Cuando por fin atravesó la puerta de entrada intentó hacer el menor ruido posible, dándose cuenta de que, efectivamente, como había dicho Toshiko, Sora estaba completamente dormida. No quería despertarla, de manera que cerró tras él con sumo cuidado antes de caminar hacia ella.
Si no fuera por la ubicación, incluso podría parecer que se había quedado tranquilamente dormida al llegar a casa después del trabajo, lo cual solía ser bastante normal. Cuando llegaba más tarde de la cuenta por culpa de reuniones y se sentaba a esperarlo en el sofá acabando por quedarse dormida.
Solo que aquella vez no estaba en casa, a pesar de que él sí que llegaba tarde. Acabó por colocarse a su lado, dándose cuenta de que en la mesita de al lado de la cama habían dejado sus pertenencias. Tardó todavía unos segundos antes de atreverse a mirarla más directamente, haciéndolo por fin.
Automáticamente notó como se le formaba un nudo en la garganta. Aunque aparentemente simplemente estaba dormida, sabía que era por lo que era y no podía evitar que el nudo creciera más y más. Sabía perfectamente que nadie tenía la culpa, que simplemente se había encontrado mal, que podría haber estado trabajado, como en casa, como con él, como con su madre… Y todos podrían haber hecho exactamente lo mismo. Pero a la vez no podía evitar sentirse culpable por no haber contestado ni al teléfono, incluso sabiendo que tampoco podría haberlo hecho porque ni siquiera lo tenía con él.
Bajó la vista hacia las mantas, las cuales cubrían el cuerpo de ella, dejándolas donde intuía que estaba su vientre, notando como las manos de ella estaban posadas de forma inconsciente sobre esa zona. Se llevó la mano a la cara, posándosela sobre los ojos. Estaba demasiado abrumado por la situación. Demasiado.
Cerró los ojos, apretándolos, notando la ligera humedad en ellos. Permaneció así unos segundos, acabando por coger aire, enfocándola de nuevo dándose cuenta de que un par de franjas de color canela lo estaban enfocando. Se sorprendió, no contando con que ella se fuera a despertar, viendo como abría los ojos cada vez más, enfocándolo, confusa.
- Hola… - murmuró inclinándose hacia ella, aprovechando para llevar una mano a su rostro retirándole el cabello hacia atrás.
- ¿Dónde…? ¿Dónde estoy? – confusa, no era capaz de reconocer el lugar.
No le contestó al momento, distrayéndose en acariciar con suavidad su pelo, tomándose unos segundos antes de conseguir abrir de nuevo la boca y atreviéndose a mantenerle la mirada por fin.
- Estás en el hospital – informó finalmente-. ¿No te acuerdas de lo que pasó?
La respuesta de ella fue parpadear, confusa. ¿Hospital? Volvió a mirar a su alrededor, reconociendo la estancia como una estancia de hospital, viéndose en la mano la pulsera identificativa. Frunció el ceño.
- ¿Hospital?
- Sora… estabas con tu madre y te empezaste a encontrar mal. A decir que te dolía… Llevas toda la tarde aquí, acaban de dejarnos pasar a verte.
- Toda la tarde… - estaba completamente desorientada. Posiblemente fuera el cansancio que sentía en todo su cuerpo, pero no conseguía pensar con claridad. Al menos hasta que Yamato pudo verla mover las manos, aferrándolas con más fuerza sobre las mantas-. Dime que…
- Cálmate – se inclinó algo más, pudiendo así quedarse más cerca de ella-. Tranquila… Nos han dicho que es muy importante que estés calmada.
- ¿Que me calme? Yamato… ¿la niña? Dime que no, por favor, dime que…
- Sora, por favor, cálmate. No le ha pasado nada a la niña – negó con la cabeza-. ¿Me escuchas? – buscó sujetar su rostro con las manos-. Tranquila.
- Tranquila… - repitió, buscando su mirada, intentando confirmar así que no la estaba engañando para calmarse-. ¿Entonces? ¿Qué hago aquí?
- A la niña no le ha pasado nada, pero la situación es algo delicada. Te han dejado aquí para poder observarte. Hasta mañana no te podrán decir nada definitivo – explicó a sabiendas de que no contarle las cosas iba a ser peor-. Pero tienes que estar tranquila o se puede complicar la cosa.
