Yamato se quedó mirando hacia la puerta que acababa de cerrarse delante de sus ojos sin haber sido capaz, tan siquiera, de terminar de procesar lo que había pasado allí. Necesitó unos segundos más para caer en la cuenta de que cierta pelirroja que él se sabía se acababa de reír de él y de sus dramas con la presencia de sus suegros.
Parpadeó varias veces, algo confuso, hasta que finalmente reaccionó. No, no se enfadó con ella, más bien se tuvo que reír por lo bajo ante la forma tan fina con la que se había reído de él en sus propias narices sabiendo de sus paranoias mentales.
Posiblemente fuera culpa suya por no haberse dado cuenta de que no podía estar hablando en serio por alguno de los comentarios sin sentido alguno de ella, pero… Lo había pillado demasiado de sorpresa. Acabando por sonreír de medio lado, posó la mano sobre el pomo de la puerta del baño, entrando tras ella.
- ¿Has olvidado algo? – le dijo mientras que se terminaba de pasar un algodón por la cara.
Volvió a centrarse en lo que estaba haciéndolo, frotándolo bien por la zona de los ojos, dejándolo buscar lo que necesitara. Se detuvo, cuando lo vio asomarse por detrás de ella, posando las dos manos en su cintura.
- ¿Qué?
- ¿Cómo lo has hecho?
- ¿El qué? – le preguntó confusa.
- No reírte cuando me has salido con la estupidez de antes…
- ¿Ahora digo estupideces? – repitió, ahora sí, riéndose sin hacer nada por disimularlo.
- Sí, y muy gordas – tiró de ella para conseguir que se girara.
Quedándose frente a ella, colocó las manos una a cada lado de la pelirroja, sobre el lavamanos. Ante aquel gesto no pudo más que observarlo interrogante, asegurándose de que no parecía estar enfadado, sino más bien divertido por todo aquello.
- ¿Son las hormonas? – acabó por decir a modo de justificación.
- ¿El qué? ¿Las responsables de las estupideces o que aparentes ir a rondarme en lugares poco apropiados pretendiendo asustarme? Porque de eso no es justo echarles la culpa a ellas, sino a una pelirroja que yo me sé con malas intenciones.
- ¿Ah sí? – sonrió, entretenida por la situación.
- Sí… Y por lo que veo, que tampoco sabe demasiado con quien se la está jugando – soltó, repentinamente algo más serio.
Se quedó observándolo, interrogante. Esa seriedad no la había visto venir, y tampoco llegaba a entenderla demasiado bien. No había parecido enfadado, de manera que no era capaz de pensar en una explicación para nada. No al menos hasta que retirando las manos de dónde las había dejado buscó dejarlas en su cadera, arrastrándolas hacia la parte más baja para levantarla ligeramente y hacerla quedarse apoyada sobre el lavamanos.
Su gesto de sorpresa no pudo más que acentuarse ante el gesto del rubio, mirándolo todavía más confusa que antes. Ni siquiera cuando finalmente dio un paso hacia delante, pegándose a ella aprovechándose de la situación.
- ¿Yamato? – preguntó, todavía sin tenerlas todavía demasiado consigo.
- ¿Qué? – le dijo inclinándose algo más hacia ella, lo justo para sus labios rozaran los de ella al hablar.
- ¿Qué haces? Lo antes de no era en serio…
- ¿Ah no? – sonriendo, divertido -. No lo sé, a mí sí que me lo pareció…
Giró la cabeza lo justo para tener acceso al cuello de su esposa, imitando los mismos gestos con los que ella lo había rondando apenas unos minutos antes, dejando algunos besos en la piel descubierta.
- Para… Nos van a escuchar – murmuró, no teniéndolas demasiado consigo.
- ¿Tú crees? – sonriendo todavía algo más-. ¿No soy yo el que siempre está siendo acusado de tenerle miedo a sus suegros incluso a estas alturas de la vida? – cambió las manos de lugar, posándolas sobre las rodillas de ella ahora a los lados de su propia cadera, dejando que se perdieran bajo la falda que llevaba.
- Ya, pero lo de antes no era para que pensaras que… - cortó sus propias palabras, volviendo a notar los besos bajando por su cuello, hasta donde el escote de la ropa le permitía, olvidándose por unos segundos de dónde estaban-. Nos van a escuchar – repitió.
