Sora se acercó al baño, escuchando como por fin se abría el grifo. Sonrió, aprovechando para ir hasta el armario para coger el abrigo rápidamente y poder echárselo sobre los hombros antes de salir con paso rápido de la habitación.

Estaban a 24 de Diciembre y esa fecha, por mucho que les gustara renegar simplemente por llevarle la contraria a Takeru, era importante para ellos. Hubiera pasado todo lo que hubiera pasado entre medias, sí que marcaba el comienzo de algo y no podía dejar pasar la oportunidad. Hacía ya unos días que se le había ocurrido la idea al pasar por una de las calles paralelas al hotel y encontrar una pastelería muy cercana. Hacía diecisiete años que ella misma se había pasado la tarde temblando de lo nerviosa que estaba y llenándolo todo de harina en la cocina para poder haber hecho un pastel de navidad típico… Ahora no iba a ser lo mismo, pero seguro no se iba a quejar aunque no hubiera sido ella la cocinera en aquella ocasión.

Acelerando el paso para que le diera tiempo, salió a la calle, yendo directa hacia su destino, pidiendo rápidamente, al haber echado un ojo también el día anterior, esperando poder llegar antes de que Yamato saliera de la ducha. Pagó mientras que le envolvían la compra y después, rápidamente volvió hacia el hotel.

Abrió con cuidado la puerta de la habitación, quitándose el abrigo lo primero para no ser pillada llegando y los zapatos, intentando dejar su compra escondida donde no se estropeara. Se acercó hasta la puerta del baño, asomando la cabeza.

- ¿Te has ahogado? – preguntó entretenida como si llevara esperando aburrida por él aquel tiempo.

- ¿No puedo tener ganas de quedarme un rato bajo el agua caliente? – quitándose la toalla de encima de la cabeza tras haberse estado secando el cabello con ella, la miró-. Si te querías unir creo que has llegado tarde…

- No me des ideas – riéndose-. ¿Voy preparándome?

- Como quieras, la que siempre tarda eres tú…

- Tendrás morro – cerró la puerta-. Yo no me paso una hora peinándome delante del espejo como otros…

Riéndose por lo bajo volvió a cerrarle la puerta para que no se le escapara el calor que se había conseguido acumular en el baño. Se quedó mirando hacia la cama, pensando si de verdad le apetecía vestirse o tirarse un rato a hacer el vago. Negando con la cabeza ante su propio pensamiento, se fue directa al armario, empezando a revolver a ver qué podía ponerse.

Debería de haber dejado el vestido verde para aquella noche en la que en Europa se celebraba la Nochebuena de forma mucho más formal, pero como aquella no era su cultura y tampoco eran sus costumbres no se había podido aguantar y lo había dejado para el primer día en París. Sacó algo de ropa más cómoda y de más abrigo, aunque fuera también de vestir, acabando por empezar a cambiarse.

Cuando Yamato volvió a salir del baño se la encontró delante del espejo terminando de arreglarse, colocando bien los cuellos del jersey, bajándolos a su lugar un poco por debajo de los hombros, contrastando así con el largo de su pelo.

- ¿Alguien pasó frío la última noche que salimos? – sonrió al fijarse que estaba mucho más abrigada.

- No sé de qué me hablas – sonriendo, terminó de colocarse los pendientes antes de girarse hacia él-. Ya te consentí bastante el otro día con un vestido como ese en pleno diciembre, gracias… - se acercó, quedándose delante-. ¿Ya estás listo?

- ¿Yo? Si estaba dando vueltas por el baño para que luego que no digas que te ando metiendo prisa… - bromeó, llevando la mano a su mejilla para darle una ligera caricia-. ¿Quieres ir andando?

- Es pronto, así que podemos dar un paseo primero, ¿qué te parece?

En vez de contestarle bajó la mirada hacia el suelo, fijándose en el calzado que se había puesto aquel día, llevándose un ligero manotazo por aquello antes de empezar a reírse por los dos.

- Podemos ir dando un paseo – le dijo, alejándose de ella todavía entre risas para ir a por la chaqueta.

Haciendo lo mismo que él, cogiendo también su bolso, esperó a que aquella vez saliera él primero para que no pudiera ver lo que había quedado más a la vista al coger el abrigo, cerrando la puerta del armario de nuevo por si acaso antes de salir.


Los ojos de la pelirroja se habían quedado fijos en la parte de la carta que les habían vuelto a traer tas haber terminado la cena por si les apetecía algo de postre. A sabiendas de que tenía algo en la habitación esperando sabía que era mejor no pedir nada, pero no había podido echar un vistazo. Divertido ante aquello, Yamato estaba observándola, distraído. A su esposa no le hacía falta precisamente estar embarazada para quedarse un buen rato estudiando los postres.

- Creo que no voy a pedir nada… No me apetece nada de lo que veo – admitió arrugando ligeramente la nariz.

