- Koemi, que no te preocupes… Llevo toda mi vida aguantando al pesado de su padre, la versión adorable en miniatura de Taichi no es problema – riéndose, con el niño en brazos, se quedó mirando hacia la mujer.
- Ya… pero estás en el trabajo y no sé si te va a dar la lata más de la cuenta.
- Sí, es cierto, pero aquí mando yo, así que si se pone algo revuelto me lo llevo a casa para que la gente por aquí pueda seguir trabajando y ya está. Venga, vete de una vez y deja de preocuparte por mí. Y no andéis a las carreras, si por algo se tiene que quedar con nosotros hoy, no pasa nada, tenemos sitio.
- Mil gracias, Sora… - acercándose hacia el pequeño para darle un beso de despedida, sonrió a la pelirroja-. Te llamo más tarde para ver cómo está todo.
Asintiendo a las palabras de la castaña, dejó que Daigo se despidiera de su madre, sin entrar de nuevo al despacho hasta que Koemi desapareció tras la puerta del ascensor.
- Nos han dejado solos, Daigo, ¿quieres que te lleve con Gabumon y Biyomon para que estés con ellos?
Riéndose, a sabiendas de que era poco probable que le diera algo más allá de un balbuceo aún, caminó hacia donde esperaban ambos digimon, aprovechando para dejar al niño entre ambos.
- Creo que hoy vamos a tener compañía. A ver qué tal se os da a vosotros dos ayudarme a hacer de niñera, que dentro de nada vamos a tener que hacer el trabajo muy en serio – riéndose al ver la cara que le ponían ambos, acabó por sentarse ella también quedándose a la altura de ellos.
Cuando un buen rato más tarde Haru llamó a la puerta antes de entrar, se sorprendió al escuchar la risa de su socia de fondo mientras que abría la puerta. Asomando la cabeza, sin tener muy claro con quien podía estar Sora, vio rápidamente al niño sentado, alargando las manitas hacia ella, intentando atraparla.
- Anda, ¿y esto?
- Pues… he secuestrado al Yagami adorable de la familia, ¿qué te parece? ¿Vienes a jugar con nosotros?
- Vaya mal que viven algunas…
Murmurando aquello por lo bajo, se acercó, arrodillándose en el suelo al lado de donde estaba sentada la pelirroja, quedándose mirando hacia Daigo, divertida. Alargó la mano hacia él, pinchándolo suavemente con el dedo en el moflete.
- Creo que tengo algo que le va a gustar… - estirándose para coger la caja que había traído con ella, levantó la tapa, dejando que se viera que en su interior traía un montón de pompones de colores-. Mira, ya verás.
Cogiendo uno en la mano, usándolo como pelotita, se lo enseñó al pequeño, empezando a jugar con él para acercárselo y alejarlo repetidamente viendo como seguía con la mirada todos sus movimientos.
- ¿Estos que son los pompones que querías usar para la nueva colección? – entretenida, cogiendo la caja y dejándola encima de sus rodillas.
- Sí, venía a enseñártelos, pero yo creo que por ahora les hemos encontrado un uso más importante – la risa del pequeño llamó la atención de ambas, dejándolo finalmente cogerlo y que jugara con él.
- Te apuesto lo que quieras que se lo intenta comer…
No pasó demasiado tiempo antes de que se pudiera escuchar como la pelirroja se reía al ver como efectivamente, el niño hacía exactamente lo que ella había dicho.
Habiendo salido antes del trabajo aquel día al haber terminado las reuniones antes de tiempo, Yamato había decidido dirigir sus pasos hacia el estudio para ir a buscar a Sora y ver si ya había terminado todo para poder irse.
Saludando al personal que ya estaba más que familiarizado con su presencia allí, continuó su camino, viendo la puerta entreabierta y reconociendo las voces que salían de ella. era una buena señal ya que significaba que no estaba demasiado ocupada.
