7.

-¿Lena?

-¡Doctora! ¿Está lista para la batalla?

-No… no lo sé…

-¡Vamos, no hay tiempo que perder! ¡Nos necesitan!

-.-.-.-.-.-

Ana, ya al ras del suelo por la misma desesperación, no pudo evitar sonreír ante lo que tenía en frente; Lena, como un listón azulado en la oscuridad de la noche, distrayendo de manera eficiente a los tres enemigos (un hombre encapuchado, una aparente adolescente y un tirador que inmediatamente ubicó como Lacroix), mientras detrás se encontraba ese ángel de la guarda que a todos inspiraba con solamente su presencia, en una blanca armadura que parecía destellar en la penumbra.

-¡Tracer! ¡Mercy!

Los soldados se habían levantado, energizados de manera óptima, siendo el mayor el último de todos, pues se encontraba al frente de esa pelea; había visto la mano enguantada, extendida hacia él, antes de alzar el rostro y poder observarla como una mágica aparición.

-Hola, soldado. -Susurró ella con una gentil sonrisa. -¿Dónde te duele?

Tomó su mano por un extraño impulso que nació de él, aunque no la había utilizado en sí para levantarse (probablemente la arrojaría al suelo con la fuerza); hubo otra lluvia de disparos, en la cual él no participó, donde los enemigos finalmente debieron retirarse o perder sus vidas en ese lugar. Notó en la retirada que Moira no se encontraba con los fugitivos, y el gesto aliviado de Ángela al percatarse también de ello le supo bastante mal… en general su organismo la estaba pasando mal tras haberse incorporado gracias a la cura de la doctora, pues su cabeza había comenzado a dar vueltas de mareo al grado de hacerlo trastabillar.

-Es un verdadero gusto verlas aquí. -Bastet les dijo tan pronto se acercó a su equipo.

La velocista sonrió de forma juguetona. La doctora, sin embargo, se veía preocupada y no dejaba de mirar al soldado mayor que había ayudado.

-¿Estas bien, soldado? -Habló nuevamente la sniper.

Iba a responderles algún monosílabo, pero acabó alejándose entre la penumbra ante los gestos preocupados de los presentes; Ana corrió inmediatamente cuando notó que había arrojado su careta al suelo y se había recargado en una pared cercana para vomitar de forma ruidosa y nada discreta.

-¿Y a ese que le pasa? -Cuestionó Tracer.

-Creo que es mi culpa. -La rubia se ruborizó.

-.-.-.-.-.-

Hubo risas, suspiros y palmadas. Angela se había quitado su armadura casi en el momento que llegó, sintiéndose una completa delincuente; había entrado en el laboratorio, mirando la mochila negra donde guardaba el campo biótico que había logrado armar gracias a su backup. Dio unas tantas vueltas sin molestarse en vestirse de nuevo (llevaba blusa interior blanca y el ajustado pantalón negro que usaba con la armadura), acabando por hacer una discreta llamada al hospital, aunque sabiendo que probablemente no iba a contestar por la hora…

-¿Hola? -Escuchó la femenina voz soñolienta al otro lado.

-¿Te… te desperté?

-¿Angela? ¿Pasa algo?

-Va a sonar estúpido. -Improvisó. -Pero tuve una pesadilla y… mi reacción fue… llamarte.

-¿En serio? Hm… yo ni siquiera recuerdo si estaba soñando. ¿Quieres que vaya a verte?

-No te preocupes. -Levantó la vista, notando al soldado en la entrada del laboratorio. -Solo quería saber si estabas bien.

-Estaba dormida, la gente normal aprovecha las horas de descanso para dormir en vez de estarse inyectando sueros experimentales. ¿Te veo mañana? y charlamos de ese sueño que tuviste.

-Claro. Descansa, y perdona.

Terminó la llamada. Definitivamente Moira no estaba allí, y no había podido verla.

-¿Ocupada? -Cuestionó el soldado con gravedad. Se escuchaba bastante molesto, desde su percepción.

-No, para nada. -Suspiró, y trató de recobrarse un poco. -Perdona la secuela, de lo que ocurrió afuera, es decir, no tenía previsto curarte en batalla y… ¿cómo… cómo te sientes?

-Mejor. -Su voz se atenuó un poco.

-Yo… quiero compensarte la vergüenza que te hice pasar.

-No es necesario, es mi deber.

La rubia se había inclinado para tomar la pequeña mochila del suelo, acercándose al soldado para entregársela finalmente.

-Confío en que ya sabes cómo funciona, y sé que serás prudente con ellos. Hice unas cuantas modificaciones, pero es prácticamente… lo mismo… serás… un apoyo más eficiente. Nos vemos en 48 horas, ¿de acuerdo?

El soldado había abierto la mochila justo en el momento que ella pasaba a su lado para salir del laboratorio; no necesitó más que un vistazo para comprender que ella ya lo sabía, y que no esperaba una explicación de él tal como Ana se la había dado tan pronto verla. Se giró de forma inmediata, mirando la espalda de la doctora.

-¡Angela!

Ella había detenido su paso, girándose para verlo con una leve sonrisa, dulce, y los azulados ojos brillosos de lágrimas contenidas. No pudo comprender como pudo ser tan ciego tiempo atrás con ella.

