Yamato se estaba terminando de preparar tranquilamente en la habitación. Había dejado a Sora quedarse con el baño, sin entender demasiado qué problema podía tener con vestirse o no en el mismo sitio que él. Por la mañana lo había entendido a causa de la temperatura que había al haberse duchado primero, pero ahora le había sorprendido. Sin haber querido insistir, terminó por abrocharse los botones de la camisa.

Habían pasado todo el día recorriendo el centro, aprovechando para hacer planes para los días siguientes. Aunque Sora había insistido en enseñarle el barrio en el que ella se había quedado sus años de estudiante allí, había conseguido convencerla para hacerlo otro día a sabiendas de que era mejor que no se cansara más de la cuenta.

Al igual que también se había dejado convencer para salir a cenar fuera y no quedarse en el hotel. Le gustaba salir, daba igual la ciudad, pero le preocupaba que llevar todo el día de un lugar para otro pudiera agotarla, pero ella había insistido y hacía bastante tiempo que ni siquiera intentaba contradecirla.

Sonriendo ante ese pensamiento, se ajustó bien los cuellos antes de acercarse al armario para sacar una chaqueta que ponerse por debajo del abrigo. Seguía sin acostumbrarse a los climas tan fríos, habían sido muchos los años en los que había pasado los inviernos en climas mucho más cálidos.

- Sora, vamos a acabar llegando tarde – murmuró cuando por fin consiguió terminar de abrocharse el reloj.

Había cogido el vestido verde sin que se diera cuenta de lo que se llevaba con ella al baño y había aprovechado para cerrar la puerta. No necesitaba demasiado tiempo para arreglarse, no iba a empezar a esas alturas a hacerlo, si estaba tardando era porque ella misma se había distraído al volver a ver su propio reflejo.

Cuando escuchó la voz de Yamato desde fuera, empezó a decirse a sí misma que no era buena idea empezar a montar el drama como cuando había descubierto que con ropa ajustada sí que se le notaba la ligera curva del vientre. Volvió a la realidad, dejando de mirarse antes de centrarse algo más en pasarse el cepillo por el pelo.

- Voy… - contestó terminando de arreglarse rápidamente.

No tenía demasiada idea de dónde iban a ir a cenar todavía, solo se había empeñado en salir esa noche para tener una excusa para ponerse ese vestido, de manera que se había arreglado por su acaso. Estaban en la ciudad en la que estaban en plena Navidad, era la opción más segura.

Dio un par de pasos atrás, aprovechando para colocarse bien los tirantes del vestido y darse un nuevo vistazo. Por una vez, lo único que le importaba era que se pudiera apreciar bien aquello que llevaba escondiendo unos días de Yamato. Asintió, satisfecha con lo que veía antes de salir finalmente del baño.

Distraído mirando por la ventana, no se dio cuenta de que ya había salido, ni siquiera cuando escuchó los pasos de ella acercarse, estando el suelo cubierto con algunas alfombras, ni siquiera el sonido de los tacones llamó a su atención.

- ¿Crees que hará mucho frío fuera ahora de noche? – le preguntó reclamando así su atención.

- Tú no sales del hotel sin ponerte abrigo, guantes y bufanda… Incluso si nos vamos a la vuelta de la esquina – le dijo despegándose por fin de la ventana.

Esperó, intentando mantener el gesto neutral, no queriendo delatarse simplemente porque se la encontrar con una sonrisa de oreja a oreja. Pudo ver como nada más girarse arqueó las cejas reconociendo el vestido.

- ¿Al final le vas a dar la razón a mi hermano con eso de que estamos celebrando algo por todo lo alto?

- ¿Por qué? – sonrió-. La última vez que me lo puse no tenía ni la más remota idea de los planes que había para esa noche… - continuó manteniendo el aire inocente.

- No sé de lo que me hablas – dio unos pasos hacia ella, aprovechando para darle un vistazo mucho más detallado, acabando por fruncir el ceño.

- Es extraño… Se supone que debería de quedarme algo flojo, pero no… Debe de ajustarse mejor a otras zonas ahora…

Supo a ciencia cierta que no la estaba escuchando cuando desvió totalmente su vista hacia el vestido, sin tan siquiera mirarla a ella. Sonrió, atenta a sus gestos, como si realmente no estuviera pasando nada fuera de lo normal.