- Creo que con los digimon en casa nos las hemos arreglado para ser algo más discretos, ¿no? – acabó por decirle cuando volvió a colocarse frente a ella, desviándose para decirle aquello al oído-. ¿Qué? ¿Ahora no te atreves?
- No te estarás riendo de mí, ¿verdad? – llevando las manos a su rostro, lo hizo encararla.
- ¿Desde cuándo se me ocurriría jugar contigo con estas cosas?
Se quedó mirándolo, dejando la vista fija en los azules ojos de él. No parecía estar bromeando, pero… ¿de verdad? ¿Se estaba atreviendo a aquello? ¿Él precisamente? Había aprendido a interpretar sus miradas y aquella vez podía leer perfectamente en ella que hablaba totalmente en serio.
- Bien… si es lo que quieres – sonrió ella de medio lado, casi como si estuviera imitando ese gesto tan característico de él antes de aprovechar dónde tenía las manos para tirar de él contra ella.
Algo en su cabeza no podía evitar pensar que quizás no fuera la mejor idea del mundo… Pero, primero ella sola se lo había buscado. Y si eso era lo que ella se había buscado, no iba a demasiada queja en volver a encontrarlo. Sonrió incluso antes de separarse del beso, por sus propios pensamientos.
Separándose de ella, no pudo evitar notar cierto nerviosismo debido a la situación, pero realmente no pensaba tan siquiera en la idea de echarse hacia atrás. Había vuelto al baño con la solución al problema del ruido, de manera que ni siquiera se molestó en tomarse su tiempo con aquello. En cuanto tuvo de nuevo algo de libertad de movimiento, casi como si le molestara la idea de apartar las manos en dónde las tenía, las sacó para, rápidamente, librarse de la prenda superior de ella.
Debido al malestar de Sora durante todas las semanas pasadas prácticamente habían reducido aquellos momentos al mínimo, intentando siempre tener algo más de cuidado, pero probablemente ese fuera uno de los motivos que lo había llevado a comportarse así. No esperó, tampoco, llevando las manos a la espalda de ella y soltando el cierre de la ropa interior, retirándosela lo antes que pudo.
Al contrario que en otras ocasiones en la última temporada, automáticamente bajó la cabeza alcanzando así las nuevas zonas descubiertas con los labios, sin tener el cuidado que en otras ocasiones había tenido. La respuesta de ella fue automáticamente, intentando guardar silencio, bajar las manos hasta el borde de la toalla, sin impedimentos por parte de nadie en aquella ocasión, provocando que cayera al suelo.
Mordiéndose el labio para mantener así la boca cerrada, terminó por darle un ligero tirón al enredar sus dedos en su cabello, tirando de él hacia arriba de nuevo, buscando así desquitarse en un beso, recortando la distancia entre ambos a lo justo para poder colar con su mano entre ellos dos, bajándola por el torso de él hasta zonas antes fuera de su alcance.
Como respuesta a sus acciones, intensificó más el beso entre ambos hasta que finalmente optó por apartarse de ella, dejándola bajarse de dónde la había dejado para poder posar así las manos en su cintura, arrastrando con ellas de una sola vez el resto de ropa que pudiera quedarle, dejándola darle una patada para alejarla de ellos. Sonriendo, retrocedió de nuevo hacia la ducha, hasta que su espalda tocó con la pared.
- Suerte que uno de los dos es de ciencias y tiene buenas ideas – dijo sin más antes de llevar la mano hacia el grifo, haciendo el agua y haciendo que cayera sobre ambos.
Sin entender primero sus palabras, no pudo evitar sonreír al darse cuenta de que, seguramente, fuera la mejor idea que había tenido desde hacía tiempo. Fue a abrir la boca para decir algo al respecto, pero no llegó a hacer, viéndose arrinconada entre la pared y él, decidiendo que la mejor de sus opciones, sin duda, iba a ser echarle los brazos al cuello sin esperar más, dejando que la cogiera para poder acomodarse mejor a la postura, haciendo fuerza con sus piernas para que no dependiera todo de él.
- ¿Ves? No son estupideces, ahora seguro que tienes esto mucho más fácil – le dijo antes de tener que apoyar los labios contra su hombro, evitando así hacer más ruido de la cuenta cuando por fin lo sintió en ella.
