- ¿Estás cansada? – preguntó mientras que salían del restaurante, quedándose esperando a que terminara de colocarse bien los guantes Sora.

- Para nada – negó con la cabeza-. Podemos volver andando si quieres, esto no queda demasiado lejos. Prometo no quejarme de los tacones en todo el trayecto…

- Ya… Ya… Me lo creo – esperó a que se colocara a su lado, tendiéndole el brazo-. Eso te pasa por ponértelos. ¿A que eso no te pasaba antes cuando ibas por ahí correteando tras un balón?

- Yamato… cuando iba correteando tras un balón ni en tus mejores sueños hubieras podido tan siquiera imaginarte algún tipo de relación entre lo que llevo puesto y yo… - se cogió a él, esperando que echara a andar.

- Eso no te lo voy a poder negar… - se rio, posando su mano sobre la de ella, empezando el camino de vuelta al hotel-. ¿Te ha gustado la cena?

- Sí, aunque… Si me escucha alguien decir esto como poco me tira al Sena, pero sigo pensando que la comida de por aquí está demasiado sobrevalorada – bajó el tono, acercándose incluso a decírselo en modo confidencial.

- Creo que igual si le dices eso a mi abuelo consigues que se ofenda lo suficiente como para que huya de Tokio para siempre. Entonces supongo que mi padre te hará algún tipo de monumento o algo… - empezó a reírse, porque a sabiendas de que lo había dicho de broma pero que podía ser una realidad con demasiada facilidad.

Acompañó su risa con la de ella mientras que se cogía mejor a su brazo, aprovechando su cercanía como una fuente extra de calor mientras que salían por fin a la calle principal, encontrándose en una de las paralelas al cauce del Sena.

- ¿Sigues queriendo que mañana nos alejemos del centro para enseñarme donde tú vivías?

- Sí, a no ser que te apetezca hacer algo más – asintió, distrayéndose con facilidad por las luces que decoraban la ciudad, haciendo que todo se viera diferente y mucho más llamativo de lo que ya lo hacía con normalidad.

- ¿Yo? Creía que ya habíamos dejado claro que lo que me viene apeteciendo hacer a cualquier hora del día es ir detrás de ti a dónde te apetezca – se encogió de hombros.

- Cualquiera que te escuche pensará que te tengo aterrorizado ante la idea de tan siquiera atreverte a llevarme la contraria – movió su codo mínimamente contra su costado, riéndose.

- También podría ser totalmente cierto – bromeando, en esa ocasión fue él quien se detuvo, observando desde allí las vistas-. Espera – tiró de ella ligeramente para acercarse hacia la barandilla del paseo, aprovechando para detenerse en él.

- ¿Pasa algo? – preguntó, dejándose arrastrar.

- No, solo quería echar un vistazo desde aquí – explicó.

Asintió, caminando a la vez que él, esperando que se detuviera. Era lógico que ya que no había estado allí nunca pudieran llamarle le atención cada uno de los lugares, sonrió, levantando la vista hacia él, observándolo.

- Oh – calló de repente en la cuenta-. Ya sé dónde tenemos que ir antes de volver a Tokio…

- ¿Dónde? – dejó que se soltara de él, apoyándose entonces en la barandilla-. ¿De compras?

- No tenía pensado arrastrarte por todas las tiendas de mi interés… Pero no juegues con fuego – negó con la cabeza-. No queda demasiado lejos de nuestro hotel, podemos acercarnos hasta el estadio Roldan Garros.

Girándose hacia ella, asintió. Claramente que debía de haberse imaginado que ella querría visitar aquel lugar, habían sido muchos años los que ella había jugado al tenis y sabía a ciencia cierta que ese deporte seguía gustándole.

- Claro, mañana mismo si quieres – asintió, observándola-. Y supongo que podría sobrevivir a pasar también por las tiendas, creo que si no aprovecho para comprar los regalos de Navidad aquí lo mismo no me dejan volver a Tokio…

Se quedó observándola al ver que se reía, dándose cuenta entonces de que los hombros de Sora temblaban ligeramente, pudiendo notar entonces que se había encogido sobre sí misma y tenía los brazos cruzados sobre el pecho, escondiendo las manos dentro de las mangas a pesar de llevar guantes. Arqueó una ceja.

