Yamato abrió la puerta de casa despacio, todavía sin saber muy bien qué era lo que se podía encontrar, buscando a la pelirroja con la mirada. No había luz en la zona de la entrada de manera que supuso que no estaría por allí. Resignándose a que quizás estuviera todavía enfadada o disgustada, entró, cerrando la puerta tras él. Con cuidado de no tirar las cosas de las bolsas, dejó su chaqueta y el calzado en la entrada antes de avanzar hacia la mesa de la cocina.
No viendo tampoco rastro de los digimon, dio por sentado que se habrían ido los dos con Sora y estarían en la habitación. Empezaba a pensar que la cosa era mejor así, que ella estuviera tranquila al menos. Fue a dejar la bolsa encima de la mesa, empezando a sacar poco a poco la compra, dejándola por el momento fuera, sin llegar a guardarla en los armarios.
Pudo ver por el rabillo del ojo que la pila de los platos estaba vacía, por lo que Sora no parecía haber cenado tampoco. Frunció el ceño, sin gustarle demasiado la idea de que todavía no hubiera comido nada. Eso sí que hizo que girase la cabeza hacia la escalera, quizás no estuviera dormida todavía.
Volvió a quedarse pensativo, armándose de valor finalmente antes de volver a coger la caja de las galletas, abriéndola y sacando su contenido para dejarlo en un plato, volviendo hacia el armario para sacar también un vaso, encaminándose hacia la nevera. Cuando ya había alargado la mano para el paquete de leche, recordó la cantidad de dolores de cabeza que le había dado aquella bebida en lo que iba de día, acabando por decidir que quizás no fuera la mejor de las ideas.
Cogiendo en cuenta una botella de zumo, acabó por llenar el vaso y dejarlo junto al plato. Tras lanzar una mirada de nuevo hacia las escaleras, se armó de valor, cogiéndolo todo y dirigiendo sus pasos hacia la habitación.
- ¿Sora? – la llamó abriendo la puerta, comprobando que estaba sentada encima de la cama con Biyomon sobre sus rodillas-. ¿Puedo entrar?
No le contestó, encogiéndose de hombros únicamente, sin mirar tan siquiera para él. Dándose cuenta de que al menos no le había gritado, terminó por acercarse hasta ella.
- ¿Has cenado?
- No… - contestó por fin, aún sin mirarle.
- Te he traído algo para que cenes, pero si te apetece otra cosa te lo preparo aunque sea tarde… - acercándose a la mesita de noche, posó lo que le había traído en ella.
Siguió sus movimientos con la mirada, dándose cuenta de lo que le había subido y reconociendo las galletas como unas de las que solían gustarle y que ella no recordaba tener en casa. Le hizo un gesto a su compañera para que se dejara de sus rodillas. Entendiendo el gesto de la pelirroja, hizo lo que ella le pedía, no sin antes alargar una de sus alas para robar una de las galletas y salir correteando hacia la puerta.
- ¿Estás bien? – le preguntó Yamato interpretando como una buena señal lo que acababa de pasar.
- ¿Has ido a comprarlas? – evadiendo su pregunta, contestó con otra.
- En… en realidad fui a comprar leche como querías, pero no tenía muy claro la marca que más te gusta…
- Lo siento – acabó por decir-. Yo… Es que no lo puedo controlar… Y tú no tienes la culpa de que me vuelva loca a ratos.
- No pasa nada – respirando tranquilo, se quedó mirando hacia ella.
- Sí que pasa… Mira la que te acabo de montar hace nada y tú todavía me has traído esto para que cene algo… - usó un tono al que estaba poco acostumbrado escucharle, poco adulto y algo tembloroso.
- He traído de las que tienen trozos de chocolate también por si las prefieres – encogiéndose de hombros mínimamente, tomó asiento al lado de ella-. ¿Estás bien?
- Claro que sí, si no son más que estas insoportables hormonas que hacen que me vuelva loca a ratos…
- Bueno, pues en ese caso, no ha pasado nada – alargó la mano, posándola sobre su mejilla para darle una ligera caricia-. ¿Quieres que te haga algo de cena?
Levantó la vista hacia él, observándolo unos segundos en silencio para, apenas unos instantes más tarde, empezar a soltar pequeños sollozos. La cara de confusión del rubio posiblemente no tuviera precio. En su mente lo único que podía aparecer era una pregunta y sin lugar a dudas era "¿qué pasa ahora?".
- ¿Sora? – preguntó.
No le respondió empezando a llorar con más intensidad, alargando los brazos para cogerlo y quedarse abrazada a él. El rubio se quedó aún más confuso que antes, prefiriendo no decir nada, por su propio bien, dedicándose simplemente a devolverle el abrazo, pasando su mano sobre el cabello de su esposa.
- Tranquila, dentro de poco todo volverá a la normalidad – parecía que hablaba con ella, pero esa frase se la estaba diciendo a los dos.
