- No, no me pasa nada. ¿Por qué me iba a tener que pasar algo?

Hiroaki arrugó el ceño, teléfono en mano, escuchando la contestación que le había dado su hijo. Llevaba una temporada en la que no lo había sido capaz de verlo. Hiciera lo que hiciera parecía que siempre tenía algo que hacer y, realmente, aquello estaba empezando a preocuparlo seriamente. Conocía a Yamato y algo tenía que estar pasando para que se estuviera comportando así. Takeru apenas había visto a su hermano en los últimos días, y eso era todavía más extraño.

- No lo sé, tú dirás, llevamos sin saber de ti demasiado tiempo…

- ¿Demasiado tiempo? No digas tonterías.

- Yamato, hace semanas que no te he visto por casa.

- He estado ocupado, ya te lo he dicho. Con la vuelta al trabajo no he tenido tiempo para nada, estoy haciendo el trabajo de dos personas a la vez.

- No me lo creo. Tú verás lo que te pasa y qué es lo que estás ocultado pero creía que a estas alturas tenías la suficiente confianza conmigo para contármelo.

- Papá…

- No, no te molesto más que estás muy ocupado con el trabajo. Ya cuando tengas tiempo hablaremos… Saluda a Sora y a los digimon de mi parte.


Dando por finalizada la llamada, Hiroaki permaneció con el ceño fruncido unos segundos más, acabado por dejar el teléfono dentro de su bolsillo, manteniendo el gesto serio.

- Te digo que está pasando algo y no nos lo quiere decir – girando la cabeza hacia Natsuko, la cual tenía a Dai con ella, asintió a sus propias palabras-. ¿Takeru sigue sin saber nada?

- A mí no me ha contado nada – negó-. Pero con el nacimiento de Reiji ha estado bastante ocupado todo este tiempo y no ha estado vigilando a Yamato tanto como suele tener afición de hacer… ¿Y no puede ser verdad que esté agobiado con el trabajo?

- No… No me lo trago. A tu hijo no le agobia el trabajo, ha pasado épocas más obsesionado que yo… A Yamato le está pasando algo y gordo. Cada vez que lo llamó por teléfono me corta rápidamente y hasta me da largas. ¿Cómo no quieres que me preocupe de que algo le esté pasando?

- Ya… Hiroaki… Pero… no sé, creo que después de todo este tiempo ambos sabemos que si fuera algo importante te lo habría venido a contar – se acercó hasta él, tanteándolo con la mirada-. Yo sí que no le voy a preguntar, a mí no me lo va a decir…

- Déjalo, ya confesará cuando le venga en gana… Estoy que al menos no sea que lo mandan fuera otra vez, porque el pobre se merece una temporada de tranquilidad – alargando los brazos, cogió al niño de brazos de su abuela.

- No le des más vueltas, te lo acabará contando tarde o temprano – posó la mano sobre la de él unos instantes-, y si no lo hace es porque no será más que una tontería o que de verdad se ha agobiado con el trabajo ahora que sabe que tiene a alguien esperándole en casa.

- Ya… - no estando demasiado convencido, bajó la vista hacia el niño-. ¿Y tú qué? ¿Ya me quieres empezar a dar disgustos?

- ¡Merienda! – dijo el niño.

- ¿Ya? Pero si has comido hace nada…

- ¡Merienda! ¡Merienda!

- Habrá salido al tío… - riéndose por lo bajo, Natsuko se acercó hacia un armario para empezar a buscar las cosas para prepararle la merienda al pequeño.


Yamato dejó la mirada fija en la pantalla del teléfono, quedándose unos segundos con mala cara en el pasillo antes de volver a la sala de espera. Aquel día estaban en el hospital esperando para hacer una revisión de rutina y había pedido la tarde para poder acompañar a la pelirroja. Ya no solo por no dejarla ir sola, sino porque le gustaba enterarse de las novedades y de cómo iba todo de primera mano.

- ¿Tu padre? – preguntó Sora nada más verlo volver junto a ella y la cara que traía.

- Empieza a enfadarse porque sabe que le estoy ocultando algo… - tomó asiento a su lado, encogiéndose de hombros.

- Yamato…

- No, está decidido. Se ha pasado dándome la lata con el tema una temporada lo suficientemente larga como para ahora poder permitirme esto.

- Ya, pero tú te mueres de las ganas de decírselo… Mi madre lo sabe, de verdad que a mí no me importante que se lo digas…

- Sora, quedan… unas semanas para nos puedan decir si es niño o niña. Si he aguantado hasta aquí, podré aguantarme hasta ese día…

- Vale… Como tú quieras, cabezota – sonriendo, se acercó hasta él para darle un beso en la mejilla.

Con el ir y venir de los días apenas habían notado el paso del tiempo y el mes de noviembre se les había echado encima de tal forma que prácticamente estaba a punto de terminar. Poco a poco, Sora había empezado a mejorar de sus malestares matutinos y estaba volviendo a hacer vida normal.

- ¿Vas a ir a comprarte ropa luego? – le preguntó girando la cabeza hacia ella, dando por terminado el tiempo.

