Acostumbrado a despertarse al sentir a Sora tener que levantarse al baño, aquel día, cuando abrió los ojos y la vio dormida a su lado profundamente, no pudo más que sonreír. Era cierto que hacía ya unos días que se había estado empezando a encontrar mejor, pero aquel era el primer fin de semana en el que realmente no se había despertado, ni siquiera ante el sonido del despertador.
Alargó la mano para ver la hora que era, intentando moverse lo menos posible, por temor a por despertarla, dándose cuenta de que aún era temprano y que podía quedarse más rato en la cama. Aquel día no tenía nada que hacer hasta entrada la tarde, de manera que no tenían prisa alguna. Como si hubiera sido capaz de saber lo que estaba pasando en su cabeza, en el momento en el que volvió a posar el teléfono encima de la mesita de noche, notó cómo la pelirroja se giraba buscando su cercanía entre las sábanas.
Dibujando una ligera sonrisa le facilitó el trabajo para que se acomodara a su lado, aprovechando para volver a cerrar él los ojos. No había prisa, y acababa de encontrar el motivo perfecto para no levantarse aquel día temprano.
Volvió a abrir los ojos, sin ser consciente del tiempo que había pasado, dándose cuenta de aunque se había vuelto a alejar de él, Sora seguía completamente dormida. Decidiendo que era momento de levantarse y preparar el desayuno, salió de la cama muy suavemente, alargo la mano para coger ropa de abrigo para echarse por encima de la camiseta del pijama y salió de la habitación sin encender la luz, intentando hacer el menor ruido posible.
Una vez en la planta inferior, se encontró con los digimon, observándolo desde uno de los sofás.
- ¿Qué estáis haciendo despiertos? – les preguntó.
- Es casi medio día – contestó su compañero.
- ¿Casi medio día? – giró la cabeza hacia el reloj que había en el salón pudo verlo. Sorprendido, se pasó una mano por los ojos-. Me he quedado dormido…
- ¿Y Sora? – rápidamente Biyomon dio un pequeño salto, colocándose en el respaldo.
- Sigue durmiendo, déjala… Voy a preparar el desayuno y cuando esté subes si quieres a despertarla, ¿de acuerdo?
- ¿Sigue durmiendo? – sorprendida, asintió a lo que le estaba diciendo.
- Sí, hoy no se ha despertado ni en toda la noche ni a primera hora de la mañana – explicó acercádose hacia la cocina finalmente-. ¿Qué os apetece para desayunar?
Girándose en la cama, todavía bastante dormida, se encontró con algo que le impidió el movimiento. Acostumbrada a aquello, pensando en que a su lado estaría su marido, alargó la mano para rodearlo con ella. Fue en ese momento cuando se dio cuenta, de que el cuerpo que había a su lado era más pequeño de lo que ella esperaba. Abriendo los ojos poco a poco, se encontró con un borrón rosa frente a sus ojos.
Parpadeó, confusa, reconociendo finalmente a Biyomon. Sonrió automáticamente, afianzando mejor su brazo en torno a ella.
- Pero bueno… ¿y tú que estás haciendo aquí? ¿No es muy temprano para que estés levantada ya?
- Van a dar las doce del mediodía – fue la respuesta de su amiga-. Te has quedado dormida y no te queríamos despertar… Pero como no bajes pronto yo creo que Gabumon se va a comer tu desayuno…
- ¿Mediodía? – sorprendida, giró la cabeza hacia la ventana, intentando ver algo de la luz que se pudiera colar entre las persianas-. ¿Yamato?
- Haciéndonos el desayuno… ¡Venga! ¡Vamos!
Sonriendo a las palabras de ella, asintió. Sorprendida todavía por hacerse quedado durmiendo tanto tiempo por primera vez en meses, buscó su bata para echársela por encima de los hombros, lanzando una mirada a su alrededor intentando dar con sus calcetines. Un par de minutos más tarde, bajó las escaleras, notando la ausencia de comida en el estómago nada más percibir el olor del desayuno.
- Buenos días, dormilona – dijo Yamato nada más verla aparecer-. ¿Qué tal has dormido?
- Creo que lo sabes mejor que yo – le dijo llegando finalmente a la planta de abajo-… Yo creo que ni cuando llegamos a Grecia el primer día me quedé dormida hasta tan tarde.
- Podría ser… Me he levantado hace nada yo también, no te creas – le hizo un gesto con la cabeza para que se sentara-. Pero no te quería despertar, así que me vine a hacer el desayuno…
- O la comida ya casi – sonrió, pasando por detrás de él, arrastrando su mano por su espalda antes de llegar a sentarse-. ¿Qué has hecho de desayuno?
