- ¿Y cómo pensáis hacer para que nadie más de la familia se entere? Quiero decir, tu padre estando fuera siempre es muy sencillo que a no ser que lo digamos no se entere, pero… - miró hacia Yamato-. ¿Y los tuyos?

- No lo sé – reconoció-. No tengo ni la más remota idea de cómo me las voy a arreglar, pero me gustaría poder decírselo cuando sepamos si es niño o niña… El problema es que no sé cómo voy a poder hacerlo.

- Si hasta se pone paranoico cuando habla con él por teléfono – riéndose, Sora levantó la vista hacia ellos, dejando de mirar de reojo hacia lo que quedaba de postre encima de la mesa.

- ¿Y qué vais a hacer? ¿Darle esquinazo hasta que llegue la fecha? – extrañada, se quedó mirando hacia ellos.

- Eso serviría para que le diera por pensar que me pasa algo y empiece a interrogarme – negó con la cabeza-. Algo se me acabará ocurriendo, por el momento solo hemos estado más pendientes de cómo se encontraba ella… Y con la vuelta al trabajo tampoco he tenido tiempo de mucho más.

- Seguro que algo se os ocurre, no te preocupes. Y sino… ¿Enero? ¿Diciembre? Ya no sé cuándo se pueden saber estas cosas… Lo que quiero decir es que tampoco tenéis que esperar tanto tiempo – giró la cabeza hacia su hija, observándola, dándose cuenta de la expresión cansada de ella. Sonrió-. Creo que será mejor que me vaya… Mañana por la mañana ya os veré…

- ¿Te vas ya mamá?

- Cariño, tienes una cara de querer meterte en la cama y olvidarte del mundo que no te lo puedes imaginar. Así que nada de andar dando vueltas por casa, que tienes que descansar…

Negó con la cabeza, divertida por las palabras de su madre, viendo como automáticamente Yamato se ponía en pie para ir a buscar la chaqueta de su madre, sonrió ligeramente.

- Ven cuando quieras mañana por la mañana, si me encuentro mal me quedaré en la cama, ¿vale? No hace falta que andes madrugando más de la cuenta y tampoco quiero que dejes tu trabajo desatendido por mi culpa… Si prefieres que me quede en tu casa contigo…

- Sora… no empieces. ¿Tú crees que tengo algo mejor que hacer que consentir a mi única hija porque se encuentra mal y me va a dar un nieto? Las flores pueden esperar, créeme… - se puso en pie, acercándose hasta ella para darle un beso en la mejilla-. Me has dado la mejor noticia que me podrías haber dado… Así que ahora haz el favor de cuidarte y vaguear todo lo que no has vagueado todos estos años atrás y dejarte cuidar. Cuando lo sepa tu padre… Ya verás cómo se va a poner de contento. Yo creo que de esta se nos vuelve para Tokio y no vamos a ser capaces de devolverlo a Kioto más.

- Pobre papá… ¿seguro que no se lo quieres decir?

- No, que se aguante, me guardo el derecho de verlo montar el drama otra vez – sonrió, divertida, viendo cómo por fin su yerno se acercaba con sus cosas-. Muchas gracias – dijo mientras que las cogía-. Y haced el favor de despedirme de esos dos que se han quedado dormidos…

- Claro que sí – Sora se puso en pie-. ¿Quieres que te acompañemos a casa?

- ¿Acompañemos? – Yamato arqueó una ceja-. Tú te quedas en casa poniéndote el pijama y descansando que menudo día que has tenido…

- No, y tú con ella – le dijo Toshiko al chico-. Ya que tanto os gusta decir que tengo a medio Tokio aterrorizado, seguro que no pasa nada porque vuelva yo sola a casa – riéndose por lo bajo, no pudo evitar el comentario.

- Ya sabes… Toshiko te ha mandado quedarte en casa conmigo, no te va a quedar más remedio que hacerle caso – sonriendo, se apoyó ligeramente contra él, notando como automáticamente pasaba el brazo en torno a su espalda.

- Mañana os veo, y si se empeña en dar la lata hasta tarde la mandas directa a dormir – bromeando, se despidió de ellos, caminando hacia la puerta.

Una vez que la mujer se fue, una ligera sonrisa fue apareciendo poco a poco en la cara del chico, acabando por girarse hacia la pelirroja, arrastrando la mano que había dejado en su espalda hasta que la dejó sobre su cintura.