- ¿No quieres nada? – sorprendido, arqueó una ceja-. ¿Segura?

- Sí… No tengo hambre y la verdad es que no veo nada que me llame la atención, pero tú si quieres algo puedes pedirlo…

- ¿Estás bien? ¿Tienes gana de volver al hotel primero?

- ¿Qué? ¿Por qué?

- No lo sé, creo que es la primera vez que te veo decirle que no a pedir algo de postre…

- Me he llenado… Pero tú pide algo si te apetece, de verdad – sabía perfectamente que lo más seguro era que no quisiera nada. Observándolo, no pudo evitar notar la preocupación en la mirada que le estaba echando-. Estoy bien… - murmuró alargando la mano para dejarla sobre la suya. ¿Por qué no empiece a buscar qué es lo que más chocolate tiene de la carta tengo que encontrarme mal?

- No lo sé… Podría ser – giró la mano cuando notó la de ella, pudiendo así cogerla-. ¿Quieres que volvamos?

- Yamato… ¿tú quieres volver?

- ¿Yo? Si a mí me da igual estar aquí más rato que tranquilamente contigo en pijama haciendo el vago…

Sonrió sin poder evitarlo a pesar de notar que, por unos segundos, parecía quedarse pensativo, incluso notándolo algo más serio. Quizás fuera mejor volver y poder así sacarlo de dudas, no le apetecía acabar con él en algún hospital de la ciudad porque le diera un colapso nervioso porque se emparanoiara con que se encontraba mal y no le decía nada por no preocuparlo. Si lo conocería ya a aquellas alturas de la vida…

- Vale, podemos volver, la verdad es que estoy algo cansada – fingió admitir finalmente.

- Pues… ¿Llamas tú un taxi?

- ¿Qué? No… Podemos volver andando tan cansada no… - resopló-. Qué paranoico te pones cuando quieres… - acabó por sonreír, decidiendo dar su brazo a torcer y no empezar con la discusión de todos los días-. Vale, tú ganas…

- Así me gusta – sonrió, divertido al ver la cara que estaba poniendo viendo como sacaba el teléfono del bolso.


Cuando volvieron a entrar en la habitación, se quedó siguiéndola con la mirada mientras que se quitaba el abrigo tranquilamente. Realmente no le parecía que estuviera lo suficiente cansada como para haber cedido tan rápido para volver, pero, también la conocía y sabía que siempre intentaba disimular.

- Mañana podemos quedarnos durmiendo hasta tarde…

- ¿Sabes una cosa? – le dijo girándose hacia él-. En realidad, algo bueno tiene que tener tu estado de vigilancia continuo hacia nosotras – sonrió como cada vez que usaba el plural.

- ¿Eh? – no fue capaz de entender ni una sola de las palabras que había dicho.

- ¿Te das cuenta de lo sencillo que me ha resultado traerte de vuelta al hotel? – amplió algo más la sonrisa.

- ¿Sencillo? ¿Por qué? – estaba perdido totalmente.

- Solo con decirte que no me apetecía postre conseguí que los dos volviéramos rápidamente…

- Porque que tú no quieras postre es preocupante… Venga, atrévete a negármelo – le dijo, empezando a pensar que quizás hubiera querido volver pronto para poder aprovechar ellos la noche de otra forma, pero esos pensamientos se fueron de su mente al verla girarse de nuevo hacia el armario.

Divertida ante la cara de confusión del pobre rubio, intentó no echarse a reír. Estaba segura de que le podía costar mucho menos resolver cualquiera de los cálculos de su trabajo que ser capaz de entender lo que pasaba por su cabeza. Incluso pudo imaginarse la cara de entender todavía menos que podría al escuchar sus siguientes palabras, sin llegar a girarse todavía.

- Solo esperemos que ninguna fan loca entre corriendo y gritando como una histérica…

- Si no fuera porque soy testigo de que lo único que has bebido es agua empezaría a preocup… - cortó su frase al verla por fin girarse hacia él, maniobrando con las manos para dejar algo a su espalda-. ¿En serio?

- ¿Qué? – sonrió de la forma más angelical que sabía-. Posiblemente siga diciendo que no por llevarle la contraria a tu hermano, pero aquí estamos solo nosotros dos y… Es una noche muy importante hoy, ¿no? No podía dejarla pasar – caminó hacia él-. Y… ya que es la primera vez que nos las hemos arreglado para estar juntos y siendo capaces de mirarnos a la cara por fin pues… - acabó por desvelar lo que había detrás de ella-. Al menos esta vez no me tiemblan tanto las manos como para estar a punto de tirarlo todo al suelo…

Sonrió, no pudiendo evitar quedarse mirando hacia ella y teniendo que admitirse a sí mismo lo sumamente sencillo que había tenido el convencerlo para volver sin que fuera capaz de darse cuenta de nada. ¿Qué le iba a hacer? Podría pedirle cualquier cosa y probablemente acabara haciéndola. Por fin entendía la referencia de la fan loca, teniendo que reírse por ello.

