- ¡Yamato!

El tono de voz de Sora viniendo desde la cocina hizo que diera un brinco donde estaba sentado, poniéndose en pie rápidamente, yendo directo hacia donde ella estaba, pensando que quizás hubiera podido pasar algo.

- ¿Qué?

- ¿Cómo que qué? ¿Se puede saber qué te dije que yo que trajeras de la que volvías del trabajo?

- No me dijiste nada… - frunciendo el ceño, confuso, se quedó observándola.

- ¿Cómo que no? ¿Qué pasa que ahora me invento las cosas? Te dije claramente que pasaras por la tienda y que me trajeras leche.

- Sora… no me dijiste ni media palabra – negó con la cabeza, empezando a entender lo que estaba pasando.

- ¿Ah no? ¿Qué pasa? ¿Ahora no me escuchas cuando hablo?

- No es es…

- Claro que sí. Te lo dije antes de que te fueras, pero claro, tienes la cabeza ocupada en cosas más importantes que hacerme caso a mí.

- Sora…

- ¡De Sora nada! ¿Y ahora con qué hago la cena yo? Ayer te dije claramente que esa marca que habías traído no me gustaba… ¡Y no me has hecho ni caso y para encima ahora dices que me invento las cosas!

- Pero si yo no he dicho nada…

- ¿Cómo que no? ¿Y qué me acabas de decir ahora mismo?

Sin poder evitar poner los ojos en blanco cruzó los brazos. Se lo habían avisado, de verdad que sí, pero una cosa era ser consciente de que iba a llegar un momento en el que los cambios de humor en la pelirroja fueran demasiado drásticos y otra… El ritmo que llevaban las últimas semanas. Estaban a punto de empezar el sexto mes del embarazo y las cosas cada vez estaban más descontroladas.

- ¿No me dices nada?

- ¿Qué quieres que te diga, Sora? Si digo algo malo, si no lo digo, peor… Si necesitas que te vaya a comprar algo dímelo y voy.

- ¿Qué pasa? ¿Ahora me das la razón simplemente para que te deje en paz? – cruzó los brazos sobre el pecho.

- No, lo que te estoy diciendo es que voy a comprar lo que quieras.

- Ya porque ahora me estoy inventando habértelo pedido y que tú no me lo has traído.

- Sora, ¿quieres que vaya a comprar o no?

- ¡Haz lo que te venga en gana! – pasando por su lado con paso rápido lo dejó solo en la cocina.

Todavía sin ser demasiado consciente de lo que acababa de pasar allí, simplemente se quedó quieto, cogiendo aire y soltándolo poco a poco. Desde el otro lado de la mesa, pudo ver como empezaban a asomar las cabezas de ambos digimon, observándolo, curiosos.

- ¿Y vosotros dos qué estáis mirando?

- ¿Qué le pasaba a Sora? – preguntó Gabumon.

- No tengo ni la más remota idea – negó con la cabeza el rubio-. Probablemente nada…

- ¿Va a seguir enfadada mucho tiempo? ¿Quieres que vaya a hablar con ella? – Biyomon se quedó mirando hacia donde su amiga se había ido.

- Pues… yo no sé todavía si tengo que ir a comprar algo o no – dándose cuenta de que la pelirroja había dejado algo al fuego, se acercó a apagarlo.

Resoplando, se quedó apoyado en la encimera de la cocina. Estaba demasiado acostumbrado a estar casado con una de las personas más recuerdas que conocía como para que ahora se le volviera loca cada cinco minutos. No sabía qué decirle, no sabía cómo manejarla, si le daba la razón malo, y si no se la daba también.

Volvió a resoplar, antes de acercarse hasta la nevera para ver qué marca se suponía que no había traído a gusto de Sora, quedándose todavía más confuso al darse cuenta de que lo que había en la nevera no era más que la leche que habían estado usando desde que él tenía recuerdos.

- Voy a acabar volviéndome loco… - murmuró por lo bajo-. ¿Vosotros dos sabéis qué marca es la que ella quiere ahora?

- ¿Qué pasa? ¿Tienes que preguntárselo a ellos porque no te atreves a preguntármelo a mí?

La voz de ella hizo que diera un respingo no habiéndola escuchado acercarse.

- No, pero no quería molestarte – armándose de paciencia, intentó que no saliera en ningún momento la peor parte de su carácter. Sabía lo que pasaba, nos era ella, pero le costaba mucho mantenerse calmado cuando nada de lo que había a su alrededor parecía tener sentido.

- Pues me estás molestando ahora mismo con las tonterías que tengo que escuchar – avanzó, colocándose delante de la cocina-. ¿Quién he apagado esto?

- Yo…

- ¿Y se puede saber por qué?