Lo miró, seria, asimilando las palabras que le decía. Poco a poco los recuerdos de las primeras horas de la tarde empezaron a aparecer en su mente. Recordaba ir hablando con su madre y, de repente, empezar a encontrarse mal. Cada vez peor y luego… no recordaba demasiado.
- Me dolió algo el estómago a la hora de comer – comentó, sin levantar demasiado la voz-. Pensé que era solo hambre porque se me pasó con un poco de arroz y… - acabó temblándole el tono, quedándose callada.
- ¿Te duele algo ahora? – esperó a verla negar con la cabeza-. ¿Segura?
Negó de nuevo, quedándose observándolo antes de intentar tirar de él algo más para abajo, buscando su cercanía. Todavía serio, cedió sin muchos problemas, acomodándose a su lado para poder acercarse, dejándola apoyarse en él, rodeándola con los brazos.
- Tus padres llevan aquí todo el día, yo… Tardé más en llegar por la reunión que tenía, no llevaba el teléfono encima y no sentí las llamadas. Han estado mi padre y Taichi también hasta ahora que conseguí echarlos a casa.
- Mi madre… ¿Cómo está?
- Le has dado un buen susto – reconoció, inclinándose para dejar un beso en su frente-. Pero se ha ido con Haruhiko a casa y con Biyomon. Los digimon no se querían ir de ninguna de las maneras pero como no los dejaron entrar, conseguí que se fueran. Gabumon se ha ido con Taichi, que volverá por aquí más tarde. Se ha empeñado en traerme algo para que me cambie de ropa.
Escuchó como hacía un sonido de asentimiento, buscando algo más su cercanía. Podía notar su nerviosismo en un ligero temblor que la recorría de vez en cuando. No volvió a abrir la boca, guardando silencio apoyada en Yamato. El cansancio que tenía encima hizo el trabajo de provocar que se volviera a quedar dormida mientras que él continuaba acariciándole el pelo con suavidad.
Jou caminaba distraído por el pasillo. Estaba cansado y todavía le quedaba una noche entera de guardia. Aquel día no se había conseguido librar y llevaba demasiadas horas entre aquellas paredes. Por eso, cuando vio venir a lo lejos la familiar silueta de Taichi, no lo reconoció a pesar de que poco después se le uniera la de Takeru y los digimon. Estuvo a punto de pasar de largo hasta que la voz del castaño reclamó su atención.
- ¿Ya no saludas o qué?
Tomándose su tiempo, como buscando sintonizar bien con la realidad, giró la cabeza hacia ellos, teniendo que mirarlos un par de veces antes de comprobar que estaban realmente allí. Arqueó ambas cejas, confuso.
- ¿Ha pasado algo?
- ¿Tú no miras el teléfono tampoco, no? – Taichi negó con la cabeza, resignado-. Te mandé un mensaje hace rato, sobre todo por si andabas por aquí.
- Me he pasado media tarde con unas intervenciones, acabo de salir de la planta de quirófanos. No tengo ni el móvil encima… ¿Qué ha pasado?
- Sora está mal. La tenéis en la habitación 305, empezó a perder algo de sangre por la tarde cuando estaba con su madre.
La cara del médico no tuvo precio, pasando la mirada del uno al otro, dándose cuenta de que con ellos iba también el digimon de Yamato.
- ¿Cómo está?
- Dicen que hasta mañana todavía es pronto para saber nada – contestó aquella vez Takeru-. Nosotros hemos venido a traerle ropa para que se cambie a mi hermano, que bastante tiene con pasar la noche aquí como para estar de uniforme… Y a vigilar que cene algo, que lleva todo el día sin comer nada.
- Os acompaño a buscarlo, así le hecho un vistazo a ella – dijo poniéndose algo más serio, como si hubiera terminado de centrarse y recordar que estaba precisamente en su elemento-. ¿Sabéis si tiene las visitas restringidas?
- Solo dejaron pasar a Toshiko unos minutos y que él se quedara con ella. Yo me tuve que ir sin poder verla - Taichi se encogió de hombros mientras que echaba a andar por el pasillo, siguiéndolo, junto con los demás.
