- ¿Entonces vais a pasar el fin de semana fuera de la ciudad? – una vez, en la calle, Hiroaki se quedó mirando hacia su hijo.
- Sí, así aprovechamos para despejarnos – asintió-. Volveremos el domingo con calma, pero si quieres algo puedes llamarnos. Si a ti no te ha dado algo, no creo que vayamos a tener más problema con los otros futuros abuelos…
- ¿Seguro? Porque eso de que lo supiera mi madre y no mi padre creo que es motivo suficiente para tener algo de numerito…
- No creo que nadie se atreva a decir nada a tu madre… Sobre todo, ninguno de todos estos valientes con los que nos juntamos – Natsuko se rio por lo bajo-. Y… si así fuera, seguro que se le olvida rápido a tu padre con la noticia que le vais a dar.
- También es verdad… - sonriendo, asintió a lo que le decía.
- Venga, vosotros dos ya para casa que seguro que tú debes de estar cansada de aguantarnos a todos los pesados de turno y más a ese que tienes a tu lado también…
- ¡Papá! – protestó el rubio, riéndose -. Sí, ya va siendo hora que nos vayamos que tenemos que terminar de preparar las cosas para mañana.
Dando por terminada la conversación, la pelirroja simplemente se despidió de sus suegros con una sonrisa, esperando a que fuera Yamato quien se moviera, dejándole despedirse de ellos.
Hiroaki permaneció en la calle, sin moverse, simplemente quedándose mirando hacia el punto por el que había desaparecido la pareja.
- ¿Sabes qué es lo peor? Ahora vamos a tener que darte todos la razón…
- ¿La razón? – girando la cabeza hacia aquella que lo acompañaba, la observó.
- Supongo que nadie mejor que tú para saber cuándo a Yamato le está pasando algo importante…
Y aquello no la molestaba, más bien todo lo contrario. Era su madre y ella no había sido capaz de notar nada raro en todo aquello, sí, pero aquello no era algo que a esas alturas la molestara. Sabía lo que había y aunque su relación con el mayor de sus hijos había mejorado de manera considerable, nunca llegaría a ser igual que la que tenía con su padre. Y eso no lo podía negar absolutamente nadie.
- Lo sé – riéndose por lo bajo, no pudo evitar el comentario-. Según ella tenía hasta miedo de hablar conmigo por teléfono por si le notaba algo raro… En el fondo Yamato es la cosa más obvia de este mundo, y parece que por fin se le ha metido en la cabeza.
- Eso sí que sé perfectamente de quién lo ha heredado – sonriendo a su vez, cruzó los brazos quedándose mirando hacia él-. Vas a tener que buscarte algo nuevo con lo que darle la lata a alguien porque ahora que ya tienes a la nieta en camino algo tendremos que hacer contigo.
Permaneció en silencio unos segundos, antes de imitar el gesto de ella, terminando por empezar poco a poco dibujar una media sonrisa en su rostro, ligeramente ladeada.
- Vamos, te acompaño, que es tarde para que vuelvas sola. Y si tu padre tiene alguna protesta al respecto que no se hubiera quedado a conspirar con ese intento de escritor…
Toshiko miró el reloj, dándose cuenta de que aquellos por los que esperaban debían de estar a punto de llegar. Levantó la vista hacia su marido, quien estaba distraído, terminando de recoger algunas cosas, como siempre, más perdido entre sus propios pensamientos que entre lo que lo rodeada.
- ¿Quieres dejar de dar vueltas y terminar de una vez?
- ¿Por qué te ha entrado tanta prisa? – mirando hacia la mujer, se terminó de colocar la carpeta que tenía entre las manos-. Venga, ya estoy… Voy a por la chaqueta y nos vamos…
Sus intenciones se vieron interrumpidas al sonar el timbre de la puerta, haciendo que pusiera cara de sorpresa, mirando hacia Toshiko, como si esperara que ella le explicara algo, sin encontrarse más que con un encogimiento de hombros.
- ¿No habrás vuelto a pedir algo y se te habrá olvidado cuando tenía que llegar?
- ¿Yo? ¿Pedir? ¿El qué? Si todo lo mando a la Universidad porque paso más tiempo allí que en casa – caminando finalmente hacia la puerta, posó la mano en el pomo-. Vete a por tus cosas, que yo voy ahora…
Totalmente distraído, abrió la puerta sin prestarle demasiada atención a lo que se fuera a encontrar al otro lado. Al menos hasta que giró la cabeza y lo primero que se encontró fue la sonrisa de oreja a oreja a de su hija.