-Te debo una. -Susurró, sin saber exactamente qué más decirle.

-Ya habrá tiempo para eso, Jack. -Y se giró nuevamente.

-.-.-.-.-.-

48 horas era mucho tiempo.

"¿Quiere bailar, comandante?"

Se sintió agotado de pronto, por lo que acabó tirado sobre uno de los sofás maltrechos de la base subterránea, le importaba un bledo su apariencia si cumplía la función de hacerlo descansar; Tracer estuvo dos horas hostigando hasta que la mandaron a dormir al hotel donde se estaba hospedando, haciendo gratificante el silencio. No pudo dormir, pensaba en esa noche de recepción, la noche que conoció a Vincent; había sido Angela la que lo invitó a bailar de pronto, y en esos escasos minutos pudo haber visto mucho más de lo que ella sentía si tan solo la hubiera detenido. No se arrepentí en absoluto de lo que había ocurrido esa noche, pero no podía dejar de preguntarse que habría pasado si la hubiese tomado de la mano antes de que ella se apartara.

No lo vio jampas, porque estaba enamorado y era ciego al mundo.

Sin embargo, ella jamás se entrometió entre ambos a pensar que tuvo oportunidad de hacerlo; fue su amiga más íntima, a la que sentía que podía poner su vida en sus manos, tal como con Ana. Con quien fue capaz de llorar, de enojarse, de frustrarse, de confesarse… debió dolerle mucho escucharlo, pero ella se mantenía ahí, fiel a él.

¿Qué tan diferente hubiese sido el entregarle su vida a una mujer en vez de a un hombre?

-¿Hola?

Tuvo un escalofrío. Angela había llegado antes de lo normal, por lo que optó por fingir que dormía en el sofá, abusando de la careta que llevaba puesta; escuchó sus pasos, y recordó que todos se encontraban ocupados ahora con la remodelación de la base o en alerta, haciéndolo el único en ese lugar…

-¿Soldado?

-Silencio. Inmovilidad.

-Sé que estas despierto, tu respiración está acelerada.

Sudor frío. Consecuente humillación.

-Está bien, podemos seguir fingiendo si no quieres enfrentarme. -Se escuchaba algo irónica. -Es decir, en el hospital lo estoy haciendo a menudo, ¿por qué no practicarlo aquí también?

-¿Finges con Moira?

Había perdido, al fin y al cabo, tenía que tomar al toro por los cuernos.

-Finjo que no sé lo que hace, que no sé dónde está parada.

-Y tú te haces la víctima con ella. -Tomó asiento en el sofá.

-¿En serio vas a cuestionar mis acciones? ¿Tú?

Guardó silencio un momento; había comenzado mal, continuaba mal, y en esa situación sabía que no tenía mayor sentido el discutir con ella, ¿con qué sentido? Había perdido desde el inicio.

-No.

-Tampoco yo voy a cuestionarte, siento que ha quedado claro que no lo necesito, y, ¿sabes qué? Realmente no lo necesito, así como tampoco ocupo explicarte lo que ocurre entre Moira y yo. -Su voz parecía debilitarse entre redundancia, como si su capacidad mental superara a su vocabulario, para luego volver a tomar la fuerza usual en ella. -¿Sabes qué? No necesito saber nada de esto, du sollost mir vertrauen, da ich dir vertraue, ich mache es weiter, trotz der zeit und täuschung…

-Angela, estás hablando alemán.

-¡¿Y eso qué?!

-Que no te entiendo.

-¿Habría valido algo que entendieras…?

Se había encendido en cuestión de nada. Acabó incorporándose del sofá, comprendiendo su enojo, así como la confianza ciega que aún tenía en él al recriminarle tan duramente por su mala contestación; calló sus palabras al rodearla con un fuerte abrazo, y su consecuente llanto le hizo comprender que su molesta no era más que un leve destello a comparación de su alivio.

-No tienes idea de lo culpable que me sentó aquella tarde. -Habló ella entre sollozos, acurrucada contra su pecho. -No pude salvar a Gabriel, no pude salvarte a ti. Estaba allí de forma ilegal intentando encontrarlos…

-Lo sé. Pude escucharte.

Una oleada de calor envolvió a la doctora, al grado de hacerla ruborizar. Él lo sabía.

-Estabas cerca de mi en ese momento, pero yo no podía alcanzarte. Miraba tus dedos, pero el escombro me tenía completamente atrapado… aun sueño ese momento, sueño que soy capaz de alcanzarte.

-Jack, yo…

La puerta electrónica se abrió en ese momento, dejando entrar a Ana con una ruidosa comitiva que, a primera vista, hubiese alegrado a la doctora: el fuerte Reinhardt, y la escudera Brigitte, llenando de eco el lugar con su fuerte acento marcado; sin embargo, la rubia había huido de manera discreta hacia el laboratorio, o eso asumía, ocultando quizá el rostro enrojecido y húmedo por el llanto de hacía un momento. Ocuparía un poco de tiempo para recuperarse.

-¿Novedades, soldado? -Cuestionó la enmascarada Bastet.

-Ninguna. -Contestó con gravedad.