Pasándose el cepillo por el pelo un par de veces, terminó de comprobar que todo estuviera a su gusto antes de salir del baño finalmente, apagando las luces tras ella y bajando las escaleras hasta llegar al salón, permitiéndose dar un ligero saltito para terminar de descender los últimos escalones.
Apoyado en la mesa de la cocina, pudo ver que Yamato estaba terminando de preparar el regalo de cumpleaños de su padre, no pudiendo más que sonreír antes de acercarse hasta él, apoyando las manos en sus hombros antes de arrastrarlas sobre ellos, quedándose abrazada, aprovechando que estaba sentado.
- Disfrutas con esto, ¿verdad? – le preguntó divertida.
- No te puedes imaginar cuánto… - terminando de envolver el regalo, giró ligeramente la cabeza hacia el lado por el que se había asomado ella, dándole un ligero beso-. ¿Lista?
- Lista – asintió.
Apartándose para dejarlo poner en pie, fue en busca de su abrigo, poniéndoselo, empezando a pelearse con la bufanda, sonriendo al notar las manos de Yamato ayudándola con ella, pudiendo entonces fijarse en que le temblaban ligeramente.
- ¿Estás nervioso? – levantó la mirada hacia la de él.
- Como para que se me vuelva a empezar a caer todo cuando intento cogerlo… - admitió, dejándole bien colocada la bufanda por fin.
- No por favor… Otra vez no, que no tengo gana de ir detrás de ti recogiéndolo todo otra vez – se rió, buscando a los digimon con la mirada, haciéndoles un gesto para que fueran con ellos-. Y recordad, ni media palabra hasta que le haya dado la cajita a su padre, ¿de acuerdo?
Viendo como asentían, esperó a que el rubio se terminara de poner la ropa de abrigo, saliendo finalmente los dos en dirección a casa de Takeru, donde habían quedado en reunirse.
- Como venga con alguna excusa idiota o me esté dando esquinazo durante lo que queda de noche me da igual lo que digas, que me va a oír – protestó Hiroaki cruzándose de brazos-. Además, ¿no tenías dónde dejar a tu padre hoy?
- ¿Y qué quieres que hiciera con él? ¿Encerrarlo en casa y cerrar por fuera?
- ¿Tengo que contestarte lo que opino acerca de eso?
- No tienes remedio – negó con la cabeza antes de quedarse mirando hacia él-. Eh, ya verás como no pasa nada malo y no es más que una paranoia tuya y de Takeru.
- Ojalá tengas razón – giró la cabeza hacia ella, observándola, empezando a sonreír mínimamente.
- ¿Qué hacéis? – la voz de Takeru los distrajo, habiéndose acercado hasta dónde estaban al verlos demasiado tiempo apartados.
- Takeru… eres un insoportable cuando quieres… - poniendo los ojos en blanco, Natsuko se alejó de ellos, acercándose hasta Hikari.
Con la mano todavía a escasos centímetros del timbre, Yamato se quedó quieto. Estaba realmente nervioso a pesar de que sabía que las noticias no iban a poder ser mejor recibidas, peor no podía evitarlo.
- Creo que la última vez que me quedé congelado como un idiota por tener tantas ganas de hacer algo fue cuando volví de Marte y fui a buscarte a casa sin decirte ni media palabra – murmuró finalmente, sacándole una sonrisa a la pelirroja. Cogió aire, tardando todavía unos segundos antes de llamar finalmente.
- Tranquilo… - murmuró Sora antes de colocarse a su lado-. Todo va a ir perfectamente.
No tardaron en escuchar pasos acercándose hasta la puerta, viendo cómo se abría y que nadie aparecía detrás de ella, lo cual hizo que la mirada de ambos bajara hacia el suelo, encontrándose allí a Dai, seguido de los dos digimon de sus padres.
- Mira, nos ha abierto la puerta el más listo de la familia – sonriendo, se agachó automáticamente, dejándole el paquete que llevaba en la mano a la pelirroja, cogiendo al niño-. ¿Le has tirado ya de las orejas a tu abuelo?
- Haciéndote de rogar hasta el último momento, ¿eh hermanito? – la voz de Takeru lo saludó nada más verlo aparecer por el salón.
- Oye, no es mi culpa que tú seas el desocupado de la familia y nosotros hayamos tenido que pasar por casa a cambiarnos…
- Como si nos fueras a traumatizar a alguno si de repente apareces con tu uniforme todo estirado…
- Yo cada vez estoy más seguro que todas esas veces que te tiré de la cuna cuando eras pequeño te debieron dejar más tonto de lo normal… - ignorando a su hermano pequeño fue directo a saludar a su madre y cuñada.
- Sora – saludó la voz de Hiroaki mientras que ella se quitaba la chaqueta-. Hace una buena temporada que no os veía…
- Lo sé… Estos meses han sido un no parar… - girándose hacia él nada más terminar lo que estaba haciendo, lo observó unos segundos-. Felicidades, por cierto.
