9. (Advertencia: Lime)

-¿Está todo bien? No se supe de ti y temí que te hubiese pasado algo.

Angela negó de manera frenética, para luego sonreír con amabilidad, una demasiado común para Brigitte y Lena, bastante sospechoso para la preocupada Ana.

-Está sudando. -Observó la escudera.

-Me dio gripe. -Contestó la doctora, conservando esa misma sonrisa. -Nada que el reposo no pueda curar, confíen en mí.

-¿Dónde estuviste anoche? -Continuó la excapitana, cruzándose de brazos.

-Sabes dónde estuve anoche, tu soldado me estaba siguiendo.

-¿Ah, sí? -Se extrañó. -Yo no le pedí que lo hiciera.

-Oh, vaya. -Lena codeó a Brigitte de una manera nada discreta. -¿Qué te parece? Suena a que alguien está interesado en la doctora Ziegler.

-¿Tú crees? -La chica se vio curiosa de manera infantil.

La doctora se sintió súbitamente sofocada con la deducción de su compañera, al grado de marearse. Ana, por su parte, se notaba realmente confusa con lo que le había dicho, como si no se esperara aquella acción por parte de él.

-Y… ¿es apuesto? ¿Es atractivo bajo esa máscara? -Continuó la inglesa el juego, ya estando más cerca de la doctora, como si intentara ver su reacción.

-¿Qué? -Le dio un escalofrío. -N-no lo sé. Es demasiado siniestro como para acercarse siquiera… y, en todo caso, no estoy interesada. -Se cruzó de brazos, nerviosa.

-Ella ya tiene a alguien en su corazón. -Ana comenzó a hablar con jovialidad, como si no hubiera estado preocupada momentos antes. -No habrá nadie que lo supere.

-¿De verdad? Eso suena hermoso. -Sonrió Brigitte con ilusión.

-Ah, que pena por el soldado.

-No hablen de mí como si no estuviera. -Angela suspiró, notándose algo agotada de esa absurda conversación. -Ya dije que no tengo interés ahora, hay situaciones más importantes que resolver.

-Angela, la vida puede darte muchas sorpresas, no permanezcas demasiado tiempo en el pasado. También tienes que mantenerte abierta a las nuevas expectativas.

Todas guardaron silencio ante las palabras de Ana, que sonaron sumamente místicas. La rubia estaba incrédula ante lo que acababa de escuchar.

-Estas bromeando. -Dijo finalmente.

-Bueno, el soldado no está mal si me lo preguntas. En su juventud debió ser bastante atractivo…

-Basta, me voy a trabajar.

El trío río ante la huida de la avergonzada doctora.

-¿De verdad la doctora ya tiene a alguien? -Cuestionó Brigitte.

-Hace unos años ella estaba enamorada de un imposible, querida.

-¿Era un imposible? -Lena se asombró. -¿Cómo? ¿Era de otro planeta?

-Era muy humano… pero no le gustaban las mujeres.

La escudera hizo una mueca de decepción, sintiendo una pena muy íntima por la mujer. Lena, por su parte, ató cabos sueltos de una manera rápida, y su rostro de asombro fue más que suficiente para Ana.

-¡El c…! ¡Mmm!

-Silencio, niña. -La mayor, rápida, le había cubierto la boca con la mano enguantada. -Es lo último que ella quiere escuchar en estos momentos.

-.-.-.-.-.-

Se permitió pensar en Moira.

Esos últimos días, tan agitados, le habían hecho ver lo terriblemente cercana que se había hecho con ella, al grado de hacerla equivocarse varias veces en su tableta electrónica mientras elaboraba lo que sería la fase final de su suero. Iba a matar a Jack si seguía así.

"¿Es atractivo bajo esa máscara?"

-Sí. -Contestó al aire. -Es de esos que mejoran con el tiempo.

Moira la había escuchado, sin indagar demasiado en ello, sin mostrarse posesiva con ella o alguna otra cosa… había hecho lo posible esa noche por hacerla sentir mejor. ¿Por qué?

