cuenta de las caras que le estaba poniendo su amigo, no pudiendo terminar la frase antes de salir con paso rápido hacia el baño.

- Como me entere que llevas así todos estos días que has estado sola en casa es que la bronca que te voy a echar… - no la siguió, dejándole su espacio, aprovechando el momento para ir a dejar al niño encima de su cama, acompañado de Agumon para que lo vigilara.


- ¿Lo llevo todo conmigo?

Yamato estaba hablando solo por la habitación mientras que se aseguraba de llevarlo todo de vuelta. Aquella vez no se había quedado en casa de nadie, aunque tenía trato suficiente con Katsu y Takao como para poder quedarse con ellos, ambos trabajaban y no quería molestar. Y dado que no le compensaba tener que ponerse a limpiar todo solo para estar un fin de semana tampoco se había quedado en la que un día había sido su casa. Por suerte, la isla estaba llena de hospedajes de todos los tipos debido a la gran afluencia turística del lugar y no había tenido problema.

- Pues… parece que sí… - dando otra vez una vuelta sobre sí mismo se acercó por fin a su maleta y la cogió, saliendo así de la habitación.

Sabía que era temprano, pero había preferido ir con tiempo. La primera parada sería pagar los días que había estado en recepción y luego se iría tranquilamente hacia el aeropuerto. Cuando por fin alcanzó la calle, sacó el teléfono de su bolsillo y, tras asegurarse de la hora que era y que no fuera demasiado temprano, pulsó sobre el nombre de Sora.

- ¿Estás ocupada? – fue lo primero que dijo al escuchar como descolgaba, a sabiendas que estaba ya en su horario laboral.

- ¿Por qué? ¿Quieres decirme cositas por teléfono ya temprano? – la voz de Taichi fue la que contestó, provocando que tuviera que alejar el teléfono de su oreja para comprobar que el número que había marcado era el correcto. Miró la pantalla un par de veces, todavía con cara de no comprender nada de nada antes de volver a hablar.

- Se… ¿se puede saber qué narices haces tú con el teléfono de Sora a estas horas de la mañana? – sin poder evitar arrastrar sus palabras, dejó que se notara en su tono lo completamente perdido que estaba.

- Pues mira, por fin la he convencido para que te dé calabazas y se venga conmigo, deberías de ir asumiéndolo. Aunque si no molestas mucho te dejamos venir con nosotros…

- ¿Se puede saber qué haces hablando por mi teléfono? – Yamato pudo escuchar perfectamente la voz de ella acercándose-. ¡Suelta! ¡Taichi que me lo des!

Silencio.

- ¡Bruta!

- ¿Yamato? – la voz de a pelirroja fue la que sonó claramente al otro lado del terminal por fin-. ¿Pasa algo?

- Yo ya no sé si pasa algo o no… - llevándose la mano al rostro, intentando salir de su estado de confusión, echó a andar de nuevo cogiendo la maleta-. ¿Qué hace ese tocando las narices ya temprano?

- Pues… existir, es su forma de ser, ya lo sabes. Sigo con él… Trabaja de tarde y Koemi lo ha dejado solo con Daigo. Alguien tiene que asegurarse de que sobrevive mientras que el niño duerme – mintió sobre la marcha, intentando que no se le notara en la voz.

- Es verdad, no me acordaba de que te había secuestrado con ellos… Yo ya me voy para el aeropuerto. Si hay algún retraso o lo que sea ya te aviso, pero no te molestes en estar pendiente, puedo coger un taxi.

- No digas tonterías… - frunció el ceño de nuevo, notando la misma sensación que había tenido minutos antes apoderarse de su estómago-. Oye…Te llamo yo luego que ahora mismo no puedo hablar…

- Va… - no pudo llegar a terminar de contestar, quedándose mirando hacia la pantalla del teléfono después de que ella le colgara.

Sin ser capaz de entender absolutamente nada, prefirió resignarse. Ya se enteraría de qué pasaba cuando llegara a Tokio… Por el momento sería mucho mejor continuar su camino hacia el aeropuerto e intentar sacar de su cabeza el trama de esperar que la voz de su esposa lo saludara y que hubiera sido Taichi quien realmente lo hiciera.

