- Vete a ducharte tranquilamente, que ya voy haciendo yo el desayuno – le dijo Sora mientras que se levantaba de la cama.
- ¿Para qué te vas a levantar? ¿No es muy pronto para ti? – le dijo pasando hacia donde la noche anterior había dejado la ropa lista para no tener que andar dando vueltas por la mañana.
- ¿Dejas de protestar y te vas a la ducha? – se giró, quedándose mirando hacia él de brazos cruzados.
Sin querer llevarle la contraria, a sabiendas de que era mucho mejor, se rio simplemente e hizo lo que ella le decía, llevándose con él la ropa al baño dispuesto a ducharse tranquilamente. Observando como le hacía caso y desparecía tras la puerta, se puso mejor la bata por encima de los hombros y bajó las escaleras. No había señales de vida de ninguno de los dos digimon, a sabiendas de que era demasiado pronto para ellos, tampoco hizo por despertarlos.
No le importaba levantarse a la vez que él para poder acompañarlo a la hora de desayunar, aunque ya se había acostumbrado a la rutina de pasar menos tiempo juntos, le gustaba poder aprovechar los ratos que tenían. Perdida en su propia nube de pensamientos, se puso a revolver por las estanterías en busca de algo de su agrado para desayunar.
Saliendo del baño, se entretuvo unos segundos en el espejo de la habitación colocándose el pelo en su lugar, esperando que el vaho que había dejado en el espejo del interior se fuera. Poniéndose la camisa, la dejó fuera de los pantalones por el momento y empezó a abrocharla antes de asomarse para ver si estaba el desayuno.
Sonrió sin poder evitarlo ante lo que se encontró. Esperando sentada en la mesa, con todo preparado, se había quedado Sora. Pero no estaba simplemente sentada, sino que se había quedado distraía con la mirada hacia su ya no tan disimulado vientre. Sus manos estaban sobre la curva, apoyadas sobre el pijama mientras que las movía con suavidad sin ser consciente de que estaba siendo observada.
Bajó, decidiendo que podía terminar de prepararse más tarde, acercándose hasta ella apareciendo desde su espalda, no llamando su atención al estar totalmente distraída.
- No podemos seguir volviendo así de loco a tu padre, cielo… Que como sigamos así va a asustarse cuando nos vea venir y el pobre no tiene la culpa de nada y con lo que nos quiere no se merece que le montemos semejantes numeritos…
Se detuvo al escucharla, sorprendido por sus palabras. Era consciente de que no estaba pasando su temporada más tranquila, no era capaz de saber si se la iba a encontrar queriendo tirarle algo a la cabeza, llorando, o tranquilamente sentada en el sofá cuando llegaba a casa, pero a la vez era plenamente consciente de que no era culpa de ella. Se acercó, dejándose notar por fin.
- ¿Cómo estáis hoy? – le preguntó rodeándola con los brazos desde atrás.
- Por ahora estamos bien – dio un ligero respingo al sentirlo de repente-. Yamato, yo…
- Nada, tú nada. ¿De acuerdo? Yo era mucho peor y ni tenía ninguna excusa que pudiera justificarme – la apretó algo más contra él-. De hecho, prefiero que me grites a que te pases toda la noche disgustada por haberme gritado.
- Es que si al menos fuera por cosas con sentido…
- He dicho que no quiero ni media palabra sobre ese tema – bajó sus manos, acabando por dejarlas sobre las de ella.
Sonriendo, giró la cabeza para quedarse mirando hacia él, dejando su frente apoyada en su mejilla unos segundos antes de notar como se acababa girando para poder así darle un beso, quedándose con los ojos cerrados cuando se separó de ella.
- ¿Qué has hecho para desayunar? – le dijo tras unos segundos, enfocándola finalmente.
- Tostadas. Ayer me entró apetencia cuando fui a rondar por la tienda y he traído diferentes cosas para echarles…
- Así que te has levantado conmigo para poder ponerte a comer tostadas y usarme a mí como excusa. Muy bonito, señora Ishida…
- Uy, sí, como si necesitara yo usarte de excusa últimamente para ponerme a comer cuando me apetece algo… - riéndose, volvió a acercarse para darle otro beso antes de empezar a desayunar.
