- ¿Tú sabías algo? – riéndose, cuando se quedaron solos en la sala de reuniones con el pequeño Daigo, Yamato se quedó mirando hacia la pelirroja.

- Puede… - divertida, se acercó hacia el niño, quien seguía en brazos de él-. ¿No te conté la conversación que tuve con ella antes de Navidad?

- ¿La de que se había terminado de volver loca?

- Esa – alargó la mano, dejando que el pequeña la cogiera-. Pues resulta que se lo dije a él, creo que tenía algo de derecho a saber que las neuronas de Haru estaban un poco afectadas y que había que hacer algo al respeto. Así que… digamos que se ha pasado esta temporada riéndose de ella un poquito.

- Sí, algo me estaba diciendo ella antes – entretenido por la conversación, había dejado la vista en los otros dos, viendo como jugaba el niño.

- Pues… hoy por la mañana vino y me dijo que probablemente lo hiciera hoy, que ya se había cansado de andar esperando. Esperemos que no haya que ir a separarlos porque le esté tirando cosas a la cabeza por haberse estado riendo de ella desde Navidad…

- Deberías de tener cuidado no haya para ti también al ser considerada cómplice…

- Yo tengo la mejor excusa para meterme con todo el mundo y que no se me pueda ni mirar mal – retrocediendo un par de pasos, posó la mano sobre su vientre.

- Menudo morro que tienes – bajó la vista hacia Daigo al final-. ¿A que tiene mucho morro? Tú eres un Yagami tienes que entender de esos temas.

Mirando para ambos adultos, acabó por fruncir el ceño, confuso, como si no entendiera de lo que estaban hablando. Alargó las manos intentando alcanzar al rubio, empezando a reírse sin mayor motivo aparente.

- ¿A qué hora te han dicho que vienen a por él?

- Cuando pudieran, creo que la cosa iba para largo. ¿Por qué?

- ¿Vas a quedarte en el estudio?

- Supongo – asintió-. No creo que sea un buen día para dejarle a Haru colgado el trabajo…

- ¿Quieres que me lo lleve a casa? Seguro que así puedes estar tranquila sin tenernos a nosotros dos rondando y molestándote.

- No, tranquilo, si el niño y los digimon no molestan – haciendo el comentario con el tono irónico apropiado para que se diera cuenta él, se apoyó en la mesa, quedándose observándolo.

Tardó unos segundos en darse cuenta del comentario de la pelirroja antes de volver a bajar la mirada hacia Daigo.

- ¿Te parece normal las cosas que tengo que aguantar? Para que tú me trates mejor que ella ya tiene que estar la cosa volviéndose demasiado en mi contra – posó al niño junto los digimon, dejándolos vigilándolo.

Sonrió al ver que se acercaba a ella, esperando donde se había apoyado, sin quitarle la vista de encima hasta que se colocó delante suyo, posando las manos en sus costados para acercárselo, quedándose lo más cerca que pudo.

- ¿Qué tal el día?

- He estado hablando con Hideki – dijo mientras que llevaba la mano a su mejilla, acariciándola ligeramente-. No sé qué trama… Pero hoy me ha aparecido con la brillante idea de que busque a cuatro de los recién llegados para hacer una especie de equipo como el que teníamos en el Sur. No tengo demasiado claro para qué, la verdad…

- ¿De los recién llegados?

- Sí, por eso digo lo de que no tengo demasiado claro todavía qué se le pasa por la cabeza.

- A lo mejor quieren que empiecen a ver las cosas como realmente funcionan. ¿Siempre fuisteis vosotros cinco?

- Bueno, más o menos, pero sí, el grupo siempre fue de cinco.

- Pues querrá que aprendan a manejarse como lo harán en un futuro – guardó silencio, llevando sus brazos hasta el cuello de su marido acabando por dejarlos allí antes de empezar a reírse.

- ¿Qué? – curioso ante su reacción, se quedó mirándola.

- Nada… ¿no te ha dicho que al menos te hagas el serio una temporada con ellos? Porque perdona que te lo digo pero lo que tenías en el Sur era todo menos serio…

- ¿Qué otra cosa podía tener con esa tropa si todo lo que tocaban lo desgraciaban y luego venía Mai a gritarnos a todos aunque yo no tuviera la culpa?

- Excusas… - empezando a jugar distraídamente con su cabello, sonrió-. ¿Estás cansado y quieres irte para casa?

- ¿Yo? ¿Irme? ¿Por qué iba a querer irme ahora mismo a ninguna parte? – cerrando ligeramente los ojos unos segundos ante su contacto, negó con la cabeza.

- ¿Me esperas a que termine de hacer unas llamadas y luego nos vamos los dos tranquilamente si es que no han venido todavía a por Daigo?

- Eso será si no tenemos que librarnos del cuerpo del pobre Andrew porque le hayan tirado algo a la cabeza por gracioso – riéndose, se inclinó hacia la pelirroja, acabando por rozar sus labios con los de ella unos segundos-. ¿Me has saludado hoy en condiciones?

Empezó a reírse automáticamente ante sus palabras, terminando por hacer presión con sus manos en la nuca del rubio para que terminara de recortar las distancia entre ambos y poder dedicarle un saludo en condiciones, dejando la mente vacía de nada que no tuviera algo que ver con ellos dos. Facilitándole el trabajo al adivinar sus intenciones, llevó las manos a la espalda de Sora acercándosela del todo.

- Pero bueno… ¿así me cuidáis al niño? ¿Poniéndoos a hacer cochinadas con él delante? – la voz de Taichi provocó que ambos dieran un respingo, separándose como si les hubiera entrado calambre de repente.

- ¿Tú no sabes llamar a la puerta o qué? – gruñó Yamato girándose hacia él-. Ni que fueras tú el dueño o algo…

- No, no sé llamar – sonriendo, bajó la mirada rápidamente hacia el suelo, viendo que dejando de jugar con los digimon, Daigo iba directo a recibir a su padre-. ¿Vosotros dos qué? ¿No sabéis esperar a llegar a casa?

- Taichi… ¿No tienes nada mejor qué hacer? – poniéndose de nuevo recta y despegándose de la mesa, se quedó mirando hacia él-. ¿Has visto a Haru?

- No, iba directo a buscarte al despacho, pero tu nueva ayudante me dijo… No tengo muy claro lo que me dijo, estaba mirando para el suelo mientras que hablaba… Pero vamos, que estabas aquí sí que se lo entendí.

- Bueno… eso es que va todo bien – sonriendo, asintió a sus propias palabras-. ¿Vienes solo a por el niño?

- Sí, vamos directos para casa que ya va siendo hora. Muchas gracias por haberte quedado con él con tan poco tiempo de margen…

- Taichi… el niño es un amor, no como su padre. Así que venga, fuera que tengo trabajo que terminar de hacer…

- Uy, ¿qué pasa? ¿Ya te ha contagiado la bordería el rubio o son las hormonas?

- Qué pesadito que eres… - acercándose a él, Yamato posó una mano sobre el pequeño Daigo-. Tienes un padre que… yo no tengo ni la más remota idea de cómo lo aguanta tu madre.

- Sí, pues igual que te aguanta a ti la pobre pelirroja esta… Exactamente igual. Me voy – buscó con la mirada a Sora-. Muchísimas gracias otra vez, en serio, me has librado de una buena hoy.

- Lárgate de una vez… - negando con la cabeza llegó hasta dónde él para despedirse del pequeño-. Ah, por cierto… Estaba muy rico lo que me trajiste por la mañana…

- ¿Estaba? – sonriendo, divertido, se quedó observándola-. ¿Te lo has terminado?

La sonrisa traviesa que apareció en los labios de ella fue la única respuesta que recibió antes de empezar a reírse, saliendo con el niño de allí en dirección hacia el ascensor.

- Cuando vino por la mañana a decirme que si le podía cuidar a Daigo vino además a vigilarme. Para lo que vino… podría haberme llamado y no dar semejante rodeo para venir a traerme unos dulces y ver si estaba todo bien… - acabó por explicarle a Yamato.

- Será que te mereces que todo el mundo te dedique tantas atenciones – sonriendo, giró la cabeza lo justo para ver desaparecer al castaño tras las puertas del ascensor viendo por el rabillo del ojo aparecer dos caras conocidas-. Mira…

- ¿El qué? – girando la cabeza hacia dónde él le señalaba, vio a Haru aparecer acompañada de Andrew-. Oh…

Sin esperar tan siquiera, salió de la sala de reuniones, acelerando el paso hasta alcanzarlos sin importarle estar en mitad del pasillo.

- ¿Qué? ¿Qué tal? ¿Algo que contar? – con la mejor de sus sonrisas exageradas se quedó mirando hacia la pareja, comprobando la presencia de un anillo que había tenido la oportunidad ver horas antes en su lugar apropiado-. ¿No le has dicho que no? Si yo pensaba que tú no querías…

- Cállate – protestó la chica notando como le subían todavía más los colores a la cara-. Ya me ha contado que tú también te has estado riendo de mí todo este tiempo. Sois los dos unos indecentes y unos crueles conmigo…

- ¿Nosotros? Si eres tú la que lleva renegando meses de que no quiere un anillo… - riéndose, se acercó hasta ella para darle un abrazo-. Enhorabuena, me alegro muchísimo por vosotros dos. Ya iba siendo año… Con lo que me costó que el tonto este se atreviera tan siquiera a hablarte…