- ¿Sabes que es lo que vas a hacer ahora?

- ¿Qué? – arqueó ambas cejas-. No me quiero ir a la cama ya, es pronto y no te voy a dejar recogiendo todo a ti solo…

- No, no iba a decir eso… Pero te he pillado… - intentó poner cara interesante.

- ¿Me has pillado de qué?

- ¿Dónde has estado mirando prácticamente todo el tiempo desde después de la cena?

Quedándose mirando interrogante hacia él, tardó unos segundos en caer en la cuenta, relajando finalmente los rasgos, empezando a dibujar una sonrisa entre divertida y traviesa.

- Hacia algo de lo que me pienso apoderar y llevarme conmigo al sofá…

- Eso me parecía – riéndose ya abiertamente, se inclinó ligeramente hacia ella, para dejar un beso en los labios de ella.

Le sorprendió al notar como buscaba su nuca con su mano para retenerlo cuando se quiso separar, sin dejarlo hacerlo. Aprovechó el gesto de ella para posar la otra mano a juego con la que ya tenía en su cintura, acercándosela, dejándola a ella prolongar el beso todo lo que quisiera. Cuando se separó, se quedó observándolo, dejando las manos enlazadas tras su cuello, pensativa.

- ¿Te puedo hacer una pregunta? – murmuró, sin moverse mínimamente.

- Puede… Ya veremos si te la quiero contestar – sonriendo de medio lado, permaneció atento, jugando distraídamente con sus manos en los costados de ella.

- ¿Eres consciente de que llevamos un par de semanas por mi culpa sin que te pueda prestar la atención que te mereces?

Parpadeó sorprendido, tomándose unos segundos, sin haber esperado que le saliera con aquello. Cierto era que desde que ella había empezado a encontrarse mal lo único que acababa haciendo cuando llegaba a casa era echarse a dormir, y la vuelta al trabajo de él tampoco estaba ayudando.

- No creo que se pueda decir que es precisamente por tu culpa – contestó-. No has pasado tampoco las mejores semanas de tu vida…

- Pues peor que me las puedo pasar como sigamos así – sonrió finalmente, tirando de él, aprovechando dónde había dejado las manos apoyadas.

- ¿Así que tú plan de noche acaba de ser dejar el postre olvidado esperando que yo te entretenga un rato?

- No, tengo tiempo para todo – ampliando más la sonrisa, dándose cuenta de que se había salido con la suya, terminó de acercárselo.

Ciertamente había estado encontrándose demasiado mal, y aquel día había sido la prueba de ello, pero estaba de buen humor y aunque estuviera cansada, debía de reconocer que eso era lo de menos. Estaba demasiado acostumbrada a poder aprovechar sus momentos a solas con él de una forma completamente diferente a estar intentando no salir corriendo hacia el baño, que no quería dejar pasar la oportunidad.

Consiguió que cediera rápidamente, y que tras el primer tironcito que le dio para que bajara la cabeza fuera él quien recortara la distancia entre ambos, cerrando los brazos en torno a su espalda para dejársela pegada del todo, apretándola contra él devolviéndole el beso de antes, dejando claro que estaba totalmente de acuerdo con ella y que no era la única que había echado de menos aquellos momentos.

Separándose de ella, intentando recuperar la respiración, no perdió el tiempo, dando unos pasos hacia atrás, buscando acercarse hacia el sofá. Hacía un buen rato que los dos digimon se habían ido a dormir y, más les valía quedarse durmiendo hasta la mañana siguiente porque no tenía ni la más mínima intención de perder tiempo subiendo hasta la habitación.

- Espera… espera… - le murmuró ella por lo bajo, adivinando sus intenciones-. No me fio de ellos…

- Llevan durmiendo cosa de una hora…

- Ya, pero… - se mordió el labio, quedándose agarrada a él todavía, dudando.

- ¿Qué? ¿Tienes miedo de que se despierten por tu culpa? – no pudiendo evitar la sonrisa de medio lado, terminó por asentir.

- ¿Mía? ¿Estamos seguros de que la culpa es mía? – soltándose de él, lo siguió, escaleras arriba.