- ¿Por qué?

- Porque algo te escuché protestar hoy por la mañana…

- ¿Ahora te dedicas a espiarme? – sonrió ligeramente-. Debería… Después de esta última temporada de perros que he pasado en vez de engordar he conseguido todo lo contrario y necesito algo de ropa para salir del paso…

- Sino siempre puedo dedicarme a llenarte los armarios de cosas dulces…

- Tú no me tientes… - sonriendo, divertida, giró la cabeza hacia la puerta que se abría, viendo aparecer a la enfermera.

- ¿Sora Ishida?

Sin poder ahorrarse la sonrisa al escuchar aquello en alto, viniendo de alguien más que no fueran ellos dos, la pelirroja le hizo un gesto para que viera que estaba allí antes de empezar a levantarse. Se tomó unos segundos para observar al rubio, viendo como le había cambiado la cara.

Una vez que entraron en la consulta, la pelirroja sonrió a modo de saludo a la doctora que estaba haciendo el seguimiento desde el principio.

- Buenos días – los saludó, haciendo un gesto para que se sentaran, dejando la mirada fija en la pelirroja-. ¿Qué tal ha estado estas últimas semanas?

- Mucho mejor, las nauseas han desaparecido por fin – explicó.

- Es normal, suelen desaparecer a las doce semanas, y ya ha pasado ese umbral. Ahora todo el malestar del principio debería empezar a ser cosa del pasado.

- Menos mal – contestó Yamato, posando la mano sobre las de la pelirroja, posadas sobre su regazo.

- ¿Ha habido alguna novedad?

- No, ninguna, todo ha seguido bien todos estos días y no he tenido ni manchas, ni nada por el estilo.

- Entonces perfecto, vamos a comenzar con el reconocimiento y así podremos pasar a la ecografía lo antes posible que suele ser lo mejor de esta revisión.

Sora asintió, poniéndose en pie y siguiendo los pasos de la doctora.

- ¿Vienes?

- No, no, cuando termines voy, tranquila – respondió Yamato antes de ver cómo se alejaba.


- Papá, ¿no habías dicho que tenías que trabajar hasta tarde hoy? – Takeru, sorprendido, abrió la puerta de casa de su madre, encontrándose allí a Hiroaki todavía.

- Sí, pero me he escapado a darle la lata a Natsuko un rato – intentando no reírse de la cara que le estaba poniendo el menor de sus hijos, se quedó mirando hacia él.

- ¿Darle la lata? ¿Con qué? ¿No te parece que ya tiene bastante con hacerle de niñera a Dai?

Ambos abuelos cruzaron una mirada entre ellos, como si hubieran hecho una pregunta al aire. Mientras tanto, el niño fue a recibir a su padre.

- ¿Vais a decirme qué está pasando aquí? – agachándose, alargó los brazos para coger a Dai.

- ¡Tito!

- ¿Tito? – miró hacia el niño y luego hacia sus padres-. ¿Qué pasa con uno de los titos?

- Es tu hermano – acabó por decir Hiroaki-. Nos está escondiendo algo y estoy empezando a preocuparme.

- ¿Mi hermano? – arqueó una ceja confuso-. ¿Ha pasado algo con él y con Sora?

- No… No que yo sepa. Pero ese es el problema, que no sé nada. ¿Tú lo has visto últimamente? Porque yo no… Y poco más y me contesta las llamadas por obligación y habla conmigo lo mínimo…

- ¿Tú tampoco has sabido de él? – admitió el rubio, finalmente.

- ¿Ves? – girando la cabeza automáticamente hacia Natsuko, no pudo evitar el comentario-. Este se cree que somos idiotas que nos la va a colar con la que tiene mucho trabajo. Me va a oír…

- Hiroaki…

- No. Creía que a estas alturas ya se le había metido en la cabeza que no puede seguir callándose las cosas. ¿Tanto le cuesta confiar en su propia familia? Me va a oír. Ya te estás inventando cualquier excusa para reunirnos todos y que no tenga forma de escabullirse…

- ¿Yo? ¿Por qué me metes a mí en esto, papá?

- Porque te lo digo yo…

- A ver… vosotros dos, calmaos. Yo sigo diciendo que si pasa algo y no os lo quiere contar será por algún motivo de peso. Y, segundo… ¿De verdad necesitáis pensar un motivo? Hasta donde yo recuerdo este viernes es tu cumpleaños – se giró hacia Hiroaki.

- Yo no celebro esas cosas - protestó automáticamente.

- Oh, sí… ya te digo yo que las celebras…. Y llamaré yo a Yamato para decirle que es una sorpresa y que no te queremos decir nada. ¿Alguna pega? – silencio por parte de ambos-. Perfecto. Pues ya me encargo yo, y vosotros dos dejad de poneros paranoicos antes de tiempo.


Tumbada encima de la camilla, finalmente, esperaba a que la doctora volviera. Giró la cabeza hacia Yamato, sonriéndole ligeramente.

- ¿Te ha dicho que está todo bien?

- Mejor que bien… Parece que salvo el malestar, no puedo tener queja alguna – asintió.