- ¿Te gusta cómo me queda ahora? – volvió a hablar, aprovechando aquella pregunta para pasarse bien las manos por el cuerpo, estirando bien la tela antes de colocarse de medio lado, como si buscara realmente la aprobación sobre el vestido.

Ahí sí que se notó la sorpresa en su rostro.

Cuando Yamato se había girado hacia ella había reconocido al instante el vestido que llevaba. Más allá de las acusaciones que ella le pudiera hacer sobre tener un problema con el color verde oscuro en ella, tenía muy buenos recuerdos de la única vez que se lo había visto puesto. Pero también había tardado muy poco tiempo en olvidarse de todo aquello.

Sus ojos se habían desviado automáticamente hacia la figura de su esposa, posiblemente con intenciones diferentes al principio, a sabiendas de que le gustaba cómo le quedaba aquella prenda. Con lo que no contaba era con encontrarse con que la tela se ceñía de forma en la que antes nunca lo había hecho a la altura del vientre, pudiendo notarlo especialmente cuando se ladeó.

Levantó la mirada, interrogante, buscando una respuesta en Sora quien le estaba mirando completamente sonriente.

- Creo que alguien por fin se está dejando ver – le dijo atenta a sus gestos.

Avanzó unos pasos hacia ella, como si necesitara verla más de cerca. Al igual que había hecho Taichi antes de que salieran, solo que sin esperar a tener su permiso, automáticamente llevó las manos a la pequeña curva que se adivinaba gracias a la ropa.

- Me fijé el otro día haciendo la maleta por eso no he querido cambiarme delante de ti… - empezó a explicar observándolo.

No parecía que fuera a ser capaz de decir palabra, Yamato simplemente dejó sus ojos fijos sobre sus propias manos y la zona en la que les había posado, colocándolas de tal manera que se ajustaran perfectamente a la forma antes de dejar que una sonrisa apareciera de extremo a extremo en su cara. Había ciertas cosas que se podía dar por supuesto que estaban ahí aunque no se vieran, y ese era uno de esos casos en los que por fin estaba viendo una de ellas. Más allá de la ecografía, era la primera señal real que podía apreciar de que su pequeña estaba creciendo sana. Esa idea conseguía que fuera incapaz de decir o hacer nada más allá que mantenerse con las manos sobre ella.

El día que la pequeña realmente estuviera con ellos, el primer día que la viera sabía que iba a ser completamente incapaz de reaccionar, lo tenía asumido. Él, quien una vez había salido corriendo de que las cosas se pudieran poner más serias de la cuenta con la mujer que ahora lo acompañaba. Y ojalá que pudieran volverse todo lo seas que fueran necesarias.

- ¿Yamato? – acabó por buscar reclamar su atención así, llevando una mano a su cara para que la levantara hacia ella.

- ¿Llevas días escondiéndome esto para liármela ahora? – consiguió articular palabra-. ¿No te da ni un poquito de vergüenza?

La hizo girar, aprovechando que no había levantado las manos de su cintura, colocándose así a su espalda y pudiendo tener un mejor acceso así a su último descubrimiento, no pudiendo evitar sonreír al ver como en el reflejo de la ventana se podía apreciar también.

- Creo que te has vuelto a arreglar para que mi sorpresa por Navidad sea nada comparada con la tuya – murmuró, bajando la cabeza para dejarla a su altura.

- ¿Yo? Creo que eso se lo vas a tener que reclamar a alguien cuando por fin podamos conocerla – dejó sus manos encima de las de él, aprovechando para apoyarse contra el rubio del todo.

- No sé yo si estaré capacitado para reclamar nada… Si todavía no está del todo con nosotros y ya es capaz de dejarme así – amplió algo más la sonrisa, cerrando con más fuerza sus brazos en torno a la pelirroja.

- ¿Ahora te vas a dedicar a consentirla?

- Todo lo que ella quiera, ya que la madre no me deja hacerlo porque si me paso de pesado me amenaza con mandarme a dormir a la terraza – diciendo aquello giró el cuello, viendo la mirada que estaba recibiendo, reaccionando por fin al ligero estado de shock en el que había entrado al ver por fin la barriguita de Sora. Se acercó hacia ella, sin ser capaz de retirar todavía las manos de donde las tenía, dejando que fuera la chica la que recortara la distancia entre los dos para poder darle un beso.