- Pregúntales a estos dos, que llevan persiguiéndome desde que me levanté porque estaban con antojo – girando la cabeza ante el gesto de ella, terminó por echar en el plato la última de las tortitas.
- Oye, la de los antojos se supone que tengo que ser yo… - girando la cabeza hacia ellos, se empezó a reír.
- Tú con tal de que comas algo y no te siente mal te hace cualquiera lo que tú quieras – dijo Biyomon-. ¡Y yo quiero tortitas! ¡Tengo hambre!
- Eres una impaciente… - cerrando los ojos mientras que hablaba, intentando centrarse en el olor de la comida, Gabumon se acomodó mejor en la silla.
- ¿A que me como las tuyas también?
Dejando el plato encima de la mesa y tomando asiento él también, se acercó hasta la pelirroja, para darle un beso en la mejilla a modo de saludo.
- Que sepas que me desperté a primera hora, como siempre, pero las intenciones de alguien de usarme de almohada hicieron que me volviera a quedar dormido…
- Ya, ya… excusas – girando la cabeza hacia él, sonriendo-. Es raro… Hoy es la primera vez que me levanto y siento que he descansado de verdad… Y hasta tengo hambre – bajó la vista, buscando a comida.
- No iba a durar para siempre, ¿no? Ya te dijo la doctora en la revisión que deberías de empezar a mejorar de ahora en adelante.
- Ya… lo sé, pero se me hace raro – alargando la mano, cogió ella el plato, echándoles a los digimon su desayuno.
- Hay más, pero no las he hecho para que no se enfríen, así que si tienes hambre, luego hago más – le dijo echándose él también las suyas.
- Recuérdame que el día que lo vea por ahí te compre un delantal de los que ponen "Kiss the chef"… - comentó de forma totalmente distraída, pinchando tus tortillas y llevándose el trozo a los labios escuchando de fondo cómo se reía por el comentario.
Se estaba terminando de colocar bien el pelo tras haber salido de la ducha, aprovechando mientras que Sora terminaba de vestirse. A pesar de que se habían levantado tarde, iban perfectamente bien de tiempo. Aquel día habían quedado en ir a hacerle una visita a Mai, a la cual casi no había vuelto a ver desde que había salido del hospital. Era alguien que se merecía que le diera la noticia directamente en persona, y que, por suerte, no le iba a montar el drama por haber tardado en decírselo.
- ¿Me ayudas? – la voz de Sora lo sacó de sus pensamientos, acercándose hasta él y quedándose de espaldas dejando a la vista los botones de la blusa que se había puesto.
- ¿Vas a ir así? Debe de estar bastante frío fuera… - girándose automáticamente, hizo lo que ella le pedía.
- Voy a ponerme una chaqueta por encima de esto y luego el abrigo… El que pilla catarros sin sentido de los dos eres tú – le contestó, divertida.
- Qué graciosa… - cuando terminó con el último, se inclinó, dejando un ligero beso en su cuello-. ¿Te queda mucho?
- No… Ya estoy casi, solo tengo que calzarme y podemos irnos.
- Vale, pues yo voy ahora…
- Ya, si es que tardas más que yo en prepararte, que llevas un buen rato mirándote en el espejo, presumido…
- Vete a terminar de vestirte, corre – negó con la cabeza antes de dejarla irse.
Cuando volvió a salir del baño, la encontró sentada sobre la cama, con la chaqueta ya colocada, esperando por él, mientras que terminaba de colocar las cosas en el bolso.
- Oye… estaba pensando… Con la tontería… La Navidad cada vez está más cerca… Y es la primera vez que vamos a estar los dos incluso en la misma ciudad o incluso en el mismo planeta.
- Lo dices como si hubiéramos tenido todas las posibles desgracias hasta el momento para no ser capaces de hacer nada… - se acercó hasta ella, esperando a que terminara de colocar sus cosas.
- ¿Verdad? – sonrió, poniéndose en pie junto a él-. A lo mejor, si yo me encuentro mejor ya, podemos pensar en hacer algo o ir a algún sitio si te dan algunos días. ¿Qué te parece?
- Contando que si le hacemos caso a mi hermano el día de Nochebuena ya va para diecisiete años la cosa, no me puede parecer mejor idea.
- Madre mía, diecisiete años aguantándote… Pobre de mí… Menos mal que ya se te han pasado las manías raritas de los últimos cursos…
- Tendría que tomarme a mal ese comentario, pero como no puedo darte más que la razón, pues mira… vamos a dejarlo – riéndose por lo bajo, terminó por asentir-. Yo creo que si no ocurre alguna desgracia aunque sea un fin de semana algo podremos hacer.
- Bueno, tú espera a ver si tenemos permiso de cierta personita para poder ir a alguna parte – se posó la mano en el vientre, entretenida.
- Seguro que sí, ya verás como ahora vas a mejorar y dentro de poco tenemos que volver a ir de compras porque se te ha quedado pequeño todo por fin…
Al estar todavía sin calzarse, tuvo que ponerse de puntillas para ser capaz de alcanzar a darle un beso en los labios, apenas unos segundos.
- ¿Ves? Si ya sabía yo que no te gustaba porque me había quedado muy delgaducha… - dijo aquello cuando ya caminaba hacia la salida de la habitación.
Despistado, sin entender muy bien sus palabras, se quedó pensativo unos segundos, decidiendo seguir sus pasos y no pensar en ello o todavía acabarían llegando tarde. Bajó rápidamente los escalones, poniéndose el abrigo por encima antes de mirar hacia los digimon.
- ¿No tendréis frío? Bueno, tú no, que se supone que es lo tuyo y así no te me quejas del calor a todas horas, pero… ¿tú? – le dijo a Biyomon.
- Yo estoy bien – alzando el vuelo ligeramente, ayudó a su compañera a terminar de colocarse bien el cuello del abrigo por detrás.
- Vale, pues… ¿nos vamos?
- Nos vamos – contestó la pelirroja-. Y quita esa cara de estar a punto de echar humo por las orejas de tanto pensar…
Riéndose de él, abrió la puerta de la calle, notando rápidamente la bajada de temperatura, esperando a que cerrada para poder cogerse a su brazo.
- Te dije que hacía bastante frío fuera… ¿Quieres coger algo que te abrigue más?
- No, es solo el contraste. Venga, vamos o acabaremos llegando tarde…
- Como si me importara a mí mucho que la piloto loca esa tenga algo por lo que protestar nada más verme.
- Ya… como si no te murieras de ganas de verla. Lamento informarte que hace tiempo que no engañas a nadie, y a mí mucho menos… Así que venga, circula, que con toda la pataleta que montaste la vez que te quedaste atrapado con el huracán en Tanegashima en el fondo te hacía ilusión pasar unos días con ella y los demás.
- Eso no lo puedes demostrar – sonrió divertido.
- No me obligues a sacarte algún tipo de confesión más tarde – usando un tono especial para aquello, montó finalmente en el ascensor.
AnnaBolena04: venga, un capi de los que te gustan, de simple y adorable convivencia entre estos dos para que fangirlees un rato. Ya tocaba un capi de simplemente ellos rondando por casa mientras que se preparan para ir a alguna parte y sin que la pobre pelirroja se estuviera muriendo por los rincones cada cinco minutos. Hoy simplemente te ha tocado la parejita haciendo el vago y durmiendo, que mal no les iba a venir.
A Toshiko le van a llegar varias cajas de bombones por Navidad y van a traer una nota que ponga "Gracias" Jajajajajajajajajaja Gracias a ella Koushiro sigue con vida, lo cual es todo un logro. Ahora a ver a qué ha dedicado estos días en Tokio cortesía de la encantadora señora Takenouchi jajajaja
¡Besitos de tortuguita para ti!
Guest Vecina: ya, lo sé. Si la pataleta iba a ser mejor, pero es que ahí es donde me traiciona el cerebro. Me parecería tan absurda la escena si me pasara a mí en la vida real que haría como Taichi, dejarla con la palabra en la boca e irme a mi aire pasando olímpicamente del tema sin darle pie a montar el drama. Así que cuando me puse a escribir a Mimi montando la pataleta no hubo fuerza humana de poder hacer algo con ella más allá de lo que habéis leído.
Y, aunque hubiera cogido Sora y hubiera ido directa a decírselo a Taichi porque le hubiera en gana, a ver quién era el listo que se atreve a decir que no tiene toda la razón y sentido del mundo para hacerlo, buena suerte jajajaja
Taichi lleva metido en la causa de emparanoiar a Takeru desde el principio, no te preocupes, es parte de la venganza por los puñales que le cayeron jajajaja Lo que pasa es que cuando Hikari lo cace lo va a freír a collejas porque luego es ella la que tiene que aguantar el drama del minirubio.
¿No han tenido suerte las tartartugas? Vaya por dios... A lo mejor es que la que lo robó para hacerse un nido en él le ha pillado aprecio, ahora que llega el invierno pues seguro que vale para hacerse un nido calentito. Si la encuentro yo por el Cantábrico te aviso. ¡Muchos bicos para ti!
