Sora se había quedado en la cocina haciendo algo para la hora de la comida, ya que empezaba a tener hambre al no haber sido capaz de retener comida en el estómago por la mañana. Mientras tanto había conseguido que Yamato se fuera a deshacer su maleta entre que le volvían a funcionar las ideas y no.

El vibrar de su teléfono la hizo girarse hacia donde lo había dejado, viendo que era un mensaje de Taichi preguntando por cómo habían ido las cosas. Sonriendo ligeramente, antes de decidir contestarle.

- ¿Seguro que no quieres subir con él? Llevas sin verlo desde que se fue el otro día Gabumon… - le dijo al digimon mientras que se entretenía contestando al mensaje.

- Ya lo tengo muy visto – negó con la cabeza.

Riéndose por la contestación que le dio, se acercó hasta él, posando el teléfono en la encimera para poder coger al digimon y sentarlo en una de las sillas, para que se quedara allí tranquilo. Parecía que lo de empezar a seguirla a ella a todas partes iba a ser algo de continuo. Sonrió sin poder evitarlo antes de volver a centrarse en la comida.

Sentado encima de la cama, con todo lo que se había llevado con él en la maleta esparcido por encima de ella, estaba Yamato. No había sido capaz de terminar de asimilar la noticia que le habían dado cuando había llegado a casa. Era algo que aunque sabía que podía pasar en cualquier momento ya que lo estaban buscando intencionadamente, probablemente no hubiera estado preparado para escucharlo así de repente.

Quizás ese fuera el motivo por el que ha hubiera movido de sitio varias veces uno de los jerséis que se había llevado para terminar dejándolo de nuevo en el mismo y mirarlo con el ceño fruncido, como si no entendiera cómo había podido llegar hasta allí.

El sonido de su propio teléfono lo hizo dar un brinco, no esperando escuchar de repente nada más en la habitación, empezando a buscarlo por todas partes sin ser capaz de encontrarlo. Cuando por fin fue capaz de dar con él, contestó automáticamente sin fijarse en quien era.

- ¿Te he pillado en mal momento, hijo?

Yamato empalideció, estando a punto de soltar el teléfono cuando la voz de su padre sonó al otro lado. Repentinamente en su cabeza había pareció una alerta en la que no había pensado, si no podían contarle a nadie que iban a ser padres, precisamente Hiroaki… En Hiroaki no había pensado.

- No, no… Estaba deshaciendo la maleta – consiguió contestar.

- ¿Ya estás en casa?

- Sí, llegué hace un rato… ¿Querías algo?

- ¿Tengo que querer algo para hablar contigo ahora?

- No… No…

- ¿Seguro que estás bien?

- Sí, es… El viaje, sí, eso, que me ha dejado un poco atontado.

- ¿No habré interrumpido nada, verdad? – usó el tono de voz apropiado para aquello, provocando automáticamente que al rubio se le subieran los colores.

- No digas tonterías… No, de verdad, es que me has pillado un poco distraído…

- Ya… Claro… Bueno, pues, era solo para ver si habías vuelto de una pieza. Ya veo que sin neuronas sí que has vuelto, pero que no es nada que no se pueda arreglar… Te dejo seguir haciendo lo que sea que estuvieras haciendo…

- ¡Que no estaba haciendo nada papá!


Hiroaki se giró, todavía con el teléfono en mano, caminando unos pasos para ir a dejarlo encima de la mesa, quedándose mirando hacia su compañía.

- O se nos está quedando tonto, o creo que le he llamado en mal momento…

- ¿Por qué? – Natsuko arqueó una ceja.

- No lo sé, no había con quien hablar. Pero bueno… que ya ha vuelto, según él estaba deshaciendo la maleta, pero prefiero no investigar.

- Eres un malpensado, que lo sepas…

- Sí… justamente – sonriendo ligeramente de medio lado, no pudo evitar que volviera a su mente el día que había hablado con Yamato cuando había vuelto a Tokio después de la última misión y había escuchado más de lo que seguramente a su hijo le hubiera gustado.

- Bueno, déjalo, ya es bastante mayorcito… ¿Vas a ayudarme con lo que te pedí o no? – cruzando los brazos, se quedó mirando hacia él.

- Ya voy… - siguió los pasos de la mujer, decidió olvidarse de lo que estuviera haciendo o no el mayor de sus dos hijos.


Yamato bajó las escaleras con paso rápido, todavía con el teléfono en la mano, llegando hasta dónde estaban los dos digimon y Sora, prácticamente asustándolos al haber salido tan de la nada.

- Me ha llamado mi padre – anunció.

- ¿Ha pasado algo? – girándose hacia él, Sora se quedó mirándolo sin entender nada.

- Me ha llamado mi padre – repitió, señalando el teléfono con la mano.

- Hmm… ¿Muy bien? ¿Y qué me quieres decir con eso? Porque traes cara de susto… ¿No le habrá pasado algo a tu hermano, no?

- No – negó con la cabeza.

- ¿Entonces?

