4.

Había pasado una semana.

El grupo de Bastet estaba trabajando en la oscuridad por el beneficio de la ciudad, y los murmullos acerca de este grupo se habían convertido en una especie de tendencia; Ángela no había participado directamente en aquello (ni siquiera tenía bajo su poder su armadura Valkyrie, permanecía en esa bodega), pero había logrado pasarles, en un día que pudo desaparecer del hospital, unos cuantos sueros para curar las posibles heridas que sus acciones le causaran.

-Mercy.

Se asustó, casi tirando su tableta electrónica que llevaba en la mano derecha, pero aferrando el matraz que se había encontrado en su mesa y no le pertenecía; Moira estaba parada detrás de ella, demasiado cerca, y había susurrado aquello a su oído con un dejo de malicia.

-¿Qué? -La rubia le miró, algo enfadada.

-Mercí, querida. Gracias, lo estaba buscando. -Tomó el matraz con la mano, sin retirarse de detrás de ella.

-¿Por qué estuviste trabajando en mi mesa? -Trató de apartarse de ella, resentida, sin éxito.

-Hicieron limpieza en mi laboratorio, y me presionaron para continuar en tu ausencia. -Dejó el matraz sobre la mesa nuevamente, solo para abrazarla contra ella aun por su espalda. -Dime, ¿estás saliendo con alguien?

-¿Crees que tengo tiempo para eso? -Se quitó las manos de su compañera, moviéndose un poco para evitar seguir tocándola.

-Bueno, estás saliendo del hospital. -Se recargó en la mesa a su lado, sin dejar de mirarla.

-Eso no quiere decir que deba salir con alguien, necesito despejarme del hospital… y no tengo por qué darte explicaciones, ¿puedes dejarme trabajar?

La pelirroja había sonreído, para luego salir del laboratorio como si todo aquello no hubiese ocurrido, tomando el matraz con la yema de los dedos de manera peligrosa; Ángela resopló, aliviada, pues en su blanca bata llevaba ampolletas escondidas para la organización.

-.-.-.-.-.-

Para Moira no fue de extrañar que Ángela anunciara su cambio de domicilio hacia un departamento cercano al hospital, pero no se preocupó demasiado por ello. No tenía por qué hacerlo.

El edificio departamental pertenecía a uno de los jóvenes voluntarios anónimos a los que tan solo se les denominaba "soldados" por Bastet, que crecían en número, así como el espacio debajo del mismo edificio gracias a la convicción de estos; le otorgaron un pequeño departamento en la parte alta, bastante acogedor a diferencia del cubículo del hospital. Además, había un laboratorio pequeño en el mismo sótano, donde también podía trabajar para el bienestar de sus compañeros.

-¿Qué es lo que tienes?

-Es un suero para evitar el agotamiento físico. -Angela le mostró las tres ampolletas que había sacado del laboratorio. -Está en fase experimental, lo he probado en mi misma y es funcional de manera productiva hasta por tres días… aunque depende de la estabilidad mental de quien lo use. Parecido a tu nano potenciamiento, pero más leve y de uso prolongado.

-¿Experimentaste contigo?

-No había otra manera.

Ana se notó bastante inquieta con esto, levantando su mirada del monótono proceso de cargar sus sueros. Ángela fingió ofenderse con aquello.

-Tú lo hacías también.

-Eran otros tiempos.

-Estos también son otros tiempos. -Colocó las ampolletas sobre la mesa metálica. -Aun le falta pulirse un poco, servirá en tiempo extra si es necesario, creo que será excelente en tus manos.

-Bien, en todo caso ya tengo una persona para poder hacer pruebas.

-¿En serio? ¿Estas proponiendo a alguien como si nada?

-Es una persona fuerte, no te preocupes…

-.-.-.-.-.-

-¿Hiciste qué? -El mayor cuestionó con fuerza.

-Te propuse para que Ángela pueda probar su suero. -La suave brisa nocturna despeinó un poco su larga trenza platinada. -Lo hacías antes, y sabes que ella no sería capaz de hacerle daño a nadie.

-No es lo que me preocupa.

-Sé lo que te preocupa, y estoy tratando de ayudarte en esa frustración que sientes.

-¿Vas a estar haciéndolo con cada uno que nos topemos?

Estaba oscureciendo desde la azotea donde se encontraban vigilantes, observando a la doctora que regresaba al hospital tras el usual llamado requiriendo sus atenciones; la rubia, a pesar de que parecía sumamente vulnerable, andaba a paso firme sin mostrar temor alguno.

-Bueno, no me has contado todo con respecto a cada uno.

El silencio consecuente a sus palabras hizo reír a la antigua capitana.

-.-.-.-.-.-

¿Qué hubiera sucedido si…?

Sabía que no estaría enojada, sino todo lo contrario; sin embargo, era incapaz de mirarla aun con la careta puesta, recordaba el día que "murió", recordaba sus palabras al caer desmayada sobre el concreto hecho pedazos tras la explosión… y recordaba, sobre todas las cosas, aquella noche que a veces saltaba a sus sueños, cuando…

-Ngh. -Se quejó lo más discretamente posible.

