- Sora… Abre la puerta…

Al otro lado de la puerta del baño, en el lado de la habitación, se había quedado Yamato, con la mirada fija en ella como si pudiera ver lo que estaba pasando al otro lado. Aquel día, como todos los demás, se habían levantado para ir cada uno a sus respectivos trabajos, y, al igual que los últimos tiempos, de repente Sora lo había dejado con la palabra en la boca y se había ido corriendo hacia el baño.

- Sora… - insistió de nuevo, escuchando unos pasos segundos más tarde y después, el sonido de la puerta abriéndose.

No la vio a ella directamente, ya que tuvo que terminar de abrir él, lo justo para verla con las manos apoyadas en el lavamanos. Habían pasado un par de semanas desde que se habían enterado de la noticia, y, con el paso de los días, el malestar de la pelirroja había ido aumentando notablemente hasta llegar a extremos como aquel.

Se acercó hasta ella, notando que estaba exactamente del mismo color que aquello que utilizaba como apoyo. Frunció el ceño, no pudiendo estar a disgusto con lo que veía. Tal y como había dicho, la había acompañado a la primera revisión y les habían dicho que todo aquello era completamente normal. Pero, eso no implicaba que le hiciera ni la más mínima gracia verla en esas condiciones.

- ¿Qué tal estás? – preguntó al final.

- ¿Tú cómo crees que estoy? – alargó la mano para abrir el grifo del agua fría, metiendo las manos bajo el chorro y echándosela a la cara.

Casi sin atreverse a decirle nada, permaneció observándola unos segundos más. Le costaba saber qué hacer en situaciones como aquella. Sabía que no era buena idea agobiarla, pero por otro lado, le estaba costando mucho no hacerlo.

- Deberías de ir a terminar de vestirte, vas a acabar llegando tarde – le dijo la pelirroja, todavía sin separarse del lavamanos.

- ¿Qué? No… tú no estás ahora mismo para que te deje sola.

- Yamato… Es lo de todos los días… Vete a vestirte… - girando la cabeza para observarlo, dijo aquellas palabras lo más seria que pudo, dadas las circunstancias.

- ¿Vas a ir al estudio? – preguntó.

- Pues…

No llegó a contestarle, volviendo a bajar la cabeza y quedarse mirando hacia la nada, guardando silencio, posando ambas manos en los laterales del lavamanos.

- Yamato vete fuera – le dijo.

- ¿Qué? ¿Por qué?

- Porque… - sin tener tiempo de terminar su frase, tuvo que separarse de su apoyo, dirigiendo sus pasos hacia el retrete sin poder aguantar más las nauseas que aquella mañana le había entrado prácticamente cuando había decidido vestirse para ir al trabajo.

Quedándose sin saber qué hacer, no se fue como ella le había pedido, intentando echar a andar su propio hilo de pensamientos, terminando por reaccionar, haciendo exactamente lo contrario. Se acercó hasta ella, dejándola usarlo como apoyo cuando se volvió a incorporar.

- Deberíamos de contarle a tu madre lo que está pasando, Sora – cogiéndola por el brazo, esperó unos segundos, por precaución, antes de volver a ayudarla a acercarse hasta el lavamanos-. No sé cómo se te puede pasar por la cabeza que me voy a ir al trabajo a sabiendas de que estás así.

- Yamato…

- No, Yamato no. Mírate… Ya sé que te quedas con los digimon, pero no estás en condiciones para quedarte solo con ellos, aunque luego se te acabe pasando. Anoche no pegaste ojo, ¿qué crees que no me he dado cuenta?

Arrugando la nariz, eso una pequeña mueca, antes de hacerle un gesto para que la soltara.

- Quiero lavarme los dientes… - dijo viendo como asentía y se apartaba unos pasos sin quitarle la vista de encima.

- Lo digo en serio, tienes que decírselo a tu madre. Esperar a los tres meses porque dicen que da mala suerte contarlo primero es una tontería. Y, además, es tu madre, esa mujer es capaz de espantar la más mínima gota de mala suerte con una mala mirada… - intentó bromear.

Giró la cabeza, con el cepillo de dientes todavía en la boca, simplemente observándolo antes de continuar con lo que estaba haciendo para intentar quitarse el sabor de boca lo mejor que pudiera.

- Vete a vestirte – le repitió cuando por fin dio acabada su tarea.

- ¿Qué? ¿Has escuchado media palabra de lo que te he dicho? – arqueando ambas cejas, cruzó los brazos sin poder creerse lo que acababa de escuchar.

- Vete a vestirte… - dio unos pasos hacia él-. Me encuentro mal, estoy hecha un asco… No necesito que te echen la bronca en el trabajo por mi culpa para rematar la mañana – al ver que abría la boca de nuevo para protestar, se colocó delante de él, posando se dedo índice sobre sus labios para que guardara silencio-. ¿Hacemos un trato? Tú te vas a trabajar… y yo me quedo en la cama bajo la vigilancia de estos dos… Y por la noche le decimos a mi madre que venga y le cuento lo que pasa.

