6.
Pronto comprendió la razón de la eficiencia de Moira.
Estaba frente a una pequeña puerta con contraseña, rodeada de cuatro guardias "inconscientes" en palabras de la pelirroja, que absorbió su energía con ese aparato que guardaba escondido en sus muñecas bajo las negras mangas; ella misma llevaba su arma con paralizante escondido en su muslo bajo la falda. Su compañera sacó un aparato pequeño del bolsillo de su pantalón, pegándolo para abrir la puerta con facilidad.
-¿Qué es eso? -Susurró, asombrada.
-El regalo de una amiga. Vamos.
En cuanto entraron, Moira se dispuso a "dejar inconscientes" a todos los guardias que se le atravesaban sin el mayor cuidado, ante la alarmada mirada de la doctora que permanecía parcialmente paralizada.
-¡Espera…!
-Este dispositivo no tiene la potencia suficiente para matarlos, solamente los deja agotados. -Bajó un poco la manga para mostrarle el pulso púrpura que llevaba en la muñeca. -¿Por qué creerías que quiero matarlos?
-Lo has hecho antes. -Trató de disimular su nerviosismo.
-No me arriesgaría a tal cosa con el trabajo que tengo ahora.
-¿Sabes? Estamos dentro de un establecimiento gubernamental para robar…
Ambas caminaron por el amplio pasillo, charlando como si estuvieran de compras.
-.-.-.-.-.-
-Están saliendo. -Informó la tiradora.
Ambos observaron como aquellas dos mujeres salían del lugar con maletines en las manos, hablando o tal vez discutiendo con la tranquilidad de dos mujeres haciendo lo cotidiano para ellas.
-Parece que todo fue bien. -Bajó el arma. -Hemos sido…
Unos tantos segundos después, la alarma del lugar resonó por todo el lugar. La pelirroja tomó la mano de la rubia, tirando de ella con impulsividad, y ambas se desvanecieron en la penumbra de la noche.
-Creo que tenemos que hacer lo mismo. -Dijo el soldado.
-.-.-.-.-.-
Moira no soltó su mano hasta que ambas se encontraron en los dormitorios del hospital, haciéndola sudar frío desde el momento en que escuchó la alarma sonar; su corazón latía con fuerza sobre sus sienes, quitándole el aliento, mientras su cuerpo temblaba por la adrenalina que le recorría.
-Moira, espera…
-No podemos.
Llegaron a la segunda planta por las escaleras de servicio, donde sabía que no habría cámaras de vigilancia; no se detuvo hasta la primera puerta cromada tras entrar al edificio, la cual Moira abrió de un manotazo en el botón al costado derecho, para luego arrojarla prácticamente dentro y cerrar tras ella.
-Tienes que calmarte. -Le exigió con voz gruesa.
-Pero… yo…
-Siéntate.
Se dejó caer sentada en la cama, el maletín en el suelo, tomando aire de manera profunda en su esfuerzo por realmente calmarse; la pelirroja se había aflojado la corbata, dejando el maletín de ella en un pequeño escritorio. ¿Realmente acababa de asaltar una bodega? La mano seguía afianzada al maletín en el suelo, donde se encontraba oculta su armadura. A su visión llegó un vaso transparente con agua, extendido por su compañera.
-Gracias. -Dijo, tomando el vaso con ambas manos, sintiendo dolor por la fuerza con la que había estado sujetando el objeto sin percatarse del todo.
-Bebe.
Moira se encontraba ya únicamente con una liviana blusa interior y el pantalón claro, llevando otro vaso transparente en su mano; a diferencia de ella, la genetista se notaba bastante calmada, como si todo aquello fuera parte de su vida diaria. Angela, por su parte, estaba al borde del llanto… hasta que le dio un trago a su bebida, y el ardor la hizo toser ruidosamente, provocando una tenue sonrisa en la pelirroja.
-¡¿Qué me diste?! -Cuestionó, bastante enojada.
-Tequila blanco, regalo de una amiga.
-¿La misma que te dio ese aparato? -Sonrió, sarcástica, con la voz ronca por la bebida.
-De hecho, sí. -Y dio un sorbo a su bebida. -¿Celosa?
-¿Por qué demonios estaría celosa…?
La pelirroja le quitó el vaso de la mano cuidadosamente, solo para tomarla por las muñecas y recostarla sobre la cama, quedando encima de ella con las rodillas a los costados de sus muslos; sabía que ocurriría, por eso no se molestó demasiado con su intromisión, además no iba a mentir. La adrenalina que cargaba iría a hacer que, si Moira no se hubiese animado primero, ella misma le hubiese saltado encima.
-Es mucho más joven que tú. -Susurró cerca de su rostro.
-¿La juventud compensa la experiencia? -Entrecerró la azulada mirada.
-No, jamás.
-Entonces, ¿de qué debería preocuparme?
La noche se silenció con un sutil beso.