- ¿Qué…? – sorprendido, volvió a girar la cabeza hacia su mujer, dándose cuenta de que se estaba riendo, cayendo por fin en la cuenta de lo que podía estar pasando allí-. ¿Habéis estado conspirando en mi contra?
- Puede… - ampliando más la sonrisa, abrazó a su padre recordando la distancia que los separaba.
Desde detrás de la pelirroja, Yamato, acompañado de Gabumon, se quedó a la espera, pudiendo ver cómo Biyomon salía volando rápidamente para ir a ver a Toshiko. No podía evitar estar más nervioso que cuando la noticia se la había dado a los suyos, pero, no era nada fuera de lo normal. No estaba acostumbrado a la presencia de sus dos suegros y era algo que todavía estaba intentando llevar de la mejor forma posible, especialmente cuando eran noticias como la que traían lo que había que manejar.
- Yamato – saludó el profesor, observándolo-. ¿Cómo se os ocurre venir hasta aquí sin decir ni media palabra?
- Ha sido todo idea de mamá, que lo sepas - pudieron escuchar ambos a Sora antes de ver cómo pasaba para ir a saludar también a su madre.
- Yo solo vengo de acompañante – dijo finalmente el rubio, abriendo la boca y entrando en la casa para poder cerrar la puerta. Saludó a Toshiko con un gesto, caminando hacia el interior.
- Si ya me parecía a mí que vuestra madre estaba demasiado revolucionada esta mañana, pero si es por cosas así, yo no tengo ni la más mínima queja.
- Yo no estaba revolucionada – cogiendo a Biyomon entre sus brazos, se quedó observándolo-. Eres tú que me desesperas cuando te pones a dar vueltas con carpetas de un lado para el otro sin sentido… - negando con la cabeza, se giró hacia los recién llegados-. ¿Qué tal el viaje?
- Muy bien… Yo no sé qué tiene ese tren que cada vez que lo cojo no aguanto ni la primera media hora de viaje despierta…
- ¿Media hora? Di mejor diez minutos… - riéndose de ella, se empezó a quitar la chaqueta, quedándose con ella en la mano.
- ¿Y qué tal anoche?
- ¿Anoche? ¿Qué pasaba anoche para que tengas que preguntarles? – confuso, Haruhiko se quedó mirando hacia los presentes.
- Era el cumpleaños de mi padre – explicó Yamato, dejando que una delatadora sonrisa respondiera a la pregunta de su suegra.
Cruzando una mirada con la pelirroja, acabó por ampliarla todavía algo más. Tampoco podía evitar aquellas cosas, no cuando el tema que tenían por delante era el que era. Estaba de demasiado buen humor con el mundo como para intentar disimularlo.
- Vale… Esto empieza a olerme a encerrona – mirándolos a todos más detenidamente, se fue dando cuenta de los gestos de unos y de otros-. ¿Pasa algo y yo no me he enterado?
Esperando una respuesta por parte de alguno de los presentes que no llegó, frunció el ceño. Sin duda algo estaba pasando y parecía ser el único que no sabía absolutamente nada de ello. Buscando alguna pista, cruzó la mirada con Toshiko, la cual únicamente se encogió de hombros.
Intentando ponerse seria ante las caras que iba poniendo su padre de no enterarse de nada de lo que pasaba a su alrededor, se acercó hasta él. Estaba segura de que era la primera vez que lo veía tan sumamente perdido y eso le hacía gracia.
- ¿Vas a decirme tú lo que pasa? – le dijo cuando la tuvo delante.
- ¿Yo? ¿Por qué iba a tener que decirte yo algo?
- Porque tenéis tu madre y tú exactamente la misma cara… Y lo que es peor, parece que Yamato sabe lo que pasa y eso casi que es lo más que me preocupa – bajó la mirada, confuso, cuando su hija tomó su mano con la suya, guardando silencio. Aquello terminó de perderlo todavía más.
No volvió a decir nada, simplemente esperando a ver qué era lo que pretendía hacer su hija. Estaba seguro de que sus caras debían de ser dignas de pasar a la posteridad, pero era incapaz de comprender nada de lo que estaba pasando. Menos aún cuando se dio cuenta de que terminaba por posar su mano sobre su jersey, un poco por debajo de la cintura.
- Yo solo he venido por si querías saludar a tu nieta…
Haruhiko se quedó congelado. No se movió. No dijo nada. Únicamente dejó que la frase que acababa de decirle Sora cobrara sentido en su cabeza. De todo lo que hubiera podido llegar a imaginarse, aquello lo superaba. La única reacción por su parte, fue extender algo más los dedos de la mano donde ella la había dejado.