- Mira, es que no me puedo creer que te hayas pasado todo el domingo así y no se te haya pasado por la cabeza tan siquiera avisar a tu madre para que estuviera contigo – acercándose hasta ella con una taza, se la tendió antes de sentarse frente a Sora.

- Taichi, no sabía lo que me pasaba… Sabes que es perfectamente normal que me ponga así por cualquier tontería, ¿tú crees que iba a estar pensando yo en que podrían ser nauseas matutinas? Las cuales, por cierto, tienen el nombre más irónico de la historia porque la tarde que me dieron el domingo…

- Eso, tú empeóralo… Como sigas así no te pienso dejar ir al aeropuerto… Te voy a dejar en casa con Gabumon y Biyomon y me voy yo a buscar a Yamato.

- Pero…

- No, nada de peros, ¿queda claro? Voy a terminar de vestirme y nos vamos para tu casa…

Gruñendo por lo bajo, subió las rodillas contra su pecho, rodeándolas con un brazo mientras que con el otro sujetaba la taza que su amigo le había dado, dejando la mente en blanco y la vista fija en la pared.

- ¿Sigues encontrándote mal? – la voz de Gabumon la devolvió a la realidad, habiéndose quedado Biyomon también con Daigo.

- Ya estoy mejor – girando la cabeza hacia él, se apartó un poco para dejarlo sentarse a su lado-. Vamos a irnos a casa en nada…

- ¿Y Yamato?

- Taichi dice que va a ir a buscarlo si es capaz de dejarme sola más de cinco minutos – en el fondo no podía enternecerse por la forma en la que se estaba comportando y sentirse hasta culpable por el susto que le había dado el día anterior, pero empezaba a necesitar cinco minutos de paz y calma sin él cerca-. ¿Quieres ayudarme a preparar cómo se lo vamos a decir a Yamato?

El digimon se quedó mirando hacia ella, curioso, antes de asentir y quedarse a la espera de lo que ella había.

- ¿Me sujetas la taza un momento? – tendiéndosela, se acercó a la mesa para coger su teléfono antes de enseñarle lo que había en la pantalla-. Te dejo elegir a ti…


Apoyado en una de las columnas del aeropuerto, a sabiendas de que no iba a ser demasiada la gente que llegara de Tanegashima a aquellas fechas del año, Taichi se había quedado pensando en sus cosas. Finalmente había dejado a Sora en casa después de haber hecho un par de paradas y, aunque sabía que los digimon la iba a cuidar, no se fiaba ni un pelo de ella. Esperaba que al menos ahora que sabía que no eran nervios precisamente lo que le provocaba las nauseas fuera algo más responsable y no lo ocultara.

- Menos mal que tu madre no es tan cabezona como nuestra pelirroja favorita, Daigo – hablándole al niño que estaba en su silla, mirando hacia su padre, divertido.

- ¿Qué narices estás haciendo tú aquí? ¿Quieres que tenga pesadillas contigo hoy? – la voz de Yamato lo hizo saltar, no habiéndolo visto acercarse antes de haber bajado la mirada hacia su hijo.

- Puede… - sonrió a modo de saludo-. Qué puntual, no me tienes acostumbrado a llegar tan a tu hora…

- Porque no es a ti a quien estaba esperando ver… ¿Sora?

- Tenía que atender unos asuntos, creo que te espera en casa…

- ¿No habrá vuelto a tener problemas con los idiotas de San Francisco, verdad?

- Sí… creo que era algo de eso… - sin tener ni idea de lo que hablaba o no, simplemente se acercó a Daigo, cogiendo la silla-. Venga, vamos, que no quiero pillar todo el tráfico de vuelta…

- ¿Sí? – frunció el ceño, echando a andar tras él-. Mira, es que me tienen harto. No sé cómo pueden ser tan sumamente inútiles que no dan más que problemas. Si no fuera por todo lo que se ha matado a trabajar…

No prestando demasiada atención al monólogo de él, echó a andar entre la gente, de camino hacia la salida más cercana.

- ¿Tú no tendrías que estar trabajando? – soltó de golpe Yamato cuando aparcó frente al edifico.