-.-.-.-.-.-
Se sentía recriminada en cierta manera.
Tuvo la tarde ocupada, armando algo secretamente, hasta que el soldado entró al laboratorio como no queriendo la cosa; estaba allí, de pie, con el rostro levemente girado como dando a entender que no podía verla. Angela trató de que aquello no le afectara demasiado, sabiendo bien que Jack estaba intentando mantenerse a parte de ella… en particular.
-Hola, soldado. -Saludó la doctora, amable. -¿Qué tal te encuentras?
-Perfectamente. -Y bajó el rostro un tanto.
-Para serte honesta, no pensé que regresarías.
Hubo un extraño silencio, en el que el soldado había levantado finalmente el rostro.
-Es mi deber.
-No, es completamente voluntario. -Se quedó sentada en el incómodo banco junto a la cromada mesa, garabateando un poco en la libreta que tenía en frente. -Estas aquí porque has venido por tu propio pie, no porque alguien te esté obligando a hacerlo.
-¿Por qué… lo pensó?
-Bueno, mi compañera no fue precisamente amable contigo la última vez. -Dejó la pluma. -Entonces, ¿lo hacemos?
Asintió levemente.
-En ese caso, necesito que te quites…
El soldado se quedó esperando a que terminara la indicación, pero ella se retractó en el momento; Jack tenía un tatuaje en el brazo, y estaba segura de que se delataría si le pedía que se quitara la chaqueta, por lo que pensó en una salida rápida.
-Bueno, toma asiento y retírate el guante izquierdo, por favor.
Hizo lo que le indicó mientras ella preparaba la ampolleta nueva para colocarla vía intravenosa esta vez; colocó el antiséptico con un aerosol, notando las gruesas cicatrices que tenía marcadas sobre la piel.
-Te dolerá menos que la ultima vez, te lo prometo.
-Lo sé.
Pasó cuidadosamente la solución como una inyección normal, notando su tensión en el momento del pinchazo, lo cual le provocó media sonrisa en un esfuerzo de contener la burla. Ese silencio fue extrañamente confortante, a diferencia de momentos antes, haciendo que ella agradeciera que Ana no estuviera allí.
-Relájate, es normal el…
-Tenemos una situación afuera. -Se escuchó la voz de Bastet por el comunicador central. -Elementos de Talon están tratando de entrar a la bodega gubernamental.
Pronto se escuchó movimiento de los soldados dispuestos a seguir a Bastet sin dudarlo; Angela se quedó congelada un momento, esos llamados le causaban una especie de tic nervioso que le hacía recordar los antiguos tiempos en la organización… pero el soldado delante de ella no se movió, como si esperara alguna indicación de ella.
-¿Cómo te sientes, soldado? ¿Estas mareado? -Su voz se escuchó algo temblorosa.
-No.
Estaba muy nerviosa, ¿sería prudente dejarlo ir? Era obvio que tenía que salir… era Jack, a final de cuentas.
-Puedes… irte, soldado.
Él asintió con la cabeza, saliendo de manera inmediata del laboratorio; el complejo se quedó solo, y ella comenzó a sentirse algo culpable por haberlo dejado ir sin estar tan segura de las consecuencias… pero, sobre todas las cosas, el hecho de no serles de ayuda en esta operación. ¿Estaría Moira con los atacantes? ¿Les había ayudado a entrar tal como lo hizo con ella?
Miró el maletín que había sustraído de la bodega. Allí se encontraba el backup que ya se descargaba a la computadora principal, así como su armadura con la que solía salir al campo de batalla.
La armadura de respuesta rápida Valkyrie.
Debía hacerlo.
-.-.-.-.-.-
-¡Manténganse unidos! -Ana ordenó, cubriendo la espalda desde lo alto de un restaurante.
Había seis soldados defendiendo a guardias caídos en el perímetro de la bodega, siendo atacados por tres misteriosos integrantes del grupo de Talon; uno de ellos había generado una enorme descarga eléctrica, lo cual dejó inutilizado varios de sus complementos, así como la luz de toda la cuadra, envolviéndolos en una siniestra tiniebla.
-¡Recarguen y al frente! -Exigió el soldado mayor, de forma natural.
-No tengo visibilidad. -Ana chasqueó la lengua, incorporándose para acercarse al sitio.
Hubo un fuerte disparo distintivo, y un soldado cayó al suelo, inmóvil.
-¡Francotirador! -El mayor vio otro más caer al suelo, herido en el brazo. -¡Bajen la cabeza o piérdanla!
Hubo balas de varios lugares distintos, hiriéndolos sin remedio y provocando que retrocedieran.
-Bastet. -Habló el soldado.
-Estoy sobre ustedes, traten de… ¿eh?
Hubo un destello azulado frente a los soldados, demasiado rápido a la vista, del cual salieron disparos perdidos distractores.
-¡Ya llegó la caballería…!