"Es la primera vez que eres honesta conmigo".

Tenía sentimientos encontrados. Mientras observaba como la bolsa con el nuevo suero se llenaba lentamente en la máquina procesadora, se preguntó a dónde iría todo eso, con Moira, si aceptaba simplemente el avanzar un poco con ella… ¿no terminarían enfrentándose a final de cuentas? ¿Podría ella hacerle algún daño? ¿Es que estaba ya desarrollando un genuino afecto hacia ella?

-Doctora.

Escalofríos. Tuvo que quedarse estática unos segundos para calmarse.

-Adelante, soldado.

Escuchó la puerta corrediza cerrarse en el momento que el suero terminaba finalmente su proceso, cerrando su trabajo de meses finalmente; abrió la campana transparente y lo tomó con prisa.

-¿Interrumpo algo?

Allí estaba él, de pie, firme como normal y con la careta puesta evitando cualquier expresión de su rostro; ella sonrió con normalidad, fiel a su perpetuo "aquí no pasa nada".

-No, estaba muy concentrada trabajando y me sorprendiste.

-Puedo volver después.

-No es necesario. -Alzó el suero, contenta. -Está listo. ¿Cómo te sientes hoy?

El soldado titubeó al contestar, y Angela se preocupó un poco.

-Óptimo. -Contestó finalmente.

-Entiendo hasta ahora por qué Ana te ofreció de inmediato, y del por qué tus reacciones eran distintas a las mías en el inicio del experimento. -Comenzó a explicar mientras él tomaba asiento y se preparaba como la última vez. -Esta será la última vez que hagamos el proceso, lo haremos más lento de lo normal, si funciona, nuestras mediciones son oficialmente las correctas, y las dosis que apliquemos, a excepción de ti claro, serán mejoradas. Ana podrá mejorar su nano potenciamiento, ligeramente prolongado y sin los efectos adversos.

-Entiendo, a medias. -Confesó.

-No te preocupes, sé que eres más de práctica.

-No me subestimes.

-Jamás lo he hecho.

Tomó su mano desnuda cuidadosamente, rociando el antiséptico y comenzando a pasar la aguja bajo la piel de manera cuidadosa; en esta ocasión fue algo distinto, pues su mano permaneció relajada en todo momento a diferencia de la vez anterior.

-¿Estas bien, Jack? -Susurró temerosa, sin subir la mirada.

-Dormí poco. Creo que me he acostumbrado al suero.

-No se supone que sea para uso prolongado, contigo es un poco distinto, pero aun así…

Notó que se había retirado la careta del rostro con la mano libre, dejándola sobre la cromada mesa; no quiso mirarlo, fingió estar atenta a su trabajo, encontrando que le costaba mucho trabajo fingir en esta ocasión, a pesar de que ella había sido la que se lo había pedido.

-Entonces Ana y tú me están convirtiendo en un adicto. Maravilloso. -Dijo con marcado sarcasmo.

-No es verdad.

La máquina con la que elaboraba el suero dio un agudo pitido de aviso, que había quedado encendida y con la campana transparente abierta; la rubia reaccionó de inmediato, levantando un instante la mirada y sonriendo, como si se disculpara. El gesto en el rostro de Jack era sereno, casi cotidiano.

-Espera, solo debo…

Se había incorporado mientras hablaba, ansiosa de huir de su mirada, pero no pudo. Su mano había sido tomada por la libre de Jack, evitando que diera otro paso más; giró el rostro, algo asombrada por la acción, topándose con que él estaba igual de impresionado que ella.

-¿Jack? -Cuestionó, demasiado nerviosa de pronto.

Se incorporó entonces de la silla donde se encontraba sentado al mismo tiempo que la tiraba del brazo para acercarla a él, sin importarle que aun tenía el catéter adherido en su mano, dejándola atrapada en un abrazo completamente diferente a la ocasión anterior; la reacción de ella fue extraña, su cuerpo se apagó completamente al comprender parcialmente lo que ocurría, dejándola sumisa y dócil, percibiendo la respiración agitada del soldado sobre su frente.