Sin molestarse en disimular la sorpresa porque hubiera cedido tan rápido, estuvo a punto de protestar ante la idea de dejarla sola en casa. Si no fuera por el hecho de que llevaba toda la semana llegando tarde, cuando nunca jamás lo había hecho, quizás hubiera protestado algo más. además, conocía a Sora, sabía que no iba a dar su brazo más a torcer.

- Vendré a la hora de la comida para ver cómo estás… ¿Necesitas algo?

- Ahora mismo no lo sé, pero te llamo más tarde cuando me levante de la cama, ¿vale?

- Vale – posando las manos en sus brazos, dio un pequeño tironcito de ella, para acercársela algo más y poder dejar un beso en su frente-. Venga, que te acompañado a que te eches.

Asintiendo, no teniéndolas todas consigo todavía al encontrarse algo mareada, no protestó cuando la acompañó hasta la cama,

- Llamo yo a mi madre para decirle que se pase por aquí a la hora de cenar, ¿de acuerdo? – le dijo mientras que se echaba, estirando la mano para cubrirse con las sábanas, sin llegar a hacerlo, encargándose de ello el rubio.

- Como prefieras, como si quieres llamarla primero para que venga a estar contigo por la mañana hoy…

- Deja de buscar excusas para no ver a mi madre… - sonrió ligeramente, bromeando.

- Me has pillado… - sonriendo a su vez, notando una ligera mejoría en ella simplemente por ese comentario, miró hacia el reloj.

- Vete de una vez… Y haz el favor de desayunar antes de irte o llevárselo para el camino…

- Voy a decirles a los otros dos que suban contigo, ¿de acuerdo? – se quedó observándola, viendo como por fin parecía volver a acomodarse en la cama.

- ¿Quieres hacer el favor de irte de una vez? – acabó por reírse-. Estaré bien, ¿vale?

Asintió, sonriendo antes de inclinarse hacia ella para poder despedirla con un beso, viendo cómo giraba la cara para que tuviera que dárselo en la mejilla, mirándola interrogante.

- ¿Qué? ¿Tú no me vas visto devolver hace cosa de unos minutos? – dibujó una sonrisa en sus labios de nuevo.

- No tienes remedio… - haciendo el esfuerzo de levantarse y caminar hacia la salida de la habitación, se acercó hasta la puerta-. Llámame cuando te levantes…

Sin tenerlas todas consigo, acabó por bajar las escaleras, buscando a los digimon para hacer lo que le había dicho.


Cuando llego por fin a su puesto, no tenía la mejor de las caras. Estaba lloviendo y se había dejado el paraguas en casa al haberse ido con la cabeza en cualquier cosa menos en si se iba a mojar o no. No había tenido tiempo de desayunar y, para encima, había llegado tarde finalmente.

Murmurando por lo bajo, se dispuso a dejar la chaqueta colgando de la silla, empezando a buscar por encima de la mesa dónde había dejado la carpeta con la que había estado trabajando el día anterior sobre algunas coordenadas para la optimización de parámetros.

- Yamato, ven a mi despacho – la voz de Hideki hizo que diera un respingo-. Ahora.

Sin esperar a que lo siguiera, continuó su camino. El rubio no pudo más que fruncir el ceño. Sí, tenía una relación más allá de lo laboral con él, pero no dejaba de ser su superior y aquella la cuarta o quinta vez que llegaba tarde en dos semanas… Con cara de resignación, dejó de buscar la carpeta, poniéndose en pie antes de encaminarse hacia su despacho.

- Cierra la puerta – le dijo cuando lo vio aparecer-. Y haz el favor de sentarte…

No dijo ni media palabra, simplemente asintió con la cabeza haciendo lo que le había dicho, esperando el toque de atención que estaría completamente justificado y ante el que no podría decir ni la más mínima protestar. Él mismo se lo había buscado, pero, ¿qué otra cosa podía hacer?

- ¿De cuánto está? – soltó de golpe Hideki, quedándose mirándolo fijamente.

- ¿Eh?

Perdiendo el aire serio con el que había estado hasta el momento en el que el rubio había cerrado la puerta, no pudo más que reírse de la cara que se le acababa de quedar.

- Tienes unas ojeras que te ocupan media cara, jamás en la vida te he visto llegar tarde al trabajo y últimamente está a la orden del día… Saltas a la mínima que te suena el teléfono… Y dudo que sea que te aburres demasiado sin tener a Mai por aquí tocándote las narices… Así que, repito mi pregunta, ¿de cuánto está?

- ¿Cómo…?

- Porque yo ya he pasado por eso hace una buena temporada – negando con la cabeza, todavía divertido por las caras que le estaba poniendo-. ¿Lo está llevando mal o qué?

- Bastante… Hoy precisamente ha sido de los peores días – admitió-. Está de siete semanas.

- Pues prepárate porque te queda un mes bastante entretenido… Empezará a mejorar a partir de las doce semanas…

- Doce semanas… - no pudo evitar pasarse las manos por la cara, arrastrándolas en gesto cansado.