Escuchándola como parecía gruñir algo por lo bajo, prefirió no preguntar qué era lo que había dicho. Simplemente lo abrazó más, arrastrándose un poco por la cama para quedarse más pegada a él. Sin poder evitar sonreír, empezó a acariciarle poco a poco el pelo, buscando que se relajara del todo.
- Vas a acabar pidiéndole asilo a tu padre solo para que no te termine de volver loco en una de estas – dijo finalmente cuando se alejó de él, cogiendo el plato que le había traído.
- No lo tengo demasiado claro, seguro que se rie de mí lo suficiente como para que prefiera quedarme en el sofá toda la noche…
- ¿Otra vez? – terminó ella la frase por él, dedicándole una sonrisa de disculpa.
- Otra vez – asintió empezando a reírse.
Estaba seguro que cuando todo aquello pasara se iba a reír él también considerablemente de todas las situaciones absurdos en las que había acabado convirtiéndose una conversación inocente.
- ¿Seguro que no quieres que te haga algo de cena? ¿O que te traiga otra cosa?
- Pues… - parpadeó, observándolo unos segundos-. ¡Tú no has cenado!
- No, no he tenido tiempo todavía.
- De ninguna de las maneras, vamos a hacer la cena ahora mismo…
- Da igual, ya me hago yo algo luego – divertido, acabó por sonreír.
- No, ni hablar. Además… no quiero quedarme sola mientras que cenas tú solo abajo…
Poniéndose en pie, tiró de él.
Mai estaba sentada en su escritorio, entretenida echando un vistazo a unos correos electrónicos que habían llegado con instrucciones para poder seguir con la formación de los recién llegados. Notando pasos acercarse, levantó la vista, encontrándose a Hideki acercándose a ella.
- ¿Estás sola?
- Sí, no ha llegado todavía…
- Bueno, aún no es la hora, estará a punto de aparecer, apoyándose en la mesa, se quedó mirando hacia ella-. ¿Qué tal Nyoko?
- Muy bien, sobretodo desde que por fin ha dejado de llorar toda la noche…
- Tú espera a que le salgan los dientes – riéndose de la cara que le puso la piloto, se quedó mirando hacia el pasillo, viendo aparecer a aquel que echaban en falta.
- ¿Tú qué crees? ¿Sofá o… viene de buen humor?
- Podrían ser ambas opciones a la vez… - contestó, sin alzar demasiado el tono antes de mirar directamente hacia Yamato-. Buenos días.
- Hola – saludó pasando por lado de ellos, buscando rápidamente sentarse, como si estuviera cansado.
- Vas a tener que decirme la marca del sofá que tenéis en casa, porque tiene pinta de que estás cogiéndole el gusto… - Mai intentó no reírse demasiado directamente de él-. Creo que Arata puede estar interesado.
- Ja, ja, ja… - puso los ojos en blanco-. No vengo del sofá, inteligente.
- Pues tiene cara de venir del sofá – metiéndose en la conversación de ellos dos, Hideki acabó por decir algo.
- Tengo cara de que anoche le dio por volverse loca otra vez y luego se pasó toda la noche llorando porque voy a acabar odiándola y no voy a querer estar con ella… Toda, la noche – recalcó especialmente aquellas últimas palabras.
Separándose de la mesa de Mai, se acercó hasta Yamato, acabando por dejar su mano sobre su espalda, palmeándola un par de veces mientras que la piloto se estaba riendo en su silla.
- Tú piensa que es cosa de un par de meses… Y los días que vienes con el pelo dejando bien evidente que te acabas de escapar de la cama o donde sea que te ha enganchado no protestas tanto…
Arqueó una ceja, mirando hacia él ante el puñal que acababa de lanzarle, solo terminando por escuchar a Mai de fondo sin que intentara disimular su risa de ninguna de las maneras ya.
- Hazme caso, que, desgraciadamente, sé lo que es… De ahí se sale. Piensa que hay cosas peores, mira aquella que se ríe, que lleva sin dormir casi dos semanas porque la niña está con los dientes…
- Oye, traidor, ¿tú exactamente de qué parte estás?
- ¿Yo? De la mía, si ya me tocaba a mí reírme de la gente, que yo ya he pasado por todo esto y los únicos niños que tengo que aguantar dando la lata a mi alrededor sois vosotros. Venga, haced el favor de poneros a hacer lo que tenéis que hacer…
- Sí, mamá… - protestó la piloto de fondo antes de devolver su atención al correo que había estado leyendo.
Sora llegó al estudio con paso tranquilo, saludando a la gente que se encontraba a su paso. Aquella mañana había sido tranquila a pesar de que recordaba perfectamente la noche que había pasado. A esas alturas, se conformaba con poder llegar al trabajo en paz.
- Haru – reclamó su atención al verla pasar-. ¿Ya habéis vuelto?
- Sí, claro – contestó, deteniéndose-. Anoche…
- ¿Qué tal todo?
- Exactamente igual que siempre – gruñó antes de continuar su camino hacia su propia mesa.
- ¿Exactamente? – siguiendo los pasos de su amiga, se quedó apoyada en la puerta.