Negando con la cabeza, prefirió no pedir nada al respecto, simplemente cerrando los ojos antes de conseguir acomodarse del todo, dejando los brazos bajo las piernas de ella. Debía reconocer que había estado teniendo más cuidado de la cuenta con ella en los últimos tiempos, pero, realmente, les habían dicho que podían hacer vida totalmente normal. Pues eso mismo pensaba hacer, vida totalmente normal.
Aprovechando que le quedaba perfectamente a la altura para no tener que inclinarse, volvió a besar su cuello, aprovechando así para silenciar cualquier sonido que pudiera salir de sus labios, solo levantando la cabeza al sentirla tirar de nuevo de él, buscando sus labios. Cerrando los ojos, posó su frente en la suya, continuando con lo que estaban haciendo, notando como se agarraba mejor, sintiendo incluso sus dedos clavarse en su piel, abriendo los ojos para dejarlos fijos en los suyos. Pudo ver cómo Sora le sonrió ligeramente, respondiendo a su sonrisa dibujando con sus labios, sin llegar a pronunciar palabra alguna, un "Te quiero", solo para apenas unos segundos después ver como bajaba su cabeza contra él, ahogando así cualquier sonido que pudiera salir de su boca.
En el momento en el que no aguantó más, hizo el esfuerzo por no soltarla, dejando que se diera cuenta para que se agarrara mejor a él, al menos hasta que pudo volver a recuperar el control sobre sí mismo y poder dejarla de nuevo en el suelo con cuidado. Sonrió, dejando los ojos cerrados mientras que intentaba recuperar el aliento, acabando por depositar un beso en su frente.
- Creo que voy a tener que retirar cualquier acusación en tu contra sobre tenerle miedo a mis padres – bromeó, abrazándolo, en aquella ocasión simplemente disfrutando de su cercanía.
No dijo nada, simplemente se rio, apretándola algo más contra sí mismo.
Yamato se había quedado echado en la cama, revisando algunos correos que le habían llegado al teléfono cuando pudo ver cómo la pelirroja salía finalmente del baño de nuevo, con el pijama puesto y el cabello seco, yendo directa a echarse a su lado.
- ¿Qué haces? – le preguntó.
- Nada, hacer tiempo hasta que salieras – posando el objeto en la mesita, le tendió el brazo a modo de invitación para que lo usara de apoyo-. ¿Todo bien?
- Mejor que bien – sonrió, acomodándose a su lado-. Mañana por la mañana había pensado que podemos adelantarnos a mis padres e ir a desayunar a un sitio que hay no demasiado lejos que siempre me ha gustado bastante, ¿qué te parece?
- ¿Ya quieres huir de tus padres por si acaso alguien quiere algún tipo de explicación? – no pudo más que reírse al ver cómo las mejillas de ella se teñían rápidamente de rojo.
Le hacían gracia aquellos detalles. La facilidad que tenía para sonrojarse después de situaciones en las que salía de su zona de comodidad, a pesar de haber sido ella la que había empezado con toda la tontería del principio.
- Me parece bien, yo ya sabes que me fio de dónde quieras ir – asintió, finalmente-. Además, eres tú la que conoce este lugar, tienes que hacerme de guía si no quieres que me acabe perdiendo por cualquier esquina.
- Menos mal que es Mai la piloto anda… - riéndose por lo bajo, no pudo evitar hacer el comentario antes de arrugar ligeramente la nariz, en una pequeña mueca.
- ¿Pasa algo?
- Sí… tengo hambre… - reconoció rápidamente-. Cualquiera diría que no he cenado nada… - posándose la mano sobre el estómago, como si pudiera comprobar así la sensación de vacío, acabó por levantar la cabeza hacia él-. ¿Sabes que es lo malo? Que no te puedo mandar a ti a por nada porque no estamos en casa y no tienes ni idea de dónde están las cosas… - con cara de resignación, se apartó de él, con intención de levantarse.
- Espera anda… Que te acompaño – riéndose por lo bajo se incorporó-. Así de paso nos traemos a estos dos que seguro que se han quedado pegados a la televisión para no variar…
Asintiendo, esperó a que se pusiera en pie antes de salir de la habitación directa hacia la cocina acompañada de su marido, buscando entre los armarios esperando encontrar algo de su interés.
- Pero bueno… ¿todavía despiertos a esta hora? – la voz del padre de ella los hizo girarse.