-Siempre me lo pregunté. -Susurró él, y notó sus labios rozándole la sien.

-¿Qué cosa? -Contestó en el mismo tono.

-Lo que hubiese sucedido si te detenía aquella noche.

-¿Qué noche…?

Su beso fue impetuoso, tan intenso que de pronto le resultó doloroso; apenas duró una fracción de segundo en comprender lo que estaba sucediendo, y su cuerpo comenzó a activarse nuevamente. Sus brazos fuertes la rodearon con firmeza, su boca la llenaba casi por completo al grado de dejarla sin aliento; en el momento que ella tuvo el impulso de rodear su cuello con los brazos, él la alzó sorpresivamente con facilidad para dejarla sentada sobre la helada mesa metálica, provocando movimiento y que menesteres diversos cayeran al suelo, haciendo ruido.

-El catéter. -Pronunció Angela contra sus labios.

La reacción de Jack fue el quitarlo de un tirón, sangrando un poco, antes de volver a besarla con el mismo ímpetu, tomándola sin mayor cuidado por su cadera pronunciada hasta apegarla a él, las piernas a los costados de su cintura masculina, subiendo irremediablemente su falda hasta dejar expuestas sus medias y su prenda interior oscura.

-Nos escucharán. -Susurró nuevamente ella, sintiéndose muy agitada.

-No hagas ruido entonces.

Instintivamente quiso obedecer, pero no pudo por la misma avalancha de emociones y sensaciones que él le estaba provocando; de pronto estaba en ella, en su respiración, en su boca, entre su ropa, en su intimidad. Había estado con Moira, pero un hombre era completamente distinto, y, sobre todo, el hecho mismo de que era Jack el que estaba haciéndole el amor en esa mesa. Dolía de pronto, le provocaba querer gritar contra su boca al estar absorbida en sus besos, al mismo tiempo que anhelaba sus manos recorriendo su piel bajo su blusa, tocando sus pechos de forma desesperada sobre el sostén, y deseaba morder su piel incluso… sí, había perdido el control completamente, y estaba segura de que a él le había sucedido lo mismo, pues sus manos acabaron posadas sobre sus glúteos con firmeza mientras entraba en ella con impetuosidad, causando un leve rechinido en la cromada mesa.

-No puedo… -Susurró, y bajó el rostro contra el hombro de él, mordiendo finalmente su chaqueta.

Culminó en ese momento, aferrándose a él con cierta desesperación, clavándole los dedos sobre la tela mientras intentaba acallar sus suspiros… ¿la puerta estaba asegurada?

-Jack…

-Terminaré. -Dijo, en un susurro contenido.

-Hazlo, está bien.

Su abrazo fue más fuerte de pronto, cortándole el aliento por un segundo, cesando todo por parte de él a excepción del mismo abrazo y el aliento agitado. ¿Estaba soñando todo eso? ¿Estaba pasando de verdad?

-No estaba cerrado. -Confesó, entre suspiros, notando como él miraba hacia la puerta.

-Diablos… ¿crees que nos hayan visto?

-Espero que no. -Y volvió a ella, obsequiándole una sonrisa avergonzada.

-¿Por qué dejaste abierto?

-No planeaba que sucediera…

Angela se notó preocupada de pronto, pensando en las chicas, en aquel secreto que él había intentado formar para cubrir su identidad. Jack la sorprendió con un gentil beso en sus labios.

-¿Estas molesta?

-No. Estoy… nerviosa.

-¿Por mí?

-Es como un sueño del que no quisiera despertar… lo pienso, y…

-Entonces, deja de pensarlo. Eso fue lo que hice.

Hubo pasos entonces por fuera del laboratorio, provocando que se separaran e intentaran juntar el caos provocado.