- Sí, justa y exactamente igual que ayer. Y que anteayer… y que el resto de la semana pasada…
- ¿Y qué me quieres decir con eso? Mira que la emocionalmente inestable soy yo…
- ¿Sabes dónde fuimos a cenar el sábado? – se sentó, cruzando los brazos esperando a ver como la pelirroja negaba con la cabeza-. Pues fuimos al lugar al que me llevó la primera vez que salimos juntos.
Entendiendo por fin por dónde iban los tiros, Sora acabó por entrar, intentando no reírse, cerrando tras ella para acabar sentada observando a Haru.
- Estoy de ir a sitios bonitos, de tener cenas en restaurantes elegantes y todas esas tonterías hasta dónde yo te diga. La próxima vez que puede ir yendo solo porque mis nervios no están para tanta tontería.
- No lo entiendo, ¿os habéis peleado?
- Claro que no, ha sido igual de encantador que todos los días, pero no entiendo por qué teníamos que ir a ese sitio para nada.
- ¿Estás enfadada con él porque simplemente le apeteció ir a ese restaurante?
- Pues… ¿tú qué crees que puede querer alguien con el que llevas ya varios años si te dice que te arregles todo lo que quieras que ese día tiene una sorpresa y te lleva a ese sitio?
- No lo sé… ¿por qué tendría que querer algo?
- Sora, es Andrew. No hablamos de Yamato. Si fuera él, vale, simplemente fue la última ocurrencia que tuvo, pero Andrew, con lo despistado que es si hace esas cosas es porque quiere algo…
- ¿Y qué puede querer? Haru… si el pobre solo quiso tener un detalle tampoco es para que te enfades con él.
- Claro que me enfado con él porque… - no llegó a terminar la frase porque el teléfono las distrajo a ambas.
Haciéndole un gesto a la pelirroja para que se despreocupara, contestó Haru a la llamada. Poniéndose en pie de nuevo, se despidió de la chica con la mano antes de salir, cerrando la puerta a su paso.
Sacó su teléfono del bolsillo, dejando por fin de disimular la sonrisa traviesa que había aparecido en su casa, buscando la conversación con Andrew.
"Lamento informarte de tu cabeza empieza a peligrar. Deberes de estar haciéndolo muy bien"
Añadiendo a su frase algunos iconos riéndose, guardó el objeto antes de continuar su camino hacia su propio despacho.
AnnaBolena04: parece que el pobre rubio no debe de dormir demasiado bien jajajaja Ya sea porque le gritan, porque le lloran, o las dos cosas a la vez jajajajaajajaja El pobrecito que estaba demasiado acostumbrado a tener como esposa a la cosa más cuerda y sensata del mundo ahora debe de quedarse sin saber qué decir o qué hacer cada vez que la ve así. Como mucho huye en busca de ofrendas de paz de algún tipo...
A ver con qué le salen las hormonas de su pelirroja de ahora en adelante, que por lo que parece esto no ha sido el primer episodio de bipolaridad de la grave sea del tipo que sea. ¡Muchos besitos de tortuguita!
Guest Vecina: jajajajajaja ¿te acuerdas cuando no hace mucho me decías que se habían montado una burbuja de happyfloweridad enorme ellos dos solos? Jajajajaja mientras estaba yo escribiendo estos capítulos de la pelirroja un poco menos coherente de lo normal y el pobre sin saber dónde meterse jajajaja Si es que es lo que tú dices, lleva demasiado tiempo acostumbrado a que ella sea la coherente, sensata y tranquila... Si ahora le grita porque de repente ha decidido que la leche que ella misma compra todos los días no le sirve es para dejar al comandante que ha ido dos veces a Marte tan confuso como para herirse a sí mismo jajajajaa
Es que Hiroaki disfruta mucho sabiendo que puede reírse de Yamato a gusto. Que sabe que es un episodio puntual y no es que su nuera sea una petarda, es que de repente se le cruzan los cables y es demasiado gracioso. Es muy fan de su nuera, cualquier día va a coger y va a ir a pedirle un autógrafo.
Yo te paso toda la información que encuentre, no te preocupes. Si en realidad como las redes sociales nos espían y muchas de mis búsquedas están relacionadas últimamente con datos técnicos para no meter la pata en la historia, pues hasta en instagram me sugiere las fotos jajajaja Ahí que me enseñó la foto de las revistas en sugerencias nada más abrirlo. Yo te hago de camello de informaciones, tú tranquila.
Jajajajajajajaja Es una peli que siempre viene bien tener en el recuerdo, todavía me las vi no hace mucho tiempo. Así que nada, tú piensa que dentro de nada te quitas de encima esa basura y te puedes dedicar a descansar unos días. Y luego en nada podrás estar defendiendo a la gente de los malos.
Yo me quedo de """vacaciones""" hasta el miércoles, que siendo yo, algo es algo... A ver si me pongo al día escribiendo un poquitillo. ¡Muchos bicos y ánimos, vecina!