- ¿Qué? – preguntó al sentirse observada.

- Ven aquí, anda – le dijo tendiéndole la mano para que fuera junto a él, viendo como casi a regañadientes la sacaba de su escondite para coger la suya.

Dándole un pequeño tironcito la acercó a él del todo.

- Claro, si no te dedicaras a hacer planes malvados en mi contra con según qué vestidos ahora no estarías temblando como una maraca muerta de frío… - dijo con el mismo tono que podría haber usado con su sobrino de dos años.

- Creo que por ver la cara que pusiste me merece la pena pasar un poco de frío ahora – admitió, encogiéndose de hombros.

- Pues yo no estoy tan de acuerdo con que me andes cogiendo frío – dicho aquello, aprovechando la cercanía de ella, no tuvo problemas para, dejando las manos dentro de sus bolsillos, rodearla con los brazos, consiguiendo así que su abrigo también quedara en parte en torno a ella-. ¿Mejor?

Tardó unos segundos en darse cuenta de lo que acababa de pasar, no pudiendo más que sonreír y aprovechar para rodearlo con sus brazos por dentro del abrigo, dejando la cabeza apoyada contra él.

- Mucho mejor… - murmuró, no tardando en notar cómo apoyaba ligeramente su cabeza en la suya.


Mientras que subían en el ascensor, la mirada de Yamato había ido a parar a las mejillas de su esposa, las cuales se habían encendido rápidamente con el contraste de temperatura del volver de la calle. Había podido ver el cambio y le había hecho especial gracia, volviendo a alargar por fin los brazos hacia ella para dejarla a su lado.

- ¿Sigues sin estar cansada? Mira que has madrugado hoy más que yo – le dijo pasando las manos por sus costados.

- No sé cómo esperas que pueda perder la mañana durmiendo en un lugar como este… - admitió, divertida.

- Pues porque tienes que tener el sueño más que atrasado desde hace una buena temporada – comentó bajando el cuello poco a poco hasta chochar su nariz con la suya.

- Eso creo que ya empiezo a recuperarlo poco a poco – se estiró lo justo para devolverle el gesto antes de escaparse de su contacto al ver las puertas abrirse.

No necesitaba ser demasiado adivina para poder imaginarse el camino que estaban tomando las cosas, simplemente intentó no sonreír demasiado mientras que se adelantaba hacia la habitación, sacando ella la tarjeta del bolso y abriendo sin esperarlo.

Siguiendo los pasos de ella, cerró la puerta entrando en la habitación, quedándose apoyado en la puerta para observarla desde allí unos segundos más, mientras que dejaba la bufanda y los guantes encima de la mesa, haciendo lo mismo con el abrigo terminando por girarse hacia él otra vez.

- Creo que al final no te he dicho nada de la elección del lugar de la cena – le dijo caminando hacia él.

- No, ni media palabra – no pudo evitar que sus ojos se fueran automáticamente hacia la cintura de ella hasta que la tuvo delante de él.

- Me estoy quedando sin temas con los que meterme contigo – se había dado cuenta perfectamente de la dirección de sus ojos, llegando a colocar sus manos sobre él-. ¿Te parece bonito?

- Algo tengo que hacer bien de vez en cuando, ¿no? Voy mejorando – no se movió, permaneciendo atento a sus movimientos.

- Poco a poco – sonrió, cerrando sus dedos sobre las solapas del abrigo, tirando de él hacia abajo, buscando librarse de él-. No creo que nos haga falta a ninguno de los dos ahora.

No dijo nada, únicamente sonrió de medio lado sin quitarle la vista de encima. Le facilitó el trabajo, dejando que a la vez que le quitaba el abrigo se fuera con él la chaqueta, sin preocuparse demasiado de dónde acababan.