- ¿Me has comprado algo? ¿Y cuándo se supone que lo has hecho si me paso el día persiguiéndote por cualquier parte?

- Ya te lo he dicho, te gusta mucho pasarte el tiempo mirándote al espejo… - admitió, divertida.

- ¿Mientras que me duchaba? ¿Cómo…? – abrió ligeramente la caja que ella le había tendido, dándose cuenta de lo que había dentro y notando una nostalgia que no pudo más que traer recuerdos muy buenos de aquella noche tantos años atrás cuando no eran más que un par de críos-. Espera… ¿por eso no querías postre?

- No sé de lo que me estás hablando – riéndose al verse descubierta por fin y de la cara de él, se acercó-. ¿Sabes? A veces me gustaría poder decir que de verdad esta noche celebramos los diecisiete años, pero… Yo creo que es mejor olvidarse de eso, que hemos llegado justo a este punto cuando tenía que ser. Así que… Prefiero darte esto como un regalo de Navidad en vez de como cualquier otra cosa.

- Bueno, yo creo que esto es para los dos, que no me engañas y sé que vas a que… - volvió a cortar sus palabras al ver como tendría un nuevo paquete hacia él.

Arqueó una ceja, sorprendido. Quizás debería de haberlo supuesto, pero no se había detenido a pensar en si ella habría comprado algo o no para Navidad. Alargó la mano tras haber dejado el anterior paquete no demasiado lejos d ellos dos.

- Espero que te guste… - la pudo escuchar decir antes de empezar a abrirlo.

Sin tener ni la más remota idea de lo que se podría encontrar, siguió rompiendo el papel, sacando de su interior una caja oscura, bastante más robusta. Lo primero que pudo ver, nada más abrirla, reconoció el nombre que venía grabado en la parte interior de la caja, levantando la vista hacia la pelirroja.

- Aparte de con Gabumon… espero que eso lo puedas con alguien más dentro de unos meses, porque estoy segura de que le va a encantar poder escucharte – las palabras de ella terminaron por confirmarle lo que se iba a encontrar.

Sacándola finalmente de la funda de tela que la protegía dentro de la propia caja pudo ver aparecer una bonita armónica de color plateado. Hacía mucho tiempo que había olvidado la suya, posiblemente estuviera entre todo lo que había dejado en casa de su padre. Pero era una de esas cosas que había dejado de lado simplemente por todos los recuerdos que le traía en la época en la que no quería saber nada de todo aquello. Sonrió, girándola entre sus dedos, dándose cuenta entonces de que parecía tener algo escrito en uno de los laterales, acercándosela para poder leerlo mejor:

"Por todos los años que nos quedan por venir" - Sora.


AnnaBolena04: me encanta que se e olvide qué capítulo os toca de repente encontrarme con cosas como este y ponerme a leerlo por encima a ver si no la eh pasado ninguna desgracia cortesía del manager y acabar fangirleando yo sola.

El marido llamó diciendo que era para preguntar cómo estaba la pelirroja, pero todos sabemos que también quería hablar con su rubio del alma, que no se aguantaba sino tantos días sin saber de él. Su vida se vuelve triste y aburrida si solo le queda el minirubio para poder meterse con él y esas cosas, ya no engaña a nadie. Así que seguro que cuando la futura mami no le cogió el teléfono él fangirleó como el que más xDD

¡Muchos besitos de tortuguita!

Guest Vecina: jajajaja por suerte, si la página no se vuelve loca, salen colocados diciendo de qué capítulo son cada uno. Pero bueno, entra dentro del factor que habría que ver si la página no se vuelve loca y esas cosas, que ya sabemos que cuando quiere da por el saquillo que da gusto.

Jajajajajaja tiene que ser algo interesante para que le cuelgue a su marido del alma, ¿no? Que esos dos sino ya llevan mucho tiempo sin saber el uno del otro y los pobrecillos se echan de menos jajajaja. Podemos quedarnos con las tres cosas a la vez, que ya sabemos que son verdad todas ellas. Puedes imaginarte también al rubio ex-cascarrabias fangirleando él solito porque ha encontrado la ropita de bebé recién nacido y la ve superchiquitina.

Sí, es un motivo para que se te genere trauma. Eso de ir a Francia y no pasar por París es algo digno de generar un buen trauma. A mí se me quedó con Versailles, pero claro, el barro llegaba por las rodillas por culpa del clima y se canceló...

Bueno, pero si estás de vacaciones al menos no tienes que ir por la facultad a verles la cara, que eso siempre ayuda jajaja Descansa un poco vecina que a mí me toca fin de semana movidito. A ver si por lo menos me dejan hacer el seta mañana de tarde si no es mucho pedirle al mundo. ¡Muchos bicos! Y abrígame a las tartarugas que no son fechas de coger catarros.