Golpeó con los nudillos en la puerta antes de entrar, asomando la cabeza y encontrándose con que Yamato se había sentado cerca de la cama, no queriendo molestar a la pelirroja que dormía de nuevo.
- ¿Cómo está? – le preguntó acercándose hasta él sin levantar el tono.
- Se despertó antes, tuve que contarle lo que había pasado – contestó poniéndose en pie para alejarse de ella-. No sabía que estuvieras de guardia.
- Yo tampoco lo sabía – se encogió de hombros-. ¿Cómo estás tú?
- ¿Cómo quieres que esté? – fue la mejor respuesta que le pudo dar.
- Sal un momento, me quedo yo con ella y compruebo que todo esté bien. Tienes fuera a tu hermano y Taichi. Vete, y haz el favor de cenar algo, órdenes del médico – le posó la mano en el hombro antes de acercarse hasta la pelirroja.
- Gracias – murmuró, lanzándole una última mirada hacia su esposa, saliendo.
Cuando cerró la puerta y miró al frente se encontró directamente con Gabumon reclamando su atención, consiguiendo que se agachara.
- ¿Puedo quedarme ya? ¿Puedo?
- Sabes que no… No te van a dejar.
- Jou es médico, puede dejar que me quede. Quiero quedarme con ellas.
- Gabumon… - en el fondo tampoco quería que se fuera, pero sabía que no había muchas posibilidades de que consiguiera dejarlo con él.
- No, me quiero quedar con ellas y contigo. No es bueno que estés solo – negó con la cabeza.
- Déjalo, seguro que lo confunden con un peluche si se queda sentado – Takeru se quedó observando la escena-. Te va a venir bien tenerlo a ti contigo, hermano.
Levantando la vista hacia él, se quedó pensativo, observándolos antes de volver a enfocar a su compañero.
- Entra y quédate con él hasta que yo vuelva a ver qué te dice, ¿de acuerdo?
No tuvo que repetirle aquello, viendo como desaparecía tras la puerta. Se puso en pie lentamente, cansado, notando todo el estrés del día de golpe antes de mirar hacia ellos dos.
- Se despertó antes, ya sabe dónde está y por qué – explicó-. Ahora se había vuelto a quedar dormida.
- ¿Se lo has dicho? – preguntó el rubio.
- Claro, cuando le dije que estaba en el hospital se puso muy nerviosa. Por suerte no sé si es que está muy cansada o si le han dado algo, pero se volvió a dormir.
- ¿Tienes hambre?
- No, no la tiene, pero lo vamos a llevar tú y yo a que coma algo por las buenas o por las malas – sacándose las llaves del bolsillo, se las tendió junto con una bolsa-. Te cogí algo de ropa, vete a cambiarte al baño, te esperamos aquí.
Recuperando las llaves de casa, cogió lo que él le tendía, asintiendo. Tenía bastante encima como para llevar puesto el uniforme que no le dejara revolverse. Cruzando una mirada con su hermano, caminó hacia el baño.
- Ah, Takeru, tengo el teléfono de papá, por si quieres cualquier cosa… A él llámalo al fijo.
- ¿Y el tuyo?
- Salí tan corriendo que me lo dejé en el trabajo.
- ¿Quieres que vaya a por él?
- Ya es tarde, pero mañana te lo agradecería… Pregunta en recepción por Mai o Hideki y ya se encargarán ellos.
Asintiendo, dejó que su hermano se fuera, siguiéndolo con la mirada mientras que desaparecía en dirección hacia el baño. Guardó silencio antes de llevar la mirada hacia su cuñado.
- ¿Cómo lo ves?
- ¿A tu hermano? Está algo más espabilado que cuando nos fuimos. No reaccionaba… Debemos de tener mucha suerte de no haber tenido que llevarnos un susto de estos ninguno de los dos.
- Ya… - desvió la mirada hacia la puerta de la habitación-. ¿Y ella?
- No lo sé, no hablé con Sora… No he podido verla. Supongo que si es consciente de lo que pasa estará sin ganas de ver a nadie. Se pondrán bien, estoy seguro. Es Sora…
- ¿Le has pegado la resistencia a lo que se le ponga por delante? – no pudo evitar recordar la conversación que había tenido con Hikari, dos años atrás ya, cuando habían estado en Londres.