- Pues que lo ha llamado su padre – repitió Gabumon, dándose cuenta por fin de lo que podía estar pasando.

Mirando al rubio primero y al digimon de éste después, hizo un verdadero esfuerzo por ser capaz de entender de qué narices le estaban hablando. De repente, como si hubiera hecho la luz, arqueó ambas cejas a la vez.

- Te ha llamado tu padre… - miró hacia el teléfono y luego hacia Yamato, viendo como asentía-. ¿Y qué le has dicho?

- Que estaba deshaciendo la maleta…

- ¿Nada más?

- Te juro que me he llegado a asustar cuando descolgué sin mirar quién era y sonó su voz al otro lado – soltó de golpe, empezando a reaccionar, dejando el objeto encima de la mesa.

Sora comprendió por fin de que iba todo aquello, girándose unos segundos para vigilar que no se le quemara lo que estaba cocinando antes de dejar posada la cuchara en uno de los laterales. Volvió a mirar hacia su marido, sin saber muy bien cómo empezar con aquello.

- ¿Tú quieres decírselo? Normalmente es bueno esperar un poco más pero si quieres decírselo a mí no me importa…

- ¡No! Vamos a esperar lo que venga bien esperar… - negó con la cabeza-. Estoy de acuerdo contigo… Pero… ¿cómo narices voy a hacer para que no me lo note cuando vea la punta de mi pelo venir a lo lejos desde el otro extremo de la calle?

Sonrió sin poder evitarlo por las palabras de él. Efectivamente, ese iba a ser un gran problema, Yamato lo acababa de decir con todas las palabras. Su suegro lo conocía demasiado bien, igual que a ella Toshiko, pero, por suerte, su madre estaba pasando más tiempo de la cuenta en Kioto la última temporada… Con Reiji recién nacido era imposible que no tuvieran cientos de excusas para tener que ver a Hiroaki y a Takeru con más frecuenta de la que les vendría bien.

- ¿Y cómo vas a hacer?

- ¿No te apetece cogerte unas vacaciones en Tanegashima? – contestó bromeando.

- Oye… Mira tú qué pena que te hayan trasladado ¿eh? Lo mismo todavía es reversible… - riéndose, negó con la cabeza-. No pasa nada porque se lo digamos a tu padre primero, Yamato, de verdad… Si ya lo saben Haru y Taichi y sus respectivos…

- No… No, no. Y además… Creo que a mi padre no le quiero decir ni media palabra hasta que sepamos lo que va a ser… Se lo ha ganado después de tanto darme la lata durante estos años con que quería una nieta – de repente, sus propias palabras le parecían la mejor idea que había tenido desde hacía tiempo.

- Pero… Eso va a tener que hacernos esperar más… Creo que hasta los… ¿cuatro o tres meses? No sé, por ahí… Hasta esos meses no se puede saber.

- Algo se me ocurrirá… Es que no contaba con él tan pronto, ni que lo oliera, de verdad…

- No te diría yo que no, te tiene demasiado calado… ¿Y Takeru?

- Takeru que se ocupe de esa versión suya en miniatura y… si tienes que aumentarle más la paranoia con mis padres para que se vaya a perseguirlos, ya sabes, así te entretienes… No se lo puedo decir porque seguro que se va de la lengua con mi padre…

- Taichi no creo que se vaya a decir nada a su hermana, creo que esto se lo va a tomar como una venganza personal hacia él… Porque como casi se puede decir que se enteró hasta que yo…

- Tengo que pensar qué hacer con mi padre… - asintió, tomando asiento al lado de los digimon-. La excusa del trabajo puede colar, no sería la primera vez que paso de él precisamente por estar con las narices metidas todo el día en lo mío, pero tampoco quiero preocuparlo…

- Yamato… ya tendremos tiempo de pensar qué hacemos con tu hermano y tus padres. Tranquilo… Hoy… ¿qué te parece si nos centramos en la noticia que te he dado antes y ya te pondrás paranoico más tarde?

- Pues… Me parece muy buena idea…

- Por cierto, nos ha mandado antes Taichi un mensaje que si al final se pasa por aquí como le dijiste tú antes…

- ¿Le dije yo algo antes? – arqueó una ceja, tardando unos segundos en caer en la cuenta-. ¡Ah, sí! Pues que haga lo que quiera…

- Seguro que quiere venir a chivarse de lo de ayer – sonrió ligeramente-. Como si lo estuviera viendo…

- Bueno… no podría imaginar el motivo por que quiera asegurarse de que te estés callando lo que no debes… - ironizó, dibujando una de sus sonrisas más encantadoras en los labios mientras que se quedaba mirando hacia ella mientras que la pelirroja entrecerraba los ojos para lanzarle una mirada desdeñosa.

- Vete a deshacer la maleta…

- Voy… - ampliando más la sonrisa, se bajó de la silla, yendo poco a poco hacia las escaleras.

- Y echa lo que tengas para lavar al cesto de la ropa sucia – le dijo subiendo el tono para que la escuchara.