- Sé que es complicado y que seguro que ni tú ni ella lo estáis pasando demasiado bien, pero intenta disimular un poco más con lo de las idas y venidas. No te estoy dando un toque de atención, solo te digo que en todo caso avises, ¿de acuerdo?

- Lo sé, y lo siento… Al menos la he convencido para que se lo diga a su madre para que esté con ella por las mañanas cuando esté mal.

- ¿No lo sabía su madre?

- No se lo íbamos a decir a nadie hasta que pasaran unos meses…

- Tonterías… Esas supersticiones son cosa de viejas. Me parece muy buena idea que se lo digáis a su madre… Y, si necesitáis cualquier cosa… Algo podré hacer, algo más de práctica que tú tengo en estos asuntos.

- Gracias – contestó, observándolo.

- Y, por cierto – alargó el brazo, cogiendo una de las carpetas de encima de su mesa-. Creo que no quiero saber cómo acabó esto en el armario de las tazas ayer… ¿verdad? – sonriendo, divertido, no pudo más que empezar a reírse de la cara de Yamato.

- No… mejor no lo quieres saber – se puso en pie, dando la conversación por terminada, cogiendo la carpeta que le tendía.

- Y enhorabuena, que dudo bastante que esto sea un accidente o no deseado…

- No, ha sido totalmente intencionado…

Aquellas palabras hicieron que le cambiara el gesto totalmente a uno mucho más relajado. Por supuesto que había sido totalmente buscado e intencionado, y esa idea le hacía calmarse y actuar como una persona más normal, no cómo había llegado minutos antes al trabajo.

- Por favor, no me obligues a tener que mandarle una foto a los dos del sur y a Mai para que vean la cara que estás poniendo ahora mismo… Vete a fingir que trabajas al menos… Ah, y haz el favor de peinarte, que no queremos que ninguna de las aprendices se vuelva a dar contra alguna puerta por ir mirando hacia dónde no debe…

- Qué gracioso… - dijo antes de cerrar la puerta, yendo a dejar la carpeta en su mesa antes de pasarse un mano por el pelo, dejándolo un poco más en su sitio.


AnnaBolena04: pues no todo iba a ser azúcar... Aquí llega la parte fea de todo esto. Y, sinceramente, no sé quién lo está pasando peor, si ella por el malestar físico o el estado de nervios que se maneja el rubio como para andar dejando las carpetas en los armarios de las tazas. Al menos Hideki se lo sigue pasando bien a costa del rubio aunque los hayan dejado a ellos dos solitos, que sin duda su cara al verlo hacer cosas sin sentido todos los días atrás seguro que no tenía precio jajaja

Parece que por fin vamos a tener a alguien más enterada del asunto, ¿qué tal se lo tomará Toshiko? ¡Besitos de tortuguita!

Guest Vecina: ¡Alterta permanente!

Más o menos, pero bueno, aquí llega un poquito de limón para romper con tanto azúcar jajaja Parece que la parte fea llega y que no lo está llevando demasiado bien. A ver quién se los dos llega en peores condiciones al final de esta etapa, si él o ella, porque la paranoia que parece arrastrar el rubio es importante. Y seguro que está también puesto al día el tercer integrante del matrimonio, así que a saber el acoso que se gastan entre ellos dos ya con la pobre pelirroja.

Jajajaja Taichi va a disfrutar del momento en el que pueda restregarles que lo lleva sabiendo casi desde antes que los propios interesados. Por fin le toca reírse un poco de ellos y disfrutar de las caras que van a poner (aunque todos sabemos que no le va a extrañar a nadie la noticia, que solo había que ver a los recién casados con un nene en cuello para darse cuenta).

Ánimo, que estamos a lunes y es necesario motivarse mucho para sobrevivirlo... ¡Bicos para ti y para las tartarugas!

Natesgo: sí, los has retratado muy bien a todos y cada uno de ellos en los capis anteriores. Yo también me quedo con el bicho adorable siendo un completo amor, y eso que todavía no le ha visto la cara a la nena para darse cuenta de que es un miniclon del rubio, que entonces sí que se va a poner en modo acosador detrás de ella todo el día.

Y sí, por una vez el pobrecito embajador ha hecho de la voz de la razón y se ha llevado la palma. Si no fuera porque se la llevó de la oreja al médico posiblemente allí no se habría enterado nadie por el momento de lo que estaba pasando hasta que el susto fuera a mayores. Eso o que le pasara estando realmente con Yamato y al que hubiera que llevar al hospital y con un infarto fuera a él, claro.

Ahora voy a ver si descanso un poquito porque estamos a lunes y yo ya no sé si voy o vengo... ¡Besitos para ti!

Epic Crystal Night: ya me duraba mucho la etapa azucarosa y tenía que ponerme a hacer el mal de alguna forma. Esto, al menos, viene siendo lo normal en estos casos, sobretodo siendo ella ya tan dada a este tipo de malestares. Así que ahora tenemos un rubio totalmente paranoico por las esquinas... Sobretodo ahora que parece que van a tener que contarle a Toshiko lo que está pasando claro. A ver si sobrevive sin que le dé un colapso a él o algo jajaja

¡Un beso grande grande!