Hacía ya unas cuantas horas que había llegado al estudio y Sora estaba completamente distraía con la vista fija en los bocetos de los nuevos proyectos. No eran más que dibujos muy básicos con las ideas principales, pero la tenían completamente inmersa en ello. Por fin la colección que tan loca la había vuelto con el grupo de San Francisco daba sus frutos y lo que tenía en el papel delante de sus ojos eran diseños de kimonos.
Por fin estaba encaminando su trabajo a lo que siempre la había fascinado. Adoraba la moda en todas sus formas, pero lo que había conseguido que se decidiera por escoger aquel camino habían sido aquellas prendas que tantas veces había visto en manos de su madre.
Desviando la vista hacia la carpeta que tenía algo más apartada, sacó de él otro dibujo. Aquel sí que estaba mucho más detallado y prácticamente terminado. Era un proyecto personal y llevaba unas semanas trabajando en él. Aquel kimono iba a ser un regalo que le iba a hacer a su madre, y esperaba poder estar a la altura.
- ¿Sora? – la voz de su ayudante la devolvió a la realidad, levantando la vista hacia ella, dejándole claro que tenía así su atención-. Tienes una visita.
- ¿Visita? No tenía programa ninguna reunión hoy…
- No… Es... es uno de tus amigos – diciendo aquellas palabras se puso automáticamente del mismo color que el pelo de su jefa.
Arqueando una ceja, tuvo que empezar a reírse, adivinando perfectamente quién era el que podía estar esperando ante la reacción que había tenido la chica.
- Dile que pase anda… - intentó disimular ligeramente, al notar como se había puesto más roja al notar que se había dado cuenta.
- Voy…
Volviendo a guardar el boceto del kimono, no tardó en ver entrar por la puerta a Taichi con cara de confusión, como si acabara de ver algo que no llegara a entender. Parecía venir con prisa y venía vestido como si de allí fuera directamente a alguna reunión importante.
- Mírate, si hasta pareces alguien serio y todo – se puso en pie, acercándose hasta su amigo-. ¿Qué haces aquí? ¿Vienes de vigilancia a ver si todo sigue en orden?
- Ojalá… Vengo a pedirte un favor, ¿estás ocupada?
- No, solo estaba revisando unas cosas. ¿Por qué? ¿Ha pasado algo? – cruzó los brazos, observándolo.
- Ha pasado que me tenía que quedar yo hoy por la tarde con el niño porque en teoría no trabajaba y me han llamado para una reunión de urgencia.
- ¿Todo bien? – arqueó una ceja.
- Sí, sí, no te preocupes. Lo que pasa es que Koemi trabaja también y mis padres no están en la ciudad. La pobre Hikari ya tiene bastante y…
- ¿Y no tienes con quien dejar a Daigo?
- Yo sé que vosotros dos trabajáis hasta tarde pero como tú eres tu propia jefa…- se llevó la mano al pelo, revolviéndoselo, como si todavía tuviera que ponerse nervioso al pedirle algo así a su amiga.
- Tráemelo al estudio cuando te vayas a trabajar, tonto… Claro que no me importa quedarme con él. Voy a estar atendiendo unas cosas por aquí, pero seguro que no le faltan ojos que lo vigilen – señaló a los digimon que dormitaban en el sofá-. Luego puedes pasar por casa a recogerlo cuando quieras.
- ¿Seguro que no es molestia?
- ¿Desde cuándo se puede considerar molestia Daigo? Vamos a ver… No me hagas darte una colleja.
- Muchas gracias, no sabía a quién pedírselo…
- Y si se os hace tarde no te preocupes, ya me avisas con lo que sea, ¿queda claro?
- A la orden – sonrió-. Y… tengo que irme, que sino voy a coger todo el tráfico de vuelta.
Asintió, negando con la cabeza antes de despedirse de él con un gesto de la mano, viendo como acababa frenando antes de atravesar la puerta.
- Ah, casi que me olvida – retrocedió, volviendo a colocarse frente a ella para dejarle un paquetito en las manos-. Para que no te entre hambre a media mañana.
- ¿No lo habrás hecho tú, no?
