Yamato sonrió amablemente a la dependienta mientras que le tendía la tarjeta para poder pagar las compras que acababa de hacer, esperando mientras que metían todo correctamente en la bolsa. Aquel día había empezado a llover y sin ganas de estar yendo de un lugar para otro pendientes de un paraguas, se habían refugiado en un centro comercial muy popular del centro de la ciudad.
Dándose cuenta de que su compañía parecía estar mucho más interesada en ir a revolver a las zonas de ropa, la dejó ir a su aire mientras que él iba a hacer algunas compras para llevarse de vuela a su familia en Tokio.
Cogiendo las bolsas que le tendían una vez que estuvo todo preparado, se despidió antes de decidir que podía seguir dando una vuelta, haciendo algo de tiempo. Quizás terminara por ver algo más de su interés.
Dio un respingo al sentir la vibración de su teléfono, sacándolo del bolsillo para ver el nombre de Taichi en la pantalla. Arqueó una ceja, tomándose unos segundos antes de contestar.
- ¿Tanto nos echas de menos para tener que llamar por teléfono a otro continente?
- Me aburro mucho y Koemi esta fuera por trabajo…
- ¿Y no tienes a quien darle la lata?
- No… Dile a la indecente de tu señora que no estaría mal que me cogiera el teléfono que básicamente he llamado para hablar con ella y preguntarle cómo está.
- ¿Y no llamas para hablar conmigo?
- No, contigo no, ya te tengo muy oído…
- Pues lamento informarte de que no tengo ni la más remota idea de dónde se ha metido.
- ¿Ya te ha cambiado por algún francés? Yo pensaba que dabas el pego bastante con los de esa zona… Y tienen fama de ser tan insoportables como tú.
- Peor, la perdí hace rato en dirección a la sección de ropa.
- No te queda nada. Y eso que ella no es de las peores con esos temas – empezó a reírse-. Entonces tendré que hablar contigo. ¿Todo bien?
- Está perfectamente, tranquilo. Todo bien, ni siquiera ha tenido nauseas en todo el tiempo que llevamos aquí, solo que le ha dado por madrugar todos los días para arrastrarme de un sitio a otro.
- Entonces todo en orden, hasta tú haciendo de perrito faldero.
- Claro, como tú entiendes del tema – su atención se vio distraía por uno de los carteles del pasillo en el que estaba, aprovechándose de que debajo del nombre en francés venía traducido al inglés-. ¿Todo bien por ahí? ¿Mis sobrinos?
- Bien, tu hermano sigue de una pieza y los demás creo que también. No te vas a perder ningún funeral mientras que estás ahí.
- Pues… Oye, creo que voy a aprovechar a terminar de hacer unas compras antes de que vuelva Sora, cuando esté con ella ya le digo que te llame para que sacies tu modo controlador con ella.
- ¿Me estás cortando?
- Sí, justo y exactamente es lo que estoy haciendo. Ya hablamos.
- Borde… - colgando el teléfono sin darle tiempo a decir algo más al rubio, dio por finalizada la llamada.
Negando con la cabeza, volvió a guardar el terminal en su bolsillo antes de girar en dirección al pasillo que había llamado su atención.
Dos plantas por encima, Sora estaba entretenida observando la sección de ropa. Había echado un vistazo en general, fijándose más bien la generalidad de todo lo que estaba viendo más allá de buscar algo que comprarse. Era su mundo aquello, no podía evitarlo, se distraía sin darse cuenta con algunos de los detalles.
Centrando su atención en uno de los expositores centrales, se quedó mirando las combinaciones de colores en el estampado, acabando por mirar hacia uno de los laterales al sentirse observaba, dándose cuenta de que así era. Sorprendida, dudó sobre su decir algo o no, sin reconocer a aquella que se había quedado observándola.
- Lo siento si la he importunado – se acercó unos pasos hacia ella, hablándole en el idioma local, esperando que la entendiera, pendiente de cambiar al inglés en caso de ser necesario.
- ¿Nos conocemos? – respondió, sin tener problemas con el francés a pesar de llevar tiempo sin usarlo.
- Ojalá – negó con la cabeza-. Aunque quizás me esté equivocando… Llevo bastante tiempo siguiendo su trabajo.
- ¿Mi trabajo? – arqueando una ceja, sorprendida, se giró del todo hacia ella.
