Riéndose sin poder evitarlo, Sora se había quedado mirando hacia su madre, la cual parecía estar todavía intentando procesar como las cosas se habían acabado volviendo en su contra también habiendo sido ella la que había tenido la idea de asustar a su pobre marido con la noticia.

- Es que me parecía demasiado pronto para que pudierais tener idea tan siquiera de si era niño o niña – negando con la cabeza, terminó de guardar el plato que tenía entre las manos.

- Ya, si es que nosotros tampoco teníamos ni idea de que nos lo pudieran decir tan pronto. Si lo llego a saber primero… - se encogió de hombros-. Eso te pasa por querer reírte de papá y esconderle estas cosas.

- Sí, tú ahora échale las culpas a tu madre… Vergüenza debería de darte habérselo contado a ella y no decirme a mí ni media palabra – el profesor tomó asiento al lado de su hija.

- No se lo íbamos a decir a nadie… Ya te lo he dicho antes, lo que pasa es que no nos quedó más remedio que pedirle ayuda a ella, papá. No es para tanto.

- Es verdad – colocándose tras ella, Toshiko posó las manos en los hombros de la pelirroja-. Alguien tenía que quedarse de niñera en casa con ella… Por la seguridad de nuestro querido yerno, claro. Estaría muy feo que ahora que va a ser padre le acabara dando algo a él y nos la dejara viuda…

- ¡Mamá! – protestó, riéndose.

- No, de mamá nada, no sé quién de los dos estaba pasándolo peor por las mañanas. Tendrías que verlos – levantó la vista hacia su marido-. Aquí la pobre con las nauseas, ya sabes cómo ha sido siempre en esos temas sin necesidad de que haya un bebé en camino… Y el otro pobre sin saber dónde meterse teniendo que irse al trabajo.

- Tampoco me extraña – asintió él a sus palabras-. Conociéndolo mínimamente seguro que tenía bastante más drama encima él que ella…

No se molestó tan siquiera en negarlo, empezando a reírse. Ciertamente se había dado cuenta cuando el malestar había ido remitiendo y había podido ser más consciente de lo que pasaba a su alrededor todas esas mañanas.

- Bueno… contando que un día uno de sus superiores lo llamó al despacho solo para preguntarle de cuánto tiempo estaba yo sin que hubiera dicho ni media palabra él, creo que sí que tengo que daros la razón.

- Tranquila, si no hace falta que nos des detalles. Me lo creo perfectamente sin ellos… ¿Cómo se lo han tomado sus padres?

- ¿Don "quiero-una-nieta"? – respondió Toshiko a su marido adelantándose a su propia hija-. Estarán todavía intentando reanimarlo… Y casi que me atrevería a decir lo mismo de la versión en miniatura de nuestro yerno.

- Pues… más o menos – riéndose, asintió a las palabras de su madre-. Más o menos como tú, papá, así que creo que te lo puedes más que imaginar – divertida, giró la cabeza hacia el reloj, observando la hora-. Yo creo que ya va siendo hora de que vaya a ver si no se me ha ahogado en la ducha cierto rubio…

- Sí, anda, que si te han dicho que tienes que reponerte, con lo delgaducha que te nos has quedado, vamos a tener que estar entretenidos todos en que te pases el día durmiendo y comiendo…

- No seas exagerado – riéndose, se puso en pie, acercándose hasta Haruhiko-. Buenas noches – le dijo antes de dejar un beso en su mejilla, haciendo exactamente lo mismo con su madre. Se detuvo a mitad de camino, girando la vista hacia los digimon, que seguían sentados en el sofá-. ¿Vosotros dos venís o qué?


Aprovechando la excusa para dejar a Sora sola con sus padres un rato y que pudieran hablar lo que quisieran, se había ido a dar una ducha antes de irse a dormir. Hubiera preferido quedarse en otra parte, pudiendo así estar más relajado, pero no quería darle motivos a la pelirroja para que se riera sobre sus supuestas paranoias sobre sus padres. No tenía ningún problema con ninguno de ellos dos, pero tampoco podía evitar estar más tenso con ellos cerca.

Se echó el pelo hacia atrás para que dejara de caerle el agua por la cara antes de alargar la mano para coger la toalla y poder secarse antes de salir de la ducha, envuelto en ella. Buscó con la mirada sus cosas, dándose cuenta de que se había olvidado de traer el pijama con él. Chasqueó la lengua, decidiendo secarse bien primero antes de salir a por él. Por suerte, el baño estaba dentro de la propia habitación y no tendría mayores problemas.

- Vaya par de traidores que estáis hechos… - la voz de Sora sonó entrando a la vez que él salía del baño.

- ¿Quiénes son exactamente los traidores? – le preguntó, arqueando una ceja.