Pudo ver como sonreía orgullosa por la hazaña antes de buscar sus manos para tirar de él y que la siguiera, indicándole que se quedara sentado en el borde de la cama. Quedándose ella de pie, se tomó unos segundos antes de girarse y darle la espalda, sin necesidad de decirle nada más.

No tardó en sentir sus manos buscando el cierre de la cremallera, bajándola simplemente, dejando que fuera ella quien llevara el control de todo. Habiendo acertado con su decisión vio como se volvía a girar hacia él, sonriendo, solo que de una forma diferente ahora antes de llevar ella misma sus manos a los tirantes del vestido, bajándolos. No necesitó mucho más para que el vestido cayera al suelo, apartándolo con una ligera patada antes de quedarse frente a Yamato.

Cualquier intención que hubiera podido tener inicialmente, quedó relegada a un segundo lugar al ver cómo rápidamente la atención de él quedaba concentrada en su vientre, pudiendo ver cómo sonreía al verla ahora de frente y sin impedimentos textiles. Posó las manos en sus costados, no dejándola así alejarse de él,

- No sé yo si así me podré concentrar en lo que me tengo que concentrar ahora – le murmuró por lo bajo antes de arrastrar sus manos, dejándolas sobre la ligera barriguita, no tardando en inclinarse, comenzando a dejar ligero besos sobre la fina piel, provocando que los ojos canela de ella se quedaran fijos en sus acciones, comenzando a jugar con su cabello.

Se mordió el labio, intentando dejar la mente en blanco y concentrarse únicamente en el cosquilleo que sus besos le producían. No quería pensar en la pequeña en ese momento y en lo que realmente estaba ocurriendo porque tal y como estaba últimamente, no le apetecía acabar llorando precisamente entonces. Por suerte, la dirección de los besos de él acabó por cambiar subiendo hasta acabar separándose para poder observarla.

Se inclinó, buscando así dejar un rápido beso en sus labios antes de volver a alejarse mínimamente, quitándose así los zapatos, sacándole una sonrisa al rubio antes de ver cómo aprovechaba para sentarse sobre él.

- Sora – murmuró, observando cómo sonreía al escucharlo decir su nombre. Posó la mano en su nuca para atraerla hacia él alcanzando así sus labios.

Dejándose llevar por el beso, no llegó a rodear su cuello con sus brazos, entretenida en empezar a deshacerse de los botones de su camisa, despacio, terminando por pegarse a él cuando hubo terminado su trabajo, disfrutando así del contacto del cuerpo de ambos.

Se separó, buscando recuperar el aliento, comenzando a besar su cuello, retirando poco a poco la camisa hacia atrás, buscando tener mejor acceso. Permitiéndose hacer algo de presión con sus dientes en la piel, volvió a subir en dirección a sus labios, notando como parecía hacer fuerza sobre su cintura con los brazos para girar con ella.

No lo dejó hacerlo, separándose de él para volver a ponerse en pie, bajo la atenta e interrogante mirada azul de Yamato. Amplió su sonrisa al ver su gesto, dándole un leve manotazo cuando alargó las manos de nuevo hacia ella, no dejándolo tocarla. Ella misma buscó en cierre de su sujetador, quitándoselo y dejándolo caer al suelo.

Sin poder apartar la vista de ella, siguió cada uno de los movimientos de su esposa, dejándola hacer, curioso. Notó como se iba resecando su propia garganta, especialmente cuando la vio llevarse las manos a la cintura del resto del conjunto, muy lentamente, arrastrándola hacia abajo, de nuevo, dejándola caer al suelo. Le era imposible dejar de mirarla. Totalmente imposible.

- Déjatelas – consiguió murmurar cuando al vio con intención de quitarse las medias, las cuales llegaban solo hasta el muslo, no queriendo usar nada que presionara el vientre.

Aquello le sacó una ligera risa, antes de asentir e inclinarse de nuevo para dejar un leve beso en sus labios y después darle un empujoncito para que reclinara hacia atrás. Obedeció, quedándose apoyado sobre sus brazos, sin tener muy claro qué tenía en mente. O al menos hasta que la vio arrodillarse delante de él, llevando las manos a su cinturón, soltándolo y haciendo lo mismo con el pantalón, dándole el mínimo tironcito para bajarlos lo justo antes de inclinarse hacia él.