Toshiko estaba a la espera, al igual que su yerno, de la reacción que fuera a tener el profesor. No lo hacía por reírse de la cara de susto que iba a poner, sino porque de verdad quería ver la sorpresa que se llevaba. Sabía que su marido se iba a ilusionar muchísimo con la noticia y cuando vio las acciones de Sora, simplemente esperó.
Con lo que no contaba ella era con lo que escuchó.
- ¿Nieta? ¿Cómo que nieta? – buscando la confirmación levantando la cabeza para mirar hacia Yamato, esperó.
- Nos lo han dicho hace un par de días – respondió, dándose cuenta de la expresión de ella-. Creo que alguien quería repartir sustos a pares hoy…
Sin haber sido capaz de reaccionar todavía, estaba intentando similar lo que acababa de pasar allí. No solo se le habían presentado en casa sin que él lo supiera sino que la noticia que le estaban dando era algo con lo que no contaba. Sí era cierto que su hija tenía una edad apropiada y que estaba casada pero…
- ¿Nieta? – consiguió articular palabra por fin.
- Nieta – sonrió, contestando a su padre, sin haber retirado su mano de encima de la de él-. Vas a ser abuelo.
- Abuelo – lo único que podía dedicarse a hacer era a repetir las palabras de ella-. ¡Abuelo!
Como si hubiera comprendido el significado de aquello, retiró su mano, por fin, únicamente para rodear a su hija con los brazos, abrazándola. Su única hija acababa de decirle que iba a ser abuelo por primera vez. Eso era lo único que se había quedado en su cabeza.
Atenta a la escena que tenía delante de ella, Toshiko se había quedado intentando procesar lo que había escuchado, acabando incluso por ponerse en pie y acercarse a su marido e hija. Cuando ella había estado esperando para ver la reacción de Haruhiko al enterarse de semejante noticia, era ella la que había acabado con cara de sorpresa.
- ¿Cómo no me habías dicho que ya sabías que era una niña? – le preguntó a Sora cuando por fin se separó ligeramente de su padre.
- Espera… ¿tú sabías que ella estaba embarazada? – girando la cabeza hacia su esposa, confuso, se quedó mirándola.
- Mamá lo sabe desde hace bastante, pero porque no me quedó más remedio que contárselo…
- Claro que lo sabía y fui yo la que les dije que no te iba a decir ni media palabra para reírme de la cara que ibas a poner… - sonriendo, divertida, se quedó manteniéndole la mirada a él.
- De eso fui testigo yo – acabó atreviéndose a decir algo Yamato, finalmente.
- Vale… Así que vivo rodeado de traidoras, perfecto – sin tan siquiera pensar en la idea de enfadarse por aquello. Giró la cabeza, volviendo a mirar a su hija-. Quiero que me cuentes todos los detalles… Absolutamente todos…
AnnaBolena04: de abu en abu y tiro porque me toca, aunque aquí la "malvada de Toshiko" que pensaba reírse de su pobre marido por el susto que se iba a llevar se ha tenido que morir del ajhapnfdoa ella también porque le han dicho que va a ser nena. Un día tenemos que juntar a los dos abuelos para que se pongan entre los dos a fangirlear por la idea mientras que tiran media casa por la ventana de tanto hacer HAJÑDANBFAOLJFMañf Sobretodo el pobre Haruhiko que se estrena en esto de ser abuelo.
Ahora, solo queda que a nadie le termine de dar un subidón de azúcar de forma profesional a causa de la noticia de que viene por fin la tortuguita rubia. ¡Besitos de tortuguita!
Guest vecina: mira... solo te diré que creo que en el puente se me viene trabajar mañana y tarde. Esa es mi perspectiva de puente y casi que prefiero no pensar en esta semana porque estamos a miércoles y no sé ya si voy o vengo. Ahora mismo me está tentando meterme en la cama... Si no fuera porque estoy esperando a que la cena termine de calentarse... T_T
Ahora te toca el otro abuelo así que esta semana no te puedes quejar de los subidones de azúcar. Vamos de abuelo en abuelo muriéndose ante la noticia y tiramos porque me toca. Y el pobre Haruhiko que además es la primera vez que se estrena en el campo y el pobre hombre no lo ha visto venir porque la mala de su mujer no quería que se enterara tan pronto. A ver si sobrevive a la noticia para poder unirse al séquito de vigilantes de la pelirroja.
Llevo una temporada portándome muy bien, así que no es cosa de estos días. Claro, es que no me dedico a hacer maldades y con las neuronas en el plan en el que las tengo últimamente tampoco me da para pensarlas jajaja.
Muchos bicos y yo voy a ver si ceno y me meto en la cama porque no voy a llegar al viernes de una pieza.