- Sora, te fuiste, así que lo apagué para…

- ¿Para qué? ¿Que crees que soy tan inútil de dejarme las cosas olvidadas en la cocina? Muchas gracias por tu confianza.

Resoplando otra vez sin poder evitarlo, se alejó, dejándole espacio en la cocina, sin atreverse a meterse tan siquiera en su camino, observándola.

- ¿Vas a ir a por la leche o no?

- ¿Qué marca?

- ¿Cómo que qué marca? Lo sabes perfectamente. ¿Tengo que decírtelo yo todo?

- Sora, lo que tenemos en la nevera es que la que siempre has querido traer, así que si ya no te gusta, haz el favor de decirme cuál es la que quieres para poder ir a por ella – acabó por soltar, notando como perdía ligeramente la paciencia-. Aclárate de una vez, ¿quieres?

Se quedó en silencio, observándolo fijamente, antes de darle la espalda sin llegar a contestar. No pasaron más que unos instantes cuando Yamato pudo empezar a ver el ligero movimiento de los hombros de ella, intuyendo lo que estaba pasando.

- Sora…

- ¡Que me dejes! – le gritó, mirándolo de reojo.

- Sora… ¿por qué estás llorando?

- ¿Cómo que por qué estoy llorando? ¿¡Y todavía lo preguntas!? – girándose, totalmente disgustada como si acabara de escuchar la peor acusación en su contra lo enfocó.

- Sí, sí que lo pregunto porque no tengo ni la más remota idea de qué te pasa y si no me lo dices no te puedo ayudar – alargó la mano para cogerla por el brazo e intentar atraerla hacia él, sin conseguirlo al ver cómo se le escapaba dando un par de pasos hacia atrás.

- ¡Quítate de mi vista!

- ¿Sora?

- ¡Que me dejes en paz! – dando finalmente media vuelta subió corriendo los escalones que llevaban hacia la habitación cerrando tras ella con un portazo.

Aún más confuso de lo que había estado minutos atrás, se giró, cruzando una mirada con los digimon antes de llevarse una mano al pelo, echándolo hacia atrás. Lo peor de todo aquello ya no era que simplemente era incapaz de entender lo que pasaba, sino que estaba seguro de que no había acabado allí. ¿Por qué? Porque seguía sin tener la más remota idea de si tenía que ir a por leche o no y ya mejor no hablar de la marca que debería de haber traído.

- Si… os dice que quiere algo, avisadme… Voy a ver si traigo… Ya no sé ni lo que tengo que traer ni no… - murmurando por lo bajo se acercó hasta la puerta, empezando a calzarse ya ponerse la chaqueta para ver cómo podía encontrar alguna solución al drama que tenía en casa.

Lo peor es que estaba completamente seguro de que hiciera lo que hiciera, no iba a salir demasiado bien la cosa. Con toda la resignación del mundo, salió de casa, cogiendo las llaves.

- Vengo ahora… - les dijo a los digimon antes de cerrar la puerta.

No le gustaba dejarla sola cuando estaba así, pero en esa ocasión sabía que casi que lo mejor que podía hacer era intentar suerte yendo a comprar. Y, si de paso se encontraba con algo dulce del agrado de Sora que pudiera servirle para calmar un poco los ánimos de ella.

Casi con miedo de lo que se pudiera encontrar, sacó el teléfono del bolsillo cuando lo sintió vibrar, respirando tranquilo cuando pudo ver el nombre de su padre en la pantalla.

- ¿Pasa algo? – contestó con tono cansado.

- No… ¿Molesto?

- Claro que no, papá… Voy de camino a comprar.

- ¿A esta hora? – hizo una pausa-. ¿Te han echado?

- Mira… cállate – con toda la resignación del mundo entró finalmente en la tienda-. Todavía no sé si haber venido a comprar va a garantizarme que no me tire algo a la vuelta.

- ¿De qué se te acusa esta vez? – divertido, se aseguró de recalcar bien las dos últimas palabras.

- No lo tengo demasiado claro. Lo único que te puedo decir es que me estaba gritando y luego se fue llorando desconsoladamente hacia la habitación. Y creo que he cerrado la puerta… No lo quiero saber. Casi que cuando vuelva si no está por abajo, me voy tranquilamente al sofá que es territorio más seguro.

Frunció el ceño escuchando las risas de su padre. En el fondo debía de reconocer que todo aquello visto desde afuera seguro que era muy gracioso, pero él no estaba seguro de no acabar volviéndose loco con aquello.

Aún recordaba la primera vez que algo así había ocurrido y como realmente se había asustado. Ahora… ahora ya casi que sabía que un par de noches a la semana le tocaba acomodarse con la manta en el sofá si no quería que le tiraran algo a la cabeza.

- Tranquilo, dentro de poco se le pasa y ya verás como vuelve todo a la normalidad, hijo.