- No sabes lo que me gusta escuchar eso – sonrió, estando a punto de alargar la mano hacia ella, deteniéndose al ver como la doctora regresaba.

- Vale, será mejor que se quite el jersey, Sra. Ishida – indicó -. El gel puede mancharle la ropa… Y está un poco frío.

Obedeciendo a las indicaciones de ella, le tendió la prenda al rubio para que la sujetara, dejando que la mujer hiciera lo que fuera necesario, notando a lo que se refería con que el gel estaba más frío de lo esperado.

- Ahora que han desaparecido las nauseas es importante que la vida sea lo más normal posible. No siendo un embarazo de riesgo no es necesario guardar reposo ni nada por el estilo, salvo que se encuentre cansada. Alimentación variada… Empezará a notar poco a poco que algunas cosas dejan de gustarle y otras que ha odiado de repente son de sus favoritas, pero todo eso es normal… Y lo más importante, mucha paciencia y mucha calma – aquellas últimas palabras las dijo girando la cabeza hacia Yamato, como si intentara darle ánimos a él.

Asintió automáticamente, sin poder evitarlo, observando como volvía a centrarse en la pelirroja, comenzando con la ecografía, buscando la silueta del pequeño feto hasta que apareció en pantalla.

- Ahí está… - explicó-. Tiene buen tamaño para las semanas que tiene… - comenzó con los movimientos, observando detenidamente todos los ángulos del pequeño, tanteando ante la atenta mirada de los futuros padres. Pasado un buen rato, volvió a girarse hacia ellos-. Yo creo que está todo perfectamente, no parece que haya ninguna malformación, aunque es pronto para saberlo… - explicó con tranquilidad-. De hecho…

Sonrió, guardando silencio antes de alargar la mano, ante la confusa mirada de ambos, tocando unos botones del sistema. No les dijo nada, simplemente esperó a que un ligero sonido empezara a escucharse. Un sonido que se repetía cada pocos instantes, estableciendo un ritmo.

- ¿Eso es…? – murmuró la pelirroja sin apartar la mirada de la pantalla.

Es el latido del bebé. Puede empezar a escucharse a partir de las diez semanas – explicó finalmente, atenta a la cara de ambos.

Los ojos de Yamato se habían quedado completamente clavados en la pantalla a juego con los de su esposa, sin ser capaz de reaccionar de forma alguna, únicamente escuchando el sonido que había llenado el silencio de aquella sala. Ese era el latido del bebé… Y se había quedado completamente en shock al escuchar el primero de ellos.

- ¡Oh! – la doctora llamó la atención de ambos, rompiendo esa especie de hipnosis en la que habían quedado ambos, sin ser capaces de reaccionar-. Creo que hoy van a estar de suerte…

- ¿Suerte? – articuló la pelirroja, aprovechando el momento para llevarse una mano a la mejilla, secándosela, sin haber podido evitarlo al escuchar a su bebé por primera vez.

- Sí, no todos se dejan ver con tanta facilidad, pero supongo que la pérdida de peso que ha experimentado la madre estos primeros meses ayuda… - observó la pantalla unos segundos más-. ¿Quieren saber el sexo del bebé?

La cara de sorpresa fue lo único que pudo apreciar en la cara de ambos.


AnnaBolena04: llevan todo el verano entrenando seriamente para ver si colaba y les venía una nenita, era de esperar que dos semanas sin nada de nada hicieran que se tuvieran ganas incluso estando la pelirroja como estaba. Ya se ha visto... Si es que claro, a lo bueno siempre se acostumbra uno muy rápido, ¿no?

Yo mantengo que mi parte favorita del anterior capítulo es la parte en la que ella habla en plural por fin sobre ella y la nena... Ahora solo queda ver si nuestras tortugas favoritas sobreviven a saber que van a tener una tortuguita rubia... Que nosotros ya estamos informados de ello, pero ellos no... ¡Besitos de tortuguita!

Guest Vecina: ¿Ves? Pues muy mal... Y mira que yo era de las que hacía lo mismo, peeeeeeeero bueno, ¿qué te voy a decir? Si no es algo que se pueda evitar y más en estas fechas ya y en el caso de "Yo esta basura me la quito de delante de una vez y este año cuelgo el título en la pared sí o sí". Al menos a mí la que me quedaba era de último año, solo que era tal peñazo que no había forma humana de cogerla por banda...

Sí, es bastante probable jajaja Ahora se va a morir ella sola del alduhalfhalfhalfha en atención con su hija y con su nieta cuando por fin la conozca. Y... a mí me han abierto una escuela de Ikebana no muy lejos de casa, es lo único que te tengo que decir, porque paso por la calle riéndome como una idiota y creo que no hace falta que te explique el motivo.

Que están muy mal acostumbrados, sí, sí jajajaja Lo que le digo a Anna, a lo bueno se acostumbra muy rápido uno jajajaja

Ale, tapa bien a las tartarugas que ha llegado el frío otra vez y puedes pasarles purpurinas para que se queden fangirleando con este capítulo. ¡Un bico! Y a descansar este fin de semana.