Cuando Sora abrió los ojos, se encontró con que Yamato seguía completamente dormido a su lado. Sonrió, aprovechando para observarlo, dejando que los recuerdos de la noche anterior volvieran a su cabeza. Le hacía gracia que a aquellas alturas le resultara sencillo llegar a sonrojarse por cosas como aquella, pero no podía evitarlo.
Se giró para mirar qué hora era, dándose cuenta de que era mucho más tarde de lo normal, asustándose incluso porque él se hubiera podido dormir. Por suerte, se acordó de que era fin de semana y que no tenían que ir a trabajar ninguno de los dos.
Decidiendo que estaba lo suficientemente despierta, se levantó con cuidado de no despertarlo, buscando su pijama, ya que la noche anterior, no se había preocupado demasiado de lo que se ponía o no después de que él hubiera llegado a casa. Una vez estuvo lista, se dispuso a bajar hacia la cocina con intención de hacer el desayuno para los dos.
- ¿Dónde se supone que vas? – preguntó él con voz somnolienta.
- ¡Pero bueno! – dando un respingo, se giró hacia él-. ¿Tú no sabes lo que es dormir la mañana o qué? Me has asustado – protestó haciéndole un gesto para que no se levantara-. No, tú te quedas en la cama. Voy a hacer el desayuno y cuando esté listo lo subo.
- ¿No puedo bajar a ayudarte? – a sabiendas de lo que le iba a decir, dejó ambos brazos tras su cabeza, observándola así irse sin dignarse tan siquiera a contestarle.
Bostezó nada más verla salir de la habitación. Estaba cansado de haber estado toda la semana corriendo de un lado para otro, y, sin duda, la noche anterior alguien había conseguido que se cansara más de la cuenta.
No era la primera vez que a ella le entraban las prisas en un momento poco apropiado, pero, aquella vez había conseguido que también le entraran a él y la situación no había hecho más que empeorarlo. No es que se quejara, pero le había parecido eterno el camino de vuelta a casa. Notó el peso de sus párpados queriendo provocar que cerrara los ojos, dejándolos así unos instantes.
O al menos hasta que el sonido de objetos cayendo al suelo y rompiéndose no demasiado lejos hizo que los abriera de par en par, dando un brinco sobre sí mismo.
- ¿Sora? – la llamó, incorporándose.
Al no obtener respuesta se puso en pie rápidamente, saliendo de la habitación viendo que el ruido que había escuchado había sido un jarrón caer al haber dejado la pelirroja la bandeja encima de la mesa en la que estaba sin muchos miramientos.
- ¿Pasa algo? – se acercó hasta ella con paso rápido, viendo la expresión que tenía puesta-. ¿Qué? ¿Estás bien?
Parecía que se había quedado congelada y sus ojos abiertos de par en par, no ayudaban a que Yamato pudiera calmarse y no pensar que le pudiera pasar algo serio, no al menos en la situación en la que estaba.
- Se ha movido – acabó por murmurar sin apenas alzar la voz.
- ¿Qué? ¿Quién? ¿El jarrón? Sí, lo las tirado pero no te preocupes que lo recojo yo… - disminuyendo la velocidad al hablar, frunció el ceño, observándola.
- No… Se ha movido – repitió, cogiendo rápidamente la mano de él y dejándosela encima del vientre, esperando a poder notar algo más.
Con el gesto de ella, fue capaz de entender a lo que se refería, quedándose congelado a la espera de poder notar algo. Tuvo suerte y no necesitó esperar demasiado hasta notar un ligero movimiento bajo la palma de su mano.
Levantó la vista hacia Sora, como si esperara algún tipo de explicación adicional para que su cabeza fuera capaz de asimilar lo que estaba pasando. No era necesaria y eso mismo era lo que le gritaba su conciencia dentro de la cabeza. Lo que acababa de sentir, era un ligero movimiento, muy sutil, por debajo de su palma.
- ¿Lo notas? – le preguntó, sonriente como hacía mucho tiempo que no la había visto.
Asintió, no siendo capaz de articular palabra. No volvió a notar ningún movimiento, pero era completamente incapaz de retirar la mano de donde la había dejado. Sonrió a juego con ella, bajando la vista hacia su mano.
- Solo por eso te perdono que me hayas estado a punto de matar del infarto – le dijo haciendo referencia al ruido.
- Lo siento… tenía que tener las manos libres – se excusó, poniendo una ligera expresión apenada dándose cuenta de que sí, el susto que le había dado podría haber sido contundente.
- No, no. No me pongas esa cara. Mátame del infarto todas las veces que quieras siempre que sea por algo así – aprovechó que no había quitado aún la mano de donde la tenía para dedicarle una caricia-. ¿Lo notaste mientras subías?
- No… estaba ya arriba. De hecho iba mirando hacia las tostadas cuando lo sentí…
- ¿Sigues con el antojo de ellas? Llevas así un par de semanas… - sonrió, acercándose por fin a coger la bandeja.