- Entro ahora, me voy a ir a dejar a Daigo en casa de mis padres… Voy repartiendo niños pequeños por Tokio, tranquilo – mirando hacia él, se quedó pensativo-. Escucha… cuando puedas llámame o me paso por aquí.

- ¿Por qué?

- Porque tengo que hablar contigo de algo, pero ahora no tengo tiempo… Venga, sube – le hizo un gesto con la cabeza-. Que si llego tarde mi madre es capaz de castigarme incluso siendo padre ya…

- Probablemente hayas hecho méritos para ello – asintió-. No te preocupes, cuando salgas del trabajo pásate por aquí y hablamos de lo que sea.

- Perfecto – asintió antes de ver cómo se bajaba-. Te veo más tarde…

Sora estaba en casa, mirando hacia el reloj, intentando controlar sus propios nervios. Nervios completamente sin sentido porque sabía que aquella noticia iba a ser bien recibida, pero no aguantaba las ganas de poder decirle lo que pasaba.

Por suerte, no se había vuelto a encontrar mal desde temprano y ahora estaba sentada en una de las sillas de la cocina, habiendo dejado en el sofá algo. Solo esperaba ser capaz de tener paciencia de esperar a poder hacer las cosas como quería y no gritárselo nada más que entrara por la puerta.

- Tranquila – Biyomon se subió a la encimera, observándola desde allí.

- Como si fuera tan fácil…

- Seguro que sí.

El sonido de la puerta abriéndose hizo que ambas girasen la cabeza hacia ella, dejando la mirada fija en esa dirección.


Shhhh tomates quietos, ¿por quién me tomáis? Si no pego el corte no me quedo contenta y lo sabéis...

AnnaBolena04: es una cosita cuqui y adorable que a parte de dedicarse a perseguir a la pelirroja por todas partes, el día que le presenten a cierta rubiecilla igual que su cabezota favorito se va a morir del amor él solo varias veces. Así que tiene que empezar desde ya a practicar. Al igual que el embajador, que obviamente no engaña a nadie tampoco y que ya se sabía que iba a andar detrás de ella hasta que se asegurara de que todo estaba en orden.

El rubio por fin llega a casa, ahora solo queda esperar a ver cómo se toma la noticia de que va a ser papi. Yo sigo diciendo que Taichi se ha quedado abajo, vigilando, por si tiene que subir a arrastrar a cierto comandante inconsciente, que va a ser feo que lo dejen ahí tirado en medio del suelo haciendo de alfombra. Y, además, la futura mami no tiene permiso para levantar pesos, así que ella no puede arrastrarlo.

¡Un besito de tortuguita!

Guest vecina: no me azuces a las tartarugas que llevo una semana de perros corriendo de un lado para otro y llevo un par de días sin tocar ni siquiera el word porque no me centro cuando llego a casa de cómo tengo las neuronas. Así que esta semana tengo permiso para hacer el mal y dejar al rubio entrando por la puerta y cortar ahí.

Koemi la pobre mujer yo creo que ya sabe lo que tiene en casa, debía de estar muy bien informada del día que se casó. Así que yo creo que en cuanto se enteró de por qué su marido había secuestrado a la pobre Sora con él ya asimiló que le iba a pegar a ella las paranoias desde bien temprano, pero es parte del encanto de Taichi, hay que quererlo igual.

Mañana sabremos la reacción del rubio, aunque claro yo creo que todos nos podemos imaginar que va a ser buena e_e

Pues mira, no tengo ni la más remota idea. Porque en teoría me dije que iba a cortar en el momento en el que se supiera que estaban esperando a la nena con la reacción del rubio, es decir, mañana. Peeeero yo tengo escrito hasta cuando se entera el abuelo paterno cofcof. Pero, eso no quiere decir que tuviera pensado cortar, sino que iba a cambiarme de historia para no llegar a los tropecientosmil capítulos, peeeeeeeeeeeero bueno, que al final no sé lo que haré, así que de una forma u otra tengo royo para rato jajajaja.

¡Ánimo con los apuntes! Muchos bicos de tortuguita.