- Los dos que me acaban de vender para irse detrás de mi madre – negando con la cabeza, cerró tras ella, terminando por girarse-. ¿No te has ahogado al final?

- No, no me pongo tan histérico todavía para intentar ahogarme ante la idea de tener que estar una noche bajo el mismo techo que mis suegros – le dijo, pasando hasta donde había dejado su maleta, empezando a rebuscar el pijama.

- ¿Seguro? Mi madre estaba diciendo que sería muy feo que ahora te fuera a terminar de dar algo y me dejaras viuda… - entretenida, lo siguió con la mirada.

- Tú no me des ideas – riéndose por lo bajo, se sentó, buscando así de forma más cómoda su maleta-. ¿Tú no estás cansada del viaje?

- Un poco, sí – dejando la vista fija en la espalda de él, se quedó pensativa, vigilando sus movimientos-. Pero nada fuera de lo normal últimamente…

Dándose cuenta de que estaba distraído, no pudo evitar sonreír ligeramente ante la idea que se le estaba pasando por la cabeza.

- Pues deberías de cambiarte y así estar más cómoda, mira que mañana tenemos el viaje de vuelta por la tarde… - mientras que hablaba, todavía pendiente de encontrar el pijama, no se dio cuenta de las intenciones de ella, quien, poco a poco se le había ido acercando hasta quedar arrodillada tras él, sobre la cama.

- Sí, lo sé, no creo que me sea muy útil lo que tengo puesto ahora – acabó por decir, como si fuera la mejor conclusión a la que había podido llegar.

Sonrió de forma más amplia, dándose cuenta de que seguía sin percatarse de lo que estaba pasando. Esperó a que se incorporase de nuevo, habiendo dejado de revolver entre sus cosas, para posar las manos sobre sus hombros, notando el ligero respingo que dio debido a la sorpresa.

- ¿Qué? – preguntó ante su gesto-. ¿Tengo las manos frías?

- No, no te había sentido acercarte – le dijo, estando a punto de ponerse en pie para terminar con lo que había empezado, sin poder llegar a hacerlo al notar cómo terminaba por abrazarle desde la espalda.

No protestó, simplemente dejándola hacer, sonriendo ligeramente, incluso reclinándose mínimamente hacia atrás para acercarse algo más. Dándose cuenta de que no parecía adivinar sus intenciones, disimuló su sonrisa, girando ligeramente el rostro hacia él, rozando con su nariz la piel de detrás de la oreja, inclinándose un poco más para dejar un beso en su cuello.

- Lo que pasa es que no tengo sueño – le murmuró desde esa posición antes de repetir sus acciones.

- ¿No tienes sueño? – le preguntó, aún sin centrarse del todo, simplemente dedicándose a disfrutar de sus atenciones.

- No, ni un poco – percatándose de ello, lo soltó, pero solo para cambiar sus brazos de lugar, pasándolas bajo sus brazos, para poder abrazarlo mejor.

- Pues no será porque no hayas madrugado toda la semana y hoy más todavía – arqueó ligeramente una ceja, quedándose confuso, no adivinando sus intenciones hasta que por fin se dio cuenta de la dirección que estaban tomando las manos de ella.

En aquella ocasión no se había quedado abrazada a él sin más, sino que había empezado a acariciar su torso bajando cada vez más, llegando hasta el borde de la toalla, momento en el que reaccionó, cogiéndola por las muñecas.

- Sora, Sora… Quieta – dijo casi sin alzar la voz.

- ¿Quieta? – dejó que se notara la decepción en el tono de voz.

- Quieta – repitió, sin soltarla.

- ¿Por qué? – le costaba mantenerse seria, viendo que por fin se había dado cuenta. Llevó de nuevo sus labios a su cuello, dejando unos besos de nuevo en él, arrastrando sus labios hasta queda a la altura de su oído-. ¿Seguro?

- ¿Quieres hacer el favor de estarte quieta? – la soltó, aprovechando el momento para escaparse de ella, poniéndose en pie.

Mantuvo el gesto serio, observándolo y quedándose de rodillas aún, como si no entendiera por qué le rehuía, intentando reflejarlo en su expresión lo mejor que pudo.

- ¿Qué te pasa? ¿Por qué te escapas?

- ¿No te parece que no es el mejor momento? – se quedó observándola, todavía con la cara de sorpresa puesta.

- ¿Por qué? ¿Por mis padres? Bah… Están en la otra punta de la casa y dudo que vayan a venir a ver qué es lo que hacemos – se incorporó, poniéndose en pie, acercándose de nuevo hacia él-. ¿O es por mí? No me vas a hacer daño, sé que estoy más sensible, pero eso no implica que sea malo.

- Claro que no – negó con la cabeza, intentando no escaparse de forma tan evidente de ella.