- Lo sé, y creo que no es a mí a la que le gustan tanto precisamente – había quedado demostrado que no, que su pequeña por fin se había dejado notar mientras que iba pensando en qué les iba a echar por encima.
Siguió los pasos de Yamato de vuelta a la habitación, yendo a sentarse en la cama, sin esperar que hiciera él lo mismo, dejando una de sus manos sobre su vientre y con la otra, sin esperar por el él, cogiendo su desayuno.
- Eso, tú no me dejes nada… Voy al baño, no te lo comas todo – inclinándose para darle un beso en la frente, fue hacia donde había dicho.
Cuando volvió a salir, totalmente distraído, fue directo a sentarse a su lado, arrastrándose por encima de la cama para dejarla usarlo a él de apoyo, a sabiendas que le gustaba hacerlo, dándose cuenta entonces de algo que llamó su atención.
- ¿Estás llorando? – confuso, la miró sin entender nada.
- No lo puedo controlar… - hizo una mueca de fastidio, sin soltar su precisado desayuno.
- Pero… ¿ha pasado algo?
- No… Es solo que Aiko se ha movido y…
- ¿Y? - acercándose algo más, la tanteó, echándole poco a poco el pelo hacia atrás.
- Pues… - molesta por tener que reconocer aquello, se puso completamente roja al decirlo en voz alta-. Estoy llorando porque la tostada estaba muy rica, ¿vale?
- ¿Hm? – sorprendido, parpadeó un par de veces antes de caer en la cuenta de que todo aquello no eran más que las hormonas haciendo de las suyas otra vez.
Se rio, no pudiendo evitarlo, acercándose del todo para dejar un beso en su frente.
- Te digo que se ha movido la niña – dijo Yamato mientras que hablaba con su padre por teléfono terminando de hacer la comida-. Sí, papá, movido de moverse… Hoy por la mañana.
- Movido…
- Casi me da algo porque pensé que le había pasado algo, pero no, simplemente notó que Aiko se movía…
No escuchó respuesta al otro lado del teléfono, haciendo que frunciera el ceño.
- ¿Estás ahí?
- ¿Qué acabas de decir? – la voz de Hiroaki volvió a sonar tras unos segundos.
- Que Aiko se movió de repente y… - cortó sus palabras, dándose cuenta del motivo por el que su padre había guardado silencio-. Ah… ¿sorpresa?
No le había dicho nada hasta aquel momento sobre la elección del nombre de la niña desde que habían tomado la decisión. No porque quisiera esconderlo para darle la noticia en un momento apropiado, sino porque realmente no se había dado cuenta.
- ¿Papá?
Hiroaki se había quedado con el teléfono en la mano mirando hacia un punto en la pared sin sentido, procesando lo que estaba escuchando. Con sus azules ojos fijos en él, sin entender nada, Natsuko se había quedado observándolo.
- ¿Pasa algo? – preguntó la mujer confusa, acercándose hasta él-. ¿Hiroaki?- acabó por darle un manotazo, haciéndolo volver a la realidad.
- ¡Ah! – protestó-. No, no me pasa nada, hijo… Y sí, sí, esa es la voz de tu madre… ¿Le vais a poner a la niña a Aiko? – giró la cabeza hacia la mujer.
Abriendo los ojos, sorprendida, se quedó mirando hacia él, acabando por dibujar poco a poco una sonrisa. No le extrañaba la decisión que había tomado el hijo mayor de ambos ni siquiera lo más mínimo. Y, ni siquiera era capaz de comprender a qué se debía la cara de sorpresa que tenía puesta él. Era completamente evidente que Yamato se iba a dejar influenciar por algo como lo que ella misma le había dicho semanas atrás. Lo había hecho precisamente con esa intención.
- ¿Cómo que qué hago con tu madre a esta hora? ¿Y a ti qué te importa? – volviendo a la realidad, contestó finalmente a lo que el rubio le decía por el auricular-. Pero… ¿le vais a poner a mi nieta Aiko en serio?
- ¿Qué te acabo de decir? Se lo comenté a Sora cuando volvimos a casa ese día y le gustó la idea… - apoyándose en el sofá, se quedó mirando hacia la pelirroja quien acababa de volver a aparecer en su campo de visió í que se te ha acabado la lista de cosas con las que darme la lata de ahora en adelante…
Mirando hacia Yamato, pudo adivinar con facilidad con quien estaba hablando, mirándolo interrogante al verlo poner caras raras a pesar de todo, optando por sentarse, viendo como segundos más tarde aparecían los dos digimon a su lado, observándolo también.
- Sí, sí… luego hablamos… - colgando el teléfono, se quedó mirando hacia la pantalla, confuso.
- ¿Qué os pasa ya? – reprimiendo un bostezo hizo la pregunta curiosa.
- Nada… ¿Qué narices estaba haciendo mi padre con Natsuko un sábado por la mañana?