Llevó la mano a su cabello, echándoselo hacia un lado sin ser capaz de apartar los ojos de ella, únicamente cuando necesitó cerrar los ojos. Intentó mantener la tranquilidad, dejándola hacer y aguantándose las ganas por cambiar las tornas y tomar el control. Abriendo la boca necesitando aire, dejó de jugar con su cabello, teniendo que apoyarse en sus dos manos sin ser capaz de nada más, echando la cabeza hacia atrás.

En aquella ocasión no hizo caso a cuando le pidió que se apartara, decidiendo ella el momento en el que volver a incorporarse, haciéndolo dejando ahora besos por su torso, usando las definidas formas de él como guía hasta acabar a su altura de nuevo sentándose entonces. Notó automáticamente las manos de él en sus caderas, haciendo presión para colocarla en el lugar apropiado. Permaneció quieta unos instantes, esperando a adaptarse del todo a la nueva situación, aprovechando para quitarle la camisa antes de empezar a moverse, llevando de nuevo el control.

Rodeó su cuello con sus brazos, quedándose así abrazada a él, pudiendo besar sus labios, intentando no perder el ritmo de lo que estaba haciendo, disfrutando de cada mínimo roce entre ambos, ahora sin impedimentos textiles. Notó sus brazos rodeándola con fuerza, apretándola contra él antes de empezar a besar su cuello, bajando por su cuerpo, aprovechándose de la posición de ventaja más alta de la chica. Alcanzó su pecho, notando como se arqueaba hacia atrás, facilitándole así el trabajo. Cuando notó que el ritmo que la pelirroja había establecido se volvía inestable, colaboró por mantenerlo, moviéndose él también hasta que vio cómo se abrazaba a él, escondiendo la cabeza contra su cuello, permaneciendo completamente inmóvil.

Sonrió, dejando su cabello antes de ponerse en pie sin soltarla con toda la intención de recostarla en la cama, dejándola así recuperar el aliento. Aprovechó esos segundos para deshacerse de la ropa que le quedaba a medio poner todavía, colocándose a su lado, observándola antes de volver a besar su piel. Centrándose en sus senos, aprovechándose de su sensibilidad, jugó con ella, dedicándole especial atención a la zona hasta que volvió a subir, buscando sus labios. Permaneció a su lado, recorriendo con sus manos su figura hasta que se colocó encima, sintiendo como rodeaba con sus piernas su cadera.

Sonrió, haciéndolo ella a su vez antes de comenzar a establecer de nuevo un ritmo de movimientos, no queriendo dejar su peso sobre la pelirroja, teniendo especial cuidado en aquella ocasión. Dándose cuenta de ello, no rodeó su cuello, posando así las manos sobre sus brazos, acariciándolos, llevándolos lentamente hacia su espalda.

Quizás los planes para la mañana siguiente tendrían que cambiarlos… posiblemente ninguno estuviera en condición de madrugar.


AnnaBolena04: ¿qué? Los capis de estos dos días han sido intensos, así que espero que me hayas atendido bien a la tortuga que nadie quiere que le dé un algo antes de que llegue la Navidad. Parce que por fin han vuelto a la normalidad del todo los señores tortuga, comportándose más como nos tienen acostumbrados con sus tortugueos. Especialmente cuando se van de vacaciones que parece que a la pelirroja se le reordenan las ideas y se va a rondar al rubio con más ganas que cuando está estresada y cansada de su trabajo.

Ahora lo tendremos tonto perdido con la barriguita y cuando le pongan a la nenita en cuello es perectamente consciente de que se le va a caer la baba y se va a quedar tonto del todo. No hay esperanza para él y eso que la nenita va a salir clavada a él, espérate al día en el que lo que le pongan en brazos en un nene clavado a la pelirroja. Je... Verás tú.

¡Besitos de tortuguita! Y no la dejes beber demasiado que luego pasa lo que pasa.