- Tampoco será tan grave, Sora… Te hablo desde la experiencia...
Todavía riéndose de lo que le acababa de contar, Taichi se había quedado sentado al lado de su amiga, observándola. Le hacía gracia todo aquello, podía imaginarse perfectamente el drama que podía tener encima Yamato con los desajustes hormonales que estaba padeciendo la pelirroja.
- Venga anda, anima esa cara – pasándole el brazo en torno a los hombros unos segundos la apretó ligeramente antes de ponerse en pie-. Que además, tengo el remedio perfecto para que te pase…
- El remedio perfecto… - siguiéndolo por la mirada, protestó murmurando por lo bajo.
Se alejó unos pasos para poder coger a Daigo de donde estaba sentado trasteando con sus juguetes, posándolo encima de las rodillas de Sora, haciendo que la atención de ella se fuera directamente hacia el niño, acabando por sonreír.
- ¿Ves? Efectividad total…
- ¿Qué has hecho con Koemi? – le preguntó a Taichi mientras que alargaba las manos para sujetar mejor al pequeño.
- Se ha cansado de aguantarme…
- Normal… Pobrecita tu madre, Daigo, que tiene su sufrir a este elemento todos los días – viendo como el pequeño alargaba las manos para tocarle la cara. Ampliando su sonrisa ante ese gesto, se acercó, dejando que la alcanzara.
- Tiene que estar al llegar, iba a ir a buscarla al trabajo pero me dijo que no hacía falta que tenía una reunión cerca de aquí. ¿Te quedas a cenar con nosotros?
- ¿Yo? No… Tengo que volver por casa, de hecho… - miró hacia el reloj-. ¿Me acercas mi teléfono?
- ¿Para qué?
- Porque Yamato tiene que estar al salir del trabajo y como se le ocurra llegar a casa y no esté… Lo mismo vas a tener que ayudarme a buscarme un sustituto para él. Y tú ya no estás disponible así que ya me dirás tú cómo nos arreglamos.
- Pues si vas a llamar al cascarrabias de turno, le llamo yo, y así le digo que se venga a cenar aquí también y fin del problema.
- Taichi… yo te lo agradezco, pero de verdad. Con la noche que le he dado tiene que estar que se cae de sueño.
- Nada, que se aguante – dijo sacando finalmente el teléfono del bolsillo para buscar el número del rubio-. Además, os vais temprano y así os libráis de hacer la cena ninguno de los dos.
- Claro y poner a la pobre Koemi a ponerse a preparar cena para unos cuantos ahora que llega del trabajo…
- Nada… Nada… Vamos a pedir a algún sitio y fin de la discusión. Ponte a jugar con el niño, corre, que ahora estáis al mismo nivel de estabilidad emocional.
Abriendo ligeramente los labios se quedó mirando hacia el castaño, acabando por bajar la vista hacia el niño, protestando cosas que posiblemente ni siquiera Daigo fuera capaz de escuchar, únicamente consiguiendo que el niño se riera de la cara que acababa de poner.
- ¿Que de qué me río? – fue la forma en la que contestó el teléfono, aún riéndose de la pelirroja-. Nada, de que tengo aquí a una embarazada poniéndome caras raras porque me meto con ella… No, no, te vienes tú hasta aquí, porque la tengo secuestrada y no pienso devolvértela a no ser que vengas tú a por ella. Nada de peros, venga, ya estás tardando – hizo una pausa aprovechando para mirar hacia los dos que lo acompañaban-. Oye, ya que estás… De la que vienes… ¿a que no me traes un paquete de leche?
Lo siguiente que vio Taichi acercarse a él fue un cojín que era lanzado desde el sofá hacia su cabeza antes de que el tono del teléfono comunicando se pudiera escuchar al otro lado del auricular.
Koemi frunció el ceño, confusa, reconociendo automáticamente la silueta que caminaba unos metros por delante de ella, acelerando el paso para alcanzarlo, dando gracias a que uno de los semáforos se puso en rojo haciendo que los pasos de Yamato se detuvieran.
- Buh – le dijo colocándose a su lado, quedándose mirando hacia él, viendo como, efectivamente, daba un respingo.
- ¿Tú de dónde sales? – le dijo al reconocerla, relajando el gesto.
- Pues… vivo aquí al lado. La que debería de hacer esa pregunta soy yo – se encogió de hombros.
- Solo estoy de paso, venía a ver si te dejaba viuda. ¿No te importa, no?
- ¿Qué te ha hecho? – sin que el extrañara ni lo más mínimo la declaración de intenciones, se quedó mirando hacia él, dándose cuenta de la cara de cansancio que tenía.
- Nada, tocarme las narices y existir. Básicamente lo de todos los días de mi vida. Eso y que por lo que sé Sora se debió de pasar a visitarlo y vengo a buscarla.
- Qué dos… Sí, me dijo que había quedado con ella por la tarde, así que, como es igual de paranoico que tú, no la ha debido de querer dejar volver sola a casa.
- Yo no soy p… - cortó su propia explicación, sin ganas de protestar tan siquiera, al ver que el semáforo se ponía en verde.