- Papá… - saludó-. Tengo hambre… - confesó encogiéndose de hombros viendo como automáticamente se adelantaba hacia uno de los armarios, abriéndolo.
- Aprovecha… De hecho, ya me extrañaba a mí que tu madre se hubiera empeñado en comprar estas cosas en vez de reñirme porque hay que comer más sano… - con gesto resignado, no protestó cuando vio que su hija le tendía una de las galletas que había sacado de la caja.
- ¿Quieres? – le preguntó Sora al rubio viendo como negaba con la cabeza.
- ¿Qué tal la ducha? – preguntó de repente el profesor.
La pelirroja se atragantó con el trozo de galleta que estaba a punto de tragar, consiguiendo así que la vista de su padre se centrara en ella, librando así a Yamato de ser visto con la cara que se le quedó ante su pregunta.
Posó la mano en la espalda de su hija, dándole un par de ligeras palmadas-. ¿Estás bien? Si es que tienes que comer más despacio… - alejándose de ella, llenó un vaso con agua, tendiéndoselo.
- ¿No os ha dado problemas? – repitió cuando pareció que no corrían peligro de que nadie se ahogara.
- ¿El qué? – repitió aún tosiendo ligeramente.
- La ducha hija, la ducha… Ese baño no se suele usar y a veces no funciona bien el agua caliente… Si te lo tengo dicho ya más veces…
AnnaBolena04: je je je, alguien se acaba de gana que nadie le vuelva a decir nada sobre sus traumas con los suegros durante una buena temporada. Quién lo iba a decir de él, pero ahí lo tenemos, devolviéndole la "maldad" a su querida pelirroja sin que ella pudiera verlo venir.
Con lo que no contaban seguro ninguno de los dos era que fuera a aparecer el pobre Haruhiko a preguntarles por la ducha, que claro, que a veces salía el agua fría jajajaja Fríos se debieran de quedar ellos cuando lo escucharon, porque conociéndolos... Yamato ya estaría pensando en ir huyendo del planeta otra vez hasta Marte o algún sitio más lejos jajajaja
¡Besitos de tortuguita!
Natesgo: ya te dije ayer que habías entendido al revés el capi, así que nada jajaja Parece que la que ha acabado siendo sorprendida ha sido ella. Tanto pensar maldades para reírse del pobre Yamato y mira cómo ha acabado la cosa. Si es que estas juventudes de hoy en día ya no respetan nada cofcofcof
Además, todo sabemos que si la pelirroja lo hubiera estado rondando en serio se hubiera acabado saliendo con la suya. Que no es que no le haya salido bien la jugada igualmente, pero de haber ido realmente con intenciones de rondarlo, no hubiera necesitado demasiado para que se olvidara de los suegros y que igual alguno se escandalizara un poquitillo.
¡Besos!
Epic Crystal Night: ¿Qué tal los niveles de azúcar? Jajaja si te has leído todos esos capis de golpe te tiene que haber dado un subidón de los signos porque las reacciones de la familia a la noticia de que van a tener una nena son todas para acabar con un pico de glucemia de los intensos. Has llegado cuando se nos va un poquito el azúcar y los señores tortuga se ponen a hacer honor a su nombre.
¡Muchos besitos! ¡Y cuidado con el azúcar!
Guest Vecina: vieeeernes, vierrrnes, es lo único que puedo decir. Mis neuronas se están pensando terminar de hacer lo que tienen que hacer y meterse en la cama a olvidarse del mundo porque menuuuda semanita que nos hemos pegado.
¿Qué decías de que alguien buscara motivos para escandalizar padres? Jajajajaja porque es el rubio y les tiene demasiado respeto que sino posiblemente no se hubiera molestado en buscarse algún sitio donde se pudiera escuchar menos lo que hacían o dejaban de hacer jajjajaajaja Al final la pelirroja no se puede quejar de cómo ha acabado su intento de hacer maldad.
Pobre profesor, llega a escuchar algo y yo creo que se nos traumatiza. Vuelve para la cama, se echa, se tapa hasta las orejas y no sabemos más de él mientras que Toshiko lo mira muy confusa jajajaja
Venga vecina, nada de matarse a estudiar este fin de semana ¿eh? Que hay que descansar un poquitillo. ¡Un bico grande grande!
