El gesto serio que tenía puesto Yamato delataba perfectamente que estaba totalmente concentrado en lo que estaba haciendo. Delante de él, un montón de datos en la pantalla mientras que encima de la mesa tenía unos papeles donde iba apuntando todo lo que le parecía importante.
No demasiado lejos de él, prácticamente con la misma cara, estaba sentada Mai, quien acabó por alargar la mano hacia él dando unos golpecitos en la mesa para que le pasara la hoja que había delante hasta entonces.
- ¿No puedes escribir un poco mejor? – protestó cuando la cogió.
- Te aguantas.
Apenas unos segundos más tarde pudo ver por el rabillo del ojo como, volando hacia él, salía una bolita de papel, la cual pudo esquivar a tiempo, dejándola seguir su trayectoria rodando por el suelo.
- ¿Quieres dejarme terminar esto en paz? – intentando no reírse, volvió a centrar su atención en lo que estaba haciendo.
De fondo pudo escuchar la risa de la piloto, decidiendo que era preferible ignorarla si pretendía terminar con aquello lo antes posible. Buscando por entre los datos de la pantalla las correcciones de los cálculos que había conseguido terminar hacia unas semanas, apuntó los números antes de dar un respingo al sentir la vibración de su teléfono en el bolsillo.
Metiendo la mano para sacarlo, se dio cuenta de que le acababa de llegar un mensaje. Bajando la pantalla de notificaciones pudo ver de que era de Sora y que simplemente le preguntaba cuanto el quedaba para terminar, decidiendo terminar con lo que estaba antes de poder contestarle. No parecía que hubiera algún problema, por lo que dejando el terminal encima de la mesa, centró su atención en el trabajo de nuevo.
No pasó demasiado tiempo antes de que sus ojos se fueran de nuevo directos hacia la pantalla, viendo como seguían llegando mensajes, teniendo que volver a comprobar que no pasara nada, que simplemente alguien debía de estar más aburrida de la cuenta. A sabiendas de que era probable que pudiera llegar a enfadarse con él por no hacerle caso, de verdad quería terminar con lo que estaba.
- Me estás poniendo nerviosa, así que haz el favor de contestar de una vez te quieran para lo que te quieran – desde su mesa, Mai volvió a protestar.
- No, voy a terminar esto de una vez y luego ya contesto para decirle que me voy a casa… No seas quejica, si seguro que pones las tienes liadas tú hace unos meses…
- Si por eso te lo digo – ampliado su sonrisa de una forma más exagerada se puse en pie.
- Además, creo que está ya en casa, así que estará aburrida pensando qué hacer para cenar…
- Lo que tú digas, maravilla rubia, yo ya me voy, que he acabado y tengo que ir a por Nyoko – poniéndose en pie, se acercó hasta él-. ¿Eso son todos los números?
- Sí, los terminé la semana en la que hiciera lo que hiciera acababa durmiendo abajo por si acaso…
- Si seguro que algo le habrás hecho de verdad y te mereces que te eche a dormir fuera de la habitación – dándole con la carpeta que tenía en la mano en la cabeza con suavidad se alejó de la mesa-. Te veo mañana, no la ignores mucho que yo no te pienso adoptar en mi sofá.
- Hasta mañana, Mai…
Negando con la cabeza observándola mientras que se iba, acabó por sentir que le llegaba un nuevo mensaje, alargando la mano ahora para contestar. No quería llegar a preocuparla, así que por decirle que todavía no había terminado no iba a perder demasiado tiempo. Empezando a ver que la conversación era más larga de lo que a él le parecía, buscando el principio para poder empezar a leer tranquilamente, arqueando una ceja poco a poco a medida que iba leyendo lo que ponía.
Sentada tranquila en el sofá, con las piernas colgando hacia un lado, la sonrisa que se dibujó en los labios a Sora cuando terminó por tener respuesta por parte de él. Los digimon estaban echados en el otro lado, distraídos, mientras que ella se entretenía con el teléfono.