Riéndose de Yamato, acabó por echar a andar ella también, caminando a su lado el camino que les quedaba de vuelta.
- Ya sé que te digo una buena obviedad, pero… No tienes muy buena cara – acabó por ponerse algo más seria.
- No he dormido demasiado bien – explicó sin entrar en muchos detalles.
- Y creo que me puedo imaginar perfectamente el por qué. Ten paciencia, es lo único que puedes haces por el momento y no tenerle en cuenta nada de lo que te diga, porque… Hazme caso, la que peor lo tiene que estar pasando es ella.
Giró la cabeza, observándola. No le estaba diciendo nada que no supiera ya, a fin de cuentas, no dejaba que le afectara lo que pudiera decir o no, pero no podía evitar en ocasiones estresarse al no ser cómo reaccionar y acabar diciendo algo que no debía, lo cual solo solía empeorar las cosas.
- Lo sé, tranquila – contestó finalmente-. Las ojeras de hoy son porque ella sola se disgustó mucho anoche porque debo de estar hasta las narices y no puede hacer nada por evitarlo.
- Pobrecita – negó con la cabeza-. Yo la entiendo, es… horrible ser alguien que suele tener las ideas perfectamente ordenadas en la cabeza y ver como de repente eres incapaz de no ponerte a llorar porque se te ha caído algo al suelo.
- Koemi… Estás casada con Taichi Yagami, perdona que ponga en duda eso de que eres alguien con las ideas perfectamente ordenadas en la cabeza.
- ¡Eh! – protestó, no tardando más que unos segundos en darle un codazo-. Gracioso… Pues ahora te aguantas y le voy a decir que has venido criticándola por el camino por no dejarte dormid anoche. Que me has venido a contar que se está volviendo loca, ya verás, ya.
Echándose a reír, finalmente por primera vez en lo que iba de día, le contagió con facilidad la risa a la morena que lo acompañaba.
- Soy consciente de lo mal que lo está pasando, tranquila. Intento ponérselo lo más fácil posible y yo… Mira, a mí me lleva aguantando muchos años y no tengo la excusa de las hormonas. Así que mientras que estén bien ella y la pequeña... Yo me doy por contento.
- A tu querido amigo casi lo vuelvo loco en el intento, pero mira, parece que no fue suficiente para asustarlo. Y créeme que no me puse demasiado sencilla de aguantar, tenía peor cara que tú a estas alturas del embarazo. Lo que os pasa es que vosotros os lo pedisteis por estar de vacaciones y no supisteis la fiesta que tuvimos por aquí.
- Que se aguante, seguro que él también se merece que alguien intente volverlo loco. Llevamos todos los demás padeciéndolo demasiado tiempo.
Se detuvo, dejándola a ella pasar primero cuando llegaron finalmente a la entrada del edificio. Poco tiempo después, las llaves de ella estaban abriendo la puerta de la entrada de casa, viendo cómo rápidamente una cabeza de un niño de poco más de un año se asomaba desde el otro lado del sofá, observándola.
- ¡Mamá!
Yamato pudo ver como automáticamente le cambiaba la cara a aquella que lo acompañaba, sonriendo él también a su vez, o al menos hasta que el padre del niño se cruzó en su campo de vista.
- Ven, que te traigo lo que me encargaste…
- No, ven tú a traérmelo, corre – acercándose hacia Sora, cogió al niño en brazos-. Ven Daigo, vamos a saludar a tu madre.
- Vosotros dos tenéis un serio problema – le dijo la pelirroja a su amigo mientras que lo dejaba coger al niño, poniéndose en pie-. En serio, cual matrimonio que lleva décadas casado…
- Pues yo quiero que alguien me vaya dando los papeles del divorcio porque frito me tiene de aguantarlo – pasando por al lado del embajador, no dándole la colleja tan merecida que debiera por tener al niño en brazos, fue directo hacia Sora-. ¿Qué tal estás?
- ¿Yo? El que tiene mala cara eres tú – le dijo para acercarse después hacia él y darle un beso sin importarle mucho que estuvieran los demás presentes, había confianza más que de sobra en ese caso-. ¿Estás cansado? ¿Quieres que nos vayamos a casa? Le dije al pesado este que no tendrías gana de quedarte, pero ya sabes cómo se pone de pesado.
- Se pone como se pone porque no le gusta que andes por ahí sola – acabó por decirle-. Estoy cansado, nada más, así que podemos quedarnos a cenar siempre y cuando que el plan de éste idiota no sea que la pobre Koemi se ponga a hacer algo ahora o intoxicarnos a todos haciendo algo él.
- Te he escuchado Ishida. No, en todo caso te mandaría a ti a la cocina, que ya que algo se te da bien habrá que aprovecharte para ello… Pero no, ya hemos pedido la cena nosotros dos mientras que estabais de camino – dejándole al pequeño en brazos a su madre se quedó mirando hacia ellos-. Se me da bien hacerle de niñero, no te preocupes. Empiezo a tener controlado el tema de los embarazos.
- ¿Tú? – Koemi levantó la vista hacia él-. Si lo dices por Hikari y por mí recuerda que las que te hemos tenido que padecer hemos sido nosotras…¿Dónde habéis pedido la cena?