- Gracias – la estaba mirando como si buscara algún tipo de pista en el comportamiento de su nuera que pudiera delatar lo que estaba pasando-. Podría estar celebrándolo mejor sin algunas visitas de última hora, pero parece ser que me va a tocar seguir con la penitencia.
Giró la cabeza hacia donde señalaba él con la cabeza, dándose cuenta de la presencia de Michel también allí, no pudiendo más que reírse por lo bajo.
- No te preocupes, yo te lo distraigo – todavía riéndose se acercó ella también a saludar a los demás.
Hiroaki se quedó donde estaba apoyado, siguiendo con la mirada a su hijo por el salón. A simple vista no le notaba nada diferente, estaba hablando con Natsuko de la forma más normal, pero él estaba completamente seguro de que le estaba dando esquinazo intencionadamente. Por el momento parecía que las cosas estaban perfectamente entre la pareja, de manera que aquello lo llevaba a pensar más que las cosas estaban relacionadas con el trabajo de su hijo. Esperaba que no fuera un viaje de varios meses o peligroso otra vez. De verdad que esperaba que no, pero, ¿qué otro motivo podía haber para que prácticamente ni le cogiera el teléfono?
Pudo ver cómo habiendo saludado al resto de la familia, se giraba hacia él, empezando a acercarse.
- ¿Desde cuándo celebras los cumpleaños? – fue el saludo del rubio cuando llegó a donde su padre.
- Díselo a tu hermano… - lo observó, detenidamente, intentando leer algo en la expresión de Yamato. Quizás lo conocía demasiado bien, pero cada vez estaba más seguro de que le pasaba algo, y podía ser que ninguno más se estuviera dando cuenta-. Hijo… - empezó a hablar, teniendo que guardar silencio al ver cómo le tendía un paquete.
- Feliz cumpleaños, papá – sonrió, esperando a que lo cogiera, intentando que le temblara lo mismo posible el pulso, notando como Sora se acercaba hasta él, quedándose a su lado.
- No tenías que comprarme nada – protestó, cogiendo lo que le tendía-. Preferiría que me explicarás qué narices te pasa… Me has tenido muy preocupado esta última temporada.
- ¿A mí? ¿Por qué iba a pasarme algo a mí? – sonriendo ligeramente de medio lado, pasó su brazo en torno a la cintura de la pelirroja, observando fijamente a su padre-. Abrélo y luego hablamos.
- Es de parte de los dos – dijo ella, apoyándose en el rubio nada más notar que la había cogido.
Dándose por vencido, bajó de nuevo la vista hacia la caja. Tendría tiempo durante toda la noche para perseguir a Yamato y conseguir que le contara lo que estaba pasando. Sin mucho cuidado o interés, rasgó el papel de regalo, quedándose con una caja en las manos. posando el envoltorio en la mesa cercana a él, levantó la tapa de la caja.
- ¿Qué es esto? – preguntó, frunciendo el ceño, confuso.
- ¿El qué? – Natsuko se acercó hasta dónde estaban, curiosa ante la escena.
Sin recibir respuesta ninguno de los dos, Hiroaki sacó de la caja aquello que había en su interior, pudiendo observarlo mejor dándose cuenta de que era un…
- ¿Seguro que no te has equivocado y esto es para Reiji? – en sus manos tenía un pequeño peluche con forma de una tortuga y, en torno a su cuello, había colocado un lazo de color rosa.
- No, eso es para ti. Especialmente para ti – amplió poco a poco la sonrisa, observando el gesto confuso de su padre.
- ¿Y se puede saber para qué voy a querer yo un peluche? – no entendía nada, observó el lazo más detenidamente, intentando buscar algo más de lógica.
- No lo sé, tú verás a quién se lo puedes dar dentro de unos seis meses más o menos… - diciendo aquello, no pudo evitar arrastrar algo más la mano que había dejado en torno a Sora, colocándola encima de su todavía inexistente vientre.
Las miradas de todos los adultos presentes se quedaron clavadas en ellos tres automáticamente. Hiroaki llevó la vista desde el peluche hasta su hijo, dándose cuenta de la nueva posición de su mano, teniendo que volver a mirar el juguete. No solo el juguete, sino el lazo que llevaba en el cuello. Rosa. Era un lazo de color rosa.
- ¿Hermano? – la voz de Takeru se metió de repente en la conversación mirándolos atónito.
- Siento haber tardado tanto en decíroslo, pero… No quería hacerlo hasta saber que iba a ser una niña – explicó finalmente, sin apartar la vista de su padre.
- Niña – repitió su madre, observándolos también totalmente sorprendida-. Pero… ¡pero bueno! ¿Cómo se os ocurre no decirnos ni media palabra hasta ahora? – siendo la primera en reaccionar, se acercó hasta ellos-. ¿De cuánto?
- Más o menos unas doce semanas – contestó la pelirroja, sonriendo por fin.
- Doce semanas – repitió Takeru, todavía sin ser capaz de terminar de reaccionar.
