8.

Había huido del edificio tras lo ocurrido.

Pensó que iba a ser capaz de soportar cuando finalmente pudieran hablar directamente, tal como antes, pero descubrió que tan pronto lo encaró no soportó su tristeza y enfado; abandonó el edificio con un paso relativamente lento a diferencia de su celeridad, sabiendo que había planes y que tenían suficiente para sobrevivir en caso de una contingencia, pues no sabía exactamente a dónde iba a huir.

Con quien iba a huir.

-.-.-.-.-.-

-¿Angela aun no ha llegado? No está en su departamento.

Escuchó a Ana hablando en general desde la entrada, pero su consciencia activa le estaba recriminando que probablemente se dirigía a él directamente, por lo que optó por desaparecer de su campo visual para evitar preguntas que no quería contestar; había salido por la puerta principal, de hecho, manteniéndose de manera discreta por entre la misma sombra del edificio al atardecer, cuando notó que la doctora, de hecho, no estaba tan lejos del lugar. Se encontraba de pie mirando un enorme escaparate con un anuncio de viajes alrededor del mundo, aunque se notaba algo perdida, mientras la gente pasaba caminando alrededor de ella.

Decidió seguirla, movido por una especie de culpa.

-.-.-.-.-.-

Fue demasiado rápido, demasiado confuso. Su lento caminar con la vista y mente perdida la habían llevado de vuelta al hospital sin percatarse, comprendiendo de pronto que su vida estaba limitada a esos dos espacios en esa enorme ciudad.

-Qué deprimente. -Se dijo.

Tenía la sensación de que estaba siendo seguida.

Fue al área habitacional del hospital de manera directa con calma y sin mayor problema, a pesar de que ya no tenía un lugar allí y el guardia lo sabía, aceptando, de paso, que solamente tenía una persona a quien recurrir en la misma soledad, ceñida por el secretismo y el incesante "no pasada nada". Pero ¿cómo explicarle? ¿Qué sentido tenía el estar parada ahora frente a esa puerta cromada? ¿Por qué diablos debía importarle? Estuvo a punto de ponerse a sollozar como una niña.

-¿Qué haces aquí?

Llevaba un largo abrigo café oscuro, y un bolso blanco con compras, seña de que esa tarde no se encontraba trabajando como de costumbre; su gesto de molesta confusión cambió completamente cuando la vio al borde del llanto… ¿por qué debía preocuparse por ella? Eran enemigas que habían pasado varias noches juntas, fingiendo la una con la otra… ¿no?

-¿Angela? ¿Qué te pasa?

-Siendo franca, no sé qué hago aquí.

Se sentía algo humillada por recurrir a su enemigo; sin embargo, Moira la tomó de la mano, como si supiera que estaba a punto de hacer otra tontería, como huir nuevamente a ningún lugar.

-.-.-.-.-.-

Miró por la ventana, la cual estaba parcialmente abierta gracias a una pesada cortina, y supo que la estaban siguiendo en efecto. El temblor en las manos se intensificó, tanto que apenas pudo recibir la taza que Moira le había ofrecido tras hacerla sentarse sobre la cama.

-No tiene alcohol, no te preocupes. -Se sentó a su lado, sosteniendo ella otra taza un tanto más grande.

-¿Por qué? No tienes por qué recibirme contigo.

-Dame una razón válida para no hacerlo.

-Tú y yo… estamos en lados opuestos de la balanza. -Su garganta se cerró un poco.

-No es así, Angela. Me malinterpretas. -Bebió un poco de su propio té. -Yo solamente actúo para mi propio beneficio, si terceros se ven beneficiados o perjudicados es algo que no me interesa.

Bebió también de la taza. Se quemó la lengua un poco.

-¿Te beneficia en algo mi presencia?

-Tanto como te beneficia a ti la mía. ¿Me dirás qué sucede?

Se quedó en silencio durante un momento. El vigilante estaba allí, en la azotea del edificio contiguo también habitacional, pero no parecía llevar un rifle como el que Bastet usaba.

-¿Prometes que no te molestarás? Es algo muy… trivial.

-¿Algo trivial te ha hecho llorar?

-Yo… me topé con una persona de mi pasado.

Moira pareció un poco incómoda, quizá alerta, pero no dijo palabra alguna.

-Y bueno, yo… yo estaba muy enamorada de esa persona, tanto que fue difícil para mi sepultarla cuando supe que jamás ocurriría algo entre nosotros. -Sonrió, pero fue un gesto triste.

-Y ha vuelto.

-Sí, no por mí, pero descubrí que no lo había olvidado del todo. -Resopló, frustrada, con la vista puesta en el líquido ámbar de su taza. -No quiero verle, quiero evitarle, me siento abrumada tan solo de pensarlo. No creo que llegue a pasar algo al igual que en el pasado, solamente es ese sentimiento que me abruma.

-Suena a que dejaste algo inconcluso.

¿Inconcluso? Sintió su corazón encogerse.

-Moira…

-¿Qué pasa?

-¿Puedo quedarme contigo un rato?

Hubo silencio. El rostro de la pelirroja era un completo enigma para Angela, ¿cómo se le ocurrió contarle tal cosa? Avergonzada, se levantó de la cama muy abruptamente, sintiéndose una completa adolescente por verse abordada por esas emociones, dejando la taza en una mesita en frente de ella.

-Perdona, Moira.

-¿Por qué?

-Te dije que era algo trivial.

-Es la primera vez que eres honesta conmigo, que muestras tus emociones genuinas. -Sonrió con levedad. -Me complace que estés dispuesta a mostrarme esa parte de ti.