- ¿Qué quieres que el rubio ese con el que tuviste la brillante idea de casarte me linche? Te veo luego – inclinándose, ahora sí, para dejar un beso en la mejilla de su amiga, salió del despacho, despidiéndose también de la ayudante en su mesa.
Bajando la mirada sonriente hacia lo que le había traído, reconociendo el nombre del sitio, acabó por dejarlo sobre la mesa. Escuchando la voz de Haru también desde el pasillo decidió dejar un poco de lado aquello en lo que había estado trabajando saliendo a saludarla.
- Uy… pero bueno, esto sí que es una sorpresa – viendo a Andrew llegando tras ella, sonrió.
- ¿Acabamos de ver a Yagami irse? – le dijo su socia.
- Sí, ha venido a decirme que si nos puede dejar a Daigo como experto de moda por la tarde – fue directamente hacia el chico-. ¿Y tú qué? ¿Vuelves por Tokio y no tienes tiempo de venir a saludarme?
- Pues mira, lista, contigo venía a hablar, por eso la he acompañado hasta aquí.
- ¿Conmigo? ¿Y tienes que venir a buscarme al trabajo para hablar conmigo? Espera, ¿no será de trabajo, verdad?
- Mira… yo os dejo, que tengo que contestar unos correos electrónicos antes de que se me haga tarde – girándose en el pasillo para guiar sus pasos hacia su lugar de trabajo, los dejó solos.
- ¿Tienes que hablar conmigo de algo de trabajo?
- Tengo que hablar contigo de algo serio, si no te importa – le hizo un gesto con la cabeza-. Vamos a tu despacho, corre, que no quiero cotillas cerca…
- ¿Has hecho algo que no quieres que nadie sepa? – riéndose por lo bajo, hizo lo que le pedía.
Posando la mano en su brazo, le dio un pequeño empujoncito para que echara a andar de nuevo hacia el despacho.
- Oye, menuda barriguita que estás echando ¿eh? ¿Cómo es que no la había visto yo todavía?
- Te pasas demasiado tiempo fuera de la ciudad… - frenó, dejándolo pasar a él primero, centrándose en su ayudante-. ¿Pasa algo? ¿Se nos ha estropeado la calefacción?
Viendo como automáticamente se ponía más roja de lo que ya estaba, le hizo un gesto a Andrew para que pasara delante, acercándose hasta ella, posándole la mano en el hombro.
- No te preocupes, no pasa nada… Si tengo alguna llamada importante, que espere, ¿de acuerdo? Voy a estar reunida un rato y creo que puede ser importante el asunto.
- Perfecto… - bajando la vista de nuevo hacia el escritorio, intentó ignorar por completo el tema.
- A ver… - dijo mientras que entraba por fin, cerrando la puerta tras ella-. ¿Qué es lo que se supone que no has hecho esta vez?
Yamato bajaba las escaleras, buscando a Hideki, el cual le había dicho que se reuniera con él en una de las salas de aprendizaje de las nuevas incorporaciones. Llamó a la puerta con los nudillos, abriendo y buscándolo con la mirada.
- ¿Llego tarde? Entre que Mai dejaba de reírse de mí o no, tardó un poco en darme el mensaje.
- No, no… Vengo de una reunión… Nada interesante, tranquilo. Simplemente hemos estado hablando que ya que el grupo que empezó con Mai ha pasado más tiempo contigo que con ella, quizás te gustaría empezar a formar un equipo con algunos de ellos.
- ¿Equipo?
- Sí, para que empiecen a practicar como cuando estábamos en la base. Ya sabes que los grupos suelen ser de unos cuatro o cinco integrantes, así que va a ser mejor eso que dejarlos a todos solos con Mai.
- ¿Quieres que yo me quede de niñero de cuatro de ellos?
- Mira qué bien sabes a lo que me dedicaba yo en la base del sur… Sí, algo así, pero de manera completamente teórica. Acaban de empezar y les queda todavía bastante, pero siempre es mejor que tengan a alguien pendiente de ellos. Y es mejor hacer grupos de poco en poco.
- ¿Y se puede saber quién ha tenido la ocurrencia de que yo me encargue de eso?