Habiendo conseguido terminar todo en el estudio antes de la cuenta y poder volver primero a casa, a medida que había empezado a aburrirse su cabeza se centraba en otras cosas. Si bien era cierto que muchas veces acababa llorando por los rincones o gritándole al pobre de Yamato, aquella vez… aquella vez era diferente. Y habia descubierto que, de repente, tenía muchas ganas de que volviera a casa.
- Que tienes que terminar unas cosas primero… Eso ya lo veremos – murmuró casi sin que pudieran escucharla los otros dos antes de ponerse en pie.
- ¿Dónde vas Sora? – preguntó Biyomon, observándola.
- Voy al baño, quedaos ahí tranquilamente… Id pensando qué os apetece para cenar.
Poniéndose en pie y levantándose fue directa hacia el piso de arriba, entrando en la habitación y dejando la puerta cerrada, empezando a revolver tranquilamente entre sus cosas intentando recordar dónde había guardado exactamente lo que estaba buscando.
Levantando la tapa de una caja, sonrió al ver que en su interior estaba lo que llevaba un rato intentando encontrar. Se lo llevó con ella, dejándolo tirado encima de la cama antes de volver a quedarse pensativa.
- ¿Sigues aquí? – la voz de Hideki hizo que levantara la cabeza.
- Iba a irme ahora, ya he terminado… No lo quería dejar a medias – cerrando todos los programas y aplicaciones de la pantalla, se puso en pie, estirándose.
- Mejor sí, que seguro que te están esperando en casa – asintió-. ¿Qué tal llevas lo del grupo que te dije que fueras haciendo?
- Estoy en ello, quiero hacerlo más detalladamente y no simplemente a ojo – se encogió de hombros-. No sería demasiado justo.
- Tú verás, tampoco corre prisa, ya te lo dije el otro día…
Mientras que asentía a sus palabras, volvió a notar el sonido del teléfono al vibrar por encima de la mesa, bajando la vista hacia él, viendo el mismo nombre en la pantalla otra vez.
- ¿Te reclaman en casa? ¿Qué tal está?
- ¿Ella? Muy bien, yo tengo días en los que creo que acabaré volviéndome loco, pero podría ser peor…
- Peor va a ser como sigas ignorándola. Yo no te acojo en el sofá, que lo sepas…
- ¿Es la frase del día o qué?
Terminando por reírse, estaba a punto de hacerle un gesto a Hideki a modo de despedida cuando pudo ver como, por detrás del general, se acercaba uno de los directores del lugar, demasiado directo hacia ellos como para ir solamente a saludar.
- Mira a ver qué es lo que has hecho ahora, porque tiene cara de venir a tirarte de las orejas – riéndose, el rubio no pudo evitar el comentario.
- ¿Ishida?
Estando a punto de bajar la vista hacia el teléfono para poder irse, se quedó congelado al darse cuenta de que con quien querían hablar era con él. parpadeó, confuso, antes de levantar, casi sin darse cuenta el terminal de nuevo para comprobar la hora, pudiendo ver que lo que le acababa de llegar en aquel momento no era texto, sino una imagen.
- Os dejo, que como llegue tarde a casa creo que me van a tirar algo a la cabeza que tengo que parar a hacer unas compras todavía – pudiendo escuchar el titubeo en el tono de Hideki intentando camuflar su risa por la cara que debía de acabar de poner, apenas pudo terminar de reaccionar.
- Sí… soy yo – se las arregló para articular, bloqueando de nuevo la pantalla antes de intentar fingir que le prestaba su total atención al otro.
Probablemente no tuviera ni la más remota idea de lo que le estuviera diciendo en aquel momento. Su cabeza estaba en aquel momento en otro punto de la ciudad, especialmente ahora que sabía el motivo por el que se le parecía reclamar en casa.
Habiendo dejado a los digimon tranquilamente con su cena viendo la televisión en la habitación, teniendo que resignarse a esperar por la vuelta de Yamato, Sora había vuelto a bajar, entreteniéndose en la cocina. Había vuelto a ponerse el kimono verde y crema con el que solía estar por casa.
Distraída, se estiró para coger la cuchara, comprobando que la salsa estuviera a su gusto antes de apagar el fogón para que no se quemara mientras que esperaba por él. Casi a la vez que colocaba la tapa en si sitio escuchó el sonido de la puerta, girándose hacia ella viendo aparecer finalmente al rubio.