-Aguante, soldado. -Sonrió con amabilidad la doctora.

Y era que su no tan amable compañera, Bastet, le había clavado sin piedad una jeringa en el brazo sin siquiera pedirle que se quitara la chaqueta (en cierta forma agradecía ya que tenía un tatuaje incriminatorio); lo hacía a propósito, lo sabía, y comenzó a pensar en todas las cosas poco amables que iba a soltarle tan pronto estuvieran a solas.

-No es nada. -Musitó con voz ronca.

-Claro que no es nada. -Ana le palmeó el brazo que acababa de ultrajarle. -Has pasado por peores. Ahora, solamente queda esperar. ¿Doctora?

Ángela, en su bata blanca del hospital, se acercó a la mujer mayor con la tableta electrónica que utilizaba normalmente en el trabajo, sin dejar de mirar la pantalla de ésta, para la fortuna del soldado.

-Muy bien. -Comenzó ella. -¿Cómo te sientes, soldado?

Percibió que estaba sudando frío, sus propios traumas estaban a punto de humillarlo con ella; tuvo que respirar profundamente, calmarse, un proceso que le tomó casi un evidente minuto, el cual se vio reflejado en el rostro de las mujeres.

-¿Lo paralizaste?

-N-no, te lo dije, ya lo había usado en mí y no debería…

-Mareado. -Contestó finalmente.

-¿Mareado? -La mujer se quedó extrañada. -Que extraño. Quizá hay que hacer un reajuste de la dosis. -Presionó sobre la pantalla de su tableta, tecleando.

-Quizá fue culpa mía. -Ana miró la jeringa que utilizó, tomándola para corroborar la medida. -Usé diferente calibre al pasar el suero, hice los cálculos, pero quizá alguna medición fue errada.

Seis horas escuchando conversaciones pseudo científicas y artimañas femeninas, aun mareado, pero relativamente óptimo; Angela lo sorprendió al alzarle un poco la manga de su chaqueta para tomar su pulso con los dedos.

-Entonces, Moira y tú…

-No exactamente. A veces… a veces llega a ser tolerable, sé que es por el escaso contacto que tenemos con el exterior y nuestro antiguo trabajo… pues… solamente pasó. -Soltó con cuidado la muñeca del soldado.

-No te presiones, querida. Muchos cometemos errores de los que nos arrepentimos, la ventaja es que la mayor parte de las veces somos capaces de remediarlos, aunque no podamos o queramos verlo.

-¿Fareeha lo sabe?

-Aun no, no he podido topármela directamente.

-Sabes que entró con…

-Sí, aunque no es lo que yo hubiese deseado para ella. -Sonrió con nostalgia. -Es igual de testaruda que su madre.

-Igual de valiente, también.

Cuatro horas más. El mareo había desaparecido finalmente.

Ana estaba profundamente dormida sobre un sofá doble medio maltrecho que estaba acomodado en el laboratorio, y Angela permanecía de espaldas a ellos en la mesa tomando notas de sus experimentos; se debatió unos segundos, preguntándose la mejor manera de hablarle…

-¿Cómo te sientes, soldado?

Ella se había girado y le sonreía con su usual amabilidad, sin que él se hubiese dado cuenta; para él era como ver una ventana hacia el pasado, era obvia su madurez después del tiempo transcurrido, pero su mente se encargaba de enviarle esas memorias que lo hacían sentirse parcialmente culpable. Estaba frustrado, sin duda alguna.

-Mejor. -Contestó finalmente con voz ronca.

-¿Tienes algún síntoma, signo de cansancio, sueño…?

-No. -Y se notó bastante asombrado.

-Fueron diez horas de exposición. -Tomó nota en un cuaderno con descuido. -Creo que si usamos la dosis adecuada ya no tendrás mareo y comenzará a ser óptimo.

-Bien.

-No eres de los que hablan mucho, ¿cierto?

Movió la cabeza levemente. Realmente quería decírselo, hablarle como antes, pero había algo que se lo impedía.

-Bien, soldado. -La doctora no pareció molestarse, estaría más que acostumbrada a pacientes renuentes. -No tendrás sueño unas cuatro horas más, después te sentirás como si recién despertaras y tu ciclo seguirá con normalidad, ¿está bien?

-¿Cuándo debo volver?

Ella pareció complacida con la pregunta, y él descubrió que aun le agradaba complacerla.

-Dentro de 48 horas, para corroborar que ya no tienes el suero en el cuerpo. ¿Estás seguro de querer repetirlo?

-Lo que sea necesario.

Angela se levantó de su asiento, solo para palmearle suavemente el brazo donde NO le habían puesto la inyección.

-En ese caso, puedes irte, soldado.

-Thanks, doc.

Fue automático, tan natural como si fuese de años antes. Su reacción inmediata fue huir con prisa en el preciso instante en que el gesto de la doctora cambiaba completamente.