- Sí… sí…. – contestó, volviendo a darse cuenta de que el jersey que creía haber sacado y guardado estaba todavía dentro de la maleta.

Taichi esperaba al otro lado de la puerta tras haber llamado. Le hubiera gustado poder ver la cara que se le había quedado al estirado del rubio con las noticias, pero sabía que esas eran cosas de ellos en las que poco pintaba de él. Y, además, si la cosa iba de poner caras de susto, él seguro que tenía algún premio por la que debía de haber puesto en el estudio.

Cuando la puerta finalmente se abrió, se encontró directamente con Sora, sonriente al otro lado.

- Yo o me paso días sin verte o no me libro de ti más de unas pocas horas seguidas…

- ¿Qué tal estás?

- Bien… - se apartó, dejándolo pasar-. He tenido una buena tarde, tranquilo… A lo mejor el motivo de mi malestar eres tú…

- Ya, ya… - inclinándose para saludar a su amiga con un beso en la mejilla no tardó en enfocar a Yamato no demasiado lejos.

- Así que… ¿problemas en el trabajo, eh? – le dijo el rubio.

- ¿Qué? No tenía ni idea de lo que narices me estabas hablando, solo te daba la razón como a los tontos – caminando hacia colocarse frente a él-. ¿Qué? ¿Algo que contar?

- Mira que eres tonto… - negando con la cabeza, sonrió finalmente-. Gracias por cuidar de ella ayer…

- Sí claro, como si tuvieras tú algo que ver en que me pasara desde ayer persiguiéndola por todas partes… ¿Quién te manda no estar en casa cuando se te necesita?

- Cállate, idiota – le dijo finalmente antes de avanzar un paso para abrazarlo.

- Oye… lo de llamarlo idiota es cosa mía, ¿qué te has creído que porque ahora estamos casados tienes derecho a usarlo? – protestando, intentando no reírse, se acercó hasta ellos.

- No te pongas celosa, que podéis llamármelo los dos, no te preocupes… - le dijo una vez que estuvo cerca de ellos y se hubo separado de Yamato-. Enhorabuena, pero que sepáis que estoy muy enfadado por no tener ni la más remota idea de que estabais intentando ser padres.

- Porque no queríamos que nadie estuviera metiendo las narices donde, sin duda, a nadie le importaba… - dejando los brazos cruzados sobre el pecho, Sora se quedó mirando para él-. Además, yo me enteré tambien de rebote cuando te tocó a ti, así que no tienes derecho de protestar ni media palabra…

- No tienes derecho a protestar ni media palabra… - le hizo burla antes de alargar el brazo para cogerla por encima de los hombros, aprovechando para revolverle pelo.

- ¡Taichi! – intentando revolverse, solo consiguió la risa de su amigo a modo de respuesta.


AnnaBolena04: bueno, te compro que la tortuga se nos haya muerto porque hoy tiene todo el derecho de morirse la pobrecita del alsdhlasfhlafdla porque por fin tienen nenita en camino y por fin lo sabe el señor rubio.

Yamato se lo ha tomado de la forma más adulta y adorable posible, que conociéndolo podría habérsele desmayado como poco jajajajaja Pero se ha tomado las cosas como se las tiene que tomar y hasta ha saludado a la nenita... Ahora que se prepare la pelirroja, que empieza el modo vigilancia sobre ella de manera superintensiva, que ya se están compinchando en "su contra" el marido y el marido del marido jajajaja

¡Besitos de tortuguita para ti!

Epic Crystal Night: lo sé, los niveles de azúcar están complicados. Yo también sufro de bipolaridad intensa en estos casos porque, realmente, yo soy de las que bufa contra todo esto en realidad, y ya me ves. Supongo que la cosa va de cuando no son mis monstruitos lo que tengo en mente como niños, sino una cosita adorable rubiecilla. Me alegro de que te haya gustado la reacción del rubio. Ahora habrá que esperar para que el resto se vayan enterando cuando los futuros padres - o la autora maligna - tenga a bien dar la noticia al resto del mundo.

¡Un beso!

Guest Vecina: bueno, con la tontería se les vino Octubre encima y estaban intentándolo desde Junio. No es que la cosa fuera demasiado larga y que no estuviera influenciada por el tema de las pastillas y eso, peeeeeero tenían ya ganas de poder llegar a ese punto en sus vidas. Tú espera que se enteren de que es niña que ya te digo yo que el rubio se va a morir porque a su padre por fin va a poder callarlo de una vez jajaja.

Pues mira, no te he hecho esperar. Aquí tienes la conversación entre los tres - parte de ella - y las gracias que tan merecidas se tenía. Y, de propina, un poco de pánico del rubio porque su padre le ha llamado por teléfono jajajaja Ya le duraba mucho el modo adulto al pobre rubio basado solo en ser adorable saludando a la nena jajajaja

¡Un bico! Y nada de matarte con los apuntes este fin de semana que hay que descansar un poco. Ya me encargaré yo que las tartarugas se aseguren de ello.