Ignorando tanto a su madre como a su hermano y al resto de la familia, los ojos azules de Yamato seguían fijos en su padre, quien no había vuelto a levantar la vista del lazo que decoraba al juguete. Soltando a Sora, se adelantó un par de pasos hacia él.
- ¿Papá? – reclamó su atención.
- Eres el peor hijo de la historia – dijo de golpe recortando la distancia que había entre ellos para abrazarlo con fuerza, sin soltar el peluche bajo ningún concepto.
Sora mantuvo la vista fija en ellos, sonriendo sin poder evitarlo, no pudiendo hacer o decir nada más, porque cuando se quiso dar cuenta, su cuñado se había lanzado a abrazarla, pillándola desprevenida.
- ¿Cómo habéis podido no decirnos nada? ¿Desde cuándo lo sabes? – empezó a preguntar el menor de los rubios.
- Desde hace un par de meses… Algo menos. Lo sabía muy poca gente, principalmente aquellos que no nos quedó más remedio que decírselo por fuerza mayor – explicó cuando la soltó.
- ¿Y no se os ocurrió que nosotros contábamos dentro de ese grupo? – siguiendo a su hijo, Natsuko no tardó en imitar sus acciones-. No te puedes imaginar lo muchísimo que me alegro…
Hikari había posado a Reiji en brazos de su bisabuelo. Ella sí que había sido capaz de intuir lo que estaba pasando nada más ver el regalo que le habían dado a Hiroaki. Takeru llevaba días volviéndola loca con que a su hermano le estaba pasando algo, y Taichi estaba especialmente… No sabía ni cómo definirlo, pero lo que sí que había podido adivinar era que si estaba así era por la pelirroja que estaba delante de ella. ¿Qué otro motivo podía tener a esos dos revolucionados? Ahora todo tenía sentido…
- ¿Desde cuándo lo sabe ni hermano? – fue la pregunta que le hizo cuando por fin se acercó hasta ella.
- ¿Ese? Desde antes que yo… - reconoció riéndose, echando un vistazo de reojo hacia Yamato y su padre, decidiendo centrar la atención en ella y dejarles el momento de intimidad a ellos dos-. Casi te dejo sin hermano cuando de repente me mareé delante de él – prefirió suavizar algo las cosas-. Fue él quien se empeñó en llevarme al hospital quisiera o no…
- Me puedo imaginar el drama…
- ¿Por eso se me quedaba mirando el otro día con una sonrisa rara cuando fui a buscar a Hikari a su casa?
- Eso y porque acababa de contarle que era niña – admitió la pelirroja, prácticamente como quien confesaba una travesura.
- ¡No me puedo creer que lo supiera él antes que nadie! – empezó a protestar el menor de los rubios.
- Takeru por favor… que eso da exactamente igual ahora – Natsuko negó con la cabeza, tomando la misma decisión que la pelirroja, dejándose su espacio a los otros dos-. ¿No lo sospechabas tan siquiera?
- No… Quiero decir, no ha sido un accidente, pero no contaba con ello… También lo sabe mi madre, pero eso fue por fuerza mayor, alguien no quería dejarme sola de ninguna de las maneras.
- Porque no estabas para dejarte sola de ninguna de las maneras – escuchó la voz de Yamato, todavía sin haberse separado de su padre.
AnnaBolena04: no tienen otra cosa mejor qué hacer con sus vidas adultas de padres trababajadores más que meterse el uno con el otro jajajajaja Es la nueva afición que han desarrollado, lanzarse puñales entre ellos y ahora le toca a Taichi disfrutar del momento porque él lleva sabiendo que hay una nenita en camino desde bastante antes que ellos por oportuno.
Y... aquí se entera el abuelo de que va a tener esa nieta que tanto lleva queriendo y que taaaanto le ha pedido a su hijo hasta conseguir que él tuviera gana de que fuera niña la tortuguita también ya. Parece que por el momento el pobrecito se nos queda en shock, a ver por dónde nos sale... ¡Besitos de tortuguita para ti! Y que la tortuga no se desmaye demasiado, anda.
Guest Vecina: es el mejor aliado para esas cosas sobretodo con los puñales afilados que le tiene lanzado Takeru. Así que como entre sus aficiones está la de meterse con el minirubio ahora que tiene motivos para ello y algo con lo que hacerlo... Se lo pasa muy bien. Le sonríe y le lanza indirectas sobre sus padres y el pobrecito ya no sabe dónde meterse.
Yamato va a donde sea que vaya la pelirroja porque como se ha convertido en su nueva sombra, pues claro... Jajajaja y así de paso le ha comprado el regalo de cumpleaños a su padre... Y sí, obviamente, el día que el rubio vea que la pobrecita de su pelirroja estrena barriguita se nos desmaya el pobrecito y se pone a pegar brincos ya.
Pero bueno, aquí llega uno de los capítulos importantes, porque... ¡por fin lo sabe el abuelo! Él que pretendía hacerle una encerrona al nene y mira por dónde le ha salido él, con un peluche con forma de tortuguita. ¡Muchos bicos! Y ánimo que la semana es larga... Tú piensa en el puente a ver si así te motivas.