- Oye, que yo lo que le cuento a tu hermano lo exagero la mayoría de las veces, obviamente que no tengo ni idea de lo que hacen tus padres un sábado por la mañana solos – volviendo a estudiar las caras que él le iba poniendo empezó a reírse-. ¿Te me vas a empezar a emparanoiar tú también ahora?
- Esto empieza a ser algo más que paranoia, te lo digo yo. Es sábado por la mañana… Esos dos no están de niñeros – acabando por sentarse al lado de ella, la observó unos segundos-. Y no me digas que no porque para un día que tiene Hikari para estar con los niños por la mañana tranquilamente no se los deja a mis padres…
- No iba a decir nada… Sigo pensando exactamente lo mismo que te dije cuando estábamos en Grecia. ¿Y qué? ¿Tendría algo de malo? Oye… Si tú has sido capaz de dejar de dar vueltas, oye, a lo mejor se lo has contagiado… - dibujando una sonrisa ligeramente maliciosa en el rostro se quedó mirando hacia él.
Giró la cabeza hacia la pelirroja y la observó, dándose cuenta de que se estaba riendo de él antes de cruzar los brazos sobre el pecho, intentando hacerse el ofendido.
- Pues Sora tiene toda la razón… - la voz de Gabumon los hizo mirar a los dos hacia él.
AnnaBolena04: es que hacía un día bastante frío y había que caldear un poco la cosa, que sino la pobre tortuguita nos coge frío y aver cómo hacemos...
No se ha andado con delicadezas... Totalmente de acuerdo, pero, es una pista de los mensajes que le puede haber estado mandando una pelirroja aburrida, con las hormonas revueltas y las intenciones muy claras. Que el pobre últimamente tenía bastante más cuidado de la cuenta con ella y no se ha andado precisamente con tonterías jajajaja
Dentro de unos meses sale en la tele un fallo gordo en algún proyecto, que nadie sabe dónde puede estar el problema ni el fallo, y la pelirroja silbando inocentemente colocándole bien el lacito a la nena jajajajaja
¡Besitos de tortuguita! A ver si me termino de despejar antes de tener que volver a salir de casa.
Natesgo: tiene que alternar un poco para que no se ofrezca voluntario al próximo viaje fuera de órbita terrestre porque Sora le da mucho miedo jajajaja Aunque aquí le viene otra vez la bipolaridad con lo de ponerse a llorar de repente, pero bueno, no ha sido nada grave esta vez.
Yo creo que los bichos están ya más que escarmentados y prefieren ignorarlos en determinadas situaciones, que es demasiado tiempo ya y a saber las que tienen armadas con los digimon por ahí rondando jajaja Seguro que cuando llevan un rato echándolos en falta pasan de ellos, por prevenir. Incluso dentro del periodo de vigilancia extrema que le tienen montada a la pobre Sora... xD
¡Un beso!
Guest Vecina: Jajajjajajaajajajajaj si alguien lee la mente el rubio ese se puede estar riendo un mes entero jajajaja Bueno, igual le quitamos la primera semana por el error neuronal que se podría llevar quien sea el valiente que haga eso, y luego ya pasa a morir de la risa. Con lo bien que se le da a Yamato hacerse el serio cuando no tiene al marido o algo parecido al lado, ahora tiene también a Sora aburrida y con las hormonas revolucionadas es digno de estudio.
Si ya se lo decía Mai hace unos capítulos, que lo mismo les llega con unas ojeras que le llegan a media cara que llega con unos pelos bastante delatadores de lo que viene de haber estado haciendo jajaaja La clave de que no se vaya a dormir en el sofá de su padre debe de ser que las hormonas están equilibradas y por cuatro gritos que le da, se los da luego para que le haga caso porque quiere mimos jajajaja
Iba a acabarlo con lo del abuelo jajajaja Iba a pegar un salto y ponernos en el último mes del embarazo, pero luego se me fueron ocurriendo cosas y aquí seguimos. Así que bastante idea yo de lo que voy a hacer con el Sr. y la Sra. Haru jajajaja Pero bueno, igual hasta yo sola me sorprendo... Cosa que pasa demasiado, de hecho.
Calla... que hoy no teníamos ni una sola silla libre. Pero ni una... Entre todos los profesores. Yo de verdad que no lo entiendo. Si te estorban los monstruitos en casa yo no les tengo la culpa TT_TT Aaains, peor que una plaga, lo que yo te diga.
¡Muchos bicos vecina!
Epic Crystal Night: te contesto por aquí y ya me leerás cuando llegues a leer... Jajajajaja las hormonas de la pelirroja son muy divertidas, aunque, de verdad te digo que me ha costado mucho enfadarla por algo tan absurdo. Sufría mucho buscándole qué decir, fuera coherente o no, porque odio ese tipo de situaciones/personas, pero bueno, la perspectiva de Yamato fue mucho más sencilla jajajaja Pobrecillo... Menos mal que a veces le sale bien ser el blanco de las hormonas jajajaja
Haru... la que no quería... no le ha dejado al pobrecito Andrew ni hacerle la pregunta jajaja ¡Un beso! ¡Y felices fiestas!