Se quedó esperando a escuchar la puerta cerrarse bien por dentro, sonriendo sin poder evitarlo. Permaneció quieta, esperando que volviera a su lado, ampliando aún más la sonrisa al sentir sus brazos cerrarse en torno a su cintura desde la espalda, empezando a notar cómo recorría con sus labios su cuello, haciéndola echar la cabeza hacia un lado para facilitarle el acceso.

Sin esperar mucho más, dada su posición, fue ella quien comenzó a librarse de sus propios botones, entrecerrando los ojos sin poder evitarlo, reaccionando así a sus besos. No tardó en notar las manos de él colaborando en la tarea de librarse de su ropa, arrastrándola hacia atrás una vez que la hubo abierto.

Pudo notar como un escalofrío recorría su espalda por completo cuando sintió sus manos sobre su cintura, acariciándola, llevándolas poco a poco hacia la parte delantera, buscando posarlas sobre su vientre, no pudiendo evitar una sonrisa ambos a la vez. La pelirroja giró el cuello, buscando un beso, dejándose llevar por completo.

Moviendo sus manos con libertad, por fin, por la figura de Sora, no perdió el tiempo, buscando los tirantes de la ropa interior arrastrándolos hacia abajo. Sin duda, sí que la había echado de menos en esos aspectos, y le habían entrado las prisas de repente. Se separó de sus labios, volviendo a tantear su cuello, llevando las manos a las curvas del pecho de ella, apretándolas ligeramente.

Un ligero sonido de sorpresa escapó de los labios de ella, haciendo que la observara retirándolas.

- ¿Qué? ¿Te he hecho daño?

- No… Es que está más sensible la zona… - explicó, prácticamente divertida ante la cara de él.

- ¿Sensible? – la tanteó, todavía sin atreverse a hacer más, dejándola girarse entre sus brazos.

- Es normal, no te preocupes, ¿vale? Llevo dos semanas sin… ti, haz el favor de hacerme tuya de una vez… - aprovechando que se había girado, llevó las manos al comienzo del jersey que llevaba, tirando de él hacia arriba, aprovechando el momento de confusión de él.

Cuando se quitó, se encontró por fin con el gesto confiado de él, quien rápidamente llevó las manos al cierre de la ropa interior, soltándolo para poder dejarlo caer antes de levantarla del suelo, posando las manos bajo sus piernas para llevarla hasta la cama, dejándola sobre ella con sumo cuidado, reclinándose sobre ella después antes de empezar a recorrer todo su cuerpo con los labios, notando cómo se revolvía.

Posó las manos en su cadera, arrastrando los pantalones y la ropa interior de una sola vez, dejando totalmente descubierta la figura de su esposa, aprovechando para recorrerla con las manos antes de buscar una mejor posición, lanzándole una mirada significativa mientras que acariciaba una de sus piernas, aprovechando para colocarlas a ambos lados de él, con lentitud ante la atenta mirada canela de ella. Sonrió ligeramente, inclinándose por fin y dejando un beso en la cara interna de muslo, repitiendo la acción varias veces hasta alcanzar por fin su destino.

Cerrando los puños sobre las mantas, no tardó en arquearse, intentando acomodar mejor su postura, cerrando los ojos dejándose llevar únicamente por la sensación que él le producía, no teniendo ni el más mínimo cuidado con controlar el propio tono de voz como tendría que haber hecho si se hubiera quedado en el salón.

- Amor… - consiguió murmurar, reclamando su atención posando una mano también sobre su cabello, dónde alcanzaba-. Para… Para por favor…

Asintiendo a sus palabras, se apartó ligeramente, lo justo para igualar las condiciones de ambos, no haciéndose de rogar y tomando posición sobre ella, dejando los brazos a ambos lados de la pelirroja. Aprovechó la situación para tantear con algunos besos la fina piel de ella antes de llegar finalmente a su altura, notando como rodeaba su cadera con las piernas.

Posando su frente en la suya, cerró los ojos, haciendo ligeramente presión para poder continuar con lo que hacían, sintiendo como buscaba un beso mientras que se acomodaba bien, empezando poco a poco a establecer un ritmo. No pudo evitar, volver a abrir los ojos, observándola fijamente hasta que rompió el contacto visual, echando la cabeza hacia atrás, posando las manos sobre sus brazos.