- ¿Es la diseñadora de la firma japonesa Takeouchi, verdad? Estudio en una escuela de moda no demasiado lejos de aquí y vi algunos trabajos y… Lo siento, no quería molestar, pero me pareció reconocerla y… - empezando a hablar de forma más entrecortada, pudiendo notar perfectamente Sora como se le subían los colores a aquella que se le había acercado, no pudo más que sonreír.
- Sí, soy yo – todo encajaba de repente-. Y tranquila, solo estaba dando una vuelta, no estaba haciendo nada importante – dibujó una ligera sonrisa-. Creo que es la primera vez que alguien me reconoce.
- Lo siento de verdad – volvió a repetir-. Cuando me llamó la atención su trabajo empecé a informarme y… Lo siento mucho.
- Para nada…
Debía de reconocer que realmente sí que era la primera vez que le pasaba algo así y no era capaz de saber demasiado bien como reaccionar, pero sin lugar a dudas no le había molestado que alguien se le hubiera acercado. Dando por terminada su revisión a los expositores de aquella zona, no pudo más que entretenerse conversando con aquella que se le había acercado.
Subiendo hacia la planta en la que Sora le dijo que estaría, entretenido en guardar bien una de sus últimas compras donde no pudiera verse con tanta facilidad, Yamato fue en busca de la pelirroja, esperando encontrárselas cargada de bolsas y todavía pendiente de comprar algo más.
Sorprendido de verla nada más llegar al pasillo principal y acompañada por alguien que no conocía nada de nada, esperó, no queriendo molestar o llamar la atención. Desvió sus pasos para darle algo de tiempo, no con interés de nada de lo que pudiera haber en aquella planta, o al menos eso pensó en un principio. Tras caminar unos pasos en dirección contraria por el pasillo pudo ver dónde empezaba la sección de niños. No pudo evitar continuar su camino en aquella dirección.
- ¿No te parece que eso es un poco pequeño para ti? – la voz de Sora lo sacó de sus pensamientos un rato más tarde, cuando estaba mirando hacia unos pequeños calcetines que apenas ocupaban la mitad de la palma de su mano.
Volvió a la realidad, girándose hacia ella sin quitar la sonrisa con la que había estado mirando aquellas pequeñas prendas.
- ¿Tú crees? Yo pensaba que me iban a quedar bien para ir por las mañanas con tu querido Yagami a correr…
- Mi querido Yagami… Nuestro querido Yagami…
- ¿Con quién hablabas? – preguntó dejándolos en su sitio.
- Pues… ¿sabes que estás casado con una diseñadora famosa a la que reconocen por la calle? – sonrió, como si estuviera confesando una travesura o algo que pudiera llegar a darle vergüenza, lo hizo sonar a broma.
- ¿En serio? ¿Y te extraña? Ya te lo dije hace tiempo – alzando su mano le dio un ligero golpecito en la punta de la nariz con el dedo -, ¿o no?
- Cállate… - no pudiendo evitar bajar la mirada con una sonrisa en los labios-. Me dijo que reconoció mi trabajo porque estudia en la misma escuela en la que lo hicimos Andrew y yo y… Pues… Creo que es la primera vez que alguien me ha parado por la calle…
- Anda que… menuda cara que tienes – riéndose de la expresión que tenía puesta la pelirroja, no pudo más que acercarse a ella, pasando ahora un brazo en torno a su cintura-. Estoy casado con una diseñadora a la que reconocen hasta en París, ya te dije que esto pasaría y que te ibas a tener que buscar a alguien menos aburrido para cuando eso pasara…
- Lo sé, lo sé, pero es que no he tenido tiempo a encontrar algo mejor – negó con la cabeza, terminando por estirarse y darle un beso en la mejilla-. Tonto…
- ¿No te has comprado nada?
- No… - se encogió de hombros-. No me ha dado tiempo, pero bueno, ya veo que tú sí…
- Cualquiera aguanta a Takeru sino – asintió-. Y… se me ocurre que ya que tú no te has comprado nada todavía y que estamos en una sección en la que no me importaría pasarme un buen rato dando una vuelta podemos aprovechar.
- ¿Quieres comprarle algo a nuestra pequeña? – sonrió.
- No se me ocurren mejores compras que hacer, la verdad…
No podía negar que no tuviera toda la razón del mundo, desviando la vista unos segundos hacia las estanterías que tenían más cerca. Si, sin duda eran las mejores compras que podían hacer en cualquier parte en la que pudieran estar.