- Ojalá… No sabes lo que me gustaría… No te lo puedes ni imaginar – cruzando los brazos, se quedó apoyado en una columna a la espera de la vuelta del rubio.
Malas pécoras, que sois unas malas pécoras. Yo que para encima os subo otro capítulo extra hoy porque he podido adelantarme un poquitillo y os encuentro conspirando a tres bandas en mi contra. Mirad que os azuzo al perro para que me defienda...
Natesgo: al final voy a tener que dejar de quejarme por vivir en Narnia casi que incomunicada gracias a la basura de comunicaciones que tenemos en mi comunidad jajaja Si es que yo solo hago cosas para darle un poquito de acidez a todo esto, que tanto azúcar es malo y luego se os pican los dientes. Sí, sí. Un poquito de drama siempre viene bien, que luego las cosas son mucho más bonitas si se arreglan y quedan bien.
Porque la doctora les ha dicho lo que les puede decir. Simplemente eso, necesita que pase más tiempo para poder saber exactamente lo que está pasando y poder decírselo a la familia. Imagínate que les va y les dice "oye, que nos quedamos sin tortuguita, ale" y se va tan pichi dejándolos con la cara de susto sin estar segura de nada. Pues... mejor dejar a la pobre señora asegurarse de las cosas.
¡Un beso! Aunque no debería, por conspiradora.
AnnaBolena04: anda que... mira, mira qué bonito. Mala, más que mala, aliándote aquí con la gente para que me venga a dar collejas. Muy mal... Muy, muy mal. Y yo aquí subiendo otro capi hoy solo porque soy muy buena jajajaja Al final, como me sigas tirando encima tantos bichos me van a ver cara de Chris Pratt y no sé yo si me podré montar un zoo en condiciones con todos ellos y ir a tirarme de los pelos con Thanos por ahí.
Por ahora parece que tenemos pelirroja despierta, pero claro, ¿no querías Yamato hablando con ella? Ahí los tienes, nadie dijo que la cosa fuera a ser la más alegre o tranquilizado del mundo... Yo avisé... cofcofcof
Por mala, te mando besitos, pero desde lejos. Y a la tortuga nada, ni la hora, por no hablarme.
Guest Vecina: malas pécoras... ¿qué clase de conspiración en esta? Tsk.
Pues... cuando sea necesario quiere decir... Exactamente eso. Que habrá un capítulo en el que Hiroaki será realmente necesario como apoyo para su hijo porque... puede que pase algo que provoque que necesite tener a su padre a su lado sí o sí, porque no vale nadie más. O no... Es que pueden ser tantas cosas, que a saber por dónde os puede salir este ser del mal al que le queréis dar collejas.
Haru tiene que estar histérica. Sabía que Sora iba para el estudio, y nada... La llama y nada... Llama al rubio y nada... Llama a casa y tampoco... Si es que tiene que estar a punto de morirse ella e ir a buscarla por todas partes a ver qué es lo que está pasando. Eso si no se las ha arreglado ella ya para dar con alguien de quien sí que tenga el número para enterarse. Lo mismo ha llamado a Mimi ella histérica ya y anda Mimi llamando a todo el mundo ya a ver qué narices está pasando. Si es que tiene que haberse arrancado todo el pelo de la cabeza sin saber nada de nada todo el día.
Taichi es que es demasiado Taichi. Yo creo que es la típica figura clave para una situación como estas. Podrá decirte cualquier burrada, pero en cuestión de dar ánimo y hacer de apoyo, pocos pueden ganarlo.
Y ale, ahí te dejo conspirando y pensando en lo de Hiroaki, venga. Todo tuyo... Por conspiradora con las otras dos. ¡Bicos pero desde lejos que no me fio de las tararugas!
Ace Cornell: yo que tú no me metía con ellas porque te van a empezar a tirar cosas a ti también y ya ves que las collejas aquí se regalan de dos en dos jajaja Yo te aviso, luego queda bajo tu propia responsabilidad...
Ya te digo yo que no está lo suficientemente alejado, no... Que en una de estas las tengo en la puerta de mi casa y a ver por dónde me escapo T_T¡
¡Un beso!