- Yo – sonrió divertido, al ver la cara de él.
- ¿Tú?
- Sí, yo… Vas tras mis pasos aunque no te des cuenta… Así que, ¿por qué no ayudarte a forzarlos un poco? A no ser que prefieras quedarte solo con lo de las trayectorias, quizás es mal momento ahora…
- No, no, las trayectorias están prácticamente acabas. Algo tengo que hacer cuando me echan a dormir en el sofá – sorprendido se quedó observándolo, especialmente por las primeras palabras que le había dicho.
- ¿Ya has terminado con las trayectorias?
- No preguntes…
- Mejor… ¿me acompañas a la cafetería? Por eso te he hecho bajar hasta aquí, así te explico mejor los detalles y todo lo demás…
- Perfecto.
AnnaBolena04: Koemi tiene experiencia con nenes. Ha tenido uno ella ya, se ha casado con otro y para encima ese con el que se casó le venía con otro de regalo. Ella vive rodeada de nenes a todas horas y sabe como manejarse jajajaja Todos sabemos que Yamato es demasiado... Yamato para ir y preguntar directamente sobre estos temas a nadie, ni siquiera a su madre, por eso hacía falta algún personaje que no le fuera a dejar la espalda como un colador - cofcofcofMaicofcofcof - para poder tratar estos temas de forma un poquito más adulta. Y para eso Koemi es la clave. Para eso comparten marido jajajajajajaja
Parece que la pobre pelirroja sigue con la paranoia de que se está portando con el rubio de una forma que él no se merece, a pesar de ser consciente de que tampoco es culpa de ella. Así que va corriendo a hacer el desayuno, aunque en el fondo esconda segundas intenciones hacia la comida claro.
Y, antes de que me tires algo a la cabeza, NO, no voy a liar nada laboralmente hablando con el rubio. Tranquila, no nos alteremos, que nos conocemos y luego me vuelan cosas a la cabeza.
¡Un besito de tortuguita!
Natesgo: el pobre rubio iba para casa pensando en que si las hormonas de la pelirroja tenían a bien no volverlo loco iba a poder meterse en la cama a dormir un número de horas medianamente decente antes de que sus ojeras aumentaran... Pero tuvo que venir el marido a ponérsele especialito y a tocarle las narices. Yo creo que si Taichi sale de una pieza es porque el otro pobre está tan cansado ya que, con no tener melodrama/bronca con la pelirroja esa noche, se queda más que contento jajajaja
Y Koemi, ya que es la más adulta del matrimonio que tienen montado entre todos, pues tenía que hacer las labores de voz de la razón y calmar un poco al personal, que ella tiene algo más de experiencia jajaja ¡Un beso!
Guest Vecina: jajajaja Koemi la pobrecilla no lo sabía cuando le dijeron que el famoso Yamato (con el que tanto le había dado la lata Takeru) volvía a Tokio. Pero seguro que no tardó en darse cuenta de que el matrimonio no iba a ser solo cosa de ella y de Taichi. Ya tenía en cuenta a la pelirroja, claro, pero no contaba con que también le saliera un marido a su marido jajajajaa Si la pobrecilla en el fondo se lo tiene que pasar muy bien. De aburrimiento seguro que no se puede quejar, no, no jajajajaja
Sí, Taichi a pesar de ser una de las cosas más adorables del mundo seguro que llevó muy, pero que muy mal, el tema de las hormonas revueltas de su mujer. Tiene un carácter bastante nervioso de por sí solo como para que para encima le griten sin motivo o se le echen a llorar sin ser capaz de entender qué ha pasado.
Je, yo las cenas navideñas las empecé la semana pasada... Pero bueno, estos días los tengo tranquilos, ¿sabes por qué? Porque como soy así de lista me he dicho "ey, ya que no trabajo de tardes voy a aprovechar y apuntarme al intensivo del teórico". Total, que es a las 7 de la tarde y no dura una hora como yo pensaba, sino que dos y media JAJAJAJAJA Mira, es que... para tirarme por la ventana. Pero bueno, venga, modo revival de la época estudiante - T_T - verás tú qué bien.
¡Muchos bicos vecina y que las tortugas coman mucho turrón!