Aprovechó el momento para bajar algo más pudiendo así dejar algunos besos en el cuello de Sora, consiguiendo que volviera a buscar sus labios, ahogando así cualquier sonido que pudiera escapar entre ellos. Tiró más de él hasta que su torso quedó pegado a ella, aprovechando para abrazarse a él mientras que lo dejaba llevar el control de la situación, especialmente cuando llegó al punto en el que no pudo más que cerrar los ojos.

- Yamato… – susurró su nombre, intentando conseguir el aliento para poder hacerlo, buscando enlazar sus dedos con los suyos -, Te quiero demasiado…

Se quedó observándola, intentando no detenerse, simplemente estudiando la expresión del rostro de la pelirroja, con las mejillas sonrojadas a causa de la situación, terminando por quedarse quieto, permitiéndose dejar su peso sobre ella, perdiendo la sujeción de sus brazos.

Bajando la cabeza hacia él, por fin, dejó un beso en su frente, quedándose tendida en esa posición, disfrutando del momento.


Con la mejor de sus sonrisas, sentada en la cama, Sora se había acabado poniendo el pijama. El clima había empezado a refrescar lo suficiente como parar no permitirse dormir tal cual se había quedado antes… La sonrisa de aquellos momentos no estaba relacionado solo por lo que había pasado entre ellos, sino porque había cumplido con lo que había dicho. En sus manos tenía lo que quedaba del postre de la cena y observaba, entretenida, las idas y venidas de Yamato mientras que se llevaba la cuchara a los labios.

- ¿No me vas a dar un poco? – intentando hacerse el ofendido, se quedó mirándola divertido.

- No… Esto es todo nuestro- metiéndose la cuchara en la boca negó con la cabeza sacándole una sonrisa al rubio al comprender a lo que se había referido exactamente con el nuestro. Sobre todo cuando vio cómo al bajar la cuchara, posaba esa mano sobre su viente -. Alguien tiene que crecer sano y fuerte, así que el postre es todo suyo…


AnnaBolena04: bueno, venga, he llegado a poder actualizar jajajaja Vengo con más frío que un pingüino de la calle peeeeeeeeeeeeeeeero por lo menos vengo cenada y no demasiado tarde jajajaja

Toshiko va a ser abuela y viendo lo bien que se les da a estos dos ponerse cariñosos lo raro es que no lo haya sido antes, sigo manteniéndome en lo mismo jajaja El pobre profesor seguro que llora mucho cuando se entere y su mujer, malvada, disfrutará del momento. Mientras tanto ella se entretiene haciéndole de niñera a la nena y evitando que a su pobre yerno le dé un algo.

¡Besitos de tortuguita ara ti y no me abaniques mucho a la tortuga que si tiene calor con el frío que está empezando a hacer se le pasará rápido!

Ace Cornell: no son tirones de orejas es que, en el fondo, poco más puede hacer su querido rubio en casa más allá que buscarse problemas en el trabajo... Y el punto de vista de que no es justo que lo sepa su madre sí pero el padre de él no... Pues puedo llegar hasta a entenderlo. Peeero no pasa nada, ya tenemos niñera por fin y todo parece estar en orden. Hasta la vida matrimonial de estos dos.

¡Un beso!

Guest Vecina: ¿has descansado suficiente? Porque yo me pegaba unos atracones de 8 horas cuando estaba como tú y solo me quedaba una asignatura... Me llegué a obsersionar mogollón y me metía cada paliza que luego no sabía si iba o venía.

A Sora no le quedó más remedio que acabar cediendo aunque como sigo en el comentario a Ace, pues llegar a entenderla. Ahora que se deje mimar por su madre que seguro que Toshiko sabe imponerse y asegurarse de que no se levanta de la cama hasta que esté del todo recuperada por las mañanas. Va a pasarlo mal la pobrecilla, sí, pero bueno, poco a poco...

Yamato se ha ganado a la suegra hace mucho tiempo, es él solito en su cabeza el que se monta paranoias sobre la suegra jajajaja Si es que no creo que pueda sacarle ni media pega al pobrecito rubio. Y más ahora que lo ha visto ser el perrito faldero preocupado de su niña vaya a donde vaya. Al igual que los cuquis de los digimon que no la van a dejar ni a sol ni a sombra.

¡Un bico para ti y para las tartarguas! Y no estudies mucho que es malo.