Sentada en la mesa mientras que terminaba de darle de comer al pequeño, Koemi se había quedado entretenida mirando hacia Sora, quien se había ofrecido a acompañarla mientras que esperaban por el repartidor.
- Me ha dicho Yamato que estás teniendo unos días complicados… Bueno, más que decirme, con la cara que me lo encontré en la calle ya me lo pude imaginar yo sola. ¿Estás bien?
- ¿Ahora mismo sí? Es lo único que te puedo decir… - cogiendo una servilleta, se la acercó a la cara al niño, limpiándole las mejillas-. Hoy he estado bastante tranquila, creo que ayer ya tuve para toda la semana.
- A mí solía ayudarme tomarme por las noches algo que me ayudara a dormirme más rápido. Ya fuera una infusión o leche caliente… O incluso dejarle claro a cierto atolondrado que nosotras nos sabemos que para algo estamos casados – aquel último comentario lo hizo riéndose por lo bajo- Por la mañana siempre se ve todo con mejores ojos y así te ahorras las noches que suelen ser loe peores momentos…
- No lo sé hemos llegado al punto en el que me da a cualquier hora del día…
- Pues aprovéchate. Eres tu propia jefa, si le tienes que gritar a alguien, le gritas y si te apetece quedarse en la cama seguro que hay peleas por ver quién va a hacerte compañía. Tú no te preocupes, ni te sientas mal por Yamato, estás en todo tu derecho de ponerte todo lo insoportable que quieras. El resto… que se aguanten y te hagan de apoyo moral. Por bastante estás pasando tú ya.
- ¡Mamá! ¡Mamá! – reclamando la atención de su madre, Daigo señaló hacia el plato de comida.
- Igualito que su padre… pero es que igualito…
AnnaBolena04: pobrecito rubio, que él además se asusta fácilmente con los temas pelirroja jajajaja Parece que la paranoia de que está volviendo loco al pobre Yamato le dura más de la cuenta a Sora, pero no pasa nada, ya va a llorarle un rato a Taichi. Posiblemente el remedio de dejarle a Daigo en cuello haya sido el mejor de todos, aunque también haya aprovechando a dejarla secuestrada y a meterse con ella. En el fondo todo son excusas para que su marido vaya a verlo, está claro.
Menos mal que llega Koemi también a imponer un poco de orden, que ella sabe de lo que habla y todavía lo tiene bastante reciente. Si al final Yamato y Koemi se van a acabar llevando mejor todavía jajajaja Aunque claro, para eso comparten marido, claro. ¡Muchos besitos de tortuguita!
Natesgo: me ha costado muchísimo escribirla en ese plan. Yo, que odio a la gente que monta el drama por estupideces totalmente absurdas y que se comporta así... Solo me faltaba darme cabezazos. Pero bueno, conseguí ponerla al final montando el drama en condiciones. Por eso rara vez los enfado, porque las riñas domésticas, a pesar de que son la cosa más común del mundo, como la gran mayoría son por estupideces me cuesta un triunfo jajajaja
Además, no debe de ser tan grave, si todos sabemos que han tenido otro nene. Debe de ser que al final el rubio decidió que le merece la pena tener que aguantar que unos meses la pobre Sora se le vuelva loca y que lo mismo le tire algo a la cabeza, que le llore como una magdalena, que se le tire al cuello con intenciones tortugosas - aunque todos sabemos que por esto último seguro que no tiene problema-. Cuando le empiecen los malestares físicos la pobre mujer va a mirar a todos mal, porque para encima van a andar acosándola 24/7.
Y la conspiración que se tren entre Sora y Andrew contra Haru se la tiene totalmente merecida por andar dando tantas vueltas. No tiene derecho a protestar... ¡Un beso!
Guest Vecina: venga, que hoy aparece una de tus combinaciones favoritas de la historia y para encima tienen al nene con ellos para entretenerse.
Es que tiene que ser horrible, siendo alguien tan lógico como ella, ver como de repente te pones a gritarle histérica a alguien porque sí y acto seguido a llorar como si no hubiera mañana jajajajaaja Es que tiene que ser casi que pero para ella que para él. Que las paranoias generadas por las hormonas además suelen ser muy originales y a saber por dónde puede salir. Los días que simplemente quiera más mimos y atenciones de la cuenta seguro que son los de agrado del rubio, solo hay que ver el comentario del pelo revuelto por las mañanas de los otros dos jajajajaa ¿Y lo serio que parecía Hideki al principio, eh? JAJAJAJA Poco le duró.
Haru se lo tiene más que merecido. A saber cuándo tiempo llevaba con el cuento de que no, que no quería, que era muy joven y ahora de repente... ¡Sorpresa! Es que es para que se esté riendo de ella hasta que tenga a bien hacer algo al respecto y que Sora lo anime de fondo porque es la que más los tiene que aguantar jajajaja De esta Haru escarmienta, está claro.
¡Muchos bicos vecina! Hoy me voy de valiente a comprar regalos navideños... A ver si sobrevivo a las manadas de gente.