Las luces se atenuaron en esa habitación.

Moira permanecía parcialmente recostada en la estrecha cama, leyendo un libro en irlandés o eso parecía; Angela se encontraba a su lado, con la cabeza sutilmente apoyada en su hombro, suavemente abrazada a ella con la vista perdida en la misma penumbra de la habitación. Trató de pensar lo que tenía que hacer, hablar con él, aclarar las cosas. Trabajar juntos de nuevo. Eso era lo importante, ¿cierto?

Esperó hasta que Moira se quedara profundamente dormida para poder salir y así ver a su "hostigador".

-.-.-.-.-.-

-Buenas noches, soldado.

Sabía que daría con él tarde o temprano. Ella había llegado cubierta únicamente por un largo abrigo que evidentemente no le pertenecía al venirle un poco grande, la helada brisa la recorría de una manera muy mística a su manera de ver; permaneció sentado sobre el suelo oscuro, recargado en la amplia cornisa.

-Hace demasiado frío aquí.

-El necesario. -Y tomó asiento delante de él.

Finalmente se animó a retirarse aquella máscara que le cubría, derribando así la última pared que existía entre los dos; ella le sonrió con dulzura, y por un instante creyó que comenzaría a llorar de nuevo.

-Te veo… y solamente puedo recordar dolor. -Susurró ella, con un dejo de tristeza.

-También yo. -Confesó, intranquilo. Todo aquello le quitaba el sueño.

-¿Por qué no me lo dijiste?

-Lo intenté, pero no pude. La misma memoria nos aturde.

-Tenemos que resolver ese problema, ¿cierto? -Se abrazó, visiblemente helada. -Hay… hay que trabajar de nuevo, como antes, por el bien de todos. Estamos vivos, y yo… yo no te guardo rencor por ocultármelo. Jamás podría tener un sentimiento negativo hacia ti, Jack.

-Sé que no. -Sonrió de medio labio. -¿Podemos regresar, entonces? Ana ha preguntado por ti.

-No puedo aun, tengo algo que terminar.

-¿Con Moira?

-Sería muy extraño que desapareciera de pronto con su abrigo. -Tensó los labios. -Dile… a Ana que se me presentó algo, no lo sé. -Miró su gesto de incomodidad. -Recuerda que aun me debes un favor.

-Pocas veces te permití el deberte algo tan grande por mero orgullo, ¿y tú quieres un favor tan simple? -Le dijo con un curioso tono de burla. -Es tu decisión, al fin y al cabo.

-Espera, tienes razón. -Frunció el ceño. -No puedo gastarlo en nimiedades.

Se sintió algo nervioso de pronto, recordando las palabras de Ana, de lo cambiada que se encontraba; la doctora se quedó un rato pensativa, notándosele ruborizada por la helada brisa, para luego cambiar el gesto y verse algo apenada.

-¿Se te ocurrió algo? -Cuestionó, un tanto inquieto.

-Sí, de hecho. Pero debes prometerme algo primero.

Se incorporó un poco en ese momento, más que nada para evitar que el aire helado estuviese dándole de lleno a la rubia.

-¿Qué cosa?

-Prométeme… que lo olvidarás. Que fingirás que nunca pasó.

-¿Por qué me pides eso?

Sus manos estaban muy fríos por el clima, estremeciéndolo un poco cuando las dejó sobre sus mejillas; así sus labios se percibieron helados, preocupándolo un poco en el esfuerzo que hizo su mente por comprender lo que estaba pasando. Aquel beso que ella le obsequió fue breve, inesperado, pero su mente le trajo de nueva cuenta aquella memoria en la recepción, en el momento que la dejaba ir mientras la duda lo albergaba…

-Buenas noches, Jack.

Ella se incorporó en ese momento, sonriente, para luego alejarse por el mismo lugar que había llegado; él se quedó paralizado unos momentos, terriblemente confuso con lo que acababa de ocurrir. ¿Qué lo olvidara? ¿Qué significado tenía ese beso, entonces?

-.-.-.-.-.-

La luz del sol le dio de lleno en la cara, provocando que quisiera cubrirse con la almohada; su mano chocó con la pared metalizada en su búsqueda por ésta, causándole un agudo dolor primero, luego una naciente confusión nacida de sus tormentosos sueños.

-Sí, también me pasa a menudo.

Abrió un ojo entonces, descubriendo que le costaba trabajo despertar. ¿Había sido un sueño, o había besado a Jack la noche anterior? Tomó asiento sobre la cama, descubriéndose congestionada y dolorida.

-Verdammt… ¿Gripe? -Y su garganta dolió.

Moira se acercó a ella, tocando su frente con suavidad.

-El mal incurable sin erradicar. -Sonrió con levedad a su compañera. -Tu travesía nocturna te ha costado cara.

Se había dado cuenta de su salida.

-Tenía que salir… me estaba asfixiando. -Susurró.

-No te juzgo, pero deberías tener más cuidado contigo. Duerme un rato más, no creo que tengas problema por ello, ¿cierto?

Dio un leve suspiro, negando suavemente con la cabeza.

-Gracias por todo, Moira.

Le obsequió un beso tenue en la mejilla, obteniendo un gesto de sorpresa bastante genuino por parte de la pelirroja.

-¿Qué pasa? -Se tocó los labios. -¿Estoy con fiebre?

-Es la primera vez que me das un beso.

-La enfermedad, supongo. -Torció los labios, fingiendo molestia.

En respuesta, Moira la besó con propiedad. No podía evitar pensar en lo que había hecho la noche anterior… y descubrió que ahora le sería mucho más difícil verlo a la cara.