- Sí, claro. De lo que tengo miedo es de volverme loco yo entre medias – llegando por fin al pasillo de la leche, se quedó pensativo-. A ver si tú me puedes ayudar, si está enfadada porque le has traído la leche que no le gusta pero la que le has llevado es la compra ella todos los días… ¿cuál le llevarías?

La única respuesta que obtuvo fue un ataque de risa por parte de Hiroaki. Relajando el gesto, viéndose contagiado por su risa, no pudo más que dejarse llevar unos segundos, viendo como incluso alguno de los que pasaban a su lado se le quedaban mirando, dándole completa igual.

- Sí, pero te lo estoy preguntando completamente en serio…

- Vete a comprarle chocolate y déjate de leche anda…

- ¿Chocolate? ¿Tú crees? Mira que la última vez que se lo lleve se pudo a gritarme que si estaba pensando en provocar que engordara para luego usarlo como excusa para dejarla. ¿Quieres dejar de reírte? Estamos pasando unas semanas muy malas…

- ¿Cómo no quieres que me ría? Es que te estoy imaginando con la mayor cara de susto de tu vida en medio del pasillo de la leche. Peor que el día aquel que me colé en la base antes del despegue…

- ¿Despegue? ¿Qué despegue? Dame todos los despegues que quieras ahora mismo, que eso es mucho más sencillo que esto… Creo que voy a ir a por galletas a ver sí así de la que viene a gritarle se las enseño y se calma un poco.

- Ten cuidado, no las compres de una caja que sea muy dura no vaya a ser que te las tire a la cabeza…

- Qué gracioso que eres… - farfullando por lo bajo salió del pasillo de la leche caminando hacia el de las galletas.

Al menos ahí tenía bastante más facilidad para acertar. Hasta dónde él sabía no había demasiadas complicados con ese tema con su pelirroja, aunque claro, lo mismo de repente había decidido que odiaba las galletas tanto como a su salud mental y su padre acababa teniendo toda la razón del mundo.

- Aunque yo creo que, por si acaso, voy a coger también algo de leche… Solo por prevenir…

- Mira, si es que ya me ha alegrado el día mi nuera. ¿Cómo no quieres que me caiga mejor que tú?

- A ti lo que te pasa es que te lo pasas demasiado bien riéndote de mí descaradamente…

- Es bastante posible… Mañana te llamo a ver si sigues vivo o tengo que ir haciéndote un hueco en tu antigua habitación.

Tras despedirse de su padre colgó, guardando de nuevo el teléfono antes de alargar la mano hacia las galletas, deteniéndose a mitad de pasillo para coger de otro tipo.

- Por si acaso… - murmuró en voz baja.


AnnaBolena04: bueno, mira, la pobrecita Sora está más o menos de mi mismo estado de humor, solo que lo mío es por otros motivos muy diferentes me temo. Y eso que seguro que a ella se le iba a dar bien la enseñanza, sí sí jajajajajaja Aaaains hoy hasta tarde os subo el capítulo.

Pobrecito rubio que ya no sabe dónde meterse porque la pelirroja le grita para encima sin motivo. Si le dice una cosa más, si le dice otra peor... Posiblemente acabe volviendo por casa con una banderita blanca asomando por el otro lado de la puerta, porque parece que la siempre cuerda Sora Ishida - asouhdalbgojds - ha caído por fin presa de las hormonas locas jajajaja

¡Besitos de tortuguita!

Guest Vecina: pues mira, el derecho es algo que nunca me ha terminado de entusiasmar, peeeeero porque mi máxima relación con él es tener que estudiarme un montón de leyes y decretos... Todas ellas contra mí en caso de que alguien lie algo en algún laboratorio jajajaja Pero bueno, eso que has dicho suena chulo, sí. Especialmente porque así te has librado de tener que estar más rato estudiando... Aunque, que sepas, que me has provocado visualizar a Elle Woods... Con eso te lo digo todo jajajaja Las fieras han venido hoy, así que me tocó darme el atracón peeeeeeeeeeero al menos aparecieron.

Es un buen método de chantaje, se le puede aplicar también al marido de Yamato. Con comida los tienen tranquilitos y contentos durante un rato. Yamato el pobre hombre es que está todavía dándole vueltas al cambio que en "poco tiempo" le ha pegado la vida, y todo por un cambio de actitud. Pero bueno, así está bien que le quede bien claro lo que cambian las cosas cuando se comporta como alguien más normal.

¿Has visto los dibujos de tooodos en la peli que tienen preparada para el 2019? El pobrecito Taichi ha mejorado bastante desde los últimos dibujos pero pobrecito mío... Que nos lo han dejado en muy malas condiciones jajaja Aaaains vecina, venga, que ya no queda nada para tener unos días algo más descansados... ¡Muchos bicos! Y ponle a las tartarugas gorrito de papá noel.