- Pobre niño, ¿no os parece que esto es tortura ya? Y para que lo diga yo de un Yagami…
- ¡Ey! ¿Tú qué haces aquí? – poniéndose en pie, con cuidado, fue directa a saludar a su marido, quedándose con un pompón en las manos.
- Hideki estaba harto de nosotros y nos ha mandado para casa porque la otra opción era tirarnos algo a la cabeza… - sonriendo viéndola acercarse, esperó a que lo alcanzara.
- Me lo creo perfectamente – sentada con el niño, Haru giró la cabeza hacia el rubio.
- Oye, a ver si controlas a tu socia, ¿eh? Que vamos a tener que empezar a tener problemas con la falta de respeto que me tiene… - riéndose, se inclinó hacia Sora para darle un beso en la mejilla a modo de saludo-. ¿Qué tal el día?
- Muy bien… Ha sido una tarde muy productiva… Nos la hemos pasado jugando con el niño – sonrió de forma más exagerada, jugando con el pompón que había tenido en sus manos hasta entonces-. Todo muy adulto y…
Frunció el ceño de repente, guardando silencio, quedándose con la vista fija en el pompón.
- Haru, ¿has quedado con Andrew en que viniera a buscarte? – soltó de repente.
- Ehm… sí, ¿por qué?
- ¿A qué hora?
- Pues… - bajando la vista hacia su reloj, miró la hora, volviendo a dejar la mirada en su socia-. Tiene que estar a punto de llegar de un momento a otro. ¿Por qué?
- Porque me acabo de acordar de que se me olvidó comentarle algo importante por la mañana…
- Hoy por la mañana… ¿cuándo os quedasteis los dos de marujeo en el despacho cosa de una hora?
- ¡Haru! No digas esas cosas delante de Yamato, ya que sabes que se nos pone celoso y luego se dedica a mirar mal al pobrecito Andrew - no pudo evitar hacer el comentario, observándolo divertida.
- Pues me parecería muy bien que se dedicara a mirarlo mal a ver si así se le pasaba la tontería y dejaba de dar tantas vueltas de una vez..
- ¿En qué idioma estáis hablando vosotras dos? – metiéndose en la conversación, el rubio se quedó mirándolas sin entender nada?
- Nada… - sonriendo de forma traviesa, Sora se acercó hacia él-. Vengo ahora, voy a hacer una llamada. Hazme de niñero con los niños…
Sin darles tiempo a reaccionar, pudiendo ver como Sora desaparecía detrás de la puerta, dejándola cerrada a su paso.
- ¿Desde cuándo no hace las llamadas desde aquí?
- Será que se ha cansado de aguantarte… - acercándose finalmente hacia el sofá para saludar a los digimon y a Daigo, se quedó mirándola desde allí-. ¿De qué se supone que se acusa al pobre Sr. Haru esta vez, a ver…?
Sora cerró la puerta, todavía riéndose de su pobre ayudante, acabando por girase hacia su amigo.
- Hacía mucho tiempo que no sabía de ti, vergüenza debería darte.
- Ya lo sé, pero he estado hasta arriba de trabajo. Ya veo que tú no puedes estar mejor – dejando la vista fija en la ya más llamativa barriguita de ella, sonrió.
- Me ha dicho un pajarito que has estado muy entretenido, además…
- Nada que no sepas… Se lo merece, ni siquiera ella puede negarlo. Se merece que ahora esté riéndome un poco de las caras que pone cuando le salgo con la más absurda de las excusas para haberla llevado a un sitio sospechoso…
- Yo no he dicho que no se lo merezca, pero tampoco te voy a defender cuando te persiga por medio Tokio para tirarte a la bahía, que lo sepas.
Entretenida, fue hacia su mesa, usándola así de apoyo mientras que hablaba con él. Tras la llamada que había tenido con Andrew antes de Navidad habiéndolo puesto al día del verdadero que tenía Haru sobre el tema anillo, había estado riéndose de ellos dos. Una vez que al pobre se le había pasado el susto y la cara de no entender nada ya le había dicho que ahora pensaba dedicarse a devolverle tanta negativa haciéndose el loco completamente, como si de verdad Sora no le hubiera llegado a contar nada.
- Supongo que no creo que tengas en mente ninguna colaboración, ¿verdad? Porque si se entera Haru de que prefieres negociar condiciones conmigo te van a echar de tu propia casa.
- Cómo lo sabes… No, en realidad… quería hablarte de otro tema. Yo creo que ya está bien de hacerla darse cabezazos. Si en el fondo yo ya sabía perfectamente que algo de fachada en todo aquello había – a medida que hablaba con ella, se fue acercando hasta quedar sentado a su lado-. Lo que me hizo quedar darme cabezazos fue lo que tú me dijiste, que de verdad todo fuera porque pensara que yo no quería…
- No tengo ni la más remota idea de dónde pudo sacar esa conclusión – negó con la cabeza, ladeándose hacia él-. De verdad que no. Vale que eres la cosa más… parsimoniosa que conozco, pero es bastante evidente que precisamente por no querer no estabas tardando.
- No tardaba, simplemente tenía mis dudas sobre si de verdad pensaba eso de que era demasiado pronto o no – diciendo aquello acabó por meter la mano en el bolsillo de su chaqueta sacando una pequeña caja.
Los ojos de la pelirroja fueron directos hacia lo que le enseñaba, levantando la vista hacia su rostro antes de empezar a abrir la boca en gesto de sorpresa.
Entretenido mirando hacia como Daigo jugaba co Haru, Yamato esperaba pacientemente la vuelta de Sora, la cual hacía ya un rato que los había dejado. Alargó la mano, dejándola encima de la cabeza de su compañero, aprovechando para darle algunas caricias.
- ¿Todo bien hoy? – le preguntó al digimon.
- Sí, han estado todo el día con el niño – asintió, observándolo.
- No, te preguntaba a ti que qué tal habías pasado el día – sonriendo por la respuesta que le había dado, desvió la mirada hacia la puerta, viendo aparecer por fin a Sora.
- Daigo… Han venido tus padres a buscarte – se quedó mirando hacia Yamato unos segundos-. ¿Me traes al niño y así saludas a tu querido Taichi? También ha venido con Agumon…
- Ya me he quedado sin entretenimiento – dijo Haru antes de darle un mimo en la mejilla y dejar que se llevara el pompón con el que había estado jugando-. Id tranquilos, ya recojo yo esto…
- Gracias, Haru – Sora le hizo un gesto a Yamato para que cogiera al niño, dejando a Haru completamente sora en cuestión de unos segundos.
Dando por supuesto que podían tener prisa, fue tras ella, dejando la puerta cerrada tras ellos, frunciendo el ceño ante la sorpresa. No, no se encontró a Taichi esperando fuera, sino que al que se encontró fue a otro bien diferente.
- ¿Me estoy perdiendo algo? – mirando hacia ambos diseñadores, se quedó confuso.
- Ven, vamos a la sala de reuniones, que es mejor que los dejemos solos… - girándose a su amigo para guiñarle el ojo.
Ese último gesto de la pelirroja hizo que Yamato entendiera lo que estaba pasando allí, asintiendo a lo que le había dicho ella.
- Suerte – le dijo al pasar por su lado a Andrew, caminando al lado de la pelirroja-. Ya veo que has estado entretenida toda la mañana, ya…
Haru estaba buscando la caja en la que había traído todos los pompones para empezar a meterlos dentro de ella. Tenía para rato porque se habían pasado toda la tarde jugar con el pequeño con ellos y estaba segura de que había hasta debajo del sofá.
- Pero bueno, ¿no te paga Sora lo suficiente que ahora haces las labores de limpieza también?
- ¿Tú cuándo has llegado? – levantando la cabeza hacia Andrew, sonrió a modo de saludo-. Hemos tenido un invitado un poco especial y nos ha tocado sacar la imaginación para entretenerlo.
- Ya veo, ya – caminó hasta agacharse a su lado, empezando a ayudarla a recoger-. ¿Qué tal el día?
- Pues… como te podrás imaginar hemos trabajado mucho – usó el mismo tono que hubiera usado al confesar una travesura.
- Lo que yo no entiendo es cómo os las arregláis para hacerme la competencia en estas condiciones… - riéndose por lo bajo, se alejó ligeramente de ella para evitar que le tirase el pompón que acababa de coger a la cabeza.
Cuando ya estaban todos recogidos, cogió la caja de las manos de la chica, ayudándola a incorporarse antes de girarse para dejarla encima de la mesa.
- ¿Queda alguno? – preguntó ella.
- Sí, te has dejado uno – contestó cuando se volvió a girar.
- ¿Dónde? – miró hacia los lados, intentando localizarlo.
- Aquí – abriendo su mano, dejó que viera aquel con el que hubiera estado jugando al pelirroja minutos antes de desaparecer.
Frunció el ceño, confusa, como si no entendiera cómo había llegado uno hasta ahí o por qué no lo metía él en la caja. Acabó por alargar la mano, curiosa, dispuesta a ser ella la que lo metiera en su sitio, cuando el contacto de algo más frio con la palma de su mano la hizo volver a bajar la mirada.
- No te lo mereces, ¿lo sabes? – empezó a hablar-. Llevas meses diciéndole a todo el mundo que tú eres demasiado joven para estas cosas, que no te interesan… Y yo medio creyéndomelo.
Aquello que había notado frío en su mano tenía un cierto brillo metálico, que no pudo apreciar bien, hasta que no giró del todo el pompón, viendo entonces claramente que, enganchado a él, había un anillo.
- Al igual que llevo desde Navidad pasándomelo muy bien, a pesar de poner en riesgo mi cabeza, riéndome un poco de ti con todas las vueltas que me has hecho dar. Y ya puestos a confesar… Que sepas que esto lo tenía desde bastante antes de que Sora me llamara por teléfono para chivarse – divertido por la cara que se le estaba quedando, notó como poco a poco se iba relajando él-, solo estaba esperando a un buen momento para hacerlo…
Levantó la vista hacia el chico con los ojos abiertos de par en par, como si fuera incapaz de creerse que aquello estuviera pasando realmente. Había visto el anillo claramente y la explicación que él le estaba dando hacía que, por fin, todo encajara en su cabeza.
- Yo creo que ya va siendo hora, ¿no? – sonrió, alejándose mínimamente de ella-. Haru, ¿qu…? – cuando había empezado a hacer la pregunta, su intención había sido serle fiel a la tradición, empezando a agacharse para poder arrodillarse. Sin embargo, no llegó a hacerlo, al igual que tampoco llegó a poder terminar la frase.
- ¡SÍ! ¡SÍ, SÍ, SÍ! – cortándole, sin dejarle decir nada más, se lanzó hacia él, dando un ligero salto echándole así los brazos al cuello haciendo que estuvieran los dos a punto de acabar en el suelo.
Lo primero de todo... 24 de diciembre... Como diría Takeru, ¡feliz 16 aniversario! Jajajaja Hoy es el día estrella de esta parejita, y yo lo voy a celebrar haciendo que otros dos sienten cabeza, pero seguro que les vale como regalo también a ellos sí. Y, además aprovecho la situación para desearos a todos una muy feliz noche y que paséis una muy Feliz Navidad ❤❤❤.
AnnaBolena04: tenemos oficialmente Sr. Haru! O bueno, deberíamos de tenerlo si ella no lo tira por la ventana cuando se le pase la euforia del momento por lo que se lleva riendo de ella toda esta temporada. Esperemos que al menos sea consciente de verdad que se lo merece por cabezota y tontorrona.
Daigo de fondo queriendo comerse pompones reclamando la atención de todo el mundo es casi un aviso de lo que se les viene encima dentro de unos meses cuando lo que tenga la pelirroja con ella sea su propia nenita. Aunque todos sabemos que tiene toda la pinta de ser muchísimo más tranquila que el miniterremoto Yagami ❤ Aunque en el fondo seguro que es adorable también como el que más.
¡Muchos besitos de tortuguita! Y no hace falta que me hagas de secretaria que me he acordado yo solita y me voy a poner a liquidar esa parte con el señor word antes de que se me olvide otra vez. ¡Feliz Navidad! ❤❤❤
Natesgo: siempre acaban haciendo de niñeros de alguna manera u otra... Simplemente cuando sacan de paseo al marido, ya cuenta como estar haciendo de niñeros jajajajaja Si en el fondo, al ser los últimos en tener nene propio y para encima tener tantos nenes a su alrededor, seguro que se han tenido que quedar alguna vez de niñeros y han podido ir cogiendo práctica. Solo hay que ver que a Yamato lo dejan con su sobrino y se les da bastante bien a los dos contagiarse mutuamente el catarro.
La pobre Sora es consciente de que van a acabar volviendo loco al pobre rubio pero no puede hacer nada por ello, así que los ratos en los que las hormonas no la conviertan en un ser del mal intenta ser lo más adorable que puede con él ❤
¡Un beso grandote y ánimo para sobrevivir a la Nochebuena! ❤❤
Guest Vecina: jajajaja Sora poseída por las hormonas es digna de espantar ella sola a todos los Amos Oscuros con un par de gritos. Yamato da fe de ello mientras que se esconde por ahí detrás de su padre o marido jajajaa Pero luego recupera el control sobre sí misma y claro, se pone a decirle a la nenita que haga el favor, que van a acabar matando a papi del susto.
Es que imagínate... La pobre ayudante se llevó un buen susto el día que le apareció el, de aquella, prometido de la jefa. Haru más de lo mismo, aunque ella también se había fijado en el minirubio... Y ahora que ya están más acostumbrados a ellos de verlos rondando cada dos por tres, pues les llega el embajador a saludar. La pobrecita se nos pone roja roja. Menos mal que fue Koemi la que se pasó a llevar al nene por ahí jajajajajaja Es más probable que le secuestren al nene a que le pongan pegas por pasearse la tarde mimándolo, sí. Le funcionaría como chantaje para cualquier cosa. Tiene un nene adorable y no debería de dudar en usarlo ❤
Como siempre, yo creo que ya te ha quedado claro lo que tramaba Andrew, ¿no? Jajajaja Aunque es bastante probable que duerma en el sofá de los Ishida por gracioso, que yo veo perfectamente capaz a Haru de echarlo de su propia casa por tocarle las narices y él irse con las orejas gachas a pedir asilo. Y Yamato... a ver, seamos realistas... Ya lo ha dicho él, no es que se haya acabado los viajes, peeeero es muy pronto para otro viaje ahora. No soy tan mala - o buena con él, según estén las hormonas de la pelirroja - de mandarlo al espacio exterior con la nena en camino.
A verrr... es por obligarme a hacerle algo de caso. Tú ponte en mi lugar los días que me veis por aquí gruñendo a las tantas de la noche porque tengo cosas que preparar del trabajo y piensa el tiempo - y las ganas, sobretodo las ganas - que tengo yo para ponerme a mirar el teórico. Al menos con el intensivo aprovecho un poco a hacerle algo de caso... Para mandar a las tartarugas a morderles el trasero a los listos que me matricularon porque les salió de las narices.
¡Muchos bicos para ti y para las tartarugas! Sobrevive a la Nochebuena, vecina... ¡Y feliz Navidad!