- Y, además, contando que estamos rodeados de niños de menos de tres años por todas partes yo creo que podemos aprovechar para dejar algunos regalos más listos… ¿Qué te parece?
- Perfecto – asintió la pelirroja.
- Ah, y hablando de gente de pocos años de edad, al menos mentales… ¿Has estado ignorando a Taichi?
- ¿Eh? – confusa, volvió a levantar la cabeza hacia su marido.
- Me llamó antes porque no le cogías el teléfono tú para saber cómo estabas.
- ¿Ha llamado hasta París para ver cómo estoy?
- Básicamente – le dio un ligero tironcito para echar a andar.
- Luego lo llamo cuando lleguemos al hotel…
Llegando por fin de vuelta al hotel, Yamato llevaba consigo todas las bolsas, habiéndose empeñado en no dejarla llevar ninguna. Las dejó encima de la mesa antes de cerrar bien la puerta. Cuando se giró, dispuesto a quitarse la chaqueta, se empezó a reír al ver a Sora sentándose en la cama para quitarse el calzado y poder arrastrarse para quedar echada entre los cojines.
Dejando sus cosas en una de las sillas, buscó una bolsa pequeña que habían traído con ellos antes de acercarse a la cama e imitar sus gestos, quedándose echado a su lado, tendiéndosela.
- Ya te la traigo yo antes de que la pidas…
- Como si tú no fueras a comer también – divertida por la situación, sacó de la bolsa una cajita llena de macarons-. Estoy muy cansada…
- No tenemos por qué salir esta noche también – acomodándose del todo, se quedó mirándola-. Podemos cenar tranquilamente en la habitación y así descansas.
- Pero…
- Nada de peros, hace un día horrible y estás cansada. No creo que pase nada porque nos quedemos sin hacer nada una noche – estirando la mano una vez que ella hubo abierto la caja, cogió uno de los pequeños dulces-. ¿Te parece bien?
- Mejor que bien – estirándose para alcanzar una de las mantas que había sobre la cama, la echó por encima de ellos antes de volver a apoderarse de la caja.
- ¿No me vas a dar ninguno más? – preguntó divertido al ver su gesto.
- Tengo hambre… - encogiéndose de hombros se quedó unos segundos decidiendo cuál de todos llamaba más su atención.
AnnaBolena04: ¿te acuerdas el día que casi me querías matar porque justo me dijiste que a ver qué hacía que no se me ocurriera sacar a mi BFF y te pasé una frase? Jajajajaaja Pues aquí tienes el origen, ¡desconfiada! Que no me creías jajajajaja
¿Qué tal la tortuga? ¿Tiene mucha resaca? Un poquito de azúcar ahora para que se le pase la resaca que estamos a viernes y no es buena forma de empezar el fin de semana. Que estos días hay que aprovecharlos en condiciones aunque no haya manera de hacer el seta. Todos sabemos como se acabó durmiendo en el capítulo anterior el rubio, y fue con las manos en la barriguita de la pelirroja.
¡Muchos besitos de tortuguita!
Guest vecina: un día aparecerán todas de golpe del limbo de las review y verás tú qué divertido...
Es que era de esperar que el pobre Yamato se muriera él solo al darse cuenta por fin de que ahí había una curvita que antes no había. El pobrecillo ha estado a punto de caerse patas arriba al suelo y que tuvieran que pasarse la noche abanicándolo porque el pobre ya no sabía si iba o venía. Al meno ya sabemos dónde piensa tener las manos de ahora en adelante.
París tiene que es una ciudad asquerosamente bonita se la mire por dónde se la mire de la que es imposible no enamorarse con solo verla. Desde las calles más famosas con sus monumentos más épicos hasta cualquier callecita de Montmartre. Yo volví muy enamorada de la ciudad y sin duda tenía que llevar a los señores tortuga de vacaciones allí.
Venga vecina, que es viernes y la semana que viene os dan la suspensión total de clases ya ¿no? Muchos bicos para ti y ánimo para lo que queda.
Ace Cornell: limones te voy a dar yo, pero a limonazos, verás tú qué bien te va xDDDD
Eh, yo fue lo primero que volví diciendo, que culinariamente hablando se me había caído un mito. Pero fue lo único contra lo que volví protestando - bueno, aparte de los precios de todo, claro jajajaja y los bordes de los franceses que me tocó aguantar -, todo lo demás de todo el país es simplemente maravilloso.
Te quedas sin besos, ni saludos, por gracioso. Ea.