- Al final sí que vamos a tener que darle la razón a tu hermano – dejó la frente apoyada contra su cuello cuando se incorporó de nuevo-. Tú y yo empezamos a tener algo serio con esta fecha…

- Pues… sin que te lo tomes a mal, creo que me quedo con la versión de esta fecha actual – amplió del todo la sonrisa, volviendo a acercarse para dejar un beso en su frente, quedándose así, observando el reflejo en el espejo del armario de la habitación de Sora.

- ¿Yamato? – reclamó su atención ella un poco más tarde.

- ¿Hm?

- Se nos va a hacer tarde para la cena… Y tengo hambre… - casi como si estuviera confesando algo con vergüenza, usó un tono que hizo que él se echara a reír, asintiendo antes de, por fin, ser capaz de soltarla.

- Venga, vamos a cenar…

La dejó alejarse a por el abrigo. Incluso sin la sorpresa que le acababa de dar dejándole verla por fin, escucharle simplemente decir que tenía hambre, cada vez que lo hacía, cambiaba su humor notablemente. Aquello era una muy buena señal y él no podía estar más contento por ello. Acercándose hacia el armario, sacó él también su abrigo, poniéndoselo por encima de la chaqueta de antes, asegurándose de que llevaba todo lo que necesitaba en los bolsillos.

- ¿Vamos? – le dijo viendo como asentía, acercándose hacia él-. ¿Te has abrigado bien?

- Que sí… - se rio quedándose delante de él mientras que se ajustaba bien la bufanda.

- Bien – sonrió, cogiéndola por los extremos de la tela antes de acercarse para dejar un beso en la punta de su nariz.

- ¿Vas a querer ir andando otra vez?

- No lo sé, no me has dicho donde vamos…

- ¿No te has puesto a mirar dónde era? – le dijo mientras que cerraba la puerta de la habitación.

- ¿Yo? No… Así que más te vale que no esté demasiado lejos… - riéndose por lo bajo esperó por él para poder continuar por el pasillo.

- ¿Y desde cuando te fías de mí para esas cosas?

- Bah… no creo que seas tan terrible. Me has salido un poquito defectuoso cuando quieres, pero por el momento no creo que encuentre queja alguna – bromeó, caminando de espaldas para poder mirarlo de frente con la mejor de sus sonrisas.

- Un poquito defectuoso… - consiguiendo atraparla al llegar al ascensor sonrió al poder arrinconarla entre su brazo y los botones antes de que las puertas se cerraran.


AnnaBolena04: bueno, venga, aquí vamos. Parece que el rubio ha sobrevivido tras conocer a la barriguita que por fin viene a saludar. La cual, seguramente, si no fuera por lo malita que estuvo los primeros meses la mami seguro que se le notaba algo más y no le hacía falta llegar a tener que ponerse un vestido más ajustado para poder notarla. Creo que queda claro cuál es el nuevo vestido favorito de su pelirroja para el rubio, sí, sí.

A ver si son capaces de sobrevivir a irse de cena los dos solitos por París con una barriguita con ellos a la que seguro que el rubio no le va a quitar demasiado las manos de encima en toda la noche que tienen por delante.

¡Muchos besitos de tortuguita!

Ace Cornell: sí, sin duda el rubio ese tiene buen gusto a la hora de escoger un destino vacacional para pasar las navidades. Aunque parece que lo que él más quería ver ha tenido que llevárselo desde Tokio en vez de aprovechar a ver cosas bonitas como la ciudad... Por el momento parece que ha sobrevivido a notar por fin los cambios en Sora. A ver cómo va la cosa de ahora en adelante.

¡Un beso!

Guest vecina: ¿decías? La pelirroja lo ha estado evitando los últimos días especialmente para liársela con toda la intención con el vestido verde ajustadito para que se le note bien la pequeña curvita que debe de tener. Al menos no se ha quedado sin rubio con el que irse a cenar porque está claro que la señorita tiene hambre y no va a perderse una cena por nada de nada del mundo. Así que un rubio funcional le viene siendo útil por el momento jajaja

Los puñales que se pegan entre ellos dos son parte del encanto, tienen material más que de sobra para lanzarse pullitas el uno al otro y quedarse tan felices para luego pasar a decirse monerías con las que subirnos los niveles de azúcar a todos.

Pssse está en un punto que ni para atrás ni para delante, peeeeeeeeero bueno, al menos no estoy teniendo las clases de última hora estos días y salir primero pues como que ayuda un poquito. ¡Muchos bichos y ánimo que ya estamos a miércoles!