- ¿Qué? ¿Entonces si no es por eso por qué es? – se colocó delante de él-. ¿Qué pasa, Yamato? ¿Es que como he adelgazado tanto este último mes no quieres estar conmigo? – tuvo que hacer un verdadero esfuerzo para no echarse a reír por la tontería que acababa de decir, sobre todo al ver la expresión de él. Para evitarse males mayores, bajó la mirada, dejando que su propio cabello hiciera de barrera.

Totalmente confuso por lo que acababa de escuchar, se quedó mirándola como si no pudiera creerse la situación. Soltó el pijama, dejándolo en la cómoda que había cerca de él, para poder posar sus manos en sus brazos, rozándola con suavidad.

- ¿De dónde te has sacado semejante estupidez? – le preguntó.

- ¿Ahora digo estupideces? – levantó la vista, muy ligeramente prácticamente como si le diera miedo con lo que se pudiera encontrar.

- Sora… - no sabía ni siquiera qué decirle.

Posando las manos de nuevo en su torso, las subió lentamente. Sabía que era perfectamente capaz de enfadarse por lo que le estaba haciendo cuando se diera cuenta de que no era más que por tocarle las narices, pero iba a poder reírse de las caras que le estaba poniendo lo que quisiera y más.

- No, Sora no. ¿Qué pasa? Venga, dame un motivo para no querer estar conmigo…

- ¿Cómo se te puede ocurrir que no quiero estar contigo?

- ¿Entonces por qué me dices que me esté quieta?

- Porque tus padres están a dos pasos de nosotros – confesó finalmente-, probablemente despiertos todavía. ¿Y si nos escuchan qué?

- Pues… contando que estoy embarazada, no creo yo que se vayan a escandalizar mucho sobre nuestras actividades nocturnas… Pero bueno, siempre está bien oírte admitir que lo que te pasa es que con mis padres cerca si me acerco a ti te me subes a la lámpara – sonriendo finalmente, ella sola se delató. Aprovechando la cara de confusión de él mientras que procesaba lo que acababa de pasar, se puso de puntillas para dejar un beso en su mejilla-. Voy a ponerme el pijama, que ya va siendo hora de ir a dormir.

Se apartó, directa hacia dónde había dejado sus cosas, como si no hubiera pasado absolutamente nada segundos antes, empezando a revolver, sin querer mirar demasiado hacia el rubio que había dejado atrás porque se estaba viendo que le iba a tirar algo a la cabeza y estaría más que merecido.

- ¿Qué? – se giró hacia él, sonriente-. ¿No te pones el pijama? Vas a coger frío… Y como te vuelvas a poner enfermo de catarro yo no te cuido esta vez, que no estoy yo para pillar ahora mismo algún virus… Voy al baño – mientras que hablaba, caminó por la habitación, colándose en el baño antes de cerrar la puerta tras ella.


AnnaBolena04: los cuatro abuelos parecen haber sobrevivido a la noticia de que se les viene una nieta preciosa la que mimar mucho y con todas las papeletas de ser tan tranquilita y cuqui como la madre. Así que si por el momento no tenemos ninguna baja, es buena señal, a ver cuánto les dura.

Y la pelirroja parece estar de muy buen humor y con ganas de reírse de su rubio paranoico favorito haciéndolo pasar apuros en casa del suegro jajaja Que al pobre solo le ha faltado subirse a la lámpara para huir de ella, que no, no, en casa de los suegros no, no, no. Es capaz de pillarse un trauma e imaginarse la mirada de Toshiko en su nuca todo el rato jajajaa

¡Besitos de tortuguita para ti!

Guest Vecina: no sé yo hasta qué punto sería aliarse con Sora para reírse de Takeru como que a Hiroaki le haya dado por irse más tiempo de la cuenta con Natsuko de lo que quizás debería cofcofcof

Haruhiko estaba tan tranquilamente en Kioto y de repente le vinieron con la noticia que ni siquiera era capaz de ver venir ni a lo lejos. Que sí, que su nena es una señora casada ya, pero de ahí a que de repente venga a contarle que lo va a hacer abuelo... Al pobrecillo poco más y le da algo intentando procesarlo de golpe. Menos mal que no se pone en modo paranoico con la traición que le han hecho así sin verla venir jajajaja

Tendría vacaciones si viviéramos en una sociedad en la que la totalidad de tercuzos de la ESO no suspendieran más asignaturas de las que aprueban... Y como los padres son todavía más estúpidos que ellos y los apuntan para que les hagamos nosotros los deberes que se le ha puesto por suspender... *Sonríe mucho mucho y se pone a pensar en tortuguitas*

¡Bicos de tartaruga para ti! Y venga que ya estamos casi a viernes...