Estudió su gesto, dándose cuenta de que desde lejos podía parecer serio, pero a aquellas alturas no pasaba desapercibido para ella. Cuando se le acercó por fin, pudo ver perfectamente la mirada que le lanzó mientras que se quitaba la corbata del uniforme. Sonrió.
- ¿Los digimon?
- Apostaría porque durmiendo…
- Bien – no dijo nada más, simplemente alargó las manos para posarlas en su cintura y pegársela atrapando sus labios con los suyos.
Cuando había conseguido salir de la sede no había sido capaz de centrarse en nada que no fuera en los últimos mensajes que le habían llegado, especialmente el último. Sí que estaba bastante al día de que las hormonas no solo servían para volverle loco, pero nunca había llegado al extremo de dedicarse a provocarlo de forma tan descasada a sabiendas que estaba en el trabajo.
Dibujando de nuevo una sonrisa cuando se separó de él, se quedó con las manos sujetas a los cuellos de su camisa, observándolo.
- ¿Qué era eso tan importante que tenías que hacer? – comentó intentando que pareciera que buscaba hacerse de rogar en aquellos momentos.
Nada, uno de los directores vino a hablar conmigo de algo en lo que fui completamente incapaz de centrarme por tu culpa, ¿te parece bonito? – bajando las manos por el cuerpo de ella, acabó por buscar el cinturón del kimono, deshaciendo el nudo-. Creo que al menos tengo derecho a ver en persona el motivo de mis distracciones.
- Llegas tarde, debería de dejarte con las ganas – murmuró divertida, acabando por dejar los brazos echados hacia atrás para dejarlo maniobrar.
- Podríamos tener serios problemas si de repente me salieras con eso – sonriendo de medio lado al abrir la prenda, esperando a llevar las manos a sus hombros para arrastrarla hacia abajo.
Dedicó toda su atención a poder observar el atuendo de su esposa, dándose cuenta de que no era más que un camisón de los que solía usar en los últimos tiempos para dormir a causa de los sofocos que empezaban a atacarla sin importar la fecha en la que estaban. Sin embargo, no era uno cualquiera, sino que guardaba un parecido bastante acertado con el vestido que Mimi les había regalado en su día para ir a Grecia.
Devolviéndolas a donde las había tenido antes de retirarle el kimono, jugó con sus manos por los costados de ella, pensativo, jugando con el borde de la prenda, sin quitarle los ojos de encima-. Yo sigo preguntándome dónde estará el original...
- Igual tenemos que volver por allí dentro de una temporada para ver si lo encontramos – sonrió, dedicándose a ver como estudiaba su indumentaria.
- Podría ser, pero por el momento creo que no debería de dejar pasar la hora de la cena.
La cara de ella fue de no entender nada de lo que él decía, sin comprender a qué se refería exactamente, incluso cuando la levantó por la cintura para llevarla hasta la encimera de la cocina y dejarla sentada ahí.
- ¿Qué haces…? – sorprendida, se quedó tanteándolo. Dudaba que fuera a ser tan directo, sobretodo a sabiendas de que por muy dormidos que estuvieran, los digimon podrían aparecer en cualquier momento. Todas sus dudas desaparecieron cuando las manos de él se colaron bajo la prenda que llevaba puesta, directas a la ropa interior que se había puesto a juego con el camisón, tirando de ella hacia abajo.
No protestó más, vigilando todos y cada uno de los movimientos de él, mordiéndose el labio levantando un poco la cadera para dejarle bajarla, sacando primero una pierna y luego la otra. La empujó ligeramente hacia atrás, para dejarla mejor colocada antes de subir sus manos por sus piernas, poco a poco, jugando con la piel, con sus muslos hasta que posó ambas manos en la cadera justo antes de inclinarse comenzando a hacer lo que se proponía, jugando con su lengua y labios con la zona más sensible de ella.
No tardó más que unos segundos en que la respiración de ella se alterara demasiado para pasar a alzar la voz. Le ardía la ropa que llevaba puesta, necesitaba librarse de ella, bajando los tirantes y dejando caer la prenda hacia abajo, y dejándose caer ella hacia atrás. No tardó en notar las manos de él recorriendo el resto de su cuerpo, buscando su pecho para jugar con él.
Aprovechándose de la situación, se alejó mínimamente de ella, ante su atenta mirada, deshaciéndose de su camisa. Esperaba, por el bien de dos que él se sabía, que no fueran a aparecer por allí, porque, en aquel momento, el daba bastante igual. Sin terminar, de desvestirse más que lo necesario, se posición, viendo como cerraba los ojos, mordiéndose el labio. Posó las manos en la cintura de ella, sujetándola, sin permitirle revolverse. La acabó dejando levantarse cuando buscó abrazarse a él, escondiendo la cabeza contra su cuello.
No pudo evitar pensar en que cuando se había dedicado a provocarlo un par de horas antes no se le había ocurrido que fueran a acabar así, no al menos de aquella forma en concreto, pero, no se iba a quejar. Entrecerró los ojos, intentando separarse lo justo de él para poder encararlo, clavando así sus ojos en los suyos, al menos el tiempo que fue capaz de tener control sobre sus propias acciones.
Volvió a abrirlos, tan solo unos segundos, para dejar su frente apoyada contra él, pudiendo así aprovechar para dejar besos en la piel de Yamato allá donde llegara, dejándolo llevar el control hasta que no pudiera más, ya que, realmente, en esa posición, poco más podía hacer ya. Tiró de él hacia ella, besando así sus labios en el momento apropiado, notando como, de repente, su marido se tensaba y cerraba más sus brazos en torno a ella.
AnnaBolena04: ayyy, esas hormonas que lo mismo hacen que el rubio se quiera esconder debajo de alguna mesa, que no entienda por qué la pobre pelirroja llora desesperada o... que tenga que llegar a casa con cierta prisa porque alguien tiene MUCHA gana de verlo. Al menos parece que sabe aprovechar la situación para poder quedarse contento antes de que alguien vuelva a gritarle y a tirarle cosas a la cabeza porque sí.
Yo creo que Haru y Andrew ahora que ya lo han hecho oficial del todo no van a dar para nada la lata, que ellos dos son mucho más tranquilos y tienen menos problemas con todo lo que les rodea como para estresarse. Primero porque Andrew va a decir amén a todo lo que le digan sin protestar y Haru en el fondo es bastante coherente, así que yo creo que se arreglarán bien jajaja Que esa nenita tiene que ir muy guapa a la boda jajajaja
¡Besitos y abanícame a la tortuga que los señores tortuga hoy se han dejado de delicadezas!
Guest Vecina: es un nene adorable jajajaja Si el padre ya es para ir y achucharlo, su versión chiquitina a la que poder ir a tirarle de los mofletes más. A los titos políticos que tiene se les cae la baba muy seriamente. Aunque bueno, todos sabemos que el rubio lo mirará con malos ojos el día que se le ocurra mirar más de la cuenta a cierta tortuguita rubia, que ya sabes que ahí la cosa está genéticamente preparada para ello jajajaja
Es su forma de vengarse de todo lo que le dieron la lata a ella cuando estaba dando vueltas con Yamato, pero, aparte nadie va a poder negar de la veracidad de su excusa... Aaaains, esperemos que no le dé por volverse loca jajajaja Y respecto a lo de que no sabes la importancia que le voy a dar a la boda de esos dos pues... Yo tampoco. Si yo en realidad tengo pensado cerrar el grifo de esta parte cuando nazca la nena, pero claro, también iba a hacerlo cuando le dijeran al abuelo que era niña y no me gustaba el corte ahí. Así que imagínate todo lo que puedo tener planeado para algo "secundario" jajaja
Sí, es que vivo rodeada de gente que o es algo que les pase a ellos o no se lo creen xDD Pero bueno, nada, podría ser peor jajajaja No sé con qué me quedo, si con eso o con la montaña de mocosillos que hemos tenido hoy por la mañana (cómo se nota que estorban en casa y que algo tienen que hacer con ellos...). Aaains, ánimo con el estudio vecina, que ya queda menos.
¡Bicos grandes grandes para ti!