- ¡Oye! – protestó rápidamente Andrew, devolviéndole, a pesar de todo el abrazo cuando se acercó hacia él también-. Gracias…

- Enhorabuena, par de dos… Manda narices que os haya costado más tiempo que a nosotros dos. Yo creo que hasta puede que os den algún tipo de premio por ello y todo, porque no es que precisamente no hayamos dado la lata lo suficiente…

- En mi defensa diré que no era yo el que iba pregonando a los cuatro vientos que no estaba interesado en la idea…

- ¡Eh! – dándole un ligero codazo, la castaña acabó por protestar-. Llevas riéndote de mí desde que doña pelirroja chivata se fue de la lengua con lo que había acabado diciéndole yo, así que si no quieres que a pesar de todo te mande a dormir al sofá de ellos tú verás lo que dices…

- ¿Veis? Como para no tener que pensar bien lo que acabo de hacer… - evitando que pudiera darle un manotazo rodeó los hombros de ella con su brazo, cogiéndola así de forma cariñosa contra él.

- Que sepas que toda esta conspiración es porque estoy segura de que Aiko va a quedar preciosa en las fotos – observando a sus amigos, no pudo evitar el comentario, dejando la mano posada sobre el vientre.

- ¿Quién? – Haru tardó unos segundos en darse cuenta, posando finalmente sus ojos sobre la mano de su socia-. ¡Oh! ¡No me habías dicho que ya le habíais buscado nombre!

- Nada… ese no es el tema ahora – negó con la cabeza-. Ya os estáis largado los dos rápido y sin protestar para iros a celebrar que, por fin, habéis dejado de dar vueltas…

Parpadeó, dándose cuenta de lo que acababa de decir, teniendo que reírse antes de cruzar una mirada con Yamato. Pues iba a tener que darle la razón a su cuñado, que esa frase acababa siendo la más apropiada para algunas ocasiones. Viendo como él también se reía, habiéndose dado cuenta, volvió a hacerles un gesto con la cabeza para que se fueran.


¡Feliz Navidad tortuguitas! Espero que hayáis sobrevivido todos a las cenas y comidas de estas fechas con familiares, que eso siempre suele ser lo complicado de todo esto jajajaja

AnnaBolena04: Gabumon es un cuqui, lo mantendré para siempre y eso que cada vez va subiendo más rápidamente en sus niveles de ser cuqui en la historia. Y sino, cuando la semana que viene o la siguiente suba lo que tengo ahora entre manos... Volvemos a hablar jajajajaja El pobrecillo solo quiere una nenita del rubio ese al que tanto aprecia que sí que lo deje hacerle de peluche y mimarla a todas horas, así que piensa irse detrás de la futura mami y de la nenita a donde haga falta.

Ya tenemos nueva pareja sentando cabeza. Ya está, ya eran los que quedaban. Así que ahora toca buscarse nuevos temas con los que ir acosando a la gente. El del "El anillo pa'cuando?" no nos vale, van a tener que innovar jajajaja Si es que Haru se merecía las vueltas que le han dado las últimas semanas, por tontorrona. Ni que no conociera al elemento con el que se junta.

¡Besitos de tortuguita!

Guest Vecina: además, como todos sabemos que Daigo es, literalmente, un miniTaichi, pues yo llego a visualizarlo ahí con su pelo de buen hijo de su padre en cuello de la "tita" haciendo monerías... Yamato, sin duda, prefiere al hijo que al padre por el momento, creo que lo considera más inteligente jajajajaja Y eso dice mucho del aprecio que le puede tener al niño, claro.

Sora dice que ya que tanto le han tocado a ella las narices con el tema ahora está en su derecho de meter las narices en la que le quedaba a mano jajajaja A Haru le ha tocado por pasarse de tontorrona, porque de verdad que las paranoias que tenía que iban de un extremo al otro eran para ello.

Nada brindis en nochebuena poquitos, y en Navidad menos que mañana trabajo je je je.

Yo lo odio porque me mareo muchísimo en el coche - y ahora es cuando viene el típico marisabiondo a decir "pero conduciendo no te mareas"- incluso al volante. Las veces que he cogido el coche por el pueblo para hacer la prueba y eso me he mareado hasta yendo por una recta... Así que de ahí viene mi asco a todo ello y que no le vea utilidad alguna a sacármelo. Pero bueno... También me matriculó mi padre. Ya sabes, ¿para qué hacerlo cuando tenía 18 y así me lo quitaba de delante? Mejor esperar a que esté currando hasta las 21:30 todos los días que así lo cojo con más ganas... Aaains jajajajaja

Nada vecina, a darle polvorones a las tartarugas y ponles gorritos de navidad para que no cojan frío. ¡